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lunes, 17 de octubre de 2022

Ni fortaleza o resiliencia: Carpe Diem

Ese día y esa eterna noche dos preguntas me hicieron varias veces: ¿cómo estás?, ¿ya comiste? Y dos afirmaciones casi con la misma frecuencia “no hay palabras”, “tienes que ser fuerte”.

Las preguntas se traducen en un te quiero y me preocupas, las dos afirmaciones denotan nuestra evasión y falta de entendimiento ante la muerte de un ser querido, peor aún, una hija en plena juventud.

Ariadna Celeste nacida en agosto de 2001, dos semanas antes de la convulsión mundial provocada por la caída de las torres gemelas en Nueva York, le tocó ese mundo confuso, caduco, urgido de reinventarse, demandante de fuerza, sensibilidad, de corazones generosos y de ideas innovadoras, ese año 2001, a mi hijita le di de comer, le ayudé con su higiene de recién nacida, le di masaje en los pies y la veía sonreírme y dormir.

Y su sonrisa atrapó miradas, afectos, expresiones de ternura, convertida en carisma, en habla y dicción tempranas, en simpatía para expresarse hablando, bailando o dibujando, expresando un desbordado amor por el mundo, por la belleza, por las personas, por los animales, las plantas y flores y su incesante preocupación por el cuidado del planeta.

Su inquietud desde la más tierna infancia por la moda, el diseño de ropa de sus muñecas y la suya propia, unas tijeras, un listón, una banda, una aguja e hilo y ella lucía piezas únicas a partir de ropa ordinaria y globalizada. Algunos perdemos muchos años de nuestra vida buscando vocación o profesión, Ariadna Celeste no tenía ese tiempo para derrochar, sabía que quería dedicarse al diseño de moda y ni aún la pintura, arquitectura y danza que le apasionaban, le hicieron sombra alguna sobre su pasión mayor: el diseño de modas.

Dicen que las hijas se apegan al Papá, yo no lo sé de cierto, porque a la relación con mi hijo, nada la opaca, el regalo de ser padre lo recibí de la vida por partida doble y siempre lo he presumido como tener un hijo único y una hija única. Las experiencias vividas, los complementos recibidos, las lecciones aprendidas de ambos son esa riqueza mayor que no está en los libros, películas ni sabiduría de boca en boca, solo cuando lo vives, lo gozas y eliges vivirlo, tienes ese privilegio de disfrutarlo siendo parte.

Ari (de cariño para abreviar el doble nombre de Ariadna Celeste), siempre estuvo cerca de mí, siempre pendiente de mis actividades, compartiendo mis propios pasatiempos y enseñándome sus juegos, haciéndome partícipe de sus fantasías, sueños, perspectiva amorosa de la vida, abriéndome puertas, con ese carisma y extroversión para iniciar conversaciones con desconocidos que en pocos segundos ya eran sus amistades, seguidores y fans, como un ser de cuentos de hadas que por donde pasa deja polvos mágicos que sacan del blanco y negro a los demás personajes para dejar una estela colorida de brillante arco iris. Una bebé, niña, adolescente, universitaria que tantas lecciones me dejó y que seguiré aquilatando por los años venideros. Seres con tal carisma y encanto generan entre tantos afectos también envidias y rechazos, aquellos que no solamente quisieran brillar como tú, sino que quisieran que no brilles y también me enseñó cómo lidiar esas batallas, venidas hasta de quienes esperabas el cariño incondicional. Aprendiendo que nada está escrito, que nada es para siempre y que existe algo más poderoso que es la fe, el compromiso con uno mismo, el estar bien con quienes amas y te aman, y a quienes no, desearles aún más amor porque más lo necesitan.

Ari llenó álbumes de fotos, memorias y discos duros de imágenes que nos tomábamos prácticamente en cada paseo, cada viaje, cada caminata al atardecer con su inseparable “Cátsup” su perro salchicha (Dachshund color negro-canela), cada día era una oportunidad de crear, de innovar, de hacer combinaciones de ropa, modificaciones, estampados, bordados, entusiastas propuestas creativas, a sus 21 años nunca dejé de verla como la niña de 3-4-5 años que con cualquier material como tela, papel, plastilina, hojas secas de los árboles, creaba atuendos para sus muñecas y mascotas de sus muñecas. Su sentido del humor y su risa explosiva y contagiosa recordada por quienes la conocieron, fueron su sello personal, más allá de la marca de sus colecciones formales que hizo en la Universidad. Su apariencia juvenil, casi infantil de la que siempre se ufanaba, generaba esa mezcla de simpatía y ternura de quienes la conocieron y siguieron en sus redes.

En septiembre de 2022, escogió uno de sus vestidos que había previsto desde abril para graduarse como licenciada en diseño de moda, recuerdo su entusiasmo y agradecimiento por habérselos comprado con tanta anticipación. Uno puede hacer todos los planes que quiera y seguirlos al pie de la letra, en armonía con el universo y sin tener agravios con nadie, pero no contamos con garantías de lo que pasará mañana. Ari vistió el 28 y 29 de septiembre ese atuendo que ella misma eligió, exactamente cuando se celebra el día del diseñador de modas y en la fecha de graduación de su universidad. Sus compañeros universitarios pasaron por la noche a despedirla después de mencionarla en homenaje durante la cena de graduación. Que por cierto me enteré que era la generación que iba más adelantada, porque ella anticipó sus exámenes y requisitos para graduarse, esos años de universidad que aún con una pandemia mundial con pérdidas de empleo, con altísima deserción escolar, yo pude seguir cubriendo sus colegiaturas y ella orgullosamente mantuvo su beca de más de 50%. Las adversidades las sorteamos codo a codo.

Aquella noche cuando me decían que tengo que ser fuerte o que cómo le hacía para mostrar fortaleza, sólo me restaba decirles que no me considero tan fuerte, que sobrellevar un dolor así no estoy seguro que se trate de resiliencia ni fortaleza, sino de aprovechar el día, vivir el momento sin esperar tanto el futuro, no dejar para mañana lo que se puede hacer hoy: carpe diem. El dolor no desaparece, ni disminuye, pero cada día, cada minuto de los días que estuvo Ari conmigo, los vivimos intensamente, no se quedaron ni risas, ni “te quiero´s” pendientes, vivimos como padre e hija, como familia disfrutando lo que la vida nos permitió sin detenernos a pensar ni cuestionarnos cuanto podría durar.

Siempre con su apariencia juvenil, casi infantil, luego de la cirugía y la recuperación que no se dio en buen término, tuve nuevamente la oportunidad de ayudarle a alimentarse, a cepillarse los dientes, darle masaje en sus pies y recibir ese “gracias” y “eres el mejor Papá que Dios y la vida me ha dado, Te quiero tanto, tanto”.

El corazón se me ha fisurado solamente para que ella ingrese de una nueva manera, una vez cicatrizado estará sellado para que su recuerdo y esencia permanezca ya sin dolor.





 

martes, 18 de diciembre de 2018

ROMA El espejo


No quise revisar una sola crítica, un solo comentario, reseñas ni cortos, ROMA la película de Alfonso Cuarón, había que verla así, sin prejuicios ni orientaciones, muy acorde a estos tiempos, más vale verla  por streaming, escoger con quien verla, o verla solo y como una buena botella de vino, beberla a tragos lentos, o de un solo golpe, hasta tocar fondo.

ROMA es un espejo, un espejo en blanco y negro, es más es un espejo en el tiempo, donde elijes si la ves reflejándote en el niño soñador y hasta impertinente que sigue en la etapa de preguntarse los “por qué´s” de todo, o hermano de en medio que llora cuando le confirman lo que ya sospechaba (el no regreso de su papá), también te puedes reflejar en la niña a la que le niegan el postre, porque tiende a subir de peso.

El espejo puede ser encantador como para la madrastra de Blanca Nieves, que te dice exactamente lo que quieres escuchar, y como la época está recreada minuciosamente, el espejo nos puede mostrar la música, las calles, los autos que en ese año circulaban, la holgada permisividad para fumar, la inutilidad y falta de obligatoriedad del cinturón de seguridad en los vehículos, la cacería como diversión y la taxidermia como trofeo, la televisión mostrando producciones de bajo presupuesto pero de alto ingenio, la televisión misma como factor de reunión, los espacios de las casas de esas clases medias acomodadas y muchas más características de una Ciudad de México volviéndose cosmopolita y barriendo para echar bajo la alfombra su reciente transición desde lo rural; a punto de tener que manejar la explosión demográfica y ceder los espacios de convivencia familiar a los dispositivos electrónicos y de comunicación impersonal.

Imagen tomada de https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/11/16/todas-las-nominaciones-llevan-a-roma-la-de-cuaron_a_23591854/

Un espejo que permite reflejarte desde varias direcciones: el Papá que se queja de un garaje sucio, sin tener idea de cuántas veces se ha lavado en el día, cómo es cuando tienes tu propio código con tu gente cercana, en el caso de la película es el mixteco y refleja esa posibilidad de un mundito dentro de otro mundo, una compleja subcultura dentro de una gran cultura. Espejo donde, aunque sutil, se refleja la abuela como esa figura de borrosa autoridad, con mucho de complicidad y casi fuera de lugar (puede encargarse de llevar los nietos al cine, pero no la invitan a pasear al mar). Refleja esas decisiones en la vida, en las que habiendo estudiado Química, aceptas el trabajo en una editorial. Refleja, para quien quiera mirarse o esquivar la mirada, esas paternidades no deseadas, degradadas a negación y amenazadas hasta su criminal desaparición. Un espejo donde las clases sociales son tan distintas en lo superficial y tan parecidas en lo profundo: ese espejo donde se juzga de una forma a un padre que abandona tres hijos por irse a un supuesto congreso Canadá, y se juzga diferente a quien niega una paternidad y se refugia en una ciudad perdida, actos similares, escenarios diferentes.


ROMA se centra en Cleo (por su apariencia alguien decía, “ha ser por Cleotilde no creo que por Cleopatra”), diminutivo de Cleodegaria. Y tanto refleja la señora “Liboria” a quien dedica Alfonso Cuarón la película o a doña Eustolia, la señora que le ayudaba a mi Mamá, quien, como se ve en la historia no tiene un horario definido, se levanta antes que todos en casa, cuida de la mascota con la que si mucho los demás juegan, pero no bañan jamás, no tiene hora de comida, porque da un bocado y se levanta a atender a “la familia” y se va a dormir después que ya todos se fueron a la cama. Teniendo como premio semanal, su salida de domingo, su “libertad provisional“, así la describe en su aguda observación, el poeta Chiapaneco Jaime Sabines en su Diario Semanario (1961).

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“Con la flor del domingo ensartada en el pelo, pasean en la alameda antigua. La ropa limpia, el baño reciente, peinadas y planchadas, caminan, por entre los niños y los globos, y charlan y hacen amistades, y hasta escuchan la música que en el quiosco de la Alameda de Santa María reúne a los sobrevivientes de la semana.

Las gatitas, las criadas, las muchachas de la servidumbre contemporánea, se conforman con esto. En tanto llegan a la prostitución, o regresan al seno de la familia miserable, ellas tienen el descanso del domingo, la posibilidad de un noviazgo, la ocasión del sueño. Bastan dos o tres horas de este paseo en blanco para olvidar las fatigas, y para enfrentarse risueñamente a la amenaza de los platos sucios, de la ropa pendiente y de los mandados que no acaban.

Al lado de los viejos, que andan en busca de su memoria, y de las señoras pensando en el próximo embarazo, ellas disfrutan su libertad provisional y poseen el mundo, orgullosas de sus zapatos, de su vestido bonito, y de su cabellera que brilla más que otras veces.
(¡Danos, Señor, la fe en el domingo, la confianza en las grasas para el pelo, y la limpieza de alma necesaria para mirar con alegría los días que vienen!)”

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Dramáticamente Cleo salva la vida de los niños imprudentes, cuya imprudente Mamá los deja en el mar a cargo de ella que no sabe nadar. Pero Cleo ya había salvado otras vidas, otras veces a los mismos niños, cuando tiene que cuidarlos de cómo juegan en la azotea de esa casa de tres pisos en la colonia Roma, cuando los salva despertándolos con ternura y cancioncitas, en lugar de un estridente despertador que a todos mata (a todos los sueños) por las mañanas, ella irónicamente ha salvado vidas, pero no la de su bebé. Quien sabiamente, nace sin vida, luego de ver a su padre biológico dedicado a quitarlas. Y esa es la conclusión sarcástica de la historia, no confíes en el psicópata que a tus espaldas, se toma la mitad de la coca cola que dejaste (consejo gratis para las chicas que anden en citas de enamoramiento).

Hay quienes hablan o reseñan la vida de Cleo como ejemplo de integridad, aunque tenga a cuestas la culpabilidad de no haber deseado el nacimiento no conseguido de su bebé. La integridad no solamente es haber hecho lo correcto sin doblegarse, hay otro valor que es estar a la altura de las circunstancias y puede ser más cercano a la resiliencia que a la integridad.

La nostalgia no es por esa Ciudad de México que ya no es, sino por quienes fuimos y seguimos siendo en uno u otro escenario. La oportunidad de pasar de un espejo facial a un salón de espejos, en donde te puedes ver como los demás te ven, donde lo que la película deja en ti, es lo que en realidad dejas en los demás.


viernes, 6 de octubre de 2017

Resiliencia

En los dos textos anteriores uno sobre Primeros Auxilios Psicológicos y Autocuidado de rescatistas el otro, se menciona casi indirectamente el término resiliencia, en particular en las estrategias para potenciarla, así que vale la pena detenerse en su definición.

Resiliencia es un término de la física que se refiere a la capacidad que tienen algunos materiales para mantener su forma luego de sufrir presión. En Psicología se retoma como la capacidad de recuperarse sin secuelas de un incidente crítico. Se le identifica como un logro de adaptación positiva, como el afrontamiento de actividades de desarrollo a pesar de experiencias que son circunstancias de riesgo. Las actividades de desarrollo o patrón evolutivo son aquellas eventos que pueden ser trauma o dolorosos pero que son parte de la vida, es decir, cambios o pérdidas que son parte de la vida.

El ciclo de la vida (retomado por la Psicología pero esta vez de la Biología, como reproducirse y dar vida a otro ser), provoca crisis evolutivas, éstas son esperables en las personas, como pasar la adolescencia, quedarse sólo cuando los hijos se van. Junto a las crisis evolutivas, se enfrentan también las crisis normativas, aquellas que no son esperadas como desahucio o desempleo. El riesgo es que las crisis en general pueden estacar a las personas o potenciar sus capacidades para superarlas.

La resiliencia tiene como pilares principales la capacidad de establecer relaciones sanas con los demás, los lazos de apego seguros, la confianza, inteligencia, autoestima y autorregulación emocional. Sus componentes básicos son calidez afectiva y apoyo, control y disciplina. Por el contrario, elementos que la perjudican son el maltrato físico, negligencia y abuso sexual en la infancia o adolescencia. La etapa adulta facilita la resiliencia debido a la autonomía obtenida por la persona.

La resiliencia se convierte pues, en los escudos protectores contra daños y riesgos, transformándolos en factores de superación.

Existen factores protectores y factores que inhiben la resiliencia, como ejemplos de factores protectores, se encuentran en Bebés: horarios para comidas y para dormir, en niños: buen desempeño social, escolar y capacidad de logro. A nivel familiar, factores como: tener menos de cuatro hijos, lazo familiares estrechos, existencia de reglas explícitas, control parental y colaboración en tareas domésticas. En el nivel contextual: relaciones positivas con amigos, vecinos, profesores y todas aquellas que aportan soporte emocional. Está demostrado que coadyuvan la práctica de deporte, dormir bien, llevar una dieta equilibrada y sentirse bien con uno mismo.






Los factores que inhiben la resiliencia son: coexistencia de baja autoestima, impulsividad, falta de capacidad para el logro, actitudes pasivas. A nivel familiar: enfermedades y maltrato infantil, en el entorno, la desfavorecen los vecindarios marginados y con violencia, falta de espacios para el esparcimiento, ocio, consumo de alcohol, o drogas, retraimiento social, rumiación de ideas.

Para fomentar la resiliencia, primero se debe aceptar que todos podemos serlo, mediante una actitud positiva al afrontar un problema a partir de la fórmula yo tengo, yo soy, yo puedo.

Yo tengo (por ejemplo apoyos externos): una familia que me quiere, amigos que me apoyan.
Yo soy (fuerza interior): Tranquilo, agradable, responsable de mis actos, seguro.
Yo puedo (capacidades interpersonales y resolución de conflictos): hacer una tarea  y terminarla, expresar sentimientos y pensamientos, generar nuevas ideas, controlar mis impulsos, pedir ayuda cuando la necesito.




Imagen tomada de https://changingwinds.files.wordpress.com/2016/07/nuture-1.jpg

De esta forma podemos resumir que la resiliencia es una capacidad que todos podemos desarrollar y promover mediante hábitos personales, familiares y cuidando entornos sociales, primero para prevenir la adaptación a las crisis evolutivas y estar preparados para superar las crisis normativas y eventos estresantes.