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jueves, 8 de agosto de 2019

Conspiranoide


Me apareció un video que me puse a ver unos minutos, decía que existen tres razones por las que la humanidad no es originaria del planeta tierra.

1.-No somos originarios de este planeta porque se nos quema la piel con el sol, seguramente nuestro planeta de origen estaba un poco más alejado del astro rey y por eso nuestra piel no está diseñada para esta cercanía. De la misma forma, la radiación del sol nos lastima la vista, por eso usamos gafas oscuras, porque nuestra vista no está diseñada para esta distancia del sol.

2.-Padecemos dolores de espalda porque el planeta del que provenimos tenía una gravedad más ligera, de modo que al cargar con nuestro propio peso aquí en la tierra, nuestro esqueleto sufre de un esfuerzo y daño para el que no está diseñado.

3.- Siempre tenemos sueño, nuestro ciclo de dormir está alterado y cada lunes al despertar sentimos que nos falta una hora, eso concuerda con el razonamiento de que existe un planeta vecino cuyo movimiento de rotación es de 25 horas: Marte.

Quienes presentan como irrefutables estos argumentos, se basan en información empírica: no existe otro animal que sufra quemaduras o que frunza el ceño porque el sol no le permite ver bien.

Sobre la lógica de dichos argumentos “irrefutables” (hay que recordar el conocimiento científico no es irrefutable ni dogmático), podemos obtener más argumentos que apoyen esta idea, ya que con tal ligereza, al parecer se puede llegar a cualquier conclusión, así que aquí van 10 razones más para decir que el humano (no los hombres o las mujeres como decía John Gray, sino el humano como especie) se originó en otro punto del espacio y fue “sembrado” en este hostil planeta:

1.- Somos la única especie sobre la faz del planeta tierra que no está preparado para recorrerla a pie, ningún otro animal requiere de zapatos o botas para evitar cortarse o pegarse en el dedo pequeño. Si la temperatura es alta, se nos cocinan las plantas de los pies, si es muy baja, se congelan y mueren y de no ser amputados gangrenan toda la extremidad. Se nos hacen cortadas con las piedras del camino y nos resbalamos si caminamos en superficies mojadas. Nuestro pies poseen uñas que no sirven ni para quitar la cáscara de una mandarina, si fuera real la teoría de la evolución, hace cientos de años que ya no tendríamos uñas en los dedos de los pies.

2.- Somos los seres vivos que necesitamos una segunda piel, todos los demás animales, corren, vuelan, nadan, reptan con el mismo atuendo. Si nosotros tenemos frío, usamos abrigo, pero si con ese abrigo caemos al agua, se nos imposibilita flotar. El frío nos pone la piel morada y quebradiza, el viento la deja reseca, el sol la quema, el agua la arruga y puede disolverla. El planeta no ayuda, todo ecosistema es una amenaza mortal para el humano al desnudo.

3.- Seguramente en Marte, hace miles de años, cuando era habitable los alimentos se encontraban precocidos, sin cáscara, condimentados, sin hueso y con la dosis exacta de ácidos, proteínas y carbohidratos, además de poseer una apariencia suculenta. En el planeta tierra no existe un alimento que reúna todas esas características, a falta del mismo, tenemos que cocinar, salpimentar, pelar, moler, poner en salmuera, dorar, extraer semillas para no enfermarnos, higienizarlos para que las bacterias locales no nos maten por dentro y hasta adornarlos porque si no son agradables a la vista no les hincamos el diente. Ante la carencia de ese alimento o cadena de alimentos hemos tenido que comernos a nuestros vecinos y nos justificamos con la inventada cadena trófica o alimenticia. Ante nuestra incapacidad de generar nuestros propios alimentos por fotosíntesis, terminamos comiendo, previa cocinada, todos los demás seres vivos sean animales, vegetales y hasta minerales.

4.- Es todo un tema la higiene personal, yo no veo al cocodrilo preocupado por cepillarse los dientes después de comer patos, nosotros al pato lo hacemos paté y luego de comerlo nos cepillamos los dientes con técnicas estudiadísimas y con productos artificiales, o no llegamos a nuestra media de vida con molares, incisos y caninos, tampoco veo a un camello o jirafa preocupados porque llevan tres días sin ducharse media hora bajo el agua y con acondicionadores para evitar la pérdida, quiebre o resequedad del pelaje, no veo a las nutrias saliendo a secarse los pies y aplicarse fungicida para evitar los malos olores que alejen a su pareja. Ni a un guepardo aplicándose en las axilas desodorante antes de correr. Las condiciones en Marte eran completamente diferentes, dejarse el cabello largo no significaba rastas, tener la piel expuesta a una atmósfera por lo visto benévola, no te hacía imán del polvo y lodo (derivados de la tierra, así se llama este planeta).

5.- Cuidados maternos y embarazos delicados: la gravedad de Marte por ser inferior a la de la tierra, no daba oportunidad a embarazos delicados, pues nada de que - el bebé ya se bajó- y -mejor no camines desde el sexto mes-, sino sigue todas tus actividades con el producto flotando en tu vientre, se dice que los globos de gas que a los niños les encanta llevarlos de un hilo para verlos flotar sin caerse, no son más que una reminiscencia de nuestra memoria más profunda que nos recuerda ese bulto casi sin peso ni molestias en el que se portaba durante 8.6 meses. Porque ese sin ser otro tema, sí es otro cuento: un bebé en Marte no se gesta en 9 meses sino en 8.6, recordemos que un día en marte tiene 25 horas, así que los nueve meses, que dura aquí la gestación humana, si lo dividimos en 4, hace 36 semanas, éstas divididas entre siete que son los días de la semana, da 252, estos 252 días que en la tierra duran 24 horas, al dividirlo nos da 6,048 horas de gestación, si las convertimos a días de 25 horas, nos da 242, esos lo convertimos en semanas y da 34.6, que en meses significa 8.64, así que nuestro problema no es que seamos humanos, sino nuevemesinos. Desconfíe usted de aquellas mamás cuyos bebés nacen en la semana 34.6, no son terrícolas.

6.- La diferencia de gravedad entre Marte y la tierra pareciera otra maldición, aquí pesamos más. Como es sabido, la gravedad en el planeta tierra es una constante de 9.807 m/s2, o sea que cualquier objeto que se deje caer, independientemente de su peso, la gravedad lo atraerá hacia abajo a una velocidad de 9.8 metros por cada segundo elevado al cuadrado, pero en Marte la gravedad es una constante de 3.711 m/s2, ¡casi la tercera parte!, si a usted le preocupa pesar 90 kg, en Marte no pasaría de 30 kilos. ¿Le gustó el libro de “los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus”?, si es usted mujer, déjeme decirle que la gravedad en Venus es de 8.87 m/s2, (John Gray quiso decirle gordita aquí y en Venus). El récord olímpico de salto de longitud no estaría en nueve metros sino en 30 por lo menos. Imagine usted dar una zancada de 25 metros (a menos que sea atleta, ese sería un modesto promedio). Seríamos exploradores por naturaleza, no viviríamos confinados a pequeñas ciudades, en Marte éramos más libres, ligeros e higiénicos.

7.- En el ámbito filosófico y existencial, nuestras diferencias serían menos radicales, nadie se estaría preguntando ¿de dónde vengo?, sabríamos que de Marte y eso aplanaría hasta las diferencias raciales y discriminatorias. No sería cursi hablar de un sublime cielo azul, es más, añoraríamos un cielo rojo como la canción de Juan Záizar.

8.- Otro argumento para decir que somos originarios de Marte es que la atmósfera terrestre nos tiene acostumbrados a gritar, la densidad del aire es más pesada aquí y el sonido no viaja con la misma facilidad que lo hacía en el planeta rojo, si en nuestra naturaleza estuviera gritar, no existiría la palabra “afónico”, pues el diseño de nuestras cuerdas vocales, estaría adaptado para generar los decibelios que necesitamos en este planeta azul. De aquí ha surgido la otra teoría conspiranoide que dice que aquellas personas que hablan bajito y que prácticamente no saben gritar, son una raza más pura del planeta rojo.

9.- Nuestra relación con el agua, muchas voces dicen que el agua es un compuesto raro, como que su punto de ebullición no siempre es a 100° o el de congelamiento a 0°, hay variaciones, se dice que el agua es vida, pero una de las formas de tortura es dar de beber más agua de la que necesita una persona, se dice que necesitamos beber ocho vasos, pero si te los tomas juntos, tu cuerpo reacciona por lo menos con pesadez, el agua en una temperatura media, nos hace bien, pero en sus extremos nos resulta fatal, somos el ser vivo que necesita agua diariamente, pero que debe cuidarse de la misma para no arriesgar la existencia, pues por una combinación con la gravedad, ya mencionada en el punto seis, no podemos flotar, necesitamos esfuerzos mayores para no hundirnos y a diferencia de casi todas las demás especies animales, si nuestras vías aéreas o sea las encargadas de la respiración se llenan de agua, perecemos. El equilibrio entre humedad y resequedad es tan delicado que ha desaparecido a civilizaciones completas, humedad de más nos enferma y ausencia del líquido nos mata. Hasta ahora no se ha confirmado que hubiera agua en el planeta Marte y debe usted saber que tenemos robots exploradores recorriendo y mandando continuamente datos de sus hallazgos en el planeta rojo. Por otro lado, en el planeta Tierra existen animales que nunca en su vida beben agua, una de ellas es la rata del desierto, obtiene la hidratación que necesita a través de consumir cactáceas. Hay evidencia de insectos con mecanismos para condensar humedad del ambiente y lograr autosuficiencia sin tocar jamás un estanque de agua. Así que nos falta descubrir cuál es el mecanismo por el que el humano puede hidratarse sin una relación directa con el agua. Un punto en contra de la teoría de la adaptación de los organismos, defendida por los evolucionistas, es que luego de supuestos millones de años de convivir con agua salada, que es lo más abundante que tenemos a nuestro alcance, aún no hemos logrado la mutación que nos permita consumirla.


Imagen compuesta a parir de  https://news.culturacolectiva.com/ciencia/31-de-julio-marte-estara-en-su-punto-mas-cercano-a-la-tierra/ y de http://megustavolar.iberia.com/wp-content/uploads/2922128673_8a6f85a718_z.jpg


Y

10.- Los seres humanos somos la especie más torpe y desprotegida, resulta que además de una gestación larga y lastimera, somos la especie que más tiempo tiene que pasar al cuidado de los adultos de la manada. Muchos hablan de la fragilidad del recién nacido, pero hemos visto un tiburón nacer y empezar a nadar con maestría, un potrillo recién parido incorporarse en sus cuatro patas, un ave romper el cascarón y caminar o volar de inmediato. El humano recién nacido, no es que sea inadaptado sino que está en el planeta equivocado, el tema de la gravedad no nos deja caminar sino hasta después casi 14 meses, el hecho de no tener un mecanismo para hidratarse como en Marte lo lleva a depender gota a gota de los mayores. Tienen que pasar casi ocho meses para que pueda comer alimentos terrícolas, antes de eso tiene que ser alimentado por su madre o con suplementos que ha llevado décadas desarrollar. Nuestro desplazamiento por el planeta es de los más lentos e inseguros, cualquier otro animal se desplaza si así lo requiere, enormes distancias comparadas con su soma o cuerpo, la adaptación de todos los demás seres vivos a los climas y ciclos del planeta es fluida y natural, el humano no puede pasar sin ropa y sin cubierta una noche en el desierto, o en el hielo y ni se diga en el agua. Quizás en donde los evolucionistas tienen razón es que nos hemos desarrollado intelectualmente para suplir todas nuestras limitaciones, pero ellos mismos aceptan que en el camino se fueron quedando muchas especies de homínidos. Hace pocas décadas empezamos a aceptar la teoría de la panspermia dejando la posibilidad de que la vida en la tierra llegó desde el espacio exterior, pero no como que meteoritos trajeron emigrantes de Marte, sino como que microorganismos empezaron a hacer un recorrido al que le faltan muchos eslabones para ser creíble y tapar muchas lagunas para ser consistente. Tome en lector con criterio y humor estos 10 argumentos.







miércoles, 19 de abril de 2017

Teoría de la Evolución: Caza, Carroña y/o Rapiña

El tema de la evolución, desde que fue planteado por Charles Darwin, vino a generar un espectacular cambio en el modo de pensar, de identificarnos como especie, su teoría avanzada y de vanguardia generó choques contra explicaciones a partir de la fe y fue criticada por carecer de suficiente evidencia. Hay que entender que no fue una teoría acabada pero que el tiempo ha ido reforzándola paulatinamente. Sin duda, ha influido en las teorías para explicar el pensamiento, inteligencia, memoria, lenguaje, conducta, todas materia de estudio de la Psicología, pero también de la alimentación, la dietética y nutrición, así lo encuentro cuidadosamente tratado en el libro El Mono Obeso de José Enrique Campillo.




Imagen tomada de: https://www.flickr.com/photos/wallyg/404063706

Especialmente el libro se dedica a explicar a partir de la evidencia de fósiles y las técnicas más recientes que permiten calcular la edad, componentes químicos y orgánicos del hábitat en que se desarrollaron en las diferentes etapas prehistóricas. Por ejemplo, existen alimentos para los que nuestra actual constitución física no está preparada. Y seguramente no le agradará a los fanáticos de la dieta cruda, la dieta estrictamente vegana o la misma dieta paleolítica, que de manera silvestre propone comer los alimentos que se encontraban en el ecosistema de dicha etapa histórica.



En particular, a diferencia de otros mamíferos, nuestro intestino grueso es significativamente menos espacioso como para que la ingesta de dieta estrictamente vegetal y de hierbas pueda pasar suficiente tiempo para fermentarse y permitir que se aprovechen cabalmente los nutrientes, tales como la glucosa que es el combustible único del cerebro. De igual forma, somos el único mamífero que sigue bebiendo leche después de la etapa neonatal, simplemente nuestro organismo ya no la requiere, así que en casos como el mío que la intolerancia a la lactosa me impide ingerirla, es plenamente explicable. No es mi área hablar de la nutrición y dietética, pero el mensaje central del libro es explicar el cómo opera el gen ahorrador que nuestra especie heredó y que le permitió sobrevivir, aunque paradójicamente ahora nos esté matando. Ese gen ahorrador permitió al humano que ya no habitaba el paraíso de la generosa selva y bosque, si pasaba días sin comer, el día que ingería alimento el organismo guardaba reservas en forma de grasa para poder seguir caminando varios días, consumiendo poco a poco las calorías, en orden de grasas, proteínas, músculo y glucosa en ese orden. Esto explica que personas que llevan rutinas de gimnasio y dieta baja en grasas, en una sola cena o comida por alguna celebración, aumenten de peso inesperadamente, pues el organismo así está diseñado para sobrevivir. Ese diseño a diferencia de los cuadrúpedos también encontró su depósito óptimo en la zona del abdomen para los hombres y en las caderas para las mujeres para esas reservas en forma de grasa, no podía ser sobre la espalda a manera de joroba como el búfalo o en las piernas, porque se contraponía con nuestra recién adquirida posición bípeda: cargar con nuestras reservas energéticas en el abdomen o en las caderas, permite que nos podamos seguir moviendo. Esto, sumado a la vida opulenta que nos damos el lujo de llevar, es decir, abundancia de alimentos procesados y sedentarismo por baja exigencia física, forman el conjunto de enfermedades del síndrome metabólico: obesidad, diabetes, hipertensión, dislipemia (colesterol alto) y ateroesclerosis.


Uno de los mitos que se han integrado a nuestro esquema del hombre de las cavernas (por poco científico que este término parezca) es la díada de hombre cazador con mujer recolectora y cuidadora de los infantes. Y resulta que no somos tan cazadores como se nos ha pintado, en primer lugar somos físicamente una especie desfavorecida en cuanto a recursos para ataque cuerpo a cuerpo, es decir, no poseemos grandes colmillos para desgarrar (lo cual por otro lado nos favoreció el uso de las muelas para masticar) ni contamos con garras o fuerza descomunal para someter a otros animales y devorarlos, contamos con un pensamiento más avanzado y manejo instrumental en su lugar. Pero nuestros antepasados recientes tampoco contaban con suficientes herramientas para cazar ni complejos mecanismos para atraparlos, de hecho se ha encontrado que cazar no se nos facilita, actualmente, soldados o civiles que por extravío o alguna otra circunstancia, sin armas ni herramientas, tienen que pasar tiempo en el bosque o la selva, no encuentran fácil la cacería. Los análisis de los huesos de otros mamíferos que han aparecido como alimentos de familias pehistóricas, resulta que muestran fracturas y heridas de colmillos de animales fecroces, previos a formar parte de la comida de los homínidos. Lo que ha reforzado la teoría de que el hombre más que cazador recogía la carne que otros cazadores dejaban, en una conducta más de tipo carroñera. Aquellas expediciones que los machos emprendían para regresar con carne no eran para atacar al gran mamífero, de hacerlo así, el precio podría ser la propia existencia, sino seguir con cuidado a un felino cazador que atacaba una cebra o vaca por ejemplo, esperar a que se alimentara y los restos, una vez que se había retirado, pasar a recogerlos, antes que las hienas o aves de rapiña se los apropiaran, seguramente el ciclo de la vida continuaba para ellos, luego de que el humano dejaba a su vez los restos del animal cazado que no aprovecharía. De esta forma el macho humano regresaba  a donde  la hembra y los menores a llevarles carne, pero en su ausencia, habían sobrevivido gracias a las actividades como recolectora que ella había realizado, alimentando con verduras, frutas y algunos insectos o animales menores a la familia.


Imagen tomada de: https://sitibiterralevis.files.wordpress.com/2010/11/homo-erectus1.jpg


Sin afán de hacer una discusión sobre rol de género, ni el hombre es tan cazador, ni la mujer tan dependiente, al día de hoy, su actividad recolectora y administradora es la que permite continuar con la alimentación cotidiana de las familias.

Y si en el ámbito alimenticio no somos cazadores naturales, en las conductas, tampoco. En diversos ámbitos y niveles nos encontramos con conductas en las que claramente, una persona se alimenta de que otras dejan, pareciera que ese es el nuevo ciclo natural de la vida, desafortunadamente saltándose algunas trancas o rompiendo algunas reglas.  Van algunos ejemplos:

Una señora que trabajaba en oficinas contiguas, vino a mi escritorio a ofrecerme copias de DVD con películas piratas, algunas semanas después la vi por los pasillos y me dijo que ya había dejado de venderlos, porque la gente es odiosa y varios copiaron su idea, me dijo que ya varias personas estaban vendiendo copias que DVD´s que ella les había vendido. Luego de su gesto de molestia, me quedé pensando si ella no estaba haciendo lo mismo, copiando ilegalmente el producto de trabajo de otros…. Nunca se lo pregunté, pero era obvio que no tenía ella ese alcance.

Un ejemplo de cacería, carroña y rapiña, se da cuando un automóvil se deja varios en días en una calle donde no se sabe quién es el dueño, que definitivamente es alguien que pagó por él, de alguna forma lo obtuvo legítimamente como si le hubiera costado cazarlo, pero luego de que es vigilado por un carroñero que con toda la experiencia y estrategia, le roba en unos minutos las llantas, espejos, batería, y demás elementos de alto valor, lo abandona ya incompleto, pero días después encontrará que el mismo ya no tiene asientos, manijas, antena, limpiadores, etcétera, artículos de menor valor que son arrebatados también de forma ilícita.

Imagen tomada de: http://www.eltribuno.info/salta/nota/2016-7-29-9-46-0-se-pasaron-de-vivos-los-pescaron-in-fraganti-desmantelando-un-auto-chocado

Una imagen que me ilustra la carroña, es cruda, pero así la retrata Alejandro Jodorovski en la surrealista película Santa Sangre, (México, 1989): en el circo se muere el elefante y le hacen una corte fúnebre los payasos, enanos, equilibristas, músicos, etcétera, que recorren calles de la Ciudad de México y llevan ese enorme ataúd de madera hasta el desfiladero de una barranca donde se aprecia gente de una ciudad perdida, todos polvosos y mal vestidos, (recordemos que es surrealista la apreciación) y luego de que se desliza el ataúd, éstos personajes saltan barranca abajo y rompiendo la madera, se observa cómo toman trozos de la carne del paquidermo y la pelean entre ellos, como si más que un viaje a las zonas marginadas de esa supuesta ciudad, hubieran realizado un viaje a un par de escalones debajo de la evolución del homo sapiens. Esa imagen (se sugiere compañía de adultos para menores de 18 años) es la que me viene a la mente cada vez que necesito ilustrar el término de carroña.


El sentido común, también conocido como sabiduría popular, tiene ciertas afirmaciones que refuerzan esta idea de tendencias carroñeras: “del árbol caído todos quieren hacer leña”, “en el arca abierta, hasta el justo peca”, aquella máxima de cierto político: “no pido que me den, sino que me pongan donde hay”, uno que alguna vez propuse a mi maestra de primaria para que se analizara: “Monje que vende cera y no tiene cerería, ¿de dónde la sacaría?”, “al nopal sólo se le arriman cuando tiene tunas”, “A río revuelto, ganancia de pescadores”, “cría cuervos y te sacarán los ojos”, “El muerto al pozo y el vivo al gozo”, “Ladrón que roba ladrón, tiene 100 años de perdón”, “Para uno que madruga, hay otro que no se duerme”, en cada uno de estos dichos y refranes, de una u otra forma, se evidencia, que existe tendencia y que es imprudente negarse a ella, para aprovecharse de lo que el otro deja, o descuida. Esa es la idea de que más vale esperar el momento de la carroña que salir a cazar.

Dos ejemplos más que ilustran las tendencias carroñeras son la explotación por las empresas gigantes y el enriquecimiento de los políticos mediante la corrupción, sin que se tomen como generalidades: Aquellas empresas que podrían representar a un cazador, es decir, ya no es una persona sino un colectivo, que desarrolla un producto de gran éxito, tiene a su alrededor, personas que aportan marginalmente alguna colaboración y que se ven beneficiadas en su modo de vida, es decir, la empresa podría ser a nivel mundial, la líder en venta de jugos de frutas embotellados y un porcentaje altísimo de quienes trabajan en ella, jamás han tocado una fruta  para alimentar el proceso, pero como es un círculo, la empresa se beneficia de quienes producen la futa, porque lo que les paga es muy inferior a lo que ese insumo vale, así es como su función no es la de cazar sino esperar a que los demás le permitan recoger. Muchas veces hemos escuchado el término (que no el refrán mexicano, porque estaría ubicado en el párrafo anterior) “salir todas las mañanas tras de la chuleta”, equivalente a decir "me voy a trabajar", al grado que no dice “salir todas las mañanas a derribar al mamut”, sino a ir por la porción de carne que alguien más ya seleccionó y puso en venta. Así se benefician los empleados de la parte que la empresa les entrega y la empresa con el trabajo y los insumos que también explota.

El político que se beneficia de lo que los otros cazan y dejan a su paso, es aquel cuya función debería ser administrar fondos colectivos y los vuelve individuales, pero como requiere complicidades, entonces va repartiendo por el camino porciones de esos recursos para que mediante carroña y rapiña, se  evite reclamos e inconformidades. Ese administrador líder no es el que se juega la existencia en la cacería, sino que espera el reparto de recursos y toma de forma ilegítima otros tantos. Haciendo que se jueguen la existencia, ahora sí, aquellos a los que dichos recursos colectivos resolverían una necesidad apremiante, como salud, seguridad, paz.


El libro que mencioné al principio dice que a base de mutaciones han desaparecido especies como el Homo Ergaster, el Cro-Magnón, el Neanderthal, muy posiblemente eliminados por la especie superior, Homo Erectus y Homo Sapiens Sapiens. Pero lo que es una realidad es que el diseño que ahora poseemos, las características que nos han hecho sobrevivir a glaciaciones, sequías, epidemias y holocaustos, tomó ciclos de entre cuatro y 10 millones de años para perfeccionarse, seguramente el gen ahorrador perderá su popularidad y el cerebro ganará talla, pero no ha sido así desde la edad media, los años sesentas ni lo será en los próximos siglos. Habrá que entender y optimizar nuestras conductas, hábitos, ciclos y cuidados para este diseño que nos ha llevado algunos millones de años perfeccionarlo.














viernes, 2 de diciembre de 2016

Despidatarios

Entre tantos movimientos New Age e ingeniosas nuevas corrientes filosóficas, resulta que atendí más por ignorancia que por verdadera curiosidad a la plática de la cofradía de los despidatarios, es lógico, que si te llega una invitación especial a un evento fundacional y se te habla en un escrito elegantemente redactado (lo cual hay que agradecer per se) y coincide con una tarde libre y de paso en tu camino, el pensamiento toma ese atajo de ¿Qué puede ser lo peor que pueda suceder?, -no pierdo nada con asistir. Y por el otro lado una inquietante curiosidad sobre de qué trata dicho asunto y ¿cómo es que tiene un nombre así?.... mientras camino del estacionamiento a la dirección que por coordenadas me enviaron al dispositivo de posicionamiento global, la mente va haciendo ese superficial juego de asociar la nueva palabra a las ya conocidas: despilfarro, trepidatorio, lapidario, sedentario……, finalmente me entrego a fluir sin mayores expectativas, estrategia que me ha funcionado antes para no sentirse decepcionado por esperar algo de más valor, ni tener que disimular la cara de sorpresa si aquello es mucho más espectacular de lo que parecía.
En fin, fui recibido por mi nombre como si ya me conocieran o supieran de mí algo que yo no estoy seguro de haber hecho público, mientras repaso mentalmente si he dejado pistas suficientes en redes sociales como para que conozcan no sólo mi rostro, sino algún interés que mostré sin tenerlo ahora presente sobre pirámides de inversión, nuevas tecnologías, oferta de estudios de posgrado, donaciones o filantropía y esto último me hacer sonreir, entro con esa sonrisa al recinto.

Esperaba una etiqueta adherible con mi nombre escrito a mano con un plumón y al mismo tiempo me sale otra sonrisa, eso ya no se hace desde los años 80’s, hoy es más fácil imprimir un gafete en plástico, me lo cuelgo al cuello con ese listón oscuro con tacto de seda y comienzo a buscar un lugar donde sentarme, las butacas son cómodas y parecen salas VIP de cine, el escenario aún oscuro no tiene más que un pódium y una gran pantalla, a mí me siguen gustando las presentaciones multimedia y antes de sentarme, una amable edecán me lleva a un lugar un poco más a la izquierda de lo que yo hubiera elegido. La escasa luz del escenario contrasta con la oscuridad de los asientos y sólo percibo que ya está casi lleno, aunque no puedo identificar edades ni género de las personas en el público, ni a los demás les distrae que yo esté por sentarme, sólo sé que hay más asistentes, entre quienes predominan ropajes oscuros y sobrios. La costumbre me hace preguntar si hay un programa o folleto informativo, pero la edecán levanta y junta las cejas como por interrogación y con una bien ensayada sonrisa evade la respuesta diciendo que ese es el asiento que tengo designado y se retira hacia la puerta como para seguir con su encomienda.

Las luces elevan su brillo y una voz en off anuncia el arribo del orador, Edwin Järvinen, al tiempo que su nombre aparece en la parte superior de la pantalla, por eso noto que se escribe raro, como que no fuera latino.



Imagen tomada de http://www.pedrosolorzano.es/servicio/area-conferencias/

Y aparece un hombre de mediana edad, en buena condición física, con un pulcro traje color gris y una corbata oscura sin mayor ostentación, me llama la atención el brillo artificial de su tez, no como si estuviera maquillado, sino como que utiliza constantemente productos humectantes y rejuvenecedores para cuidar su apariencia, el peinado que se observa cuidado y elaborado solamente me remite a actores de la transición de los años 70 a 80 en el cine mexicano, es decir, pelo semi largo, un poco esponjado, pero sin patillas exageradas o raya en medio bien definida, al fin me reprimo a juicios superficiales y afino el oído para escuchar su voz y mensaje una vez que terminan los escasos aplausos.

-“Bienvenidos ciudadanos del mundo, un gusto saludarles de nuevo a quienes nos reunimos consuetudinariamente y un especial y afectuoso recibimiento a quienes fueron invitados por primera vez”

“Grandeza Previa, Invaluable Herencia”

Y cuando menciona la frase, en la pantalla se muestra debajo de su nombre, ahora no sé si es una frase célebre o lema de esta agrupación. Sin embargo trato de no distraerme porque empieza a soltar una retahíla de ideas acompañadas por rápidas imágenes en la pantalla que hablan de la grandeza de la humanidad, (me considero humanista), el largo andar evolutivo y la construcción de grandes obras de arte, de expansión, de avance científico, de riqueza filosófica, de sobreponerse a los desastres y calamidades, salvarse de amenazas de extinción, de la capacidad de dominar a la naturaleza y modificar el medio ambiente, de ansias de explorar el espacio exterior, razas, formas de pensamiento, costumbres, religiones, manifestaciones artísticas, de hermandad, de pacificación y de renacer como especie superior, el ritmo del orador es frenético y la música que acompaña las imágenes colabora para que se eleve la frecuencia cardíaca de los asistentes, los energiza y emociona, hasta comenzar a aplaudir y levantarse de sus asientos, un expectante silencio y pantalla oscura casi detiene la respiración de todo el público y viene el complemento pesimista del discurso: somos cada vez más, no hemos racionalizado la explotación de los recursos naturales, nos hemos destruido con continuas guerras, contaminamos cada vez, más, la era desechable ha generado en los últimos años más basura por año que la que se produjo en siglos durante la edad media, vamos camino a la indiferencia, individualismo, consumismo y disminución de nuestro poder creativo, cada vez más conformistas, autómatas y faltos de cuestionamiento, aislados y apáticos con el planeta y con los demás, rehaciendo divisiones entre países, dando pasos hacia atrás en nuestra integración y solidaridad, motorizando y digitalizando toda experiencia de convivencia, comunicación y entretenimiento, se empieza a hablar de generaciones perdidas y de los primeros pasos a la involución, entendida como des aceleración de nuestro proceso evolutivo y decaimiento a estadios anteriores de nuestra historia, pues el cerebro debería haber seguido creciendo y siendo más poderoso, pero muestra evidencias científicas de niños que en la última década han nacido con una menor masa encefálica y que cada vez necesitan de más apoyos para los primeros aprendizajes, de una educación cada vez más protectora y consentidora que formativa hacia la autonomía y gusto por aprender. La idea principal, es que los que hemos sido seleccionados para asistir a Despidatarios (así lo mencionan ya sin artículo, como si fuera nombre propio que se escribe con mayúsculas), formamos parte del punto de evolución que no volverá a ser, de la máxima capacidad que la humanidad pudo alcanzar antes de iniciar su involución y su irremediable extinción.

La invitación es develada: si lo aceptas, tienes que colaborar con este exclusivo grupo de trabajo, que al igual que los Despidatarios de otras naciones, se han propuesto recuperar, la riqueza cultural, científica, filosófica, artística y de inteligencia, que nos permitirá encapsular el punto superior al que pudimos llegar y ofrecerlo sólo a quienes tengan la capacidad de valorar y la creatividad para hacerla resurgir, mantener este estado del arte del que se está claro ya no habrá más avance y promover la recuperación de la grandeza de nuestra especie para que dentro de unas décadas o centurias, se pueda retomar y volver a crecer. No dejar todo esto en manos de la generación que vive para los video juegos y que no ha documentado más allá que sus fotografías de rostros y memes reduccionistas de conocimiento superficial.  Despidatarios que estamos comprometidos con la rica herencia de nuestros antecesores y que estamos obligados a mantener esos tesoros intangibles algunos, para las generaciones que un día lo sabrán valorar.

Luego de mencionar a las asociaciones internacionales como los Adeusers y Atelogos de Brasil y Portugal, los Aurevoire´s de Francia, los Arrivederchistas, Revederes y Aufwiederseheners, los Totsiens y los Svidaniyas, los Dovidenjas, Goodbyers y los Sayonaras que se dice fueron los que iniciaron este movimiento.

Se inicia con la mención de los diferentes comités: de Arte, de Educación, de Alimentación, de Razonamiento Matemático y de su adhesión a la central Supremacista…. Y ahí, ante la sospecha de que están a punto de encender las luces del auditorio y ofrecer lugares en los diferentes subgrupos, es que me levanto sigilosamente y pregunto a la edecán por el sanitario, me pregunta si no puedo esperar y con cierto desagrado me señala el camino, que por cierto, está cercano a la salida. Me quito del cuello el gafete de plástico y lo echo en la bolsa del derecha del saco, cruzo hacia la calle y me dirijo al estacionamiento, sin poder quitarme la sensación de escalofriante ansiedad y tratando de ver en los jóvenes de la calle esperanza en su pensar, no logro más que encontrarlos metidos en sus teléfonos móviles, prácticamente sin usarlos para hablar sino tecleando y desplazando las pantallas, caminando sin poner atención a su ruta y cuando más de dos están juntos, los veo mostrarse entre ellos algo que encontraron en sus pantallas, reír eufóricamente durante unos segundos y sumergirse de nuevo en las pantallas luminosas. Pero aun así no consigo comulgar con la idea Despidataria. Me sorprendo al utilizar así el término y apuro mi paso, quiero sacudirme cualquier semilla que deposite en mí una idea similar. Sin embargo, no lo logro y llevo todas estas semanas dándole vueltas, lamentando no haber preguntado con toda claridad porqué llamarse así: Despidatarios, creo que a mí nunca se me hubiera ocurrido nombrar un grupo así.







lunes, 30 de mayo de 2016

Saudade, soledad y desolación


Podría escribir las tres palabras más tristes esta tarde: Saudade, soledad y desolación. Pero así como ni las razones para la felicidad ni los placeres son los mismos para todas las personas, tampoco las tristezas. Si hubiera que organizarlas de mayor a menor, en cuanto a su contenido de tristeza, su orden sería desolación, soledad y saudade.

Desolación, no puede haber algo peor que la soledad no pedida, que la voz no escuchada y que la invisibilidad de la existencia propia. Yo nunca estudié etimologías, eso lo veían las Prepas de la UNAM y yo me fui al sistema CCH, orientado a la Estadística, Cibernética y Psicología, no porque tuviera clarísimo a lo que me iba a dedicar, sino por todo lo contrario, pero esa es otra historia, el hecho es que nunca tuve la clase etimologías y esos vacíos de conocimiento los llena uno con invenciones o explicaciones silvestres, y esa me la había inventado desde la niñez: para mí la desolación, era algo más que la soledad, era el prefijo “des” relacionado con el astro “sol”, algo así como lo opuesto de insolación. Por eso tan lejano a la alegría y la iluminación, crecí con ese concepto de la desolación, cuando tu aflicción es tal que ni el sol te calienta, es más que hasta el sol te niega sus rayos. Sólo, a oscuras, con frío y sin quien te vea ni escuche, es el extremo de la destrucción. Esta palabra me desmoronaba siempre la pirámide de Maslow, sobre necesidades primarias como respirar y comer, creo que evitar la desolación se antepone a ellas.
Y así como dicen nuestros refranes y dichos, a partir del sentido común, ante la desolación no hay más que verbalizar “no se la deseo ni a mi peor enemigo” o un supersticioso “Dios me libre” cuando la palabra es invocada.

Soledad:
Por su parte la palabra soledad, así sin apellidos, tiene cierta salvedad, estar solo se da en lapsos, estar solo no necesariamente es porque nadie te ve ni escucha, hay quien niega la palabra en el entendido que si alguien piensa en ti, ni siquiera es real tu soledad. Para quienes nacimos y crecimos en familias numerosas, dentro de generaciones multitudinarias y en un mundo de masas, más que de individualidades, la soledad tiene su lado positivo, solaz, relajante y perseverante. Lograr un espacio y tiempo consigo mismo, se convierte en un remanso de paz y desintoxicación de la gente, los acompañantes elegidos y los incidentales, circunstanciales y coincidentes. La soledad entonces, permite esa recarga de energía, ese alto en el camino, oportunidad de auto evaluación, de replanteamientos y quizás también algo de contemplación: poner la mente en blanco, si se tiene entrenamiento en meditación, aún mejor.
La soledad para quienes niegan su existencia, no es vacío,  está llena de recuerdos, voces, imágenes, emociones, de las personas cercanas y no, de los afectos, deferencias, envidias y molestias de las que uno es receptor. Estar solo es estar con cada una de las personas que conocemos, como congelar el tiempo y visualizarla sin movimiento, con calma y aguda observación. El valor máximo de la soledad es poder llegar a esa visualización de uno mismo, enfrentar los demonios internos, el fuego y hielo que conviven en cada persona. Ya lo he dicho antes, hay personas que deben tener la televisión, tablet o radio encendidos todo el tiempo ante la ausencia de diálogo interno.


Saudade.
Para mí la palabra nostalgia por sí sola ya es hermosa, si logra uno deshacerse de las voces externas e internas que intentar reprimirla, estar nostálgico es un estado producido por elevar a la superficie recuerdos, re-elaborarlos y armar una nueva historia, fiel o no al momento vivido, pero historia al fin, constituida con retazos de buenos, malos, tristes, alegres, emocionantes momentos del pasado. Estar nostálgico es una señal de poseer tesoros y desenterrarlos de vez en cuando para darles brillo y convencerse de la fortuna propia.

Pero saudade, es palabra de origen portugués, que nadie se ha puesto de acuerdo en darle traducción única, implica no sólo la tristeza de los momentos que se han ido y no regresarán, sino también del gozo de poseerlos, o no, aún con la soledad como ingredientes, la melancolía, la pérdida de un objeto, el deseo de regresar al lugar de origen y la búsqueda de algo desconocido que se siente como necesario. La desolación y la soledad pueden parecer circunstanciales, involuntarias y hasta penitentes, pero saudade, es más como una emoción profunda que se lleva a todas partes, pero se elige el momento de que se manifieste, no como una tristeza o depresión por estar incompleto, más como un reconocimiento de que se puede alcanzar un estado más elevado, más evolucionado, aunque duela dejar estadios inferiores.

Imagen de escultura de Ron Mueck, tomada de http://davidhuerta.typepad.com/blog/2011/08/the-art-of-ron-mueck-sculptor.html


Podría escribir las tres palabras más tristes esta nublada tarde, pero podría también reconocerme en mis acciones, decisiones, circunstancias, luchas, privilegios, gozo y sufrimientos pasados, para destilar el ser evolucionado que se desdibuja en mi futuro inmediato, que al fin de cuentas será el futuro de mediano y largo plazo. El ser que surge no por generación espontánea sino como sublimado de su experiencia y afrontamiento de la realidad.