viernes, 14 de junio de 2013

El Chamán, el Nahual y Hombres de Poder

El Chamán, el Nahual y Hombres de Poder
Por Jesús Orduña

El Nahual, se ha conceptualizado como el espíritu de un animal que se encarga de proteger y cuidar a cada persona desde su nacimiento, en la tradición maya, azteca y tolteca, entre otras, se manifiesta como una imagen que aconseja o guía en sueños, o se presenta como cierta afinidad con el animal que a cada quien le tocó.

Todo nahual tiene la capacidad de mostrar el camino o guiar a los demás hacia el espíritu, convenciéndoles de que en el interior de cada persona hay una fuerza poderosa que la vincula a Dios. Por lo general el nahual es quien les orienta para que descubran quienes son en realidad y quien les ayuda a encontrar su propio espíritu, su propia libertad, su propia alegría, felicidad y amor.

Como muchas de las creencias, tradiciones y costumbres del México prehispánico, la existencia y persistencia del nahual pareciera una derivación de pensamiento local, regional, acotada y delimitada por circunstancias de tiempo y espacio, sin embargo, se encuentra relacionado con fenómenos similares en otras regiones, culturas y en otras épocas, es lo que hoy llamamos fenómeno global,

Específicamente se relaciona con el chamanismo, fenómeno representado principalmente por siberianos, bantúes y afroamericanos. Se trata de un conjunto de creencias y prácticas tradicionales enfocadas a la comunicación con el mundo de los espíritus. Entre las creencias sobre chamanes, está la de que los espíritus existen y que juegan un papel importante tanto en las vidas individuales como en la sociedad humana, a los chamanes se les atribuye la capacidad de comunicarse con el mundo de los espíritus. El chamán puede curar enfermedades causadas por aquellos espíritus malignos, se dice que puede dejar el cuerpo para entrar en el mundo sobrenatural con la finalidad de buscar respuestas y que las imágenes de los animales bien pueden ser evocadas como guías de espíritus, como presagios y portadoras de mensajes.

Los nahuales, entonces, son chamanes que tienen la facultad de convertirse en animales, poseyendo en cuerpo y el espíritu de la fiera. Más que la posesión del cuerpo del animal, se trata de una transformación mágica del chamán en esa bestia. El poder del nahual estará dado por el animal escogido: los más fieros unirán sus vidas la del puma, jaguar, águila, oso, caballo o serpientes, mientras que los más débiles lo harán con perros, gatos o pájaros. Esta transformación no debe ser confundida con otras creencias mágicas que dicen que al morir una persona, su alma puede pasar a otra persona o alojarse en el cuerpo de un animal, vegetal u otro ser viviente.

Particularmente en el caso de Mesoamérica, el nahual es un animal que está vinculado en una relación de codependencia con un hombre determinado, de modo que mientas estén unidos, lo que le ocurra a uno repercutirá en el otro.

En México, el brujo o chamán tiene entre otras atribuciones, la de cambiar de la forma humana a la de su nahual y así poder aprovechar las características de éste último.
Entre las funciones que desempeñan los chamanes, está la curación, liderar sacrificios, la conservación de tradiciones a través de historias y canciones, fungir como videntes y muy ampliamente como mediadores.

Un mediador de la cultura es visto como un comunicador de la comunidad con los espíritus. En las culturas amazónicas, se le identifica con el jaguar, que es capaz de moverse libremente en la tierra, en el agua y trepando árboles en algunas otras culturas se reconoce también al árbol chamánico como símbolo de la mediación, ya que el árbol tiende sus raíces hacia el mundo inferior, su tronco pertenece al medio, es decir al mundo habitado por los humanos y su copa se relaciona con el mundo superior.

El nahual, se distingue del resto de los humanos por el profundo conocimiento que posee de los animales, las leyes de la naturaleza, los seres humanos y, sobre todo una sensibilidad y sentido de la observación fuera de lo común. Tiene como misión, mantener el equilibrio cósmico, social y cultural y restablecerlo cuando ha sido perturbado. Puede ser un líder religioso, social, político, espiritual, para lo cual tiene que ser un individuo inteligente y responsable, un ser humano que sabe lo que hace y porqué lo hace, esto generalmente se confronta con la percepción occidental acerca de enfermedades mentales que convierten a alguien en chamán, pues el chamán, es al fin de cuentas, una persona preparada que posee el preparación y conocimiento, es el depositario de una sabiduría ancestral que ha sido transmitida de generación en generación


En los relatos documentados sobre chamanes, siempre está presente el aprendiz, aquél que normalmente es escogido o predestinado para seguir los pasos del maestro y que recorre un camino de autodescubrimiento y de hallazgos mágicos y sorprendentes que le provocan cambios de paradigmas en el pensamiento aparentemente normal y en estados de conciencia variables.
Ante tal información que pareciera, poco documentada y basada exclusivamente en creencias, el estudio formal de la conducta humana, converge en algunos conceptos similares: los arquetipos.

Un arquetipo es un modelo o ejemplo de ideas o conocimiento del cual se derivan otros tantos para modelar los pensamientos y actitudes propias de cada individuo, de cada conjunto, de cada sociedad. El Psicólogo Carl Gustav Jung, propone que en el mundo primitivo todos los hombres poseían una especie de alma colectiva, pero con el pasar de los años y la evolución, surgió un pensamiento y una conciencia individual que ayudó en gran medida con la formación del modo de pensar de cada cultura y de su tipo de actuar.

Jung, a principios del siglo pasado, estableció conexiones funcionales entre la estructura de la mente y sus manifestaciones culturales, tomando nociones de la antropología, sociología, la alquimia, los sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía. Introdujo el término de “inconsciente colectivo” constituido por imágenes comunes a toda la humanidad y que se manifiestan simbólicamente en sueños o delirios (estados alterados de la conciencia) símbolos que aunque encubiertos, están presentes en leyendas, cultos y mitos de todas las culturas.

De todos los arquetipos identificados, algunos son los más recurrentes como el Nacimiento, la Muerte, la eterna juventud (identificado posteriormente como Peter Pan, o niño que se niega a crecer), la Cuaternidad (como símbolo de la totalidad, todo aquello que abarcan los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos o los cuatro aspectos psicológicos: sensibilidad, pensamiento, sentimiento e intuición). Otro Arquetipo frecuente es la Mandala (en Sánscrito, representación circular del macrocosmos, de los ciclos de vida, la perfección del círculo y de las formas concéntricas), también está el Viejo Sabio, por lo general representado como aquella figura del padre anciano que utiliza su conocimiento personal de la gente y del mundo para ayudarse a contar historias y ofrecer orientación, que de una manera mística, puede impresionar a su audiencia al mostrar quiénes son y en qué se convertirán, actuando de este modo como un mentor.

Los arquetipos algunas veces representan también al animal y los instintos básicos del pasado pre-humano, cuyas preocupaciones se limitaban a sobrevivir y a la reproducción, uno de ellos ha sido denominado “la sombra”, como esa parte obscura del yo, amoral como los animales, ni buena ni mala. Un animal es capaz de cuidar calurosamente a sus crías y por otro lado, ser un asesino implacable para conseguir alimento. Desde algunas perspectivas, esto podría parecer brutal y hasta inhumano, pero el animal simplemente hace lo que tiene que hacer, sin reflexión, de manera inocente.

En los temas del Nahual, Chamán y los Arquetipos, emerge recurrentemente el tema de los estados alterados de conciencia o estados variables de conciencia. El estado normal de conciencia va de la vigilia al sueño, la consciencia permite al sujeto dar una respuesta apropiada a los estímulos del medio ambiente y a los más complejos e intelectuales. Durante el sueño se tienen vivencias predominantemente visuales clasificadas como un fenómeno rico y revelador de deseos y temores.

Los estados alterados de la conciencia pueden ser producto de alguna enfermedad, ayuno, deshidratación, agotamiento, intoxicación, insomnio, pero también pueden ser inducidos mediante drogas y alucinógenos, autosugestión, deporte, hipnosis, meditación y miedo.

Los estados alterados son el coma, el estupor, la obnubilación y confusión mental. Científicamente los estados de la conciencia se han estudiado a nivel fisiológico y se cuenta con los modelos explicativos sobre las áreas del cerebro que son sobre-estimuladas o infra-estimuladas, de forma tal que no cabe duda, desde tal perspectiva, las referencias de los santos y de los místicos con estados alterados de conciencia como éxtasis y visiones, están claramente explicados como alteraciones neuroquímicas cerebrales y por tanto patológicas.

Y ¿cómo se relacionan estos conceptos con la falsa crónica de la fundación del Balumkanan?

El libro El Nahual, falsa crónica de la fundación de Balumkanan, escrito por Luis Armando Armendáriz Ruiz, se aboca a la explicación del origen y la fundación de Comitán permitiendo de un amplio vistazo conocer el estilo de vida de hace más de medio siglo. Pero con todo y que pareciera descriptivo, histórico, documentado, en realidad es una novela que lleva al lector de la mano de Pedro, el personaje central, por un mundo semi-mágico, con el encantamiento para el lector, que provocan las escenas finamente descritas sobre las tradiciones, los juegos, las comidas, los olores, los remedios caseros, la arquitectura, la religión, las relaciones familiares, las clases sociales, pero sobre todo el pensamiento del entonces y del ahora, el vaivén entre la moral religiosa y los resabios de las prácticas paganas, dos mundos que se repelen pero que hoy siguen conviviendo.

Luego de ese seductor encantamiento de cantos, juegos y elementos de las tradiciones, el lector se encuentra ante un inesperado bombardeo de datos, de imágenes, de leyendas, de nombres, de conocimientos de astrología e historia, con sus paralelismos en otras culturas.

Y así como queda en la mente un cántico inconcluso, una tonada que se repite y repite hasta buscar su conclusión o su cabal entendimiento, es inevitable reflexionar sobre el cúmulo de datos, el reto al pensamiento científico y el ingenioso casi erudito entrecruce, acoplamiento de ideas mágicas, leyendas y hechos que en su carácter de posibles se antojan replicables.

Pedro nace con su nahual, la misma nana Aurelia fue a buscarlo al jardín trasero, una araña, que en realidad era la forma que había adoptado Francisco Vendaño Trujío, mediador entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Pedro pasa después por un estado alterado de conciencia, al parecer por el piquete de alacrán o araña, ese salto de conciencia le permite ver con naturalidad los sucesos extraordinarios que se desarrollan en esa grieta del tiempo, o portal sin tiempo en que se convierte la otrora llamada cueva del Tío Ticho, en donde presencia la ceremonia de un hombre de poder, un chamán que tiene la facultad de invocar a los dioses, de reunir a los humanos (representación del inconsciente colectivo), de ejecutar el rito del que depende la continuidad del tiempo. (“al borde de la nada, el lugar a donde nadie va, de donde nadie regresa… donde la curva del tiempo se quiebra para iniciar otro ciclo”·). Emergen los arquetipos como protagonistas algunos y otros como parte del paisaje, durante la lectura, se muestra claramente la cuaternidad, esos cuatro puntos cardinales, esos cuatro dobles astros, que en su polaridad se muestran como los ocho dioses, los cuatro rumbos, las cuatro dimensiones del universo: Creador, creación, lugar y tiempo. Antes ya se había manifestado el arquetipo de la sombra: ante el llanto de la nana Aurelia, para que no se muera el niño, el nahual con la frialdad, casi inocente, insensible, le pide que no llore, que no trate de influir en los ciclos de la vida, comportamiento animal, ni bueno ni malo, así como es la araña que se alimenta de sus crías, no tiene connotación moral, simplemente hace lo que tiene que hacer.

Tomado de esa sabiduría milenaria también se muestra el árbol chamánico, de una forma mágica, demostrativa del poder del chamán, le explica a Pedro cómo “entre más profundas sean las raíces, más fuerte será el tallo y frondoso el follaje y los hombres y las aves del cielo gozarán de su sombra y comerán de sus frutos”. Si este libro hubiera sido concebido para dar una lección, seguramente sería esta, busca que tus raíces sean lo más profundas, que te den la fortaleza suficiente para que puedas llegar alto y compartir con los demás de tus frutos, al fin de cuentas este libro invita a profundizar en ese conocimiento y reconocimiento de nuestras raíces.


Para terminar, retomando el tema de los arquetipos, dije que se hacen presentes durante toda la lectura, lugar especial tiene el arquetipo del Viejo sabio, ese ser atemporal, que guía, cuida, conduce, dice Jung que “se presenta en situaciones en que haría falta visión de las cosas, comprensión, buen consejo, decisión, previsión, etc., pero no se puede conseguir por propios medios. El arquetipo compensa ese estado de carencia espiritual con contenidos que rellenan el espacio vacío, El «Viejo sabio» aparece como mago, médico, sacerdote, maestro, profesor, abuelo o como cualquier persona dotada de autoridad”, que utiliza su conocimiento personal de la gente y del mundo para ayudarse a contar historias y ofrecer orientación, puede impresionar a su audiencia al mostrar quiénes son y en qué se convertirán, actuando de este modo como un mentor. Ese arquetipo, yo lo encuentro a lo largo de toda la lectura, hasta lo puedo escuchar, es el narrador. 


1 comentario:

  1. Para quienes han preguntado cómo conseguir un ejemplar de la triología de "El Nahual", Favor de contactar a la Editorial independiente "Cuarta de Forros" al correo: gabriela@libremos.com

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