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jueves, 1 de febrero de 2018

Tu león asignado

“Conocí un domador que era presa del temor ante su león, ¡vaya gracia!”
Nacha Pop

León todos tenemos asignado uno, algunos deciden domarlo, desde el primer instante, lo confrontan para que obedezca, sin importar los medios, el fin es el obedecimiento, que el león se someta a los caprichos del domador, que parezca un animal tierno o que haga muecas semi humanas para que el público se sorprenda y admire el temperamento del domador, su valor, su imposición y coraje, que el público asuma que el león reconoce un líder, que convencido se pone a sus pies y con lealtad infinita atiende las arbitrarias y superficiales órdenes de su domador, aunque en realidad no haya tal lealtad sino un choque eléctrico de gran voltaje como estímulo castigador.

He visto quienes se paralizan ante la presencia de su león, aquellos que se llenan de pánico y siguen el consejo de que si no se mueven, su león no los verá y no los atacará, tal catatonia los puede llevar a la muerte, pero una muerte en la que no tienen que luchar, sienten que ganan la batalla evadiéndola.

No falta quien subestima a su león, quienes en su inconmensurable soberbia lo quieren tocar y acariciar como si fuera un felino doméstico que se rendiría ante su sola presencia, ignorando que la naturaleza salvaje del león y su velocidad de pensamiento combinada con su actitud defensiva e impulso de cazador representa un riesgo vital y un final precoz.

Imagen tomada de la biografía en facebook de Caroline Walls 


Otros piensan que el león ya es un privilegio per se, así que disfrutan encerrándolo en una diminuta jaula, ya no importando lo que eso signifique para el león, se vuelve un objeto para presumir, - yo tengo mi león, no necesito domarlo, dominarlo ni educarlo, lo tengo y ya, es mío -, ha sucedido que la jaula queda chica, pero no importa, sin empatía a su león, no les interesa si debió crecer o si su naturaleza le indicaba caminar, correr o simplemente retozar estirándose,  nada de eso le importa a este tipo de dueños, sino presumir que el león es de su propiedad, y que no tiene función, rol, pulsión ni expectativa que alcanzar.

Pero los hay peores, los que ni ver a los ojos a su león se atrevieron, pues no buscan la majestuosidad de la fiera en vida, les interesa su pelaje, su cabeza, también lo quieren para adorno, pero adorno inmóvil, seco, disecado mejor dicho y no me refiero al taxidermista, sino al que contrata sus servicios, aquel que reúne trofeos como piezas inermes del pasado, adornos sin vida, sin presente, el pasado capturado de cruel manera y separado de toda sustancia, león reducido a cascarón: vacío, frágil y desechable.

Aunque tampoco se puede sobrestimar, asignarle un valor diferente al que le corresponde, porque al no tener presente su origen salvaje, su domesticación imposible ni su reducción a ornato, tampoco se puede esperar que tenga personalidad propia, dominante ni inteligencia superior o permanencia imperecedera, quienes le asignaron un valor superior, sólo se llenaron de expectativas fugaces y con éstas se quedaron.

Solamente ese hombre introvertido y de bajo perfil de quien poco se sabía pero que no pasaba inadvertido, de quien se dudaba inclusive que haya tenido asignado un león, tuvo la paciencia y sabiduría para tratarlo en su justa dimensión, sin intentos de dominar por sometimiento, sin paralizarse por miedo, sin aproximarse imprudentemente, ni presumirlo, sin arrebatarle el alma para coleccionarlo como trofeo y sin idealizarlo. Cuentan los que saben, que lo veían caminar a su lado, a sensata distancia, sin obligarle a seguir una ruta particular, cuidando que se alimentara, que saciara su sed, que tuviera sus pausas para descanso y hasta sus momentos de ausencia, cuidándose el uno al otro y cuidándose el uno del otro, aprendiendo de su naturaleza y permitiéndole avanzar a su ritmo, en un viaje que lo hizo más sabio, paciente, valeroso y prudente, sólo se sabe que el león llegó a su promedio de longevidad y más que un trofeo, el hombre tuvo lecciones y una apacible existencia.


Imagen tomada de la biografía en facebook de Caroline Walls


Dime estimado lector, estimada lectora, ¿para ti qué es lo que tu león asignado representa?

viernes, 26 de mayo de 2017

De nubes, tormentas y despedidas

En un día medianamente soleado, se observa a Stratus plácidamente levitando en su calidez y convivencia con las personas que allá abajo tienen la seguridad de una translúcida sombra y agradable brisa, Stratus que a ratos se roza con Cumulonimbus y emanan juntos una brisa y llovizna refrescante, sigue su paso veloz como trotamundos, a sabiendas que se evapora en cualquier momento.

Estilizada Cirrus con su estética y filo, de forma más estacionaria, observa desde una altura mayor el ir y venir de Stratus, Cumulonimbus y su vecino Stratocumulos, anhela la calidez de esa familia y su desapego en lo que a ella le parece una fugaz y por mucho, insignificante existencia. Revalora su altura, solidez y frialdad, su filiación con Cirrostratus y Cirrocumulos, que han estado desde tiempos inmemoriales en su cercanía, le proveen sombra, le evitan vientos que alteren su figura, porque Cirrus sin esas formas filosas y álgidas, podría parecer cualquier otra nube, nubarrón, niebla y si se moviera de más, neblina.

A Cirrus le divierte ver tanto movimiento de Stratus, sus transformaciones, sus incansables traslados, su limitada vanidad de observar la propia sombra recorrer las hectáreas de árboles y pastizales y su aparente imposibilidad de transformarse al menos en Altostratus o Altocumulus. Currus rie cuando Stratus se esfuerza y consigue a lo mucho una llovizna refrescante. Cirrocumulus le llama la atención y le recuerda que ha sido llamada a ocupar ese privilegiado nivel de atmósfera y a reservarse para sus propias tormentas, dejar de observar a Stratus y poner su vista en Cirrostratos, similar a ella.

Imagen tomada de http://he.bcdn.biz/Images/2014/2/27/0e47ed91-70ac-4465-9b38-bf0b7a1a88bc.jpg


Pero con los cambios climatológicos, Cirrus invita a Stratus, le pide que se acerque, le ofrece ella misma descender un par de niveles y reunirse, lo logran ante los rayos y centellas de Cirrocumulus y se decide arriesgarse al contacto con Stratus, llenarse de su alegría, de su movimiento, motivación y errático andar, de cómo puede haber gozo en tanto caos. Se dan tormentas y agitaciones, pero como si fuera montaña rusa, Cirrus se enlaza a Stratus. Disfruta de su compañía y se propone no estar lejos, disfrutar de lo mejor de ambos polos. Stratus acepta y experiementa las más memorables tormentas.

Un día Cirrus, acorde a su naturaleza, vuelve junto a Cirrocumulus y mira a Stratus pasar de translucido a transparente, alcanza a decirle que en realidad lo eligió para generar nuevas nubes y éstas ya se formaron, las tormentas ligeras y soleadas ya no le atraen. Cuenta la leyenda que así nacieron los Altocumulus y Altostratus. Por su parte Cirrus afila sus heladas rachas y se instala en lo más congelante de la atmósfera, mientras Stratus llueve, pasea, se le ve en alguna playa, en bajas montañas, en claros de selvas y en bosques de coníferas, mira su reflejo en lagunas y compite con recorridos de ríos, rocía plantíos y alimenta cascadas, juega a formar arcoíris y reta al sol con efímeros halos. Decide no voltear más a donde se agrupan Cirrus y Cirrocumulus aunque cada tormenta eléctrica le traiga flashbacks.




 Imagen tomada de: https://ichef-1.bbci.co.uk/news/624/cpsprodpb/3EF8/production/_95302161_cloud_guide_624-ws-spanish.png