El Chamán, el Nahual y Hombres de Poder
Por Jesús Orduña
El Nahual, se ha conceptualizado como el espíritu de un
animal que se encarga de proteger y cuidar a cada persona desde su nacimiento,
en la tradición maya, azteca y tolteca, entre otras, se manifiesta como una
imagen que aconseja o guía en sueños, o se presenta como cierta afinidad con el
animal que a cada quien le tocó.
Todo nahual tiene la capacidad de mostrar el camino o
guiar a los demás hacia el espíritu, convenciéndoles de que en el interior de
cada persona hay una fuerza poderosa que la vincula a Dios. Por lo general el
nahual es quien les orienta para que descubran quienes son en realidad y quien
les ayuda a encontrar su propio espíritu, su propia libertad, su propia
alegría, felicidad y amor.
Como muchas de las creencias, tradiciones y costumbres
del México prehispánico, la existencia y persistencia del nahual pareciera una derivación
de pensamiento local, regional, acotada y delimitada por circunstancias de
tiempo y espacio, sin embargo, se encuentra relacionado con fenómenos similares
en otras regiones, culturas y en otras épocas, es lo que hoy llamamos fenómeno
global,
Específicamente se relaciona con el chamanismo, fenómeno representado
principalmente por siberianos, bantúes y afroamericanos. Se trata de un conjunto
de creencias y prácticas tradicionales enfocadas a la comunicación con el mundo
de los espíritus. Entre las creencias sobre chamanes, está la de que los
espíritus existen y que juegan un papel importante tanto en las vidas
individuales como en la sociedad humana, a los chamanes se les atribuye la
capacidad de comunicarse con el mundo de los espíritus. El chamán puede curar
enfermedades causadas por aquellos espíritus malignos, se dice que puede dejar
el cuerpo para entrar en el mundo sobrenatural con la finalidad de buscar
respuestas y que las imágenes de los animales bien pueden ser evocadas como
guías de espíritus, como presagios y portadoras de mensajes.
Los nahuales, entonces, son chamanes que tienen la
facultad de convertirse en animales, poseyendo en cuerpo y el espíritu de la
fiera. Más que la posesión del cuerpo del animal, se trata de una
transformación mágica del chamán en esa bestia. El poder del nahual estará dado
por el animal escogido: los más fieros unirán sus vidas la del puma, jaguar,
águila, oso, caballo o serpientes, mientras que los más débiles lo harán con
perros, gatos o pájaros. Esta transformación no debe ser confundida con otras
creencias mágicas que dicen que al morir una persona, su alma puede pasar a
otra persona o alojarse en el cuerpo de un animal, vegetal u otro ser viviente.
Particularmente en el caso de Mesoamérica, el nahual es
un animal que está vinculado en una relación de codependencia con un hombre
determinado, de modo que mientas estén unidos, lo que le ocurra a uno
repercutirá en el otro.
En México, el brujo o chamán tiene entre otras
atribuciones, la de cambiar de la forma humana a la de su nahual y así poder
aprovechar las características de éste último.
Entre las funciones que desempeñan los chamanes, está la curación,
liderar sacrificios, la conservación de tradiciones a través de historias y
canciones, fungir como videntes y muy ampliamente como mediadores.
Un mediador de la cultura es visto como un comunicador de
la comunidad con los espíritus. En las culturas amazónicas, se le identifica con
el jaguar, que es capaz de moverse libremente en la tierra, en el agua y
trepando árboles en algunas otras culturas se reconoce también al árbol
chamánico como símbolo de la mediación, ya que el árbol tiende sus raíces hacia
el mundo inferior, su tronco pertenece al medio, es decir al mundo habitado por
los humanos y su copa se relaciona con el mundo superior.
El nahual, se distingue del resto de los humanos por el
profundo conocimiento que posee de los animales, las leyes de la naturaleza,
los seres humanos y, sobre todo una sensibilidad y sentido de la observación
fuera de lo común. Tiene como misión, mantener el equilibrio cósmico, social y
cultural y restablecerlo cuando ha sido perturbado. Puede ser un líder religioso,
social, político, espiritual, para lo cual tiene que ser un individuo
inteligente y responsable, un ser humano que sabe lo que hace y porqué lo hace,
esto generalmente se confronta con la percepción occidental acerca de
enfermedades mentales que convierten a alguien en chamán, pues el chamán, es al
fin de cuentas, una persona preparada que posee el preparación y conocimiento,
es el depositario de una sabiduría ancestral que ha sido transmitida de
generación en generación
En los relatos documentados sobre chamanes, siempre está presente
el aprendiz, aquél que normalmente es escogido o predestinado para seguir los
pasos del maestro y que recorre un camino de autodescubrimiento y de hallazgos
mágicos y sorprendentes que le provocan cambios de paradigmas en el pensamiento
aparentemente normal y en estados de conciencia variables.
Ante tal información que pareciera, poco documentada y
basada exclusivamente en creencias, el estudio formal de la conducta humana,
converge en algunos conceptos similares: los arquetipos.
Un arquetipo es un modelo o ejemplo de ideas o
conocimiento del cual se derivan otros tantos para modelar los pensamientos y
actitudes propias de cada individuo, de cada conjunto, de cada sociedad. El
Psicólogo Carl Gustav Jung, propone que en el mundo primitivo todos los hombres
poseían una especie de alma colectiva, pero con el pasar de los años y la
evolución, surgió un pensamiento y una conciencia individual que ayudó en gran
medida con la formación del modo de pensar de cada cultura y de su tipo de
actuar.
Jung, a principios del siglo pasado, estableció
conexiones funcionales entre la estructura de la mente y sus manifestaciones
culturales, tomando nociones de la antropología, sociología, la alquimia, los
sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía. Introdujo el término
de “inconsciente colectivo” constituido por imágenes comunes a toda la
humanidad y que se manifiestan simbólicamente en sueños o delirios (estados
alterados de la conciencia) símbolos que aunque encubiertos, están presentes en
leyendas, cultos y mitos de todas las culturas.
De todos los arquetipos identificados, algunos son los
más recurrentes como el Nacimiento, la Muerte, la eterna juventud (identificado
posteriormente como Peter Pan, o niño que se niega a crecer), la Cuaternidad
(como símbolo de la totalidad, todo aquello que abarcan los cuatro puntos
cardinales, los cuatro elementos o los cuatro aspectos psicológicos:
sensibilidad, pensamiento, sentimiento e intuición). Otro Arquetipo frecuente
es la Mandala (en Sánscrito, representación circular del macrocosmos, de los ciclos
de vida, la perfección del círculo y de las formas concéntricas), también está
el Viejo Sabio, por lo general representado como aquella figura del padre
anciano que utiliza su conocimiento personal de la gente y del mundo para
ayudarse a contar historias y ofrecer orientación, que de una manera mística,
puede impresionar a su audiencia al mostrar quiénes son y en qué se
convertirán, actuando de este modo como un mentor.
Los arquetipos algunas veces representan también al animal
y los instintos básicos del pasado pre-humano, cuyas preocupaciones se
limitaban a sobrevivir y a la reproducción, uno de ellos ha sido denominado “la
sombra”, como esa parte obscura del yo, amoral como los animales, ni buena ni
mala. Un animal es capaz de cuidar calurosamente a sus crías y por otro lado,
ser un asesino implacable para conseguir alimento. Desde algunas perspectivas,
esto podría parecer brutal y hasta inhumano, pero el animal simplemente hace lo
que tiene que hacer, sin reflexión, de manera inocente.
En los temas del Nahual, Chamán y los Arquetipos, emerge
recurrentemente el tema de los estados alterados de conciencia o estados
variables de conciencia. El estado normal de conciencia va de la vigilia al
sueño, la consciencia permite al sujeto dar una respuesta apropiada a los
estímulos del medio ambiente y a los más complejos e intelectuales. Durante el
sueño se tienen vivencias predominantemente visuales clasificadas como un
fenómeno rico y revelador de deseos y temores.
Los estados alterados de la conciencia pueden ser
producto de alguna enfermedad, ayuno, deshidratación, agotamiento,
intoxicación, insomnio, pero también pueden ser inducidos mediante drogas y
alucinógenos, autosugestión, deporte, hipnosis, meditación y miedo.
Los estados alterados son el coma, el estupor, la
obnubilación y confusión mental. Científicamente los estados de la conciencia
se han estudiado a nivel fisiológico y se cuenta con los modelos explicativos sobre
las áreas del cerebro que son sobre-estimuladas o infra-estimuladas, de forma
tal que no cabe duda, desde tal perspectiva, las referencias de los santos y de
los místicos con estados alterados de conciencia como éxtasis y visiones, están
claramente explicados como alteraciones neuroquímicas cerebrales y por tanto
patológicas.
Y ¿cómo se relacionan estos conceptos con la falsa
crónica de la fundación del Balumkanan?
El libro El Nahual, falsa crónica de la fundación de
Balumkanan, escrito por Luis Armando Armendáriz Ruiz, se aboca a la explicación
del origen y la fundación de Comitán permitiendo de un amplio vistazo conocer
el estilo de vida de hace más de medio siglo. Pero con todo y que pareciera
descriptivo, histórico, documentado, en realidad es una novela que lleva al
lector de la mano de Pedro, el personaje central, por un mundo semi-mágico, con
el encantamiento para el lector, que provocan las escenas finamente descritas
sobre las tradiciones, los juegos, las comidas, los olores, los remedios
caseros, la arquitectura, la religión, las relaciones familiares, las clases
sociales, pero sobre todo el pensamiento del entonces y del ahora, el vaivén
entre la moral religiosa y los resabios de las prácticas paganas, dos mundos
que se repelen pero que hoy siguen conviviendo.
Luego de ese seductor encantamiento de cantos, juegos y
elementos de las tradiciones, el lector se encuentra ante un inesperado
bombardeo de datos, de imágenes, de leyendas, de nombres, de conocimientos de
astrología e historia, con sus paralelismos en otras culturas.
Y así como queda en la mente un cántico inconcluso, una
tonada que se repite y repite hasta buscar su conclusión o su cabal
entendimiento, es inevitable reflexionar sobre el cúmulo de datos, el reto al
pensamiento científico y el ingenioso casi erudito entrecruce, acoplamiento de
ideas mágicas, leyendas y hechos que en su carácter de posibles se antojan replicables.
Pedro nace con su nahual, la misma nana Aurelia fue a
buscarlo al jardín trasero, una araña, que en realidad era la forma que había
adoptado Francisco Vendaño Trujío, mediador entre el mundo de los vivos y el de
los espíritus. Pedro pasa después por un estado alterado de conciencia, al
parecer por el piquete de alacrán o araña, ese salto de conciencia le permite
ver con naturalidad los sucesos extraordinarios que se desarrollan en esa
grieta del tiempo, o portal sin tiempo en que se convierte la otrora llamada
cueva del Tío Ticho, en donde presencia la ceremonia de un hombre de poder, un
chamán que tiene la facultad de invocar a los dioses, de reunir a los humanos (representación
del inconsciente colectivo), de ejecutar el rito del que depende la continuidad
del tiempo. (“al borde de la nada, el lugar a donde nadie va, de donde nadie
regresa… donde la curva del tiempo se quiebra para iniciar otro ciclo”·).
Emergen los arquetipos como protagonistas algunos y otros como parte del
paisaje, durante la lectura, se muestra claramente la cuaternidad, esos cuatro
puntos cardinales, esos cuatro dobles astros, que en su polaridad se muestran
como los ocho dioses, los cuatro rumbos, las cuatro dimensiones del universo:
Creador, creación, lugar y tiempo. Antes ya se había manifestado el arquetipo
de la sombra: ante el llanto de la nana Aurelia, para que no se muera el niño,
el nahual con la frialdad, casi inocente, insensible, le pide que no llore, que
no trate de influir en los ciclos de la vida, comportamiento animal, ni bueno
ni malo, así como es la araña que se alimenta de sus crías, no tiene
connotación moral, simplemente hace lo que tiene que hacer.
Tomado de esa sabiduría milenaria también se muestra el
árbol chamánico, de una forma mágica, demostrativa del poder del chamán, le
explica a Pedro cómo “entre más profundas sean las raíces, más fuerte será el
tallo y frondoso el follaje y los hombres y las aves del cielo gozarán de su
sombra y comerán de sus frutos”. Si este libro hubiera sido concebido para dar
una lección, seguramente sería esta, busca que tus raíces sean lo más
profundas, que te den la fortaleza suficiente para que puedas llegar alto y compartir
con los demás de tus frutos, al fin de cuentas este libro invita a profundizar
en ese conocimiento y reconocimiento de nuestras raíces.
Para terminar, retomando el tema de los arquetipos, dije
que se hacen presentes durante toda la lectura, lugar especial tiene el
arquetipo del Viejo sabio, ese ser atemporal, que guía, cuida, conduce, dice
Jung que “se presenta en situaciones en que haría falta visión de las cosas,
comprensión, buen consejo, decisión, previsión, etc., pero no se puede
conseguir por propios medios. El arquetipo compensa ese estado de carencia
espiritual con contenidos que rellenan el espacio vacío, El «Viejo sabio»
aparece como mago, médico, sacerdote, maestro, profesor, abuelo o como
cualquier persona dotada de autoridad”, que utiliza su conocimiento personal de
la gente y del mundo para ayudarse a contar historias y ofrecer orientación,
puede impresionar a su audiencia al mostrar quiénes son y en qué se
convertirán, actuando de este modo como un mentor. Ese arquetipo, yo lo
encuentro a lo largo de toda la lectura, hasta lo puedo escuchar, es el
narrador.
