martes, 20 de marzo de 2018

TOC TOC


(Un día en la vida de un hipocondríaco)
Leía anoche que las personas con alguna enfermedad neuronal degenerativa empiezan por dejar de tener sensibilidad en alguna de las extremidades y durante la noche sentí que no tenía manos, me desperté alarmado y en efecto mis manos no respondían, tuve que mover repetitivamente los dedos, abriendo y cerrando para que se me quitara en hormigueo y pudiera moverlas normalmente, fui a ver la hora al teléfono y me di cuenta que debí despertarme hora y media antes, las enfermedades degenerativas dañan el sentido del oído y algo que casi nunca me sucede es que no escuche la alarma del teléfono, no importa que lo hubiera dejado con el volumen al mínimo como anoche, siempre me despierta. Estos casos suceden por problemas hereditarios o por consumo de sustancias dañinas para el organismo, entonces traté de recordar qué había cenado anoche y creo que excedí los gramos de carbohidratos, que si es verdad que se convierten en grasas ante la inactividad, puede bloquear las arterias y matarme de un infarto al miocardio o de un derrame cerebral, pero como pueden ser otras sustancias quise ir a revisar la estufa que no vaya a fugarse el gas, eso sí me intoxicaría y sería peor un paro respiratorio que uno cardíaco, casí que fui rápido a la cocina y antes de llegar a revisar el gas, me agité mucho, y creí perder el equilibrio porque las piernas estaban menos adormecidas que las manos, pero adormecidas al fin, la agitación seguro es por la obstrucción de las arterias. Revisé el gas y en efecto no había fugas, así que este mareo seguro se debe a otra cosa, igual y ya no percibo el olor del gas porque ya se salió todo y lo respiré completito. Fui a un espejo y en efecto me noté más pálido, creo que mi irrigación sanguínea no es la ideal, tenía los poros de la piel de la cara muy abiertos, por eso instalé el espejo de aumento, porque antes no los notaba, así que como leí que el agua fría ayuda a que se cierren, me lavé la cara con agua muy fría, pero dejé de tener algo de sensibilidad en el rostro y noté que uno de mis ojos se ve ligeramente más cerrado que el otro, me quedé viéndolo y resulta que no es ligera la diferencia, se ve drásticamente más pequeño que el otro como si fuera un problema de asimetría por embolia cerebral, antes de que me diera migraña por la confirmación de tales problemas, quise prepararme una taza de café, pero no había gas, para calentar agua, en efecto me lo respiré todo en la noche. Las manos empezaron a sudarme y se me cayó la taza, cuando se rompió en miles de pedazos me di cuenta que escucho bien, es más estoy escuchando tanto que me temo que tengo alguna hipersensiblidad para el oído, y como se acompaña de hipersensibilidad a la luz, la quise apagar de inmediato, pero como hay fragmentos de vidrio en el suelo si yo pisara alguno me puedo desangrar. Pisé con cuidado y apagué la luz, pero me puse a pensar si el foco se fundiera y ya no pudiera encenderlo de nuevo, no vería los vidrios del piso, la encendí y ya ubiqué los fragmentos en el piso, calculé cuál sería mi camino seguro para ir por la escoba sin desangrarme, pero a medio camino pensé que si el foco se sobrecalienta puede apagarse y ya no podría yo regresar sin cortarme la planta de los pies, así que apagué la luz nuevamente, pero no puedo saber si el foco volverá a encender porque hasta donde sé tienen una vida útil (vi en youtube un video sobre obsolescencia programada) y aunque todavía sirve, puede ser que sea la última vez que encendió, así que probé y para mi alivio todavía encendió, pero si se calienta no vería yo nada, así que lo apagué de nuevo y por si las dudas, lo volví a encender para asegurarme que no es obsoleto. Decidí que mejor me regreso a la cama, y con la luz del amanecer recogeré los guijarros de la taza. Pero no podía yo estar tranquilo, por estas fechas hay posibilidades de que amanezca nublado y de todos modos no vería nada, tendría que esperarme un poco más, y cuando salgo tarde me toca lleno el transporte público, casi se puede sentir el aliento de la demás gente y uno nunca sabe qué enfermedad puedan venir incubando aunque no tengan síntomas, las infecciones más contagiosas son asintomáticas hasta ocho días antes de hacerse visibles. Y aunque me he acostumbrado a traer doble cubre bocas, hay virus menores a cinco micras que son muy difíciles de filtrar, ya pedí por internet unos de microfibras que protegen hasta de partículas menores a dos micras. Lo peor es que aunque llevo puestos mis guantes para el pasamanos, algunas veces se siente humedad y creo que puede traspasar la tela, por eso me espero a que salgan todos y pueda yo salir sin tener que irme deteniendo de donde otros han puesto su mano sin lavarse con anti-bacterial, casi puedo ver moverse los microorganismos en ese caldo primitivo que hay en el ambiente. El verdadero problema es que si no soy el primero en llegar a mi oficina, tengo que saludar a quienes ya entraron y nada me garantiza que hayan tenido higiene correcta. Así que debo ser el primero para que quienes me quieran saludar, vean que ya estoy tomando unos documentos o una engrapadora y no los tenga que saludar de mano (y nadie me vio desinfectar la engrapadora). 

Imagen editada tomada originalmente de: https://pbs.twimg.com/media/DXJQMJJXUAIXo6b.jpg


Nuevamente faltaré al trabajo, amaneció nublado y si llueve, las enfermedades se contagian con mayor facilidad y como me noté pálido en la mañana, necesito saber si tengo suficientes anticuerpos para afrontar el aire de la ciudad, quiero preguntarle al médico si la 37.3° que me marcó el termómetro infrarrojo son normales o puede ser signo de algún agente patógeno. Ya sé que el médico me va a decir que me tranquilice y me siente, pero no pienso hacer contacto otra vez con esas sillas donde se sientan tantos enfermos, lo escucharé de pie como siempre. Ya sé que me dirá como otras veces que no tengo una enfermedad degenerativa, pero ¿qué tan actualizado puede estar si su cédula profesional tiene ya casi ocho años?, eso lo investigué también en un portal de internet donde uno puede consultar las fechas en que estudió el médico. Pediré una segunda opinión, pero por la tarde porque no traigo el protector solar y aunque está nublado el día, el cáncer de piel es igual de frecuente por la radiación ultravioleta aunque no haya salido el sol. Lo único que me tranquilizará será quedarme en la noche viendo videos sobre enfermedades raras y que no han sido plenamente identificadas y que no se pueden diagnosticar con claridad. Como el que vi anoche sobre la degeneración neuronal.

viernes, 16 de marzo de 2018

Redes sociales, dendritas y cosmos


Llega esa edad en que una buena charla termina con la frase, qué profunda plática, qué apertura para todos los temas, qué divertido poder tocar así esos asuntos, poder saltar de un tema a otro porque en las redes sociales ya hemos ido dejando pistas de nuestro punto de vista o al menos de nuestros likes, de lo que no entusiasma o enoja y hasta de lo que es preferible no debatir, existiendo tantos temas, no caer en conversaciones estériles a sabiendas que no estaremos de acuerdo.

Y es que mi alma no tiene prisa, pero tampoco capelo, no es que me urja ventilar mis desatinos o supuestos éxitos, pero ya no tengo porqué guardarlos, ya no tienen el tamiz del qué dirán, ni los filtros del sonrojo, ni la ruborización por el juicio a posteriori. Hoy puedo contar mis anécdotas en tercera persona: “ese que compitió por ser el representante de la facultad ante el congreso para la transformación de la Universidad, no soy el yo de ahora, fue aquel joven idealista, aventado e imprudente de 19 años”, si lo quieren juzgar, ya no está aquí para recibir las críticas, ahora es un adulto juicioso, prudente y que entendió que para cambiar el mundo, tienes que empezar por cambiar los cuatro metros cuadrados que te rodean y quizás después los 16, 32, 64, pero el mundo dejó de ser la manzana que uno se quiere comer completa y en el preciso instante.

Hoy puedo platicar no sólo del joven que fui, sino del adulto que quise ser y que decidió caminar por una línea alterna del tiempo. Y dejar en la anécdota el abanico de posibilidades que tuvo en sus manos. Aceptando la sentencia de que lo que sucedió fue lo mejor que pudo haber sucedido y que tal como ocurrió fue de la manera perfecta y con las personas correctas.

Estar más allá del bien y del mal le llaman, ya no estar obligado a tomar una posición de técnico o rudo, villano o bondadoso en todas las historias, eso llega sólo con el tiempo y con el tiempo también uno entiende que el “hubiera” no existe.

Con un café como testigo, que se consume trago a trago como nuestras historias, nada hay más atractivo que conversar con alguien que tiene tantos paralelismos y tan pocas coincidencias, que a lo largo de los relatos, te das cuenta que estuvo ahí, pero seguramente tomó el elevador cuatro personas antes que tú, que seguramente se estacionó a dos cajones de distancia en el centro comercial, que iba siempre a la tienda o al local de renta de cintas de video, pero a otra hora, que muy probablemente la cinta que rebobinaste y entregaste, esa persona fue la siguiente en rentarla. Siempre tuve la sensación de que en un restaurante o café, seguro ha estado alguien conocido o alguien que conoceré, el tiempo es lo de menos, y seguramente se sienta en la mesa de al lado o en la misma que yo, pero no es aún nuestro momento. Es similar a las dendritas extendidas en espera de un impulso eléctrico de un axón que pasó milisegundos antes, o un nanosegundo después y ya no hicieron contacto, se quedan en posibilidad, en un contacto en potencia.



Por eso me gustan las redes sociales, me gusta la función que desarrollan en apoyo, complemento o anticipo a la socialización cara a cara porque posibilitan ese encuentro que podría seguir a un nanosegundo de distancia por toda la historia del cosmos.




Tolerancia

Tolerancia: Soportar o aguantar, que no es igual a resignarse. 


Escuchemos:   Audio