jueves, 12 de noviembre de 2020

Nueva normalidad, nueva realidad

La normalidad es algo que se construye día con día, es variable y cambiante, temerle a una nueva normalidad es como tener miedo al siguiente amanecer.

El año 2020 ha significado una cruel sacudida a la humanidad, cuando se dice que la realidad supera a la fantasía, también se puede decir que supera a toda previsión y cálculo de riesgos.

Recuerdo que cuando era niño, entre los libros que había en casa de mis Papás y que consideraba que eran para adultos, había dos que hojeaba frecuentemente sin comprometerme a leerlos completos porque al fin de cuentas, la escuela primaria consideraba que a esa edad uno no debía leer más que unidades de página y media, ilustradas y de preferencia cantadas, en el mejor de los casos aquellos libros de texto gratuito contenían trabalenguas o adivinanzas, con las que no podía yo sorprender a mis hermanas mayores porque años atrás habían llevado esos  mismos textos. De ese par de libros, uno hablaba sobre el origen de las pirámides de Egipto y la única conclusión a la que llegaba era que no se sabía y quizás nunca se sabrá exactamente cómo se originaron ni cómo se construyeron. El segundo libro, trataba sobre los posibles riesgos que corría nuestro planeta, trato de recordar el nombre correcto y el autor, pero no lo consigo y si lo trato de buscar en Internet, aparece el concepto de calentamiento global y de lo que estoy seguro es que ese libro que hojeaba yo en la década de 1970 aun no manejaba como tal la globalización. Con toda la seriedad y autoridad que uno toma a esa edad los libros, era como entrar a la casa de los espantos o de los sustos, cada capítulo me hablaba de que en cualquier momento el planeta podría desaparecer y convertirse en polvo flotando junto a los asteroides, quizás por eso es que miro continuamente al firmamento y tengo fascinación por las estrellas fugaces, ahí está mi cuenta de Instagram sobre atardeceres como muestra. Pero también me dejaba la sensación de fragilidad y de vulnerabilidad, así como la conciencia de que en el momento menos esperado, el planeta Tierra se puede desintegrar como terrón de azúcar.

El planeta puede desaparecer por una guerra, si las potencias mundiales oprimieran el mítico botón rojo, en su afán de destruirse, nos llevarían de rehenes a todos los demás seres vivos, ya ocurrió en Hiroshima y Nagasaki en la segunda guerra mundial y hasta la publicación de ese libro, aún no se podía sembrar vegetación alguna en esos terrenos radiactivos. Seguía muriendo la gente por cáncer y enfermedades asociadas a la bomba nuclear.


Imagen tomada de: L'asteroideToutatis,ilvideodelsuopassaggio-Wired.it


La caída de un meteorito también podía terminar con la vida sobre la tierra, pues el choque de una piedra espacial del tamaño de medio campo de fútbol provocaría una onda sísmica expansiva sumamente destructiva, provocaría incendios de tal magnitud, que el humo oscurecería toda la atmósfera y los seres humanos morirían de diversas causas inmediatamente, pero los sobrevivientes de poco les serviría pues en un ambiente sin luz ni fotosíntesis ya no encontrarían qué comer… o respirar.

Retomando pensamiento Malthusiano, la población podría crecer más que la capacidad del planeta para alimentarla.

Así fuera un evento espacial, natural, social o de guerra, casi todos los riesgos podrían preverse a tiempo y hasta prevenirse o reducirse, inundaciones, incendios, sismos, invasiones de un país a otro, siempre quedaría una salida: ir a las montañas donde no se inunda, construir infraestructura resistente a sismos y tecnología para avisar (no es lo mismo que predecir). Durante muchos años de la niñez, estuve pendiente sobre cómo sobrevivir al impacto de un cometa o meteorito, al menos sabemos que pueden detectarse a tiempo. El caso es que sucediera lo que sucediera, los sobrevivientes, tendríamos la oportunidad de reconstruir, de reorganizar, de aprender de la lección, de abrazarnos y de continuar, con la esperanza y certeza de que todo volvería a ser normal.

¿Normal?

Aquel libro hablaba de volver a la normalidad, no de la normalidad como un riesgo.

Esto es lo que nos ha venido a enseñar el año 2020, el riesgo es la normalidad, los sobrevivientes no solamente tendrán que reconstruir, ir a lugares más seguros, volver a respetar las reservas naturales, evitar conflictos bélicos, poner atención en el control natal y la distribución de la riqueza, tendrán que planear y vivir en una nueva normalidad.

Entre los riesgos del planeta y la raza humana, no se contemplaba que el peligro fuera la “normalidad”, hoy el riesgo es un virus, una mutación de una célula que no podemos ver, que no podemos prenderle fuego o cerrar la ventana para que no ingrese a los hogares, una amenaza natural cuyo vehículo de transmisión es lo más abundante que tenemos: el aire y su contagio se da por el contacto humano, tenemos que evitar abrazarnos, la cercanía, hablarnos de frente, compartir el mismo alimento. Hoy el temor no es que caiga un cuerpo celeste e impacte la tierra (aunque no está descartado), hoy los gobiernos de los países poderosos no se están preguntando cómo invadir a otro (aunque tampoco lo descartan), sino cómo colaborar para investigar y probar una vacuna que neutralice los daños por el virus. Hoy el peligro no está en morirse de hambre (aunque tampoco lo hemos solucionado) sino en morirse por no respirar.

Pero así como saber que si detectamos a tiempo el meteorito y le mandamos un misil, al menos podremos desviarlo de su ruta y evitar que impacte a nuestro planeta, lo que hoy sabemos es que sobreviviremos con una nueva normalidad, en lo personal, mantendremos distancia entre desconocidos, cuidaremos la higiene de manos, evitaremos reuniones masivas, llevaremos una vida más saludable que no nos predisponga a padecimientos que se agravan con éste u otros virus. En lo colectivo, la nueva normalidad nos llevará a replantear valores y prioridades. En la nueva normalidad tendremos que contemplar si las relaciones humanas se mantienen en una superficialidad de saludos de mano, abrazos y besos o se reservan éstos para nuestros más cercanos; re-valoraremos si el futbolista merece percepciones mayores que el médico; si la producción de alimentos seguirá orientada a las sustancias artificiales y adictivas o tendremos un regreso a la nutrición sana; si seguiremos apostando a la tecnología desechable y basureros tecnológicos; si tendremos que seguir en un consumismo rapaz a costa de salud y sin desarrollo sustentable. Y si continuaremos valorando la placentera inmediatez y el hedonismo sin consecuencias.

No falta mucho, mañana o pasado mañana nos despertaremos no solamente en una nueva normalidad, sino en una nueva realidad.

miércoles, 18 de marzo de 2020

La humanidad es el coronavirus del planeta



El planeta tierra se defiende, llegó al punto de saberse infectada, contaminada y gravemente intoxicada por otro ser vivo a quien hospedó durante mucho tiempo, con quien propició una relación simbiótica transformada después en comensalismo y parasitaria posteriormente. Ese es un ser minúsculo que para el planeta podría parecer unicelular, cuyo tamaño y limitaciones físicas seguramente no lo convertirían en amenaza. Para las dimensiones del planeta Tierra 6.600 trillones de toneladas de peso y sus 6,371 millones de kilómetros de extensión, el diminuto ser que en promedio mide de 1.5 a 2.0 metros y pesa alrededor de 80 kg. Sin posibilidades de volar, de desplazarse por sí mismo ni una vuelta alrededor del planeta, cuyo periodo de gestación es de hasta nueve meses y salvo algunos casos, tiene una o dos crías, parecería inofensivo, pero fue dotado de inteligencia y empezó a pasarse de listo: se las ingenió para volar, para aprovecharse de todos los recursos del planeta, con los renovables no había problema, pero abusó también de los no renovables, perforó, inundó, cambió selvas por plantíos, bosques por madereras, agotó el agua dulce, usó de vertedero universal a los océanos, obscureció el aire, derritió los glaciares, extrajo y quemó tanto combustible fósil como pudo y en aras de su comodidad, modificó la orografía e hidrografía de todo territorio a su paso.

Si en lugar del planeta, el ser humano hubiera sido quien sufriera dichos ataques, con toda seguridad se hubiera sacudido a ese minúsculo bicho, se habría higienizado para limitar su crecimiento, hubiera tomado medidas para prevenir su reaparición. Para entenderlo pensemos en un ser vivo de dimensiones increíblemente diminutas, cuyo peso es menor a 0.000000000000001 gramos y tamaño de 0.00002 mm, indistinguible entre sus similares salvo por su soberbia supuesta realeza, una corona, en realidad porque en la simpleza de su diseño, tiene extensiones del núcleo que son parecidas a la corona solar, esa sutil diferencia lo ha vuelto tan dañino y destructivo como el humano al planeta, guardando la debida distancia. Si bien se sabe, todos los virus se adhieren a una célula y la ponen a su servicio, éste en particular, tiene una ventaja para asirse y ser más difícil de eliminar, especialmente en las células de las vías respiratorias y de los pulmones del ser humano.




Ahora estamos haciendo de todo para librarnos de este bicho, una sacudida no es suficiente porque se aferra, el planeta no ha logado que el humano entienda la lección con movimientos sísmicos; beber mucha agua tampoco ha logrado eliminar al virus, así como las inundaciones y tsunamis dejaron sobrevivientes humanos. Una reacción del organismo humano es elevar su propia temperatura como respuesta a una infección, pero los años de calentamiento global solo han hecho que utilicemos más recursos para generar energía que nos refresque y refrigere nuestros alimentos. En fin, se podría decir que lo que sigue es una medida radical, la eliminación total del patógeno, pero años de estudio de los procesos naturales nos han enseñado también que cada ser vivo tiene alguna función y su total eliminación, podría provocar un desequilibrio mayor, de ahí que la mosca, la lombriz de tierra, el lirio acuático, los roedores, no han sido eliminados en su totalidad por la función que realizan para la agricultura, la polinización o el proceso de descomposición de la materia orgánica para completar ciclos de vida. Si entendemos esto, podemos entender todo: el planeta tierra o la naturaleza (recordar que también se le llama la madre naturaleza), no está tratando de eliminar al ser humano de su faz, sino modificar su comportamiento, como cuando en la playa ponemos un repelente para mosquitos o una malla para que las moscas no contaminen la comida, ni las abejas o avispas aniden en nuestro balcón, no se trata de que ya no existan sino que sus funciones y necesidades las realicen fuera de nuestro alcance, donde no afecten negativamente al organismo del ser humano. La pandemia del coronavirus, hoy denominada COVID-19 es un llamado de atención a parar, hacer un alto en éste frenético ritmo de destrucción del planeta, replantear que así como la economía global se ha servido de la explotación de los procesos y recursos, también puede detenerse por causas naturales. A pocos meses del brote del COVID-19 y en semanas de reducción de actividades “económicas” de la humanidad, se ha reducido la contaminación ambiental, se han aclarado ríos y mares, hay reencuentro o reaparición de ciertos animales en ambientes urbanos que habían sido confinados.


Esta reflexión no tiene tintes malthusianos ni busca faltar al respeto a los cientos o miles de personas que se han infectado por el COVID-19, sino rescatar la lección que se nos está dando: proponer un nuevo orden mundial orientado más que a la sobrevivencia a la convivencia de la humanidad en armonía con los demás seres vivos y el hábitat compartido.

 


 



 

martes, 10 de marzo de 2020

10 de marzo el día que no se terminó la vida en la tierra

10 de marzo de 1982 El día que no se terminó la vida en la tierra.

Hoy me desperté con esa sensación de qué es lo que marca el 10 de marzo que me dice que es una fecha a recordar...... pasado un rato me acordé de mis tiempos de secundaria:  Era el año de 1982, el profesor de geografía (en la Secundaria No. 68 Profr. Gabino A. Palma en San Angel Inn, México)  en segundo grado, nos leyó un artículo del periódico que algún alumno de otro grupo, recortó y se lo llevó a la escuela para conocer su opinión, el maestro nos lo leyó: ´"....el próximo 10 de marzo, la vida se extinguirá del planeta tierra, por una alineación que se dará en todos los planetas del sistema solar, se generarán catástrofes y calamidades por un aumento inusual en la actividad solar, desequilibrios en la atmósfera, vientos huracanados, olas de más de 10 metros, terremotos que harán desaparecer a la Ciudad de los Ángeles y probablemente todo el golfo de California..."

¿Qué hace un seminiño asustado mirando a la gente con toda esta información? preguntarse  qué quisiera estar haciendo en el momento del cataclismo, qué me hubiera gustado hacer y qué cosas he hecho en los que solo desperdicié días de vida... qué querrá estar haciendo la compañera del grupo 23 a la que nunca le pedí que fuéramos novios.... ya no habrá mundial de futbol en España.... qué lástima que supermán y la hormiga atómica no sean de verdad, porque podrían salvarnos, ¿la SEP nos dará libre ese día por ser el último de la humanidad?

Poco tiempo después sucedió la tragedia de San Juanico, (explosiones de gas) y muchos muertos que ni siquiera tuvieron tiempo de despertarse. Un año después los terribles sismos de 1985 y me quedaba tan marcado todo el pensamiento que aquél artículo sobre el 10 de marzo de 1982 me había dejado, que solo me quedaba concluir, que ese día en realidad sí llegaba, pero en diferentes momentos para diferentes personas.

(el texto que confirma la anécdota lo encontré como un borrador para un artículo científico de la Sociedad Venezolana de Aficionados a la Astronomía: http://www.sovafa.com/files/INVESTIGACION_CONJUNCION_PLANETARIA_2.pdf

martes, 26 de noviembre de 2019

La vida es una hamaca…. a punto de romperse.

Es muy probable el título de este texto, te atrapó a la primera, que no sabes cómo pero cuando te diste cuenta ya lo estabas leyendo, te atrajo como atrae a la luz a un lepidóptero, o un imán a la limadura de fierro, te diría que no hay casualidades, pero ya que de casualidad sigues leyendo, quizás te has cuestionado más de una vez, para qué estás en este planeta, te has preguntado quizás si todo lo que te rodea no es más que un escenario móvil que se desecha unos instantes después y se arma el siguiente a donde te vuelves a hacer la misma pregunta. Otras veces seguramente te has preguntado también si la realidad es lo que conoces, si en verdad lo único verdadero es lo tangible, y de ser así qué aburrido y qué sinsentido. Pero ya estás aquí haciéndote preguntas que nadie te contesta, es más preguntándote porqué te preguntas algo que no sabes y si lo supieras no estarías preguntando, además nadie te va a responder en tus adentros, si la respuesta existiera, no te lo estarías preguntando, es similar a cuando vas a una tlapalería: no andas preguntando si tienen un desarmador de cruz que está a la vista en la zona de desarmadores, preguntas si no lo ves, es decir, formulas una pregunta cuando no tienes la respuesta, por eso la ociosidad del enunciado “me pregunto si…..”. Nadie se pregunta algo que ya sabe y si no lo sabe tampoco. Es por eso que existe la ignorancia inconsciente, ese estado de felicidad donde el ignorante no sabe que no sabe, comparado con la ignorancia consciente, de aquel que sabe que no sabe, estado muy parecido al del de no sabe que sabe, que no es para nada feliz ni funcional, pues trae en la bolsa un don que podría desarrollar, pero no se le ha ocurrido esculcarse. El menos feliz de todos es el que sabe que sabe, ese que no ignora las cosas pero tampoco ignora que las sabe, soberbio quizás lo llamen, atormentado se llama a sí mismo.

Por eso si llegaste a este texto sin saber porqué, probablemente estás en el estadío de la ignorancia inconsciente, provocando la envidia de los demás, imagínate que lo que no sabes es que la hamaca donde te balanceas está a punto de romperse y causarte daño, tú feliz de tu ignorancia, el ignorante consciente, sabe que algo va a pasar, pero no sabe exactamente qué, en comparación del feliz a secas, este segundo es un feliz preocupado. La infelicidad toca a los otros dos: el que sabe no sabe que sabe, en el momento que la hamaca rompe y se hace daño, se dice “lo sabía”, quiso alcanzar el estado de felicidad de los otros dos, por mera necedad. El cuarto que sabe que sabe, no tuvo oportunidad ni de sentarse en la hamaca, menos de balancearse, tenía claro que se iba a romper, le haría daño a menos que fuera un kamikaze.

En la vida todo es como esa hamaca, es lo que le quiero decir a los tres lectores que me quedan, el primero ya se hizo daño en la hamaca y ni se enteró (doble felicidad, pasar de un estado feliz de consciencia a la total inconsciencia). El segundo lector, aquel que sabe que algo puede pasar pero no sabe qué, la preocupación lo hizo estar alerta, su pareto 80/20, lo tiene en felicidad al 80, preocupación al 20 y ese 20 de preocupación lo puede dejarlo ileso en un 80. El tercer lector, aquel que no sabe que sabe, su proporción es de 50/50, puede alcanzar la felicidad en un 50% porque sabe que el otro 50 es un estado de alerta, así seguramente son los delfines, se dice que duerme solamente la mitad de su cerebro, la otra mitad siempre está alerta. El cuarto lector tiene dos opciones: subirse a la hamaca sabiendo que en cualquier momento se romperá y te puede hacer daño o nunca subirse y mantener intacta su integridad.



Hay un quinto lector, ese que repara la hamaca y se sube a balancear con la seguridad de que nunca se hará daño, de ese hablaremos en otra ocasión.



miércoles, 30 de octubre de 2019

Calaveritas Godín

Ponga el nombre o apodo de su compañero(a) de oficina:

Todos en esa oficina habían sido ligeros
Pero la huesuda se fue de espaldas
Fácil se llevó a todos los compañeros
Excepto a _____ la de las tandas.

La calavera no calaverita llegó por el pobre hombre
El de los diminutivos que cree hablar con respeto
El que a toditos les minimiza y cambia su nombre
De hastío hasta a la muerte perdió ya todo el apeto

Había un compañero setentero y bizco
Que todavía no se había jubilado
La muerte se lo lleva con música disco
Y para su consuelo, nadie le quitó lo bailado.

Ella era sana, fitness y vegana
Se creía por eso que era inmortal
Pero a la calaca que nadie le gana
 Se la llevó así pálida y flaca tal cual.

La muerte preguntó por el de la caja
Al 10% mensual el agiotista contestó
Bien sabe que con los buenos no encaja
Al infierno directo y con réditos lo mandó.

El gordito que fuma sabiendo que mucho no viviría
Con la muerte se hablaba de “tú”, presumía
Pero la dama de blanco sientiendo que la ofendía
No pudo cargarlo y con enfisema solamente lo castigaría.

En esa oficina godín no había espacio para un catrín
Su escalafón fue de casanova a chambelán  y chichifo balín
La muerte prefirió ignorarlo por su historial sin fin
Era su gran aliado por los que no compraron en la quincena su penicilín.

La catrina por la recepcionista llegó
Que tomara su turno ésta espetó
Traigo prisa, solo puedo en noviembre uno y dos
Irá después –le dijo- que el de diciembre Santa Claus

La muerte para su lista pidió una impresora
Si imprimir quería a soporte habría de llamar
Levantaron reporte y la apoyarían en una hora
Y como no la atendieron a toda la oficina pudieron salvar.

Con el de las copias se apareció la huesuda
Tres juegos engargolados al encargado pidió
Y ya se sabe que éste no trabaja sólo parece que suda
Así que al Office Max con sus originales la remitió.

A la consentida del jefe la muerte fue a visitar
El olor de barniz fresco de uñas no soportó
Y ella con sus encantos también la quiso conquistar
Pero la muerte no perdona y en puro hueso la convirtió.

Y así el rondín de escritorio en escritorio y silla por silla
Sin turno godín la muerte hoy su salida no va a checar
Sabiendo que hace tiempo ya nadie por ti llora ni chilla
Por tu número de empleado ya te marcó en su oficio circular.




miércoles, 2 de octubre de 2019

Hashtag #olimpia68



Llegaban algunos mensajes y memes sobre unas broncas de bandas en la ciudadela, palomilla se les llama a esos vaguillos que se la pasan escuchando música, molestando a las chamacas que transitan por ahí, tomándose sus cheves y quemándole las patas al diablo.

Al mismo tiempo aparecían memes del bocón del presidente y sus temores de que los mensajes manifiestos que habían circulado por twitter y luego como capturas de pantalla en WhatsApp fueran a crear fanatismo en todos esos jóvenes que la daban like a citas rojillas, o sea aquellas que hablaban de la URSS, de Cuba, de la revolución que retiraba privilegios a unos cuantos y dejaba en igualdad al resto de la población, que hablaban del lucro social y de las teorías de conspiración sobre rusos extendiendo su ideología en la deep web y haciendo crepypastas sobre consecuencias desastrosas que no habían todavía ocurrido, pero que era completamente probable que sucedieran.

Los MP3´s de los padres no se habían actualizado, los rucos seguían escuchando música de hace muchas décadas, toda aguada y aburrida. Nosotros ya intercambiábamos canciones de grupos ingleses, que sonaban más aceleradas y psicodélicas, también nos mandábamos giffs con citas todas estrambóticas como “prohibido prohibir”, “amor y paz” con fondos animados y algunos en Insta, le metían música. Los menos pipirisnais ya te insistían que oyeras canciones de nueva trova y otras que decían que eran de protesta, no pegaban mucho porque se oían como gritones agarrando a arañazos la lira.

El caso es que se empezó a hablar de cambios, los tuitazos que llegaban de la chaviza francesa saliendo a las calles y pidiendo apertura, wifi gratis, portales de noticias sin suscripciones caras, internet sin límite para videos, los gamers pedían libre acceso con sus consolas, música o streaming sin censura, intercambio de PDF’s y libros digitales con traducción simultánea del ruso, del alemán, del inglés, etcétera. Nosotros empezamos a decir ¿por qué no?, si hay “primavera francesa”, que aquí haya siquiera “otoño mexicano”.

Y luego empezó la publicidad para las olimpiadas, no podías ver una canción o video de fail army, completo sin que te apareciera el logo 68 estriado y diciendo que México le daba la bienvenida a todo el mundo, sin botón de “saltar anuncio”, esas eran imposiciones gandallas.

Total, se organizó el despapaye en las tres culturas, quedamos de vernos para llegar en tole o en camiones de primera y segunda, de plano algunos llegarían cocodrilos. Los que no pudieran llegar verían el speech en transmisiones en vivo, la idea era retuitear todo, sin bronquitis.



Pero empezaron a llegar mensajes de que Tlatelolco no era seguro, de que le habían robado el celular y los audífonos a uno, que le habían arrebatado la Tablet a otro, que algunos eran gorilas vestidos de civil… nos dijeron que tapáramos la cámara frontal de todos los celulares porque nos los estaban hackeando, lo último que algunos vieron fue el hashtag #olimpia, hubo ratos de que ya no llegaba ninguna red de wifi y casi para todos se apagaron los datos. Los que alcanzaron a grabar la bengala que cayó en medio de las tres culturas, ya no pudieron postearla y para entonces ya ni el waze nos alcanzaba a decir cómo estaban las vialidades alrededor, se habló de camiones con gorilas y güeyes que traían todos un guante negro en el puño izquerdo y se oyeron balazos……

 - Pérate Abue, algo ya no me checa, ¿qué modelo era tu celular?

- “mimeograph”

- Google dice que no hay un celular con ese modelo y que no mandaría WhatsApp sino hojitas impresas.

- ¿Te sigo contando pues?

- ¿falta mucho para lo final?

- A la fecha no ha terminado.

-Entonces ya no, Abue.

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jueves, 8 de agosto de 2019

Conspiranoide


Me apareció un video que me puse a ver unos minutos, decía que existen tres razones por las que la humanidad no es originaria del planeta tierra.

1.-No somos originarios de este planeta porque se nos quema la piel con el sol, seguramente nuestro planeta de origen estaba un poco más alejado del astro rey y por eso nuestra piel no está diseñada para esta cercanía. De la misma forma, la radiación del sol nos lastima la vista, por eso usamos gafas oscuras, porque nuestra vista no está diseñada para esta distancia del sol.

2.-Padecemos dolores de espalda porque el planeta del que provenimos tenía una gravedad más ligera, de modo que al cargar con nuestro propio peso aquí en la tierra, nuestro esqueleto sufre de un esfuerzo y daño para el que no está diseñado.

3.- Siempre tenemos sueño, nuestro ciclo de dormir está alterado y cada lunes al despertar sentimos que nos falta una hora, eso concuerda con el razonamiento de que existe un planeta vecino cuyo movimiento de rotación es de 25 horas: Marte.

Quienes presentan como irrefutables estos argumentos, se basan en información empírica: no existe otro animal que sufra quemaduras o que frunza el ceño porque el sol no le permite ver bien.

Sobre la lógica de dichos argumentos “irrefutables” (hay que recordar el conocimiento científico no es irrefutable ni dogmático), podemos obtener más argumentos que apoyen esta idea, ya que con tal ligereza, al parecer se puede llegar a cualquier conclusión, así que aquí van 10 razones más para decir que el humano (no los hombres o las mujeres como decía John Gray, sino el humano como especie) se originó en otro punto del espacio y fue “sembrado” en este hostil planeta:

1.- Somos la única especie sobre la faz del planeta tierra que no está preparado para recorrerla a pie, ningún otro animal requiere de zapatos o botas para evitar cortarse o pegarse en el dedo pequeño. Si la temperatura es alta, se nos cocinan las plantas de los pies, si es muy baja, se congelan y mueren y de no ser amputados gangrenan toda la extremidad. Se nos hacen cortadas con las piedras del camino y nos resbalamos si caminamos en superficies mojadas. Nuestro pies poseen uñas que no sirven ni para quitar la cáscara de una mandarina, si fuera real la teoría de la evolución, hace cientos de años que ya no tendríamos uñas en los dedos de los pies.

2.- Somos los seres vivos que necesitamos una segunda piel, todos los demás animales, corren, vuelan, nadan, reptan con el mismo atuendo. Si nosotros tenemos frío, usamos abrigo, pero si con ese abrigo caemos al agua, se nos imposibilita flotar. El frío nos pone la piel morada y quebradiza, el viento la deja reseca, el sol la quema, el agua la arruga y puede disolverla. El planeta no ayuda, todo ecosistema es una amenaza mortal para el humano al desnudo.

3.- Seguramente en Marte, hace miles de años, cuando era habitable los alimentos se encontraban precocidos, sin cáscara, condimentados, sin hueso y con la dosis exacta de ácidos, proteínas y carbohidratos, además de poseer una apariencia suculenta. En el planeta tierra no existe un alimento que reúna todas esas características, a falta del mismo, tenemos que cocinar, salpimentar, pelar, moler, poner en salmuera, dorar, extraer semillas para no enfermarnos, higienizarlos para que las bacterias locales no nos maten por dentro y hasta adornarlos porque si no son agradables a la vista no les hincamos el diente. Ante la carencia de ese alimento o cadena de alimentos hemos tenido que comernos a nuestros vecinos y nos justificamos con la inventada cadena trófica o alimenticia. Ante nuestra incapacidad de generar nuestros propios alimentos por fotosíntesis, terminamos comiendo, previa cocinada, todos los demás seres vivos sean animales, vegetales y hasta minerales.

4.- Es todo un tema la higiene personal, yo no veo al cocodrilo preocupado por cepillarse los dientes después de comer patos, nosotros al pato lo hacemos paté y luego de comerlo nos cepillamos los dientes con técnicas estudiadísimas y con productos artificiales, o no llegamos a nuestra media de vida con molares, incisos y caninos, tampoco veo a un camello o jirafa preocupados porque llevan tres días sin ducharse media hora bajo el agua y con acondicionadores para evitar la pérdida, quiebre o resequedad del pelaje, no veo a las nutrias saliendo a secarse los pies y aplicarse fungicida para evitar los malos olores que alejen a su pareja. Ni a un guepardo aplicándose en las axilas desodorante antes de correr. Las condiciones en Marte eran completamente diferentes, dejarse el cabello largo no significaba rastas, tener la piel expuesta a una atmósfera por lo visto benévola, no te hacía imán del polvo y lodo (derivados de la tierra, así se llama este planeta).

5.- Cuidados maternos y embarazos delicados: la gravedad de Marte por ser inferior a la de la tierra, no daba oportunidad a embarazos delicados, pues nada de que - el bebé ya se bajó- y -mejor no camines desde el sexto mes-, sino sigue todas tus actividades con el producto flotando en tu vientre, se dice que los globos de gas que a los niños les encanta llevarlos de un hilo para verlos flotar sin caerse, no son más que una reminiscencia de nuestra memoria más profunda que nos recuerda ese bulto casi sin peso ni molestias en el que se portaba durante 8.6 meses. Porque ese sin ser otro tema, sí es otro cuento: un bebé en Marte no se gesta en 9 meses sino en 8.6, recordemos que un día en marte tiene 25 horas, así que los nueve meses, que dura aquí la gestación humana, si lo dividimos en 4, hace 36 semanas, éstas divididas entre siete que son los días de la semana, da 252, estos 252 días que en la tierra duran 24 horas, al dividirlo nos da 6,048 horas de gestación, si las convertimos a días de 25 horas, nos da 242, esos lo convertimos en semanas y da 34.6, que en meses significa 8.64, así que nuestro problema no es que seamos humanos, sino nuevemesinos. Desconfíe usted de aquellas mamás cuyos bebés nacen en la semana 34.6, no son terrícolas.

6.- La diferencia de gravedad entre Marte y la tierra pareciera otra maldición, aquí pesamos más. Como es sabido, la gravedad en el planeta tierra es una constante de 9.807 m/s2, o sea que cualquier objeto que se deje caer, independientemente de su peso, la gravedad lo atraerá hacia abajo a una velocidad de 9.8 metros por cada segundo elevado al cuadrado, pero en Marte la gravedad es una constante de 3.711 m/s2, ¡casi la tercera parte!, si a usted le preocupa pesar 90 kg, en Marte no pasaría de 30 kilos. ¿Le gustó el libro de “los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus”?, si es usted mujer, déjeme decirle que la gravedad en Venus es de 8.87 m/s2, (John Gray quiso decirle gordita aquí y en Venus). El récord olímpico de salto de longitud no estaría en nueve metros sino en 30 por lo menos. Imagine usted dar una zancada de 25 metros (a menos que sea atleta, ese sería un modesto promedio). Seríamos exploradores por naturaleza, no viviríamos confinados a pequeñas ciudades, en Marte éramos más libres, ligeros e higiénicos.

7.- En el ámbito filosófico y existencial, nuestras diferencias serían menos radicales, nadie se estaría preguntando ¿de dónde vengo?, sabríamos que de Marte y eso aplanaría hasta las diferencias raciales y discriminatorias. No sería cursi hablar de un sublime cielo azul, es más, añoraríamos un cielo rojo como la canción de Juan Záizar.

8.- Otro argumento para decir que somos originarios de Marte es que la atmósfera terrestre nos tiene acostumbrados a gritar, la densidad del aire es más pesada aquí y el sonido no viaja con la misma facilidad que lo hacía en el planeta rojo, si en nuestra naturaleza estuviera gritar, no existiría la palabra “afónico”, pues el diseño de nuestras cuerdas vocales, estaría adaptado para generar los decibelios que necesitamos en este planeta azul. De aquí ha surgido la otra teoría conspiranoide que dice que aquellas personas que hablan bajito y que prácticamente no saben gritar, son una raza más pura del planeta rojo.

9.- Nuestra relación con el agua, muchas voces dicen que el agua es un compuesto raro, como que su punto de ebullición no siempre es a 100° o el de congelamiento a 0°, hay variaciones, se dice que el agua es vida, pero una de las formas de tortura es dar de beber más agua de la que necesita una persona, se dice que necesitamos beber ocho vasos, pero si te los tomas juntos, tu cuerpo reacciona por lo menos con pesadez, el agua en una temperatura media, nos hace bien, pero en sus extremos nos resulta fatal, somos el ser vivo que necesita agua diariamente, pero que debe cuidarse de la misma para no arriesgar la existencia, pues por una combinación con la gravedad, ya mencionada en el punto seis, no podemos flotar, necesitamos esfuerzos mayores para no hundirnos y a diferencia de casi todas las demás especies animales, si nuestras vías aéreas o sea las encargadas de la respiración se llenan de agua, perecemos. El equilibrio entre humedad y resequedad es tan delicado que ha desaparecido a civilizaciones completas, humedad de más nos enferma y ausencia del líquido nos mata. Hasta ahora no se ha confirmado que hubiera agua en el planeta Marte y debe usted saber que tenemos robots exploradores recorriendo y mandando continuamente datos de sus hallazgos en el planeta rojo. Por otro lado, en el planeta Tierra existen animales que nunca en su vida beben agua, una de ellas es la rata del desierto, obtiene la hidratación que necesita a través de consumir cactáceas. Hay evidencia de insectos con mecanismos para condensar humedad del ambiente y lograr autosuficiencia sin tocar jamás un estanque de agua. Así que nos falta descubrir cuál es el mecanismo por el que el humano puede hidratarse sin una relación directa con el agua. Un punto en contra de la teoría de la adaptación de los organismos, defendida por los evolucionistas, es que luego de supuestos millones de años de convivir con agua salada, que es lo más abundante que tenemos a nuestro alcance, aún no hemos logrado la mutación que nos permita consumirla.


Imagen compuesta a parir de  https://news.culturacolectiva.com/ciencia/31-de-julio-marte-estara-en-su-punto-mas-cercano-a-la-tierra/ y de http://megustavolar.iberia.com/wp-content/uploads/2922128673_8a6f85a718_z.jpg


Y

10.- Los seres humanos somos la especie más torpe y desprotegida, resulta que además de una gestación larga y lastimera, somos la especie que más tiempo tiene que pasar al cuidado de los adultos de la manada. Muchos hablan de la fragilidad del recién nacido, pero hemos visto un tiburón nacer y empezar a nadar con maestría, un potrillo recién parido incorporarse en sus cuatro patas, un ave romper el cascarón y caminar o volar de inmediato. El humano recién nacido, no es que sea inadaptado sino que está en el planeta equivocado, el tema de la gravedad no nos deja caminar sino hasta después casi 14 meses, el hecho de no tener un mecanismo para hidratarse como en Marte lo lleva a depender gota a gota de los mayores. Tienen que pasar casi ocho meses para que pueda comer alimentos terrícolas, antes de eso tiene que ser alimentado por su madre o con suplementos que ha llevado décadas desarrollar. Nuestro desplazamiento por el planeta es de los más lentos e inseguros, cualquier otro animal se desplaza si así lo requiere, enormes distancias comparadas con su soma o cuerpo, la adaptación de todos los demás seres vivos a los climas y ciclos del planeta es fluida y natural, el humano no puede pasar sin ropa y sin cubierta una noche en el desierto, o en el hielo y ni se diga en el agua. Quizás en donde los evolucionistas tienen razón es que nos hemos desarrollado intelectualmente para suplir todas nuestras limitaciones, pero ellos mismos aceptan que en el camino se fueron quedando muchas especies de homínidos. Hace pocas décadas empezamos a aceptar la teoría de la panspermia dejando la posibilidad de que la vida en la tierra llegó desde el espacio exterior, pero no como que meteoritos trajeron emigrantes de Marte, sino como que microorganismos empezaron a hacer un recorrido al que le faltan muchos eslabones para ser creíble y tapar muchas lagunas para ser consistente. Tome en lector con criterio y humor estos 10 argumentos.