lunes, 19 de diciembre de 2011

Redes Sociales (Mal)(Ben)ditas

En cuanto baje la fiebre de FB y Twitter hablaremos desde una perspectiva diferente.

Pienso en lo que significó el Stencil y mimeógrafo para aquella generación de estudiantes del 68, encontraron ellos y lo dicen en cada documental sobre el tema, una poderosísisma herramienta para dar a conocer sus puntos de vista, una maquinita que reproducía por miles una cuartilla que luego podía entregarse como volante a los transeúntes, seguramente ellos no, pero los policías y halcones dijeron más de una vez, ¡maldito mimeógrafo!. Por cierto en mi primer trabajo en los años ochentas tenía que reproducir exámenes y guías para estudiantes de postgrado de la UNAM, mediante sténcil y mimeógrafo y tenía su encanto ver salir las hojitas una por una, con la tinta aún sin secar.

Cuando empezaba yo como ayudante de investigador en la Facultad de Psicología de la UNAM, usábamos Bitnet, un sistema para intercambiar mensajes antecesor al correo electrónico mediante la red de la Supercomputadora de la UNAM, la primera vez que pudimos mandar una imagen con el logotipo del congreso fue un triunfo, porque estaba limitado a mensajes de texto, por cierto sin acentos ni “ñ’s”, cosa que ponía mal a los colegas españoles. El bitnet se empezó a llenar de mensajes de propaganda y hasta comerciales, (“No se pierda el nuevo ejemplar de la Ravue Latin sur la pensée et le langage”) y de mensajes de esos incómodos como “te quiero conocer”, “conoce jóvenes rusas”, incluso un mensaje directo que me proponía que mandara fotos y teléfonos de mis compañeras de la facultad y por cada una me depositarían 20 centavos de dólar o algo así. Aquellas terminales de cómputo basadas en el sistema CANDE no tenían impresora individual, o sea que mandabas imprimir y luego recogías tus 200 páginas de impresora de matriz de puntos en el centro de cómputo, dentro de Ciudad Universitaria, pero a casi tres kilómetros de la Facultad. Al recoger tus 200 páginas impresas y darte cuenta que sólo uno o dos mensajes eran sustanciosos, seguramente alguien (hasta yo) en su momento dijimos ¡Maldito Bitnet!.

Y apareció el correo electrónico, antes que hotmail, yahoo, gmail, latinmail, ciudadfutura y otros ya desaparecidos, tener una cuenta requería que estuvieras respaldado por una empresa o institución, recuerdo al director de la Facultad diciendo, ¡para Orduña no!, sólo voy a autorizar cuentas de correo del servidor.unam a investigadores titulares. En fin, yo era el encargado de revisar y responder el correo de nuestra titular del laboratorio y armamos por ejemplo el Congreso Iberoamericano de Pensamiento y Lenguaje en Tuxtla Gutiérrez en 1990 sin una sola llamada telefónica, los Españoles, Peruanos, Colombianos, Estadounidenses, Canadienses, Venezolanos y hasta de Rusia enviaron sus trabajos, recibieron retroalimentación y hasta conocieron la publicación con las memorias todo por correo electrónico. Tiempo después, recibía unos correos invitándome a comprar algo, a aprovechar ofertas de viajes, a tener citas a ciegas, a hacerle caso a una cubana o rusa que decía que te amaba y que estaba dispuesta a dejar su país por ti, empezamos a recibir las trampas de “haga clic en la siguiente liga” y te descargaba un virus, de aquellos que formateaban el disco duro, llegaron también los correos de insultos y subversivos que clamaban por la salida de tanques de Kosovo o que dejaban ver que vendría un movimiento zapatista, y muchos otros que decían “hola me llamo tal, estoy en un curso de correo electrónico en McGill University o en Chimbote, contesta este correo para saber si te llegó….” Y entre toda esa paja se perdían los correos necesarios, ¡Maldito e-mail!!!

Y bueno, seguiría hablar de los chats y las redes sociales, nada hay que pueda decir que no conozcas y manejes mejor que yo, sobre husmear hasta acosar, en la historia de la humanidad tendríamos que maldecir no solo a las redes sociales sino por ejemplo a los catalejos a los diarios, a los daguerrotipos, a las películas caseras, al teléfono fijo (sobre todo antes de que se implantara el identificador de llamadas), el chismógrafo, el grafitti, los rayones y recados en baños públicos, las revistas rosas con sus paparazzis, los reality shows, los anuncios clasificados y hasta los investigadores privados, los sistemas de videovigilancia, los espías satelitales, y hasta los escuchones detrás de uno en el transporte público o en la mesa del al lado en la cafetería. La lista podría ser interminable, pero no por eso podemos pasarnos la vida maldiciendo a los adelantos tecnológicos, sino a su uso y abuso. ¿Qué han facilitado las redes sociales? Parafraseando a Loret de Mola: “saciarmorbos” poner en una vitrina al alcance de casi todos lo que antes los husmeadores tenían que andar buscando y hasta pagaban por acceder. Han potencializado también los impulsos exhibicionistas, pues aquellos que sin problema se cambiaban de camisa en medio de un parque lleno de gente, hoy pueden hasta medir cuántas miradas atraparon. Otros, perfectamente instalados en la era de las relaciones virtuales, saludan y hasta intiman con personas que no conocen en persona ni la conocerán probablemente. 

Aquellos que están en busca de reconocimiento social, hoy lo confunden con cuantificar el número de seguidores o contactos. Ya ha habido estudios que dicen que alguien que tenga más de 90 contactos, es como si no tuviera ninguno, pues la memoria y emoción no dan para establecer lazos con más personas que ese número (prometo recuperar la fuente, pero se puede buscar como el número de Dumbar).

Hoy veo a la generación de mi hijo (14 años) con una adaptación a las redes sociales como si fuera natural, si en nuestra generación se decía que si no pasa por la Televisión era como si no existiera: los cantantes, las películas, los lugares, los deportes, los chistes, etcétera. Para ellos, lo que no pasa por redes sociales es como si no existiera, ni la fiesta, ni el viaje, ni el récord en los videojuegos. Y la línea entre lo público y lo privado se vuelve elástica y móvil, pues se publican fotos que a nadie más le pueden interesar (no me refiero directamente al “sexting”) y se hacen declaraciones de afecto que en persona no se atreven, o ¿será que en persona ya no son necesarias?, ese sería un cambio generacional.

No me pongo en contra de las redes sociales ni promoveré que se dejen de utilizar, pero sí compartiría sugerencias para su uso, por ejemplo, a mi hijo, no le reviso su cuenta, pero tiene el compromiso de no incluir como contactos ni personas mayores que él (recibe solicitudes de papás de sus compañeros de la secundaria) ni de personas desconocidas y para nada poner imágenes de su hermanita, su mamá ni de la casa u otros detalles con información personal.

En lo personal, tengo muy pocos contactos, porque creo que no debería tener más que los nombres del directorio de mi teléfono móvil, aunque no por eso dejo de seguir a personajes de los medios de información. Y busco que mis publicaciones en Twitter y posts no sean paja, aunque muchos de ellos se puedan considerar así, evito “buenos días mundo”, “ hoy es martes”, “acabo de despertar”, “cenando en familia”, “la vibra es la fuerza del universo”, etcétera. espero que quienes me sigan tengan o una información interesante o algo sobre mí que no les molesta que comparta. Y trato de tener siempre presente que cualquier cosa que ponga en Twitter es como un mensaje en botella, no puedo tener certeza de a quién le llegará, en una fiesta recuerdo que antes de cada chiste preguntaba yo ¿pero no hay argentinos? Ok, para otro chiste, ¿no hay gallegos? Ok, para otro chiste ¿no hay alemanes? etc. y me seguí, hasta que en algún chiste me dijo una pareja con cierta molestia, -oye nosotros somos antropólogos - , en fin no podía preguntar por todos, esa misma sensación me ocurre cuando publico algo en Twitter.

Para terminar, quiero decir también que no debo dejar de tener en cuenta aquello de “nadie es tan feo como en su foto de licencia de conducir ni tan bello como en su perfil de facebook”.

En poco tiempo hablaremos en pasado sobre las redes sociales, gracias por acompañarme en este ejercicio que me invitó a la reflexión.

2 comentarios:

  1. WoooW!!! Jesus... me pongo de pie y aplaudo emocionado. Me encantó, Felicidades.

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  2. Hace muchos años escribí sobre la dualidad de las redes sociales, prácticamente fue mi pretexto para empezar el blog, ahí dejé un pendiente, prometí recuperar el dato de cuántas personas es el máximo que podemos considerar nuestros amigos, me refería al estudio del Dr. Robin Dunbar profesor de Psicología y Antropologia de la Universidad de Oxford, sus estudios concluyen que “Hay un límite cognitivo de individuos con los que una persona puede mantener relaciones estables. Este límite está en relación directa con el tamaño relativo del neocortex y al final impone un límite al tamaño definitivo del grupo”, su número, hoy conocido como el número de Dunbar, se redondea a 150. Dado que el estudio se realizó con primates en el año 1993, puede haber evolucionado junto con el humano y especialmente con las generaciones que adoptan con naturalidad las innovaciones tecnológicas, así que el estudio consideraba también dos capas superiores a esos 150 amigos estables, la primera capa en 500 y la segunda en 1.500, en estas capas lejanas se considerarían "personas conocidas" o "rostros reconocibles".

    En este orden de ideas podemos hablar de que podemos contar con hasta 150 amigos, aquellos que literalmente han logrado una intimidad suficiente como para "llorar en su hombro", acción que se dificulta con las llamadas amistades a la distancia. Así que, en honor a la verdad, hablemos de nuestros 150 amigos como máximo y los demás como
    seguidores o conocidos, contactos en el mejor de los casos.
    referencia: (https://www.technologyreview.es/s/2848/tres-preguntas-para-robin-dunbar)

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