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viernes, 3 de julio de 2015

El sentido del día


Ya antes he escrito sobre el sentido de la vida, bueno he parafraseado a Viktor Frankl, de hecho, me sucedió algo simpático, de esas cosas que sólo suceden en tiempos de redes sociales y librerías virtuales: sucede que hace algunos años, una tarea que nos dejaron en la Maestría en Desarrollo Organizacional, era revisar el trabajo de Viktor Frankl y aplicarlo a el trabajo en las organizaciones, desarrollamos un escrito, muy satisfactorio en equipo mi compañera Edda Cañetas y yo, y el trabajo resultante es una lectura que he recomendado y compartido cuantas veces he podido a compañeros de trabajo o durante cursos de capacitación, se llama “El hombre en busca de sentido”, puesto que como tarea así teníamos que identificar el texto por el libro en que nos basamos, ahí repasamos brevemente la biografía del autor, su paso por los campos de concentración, cómo surge su teoría del sentido de la vida a partir de ser despojado de los bienes materiales y las etapas de denigración hasta la pérdida de la dignidad humana y cómo más que buscar la autoactualización que otras teorías humanistas identifican, él descubre las potencialidades a partir de las pulsiones propias y las circunstancias, desarrolla la teoría a partir de la voluntad de sentido, como una pregunta que la vida te hace, no como algo que tú estás cuestionando.  En ese texto, se habla del vacío existencial, de la frustración existencial y de la posibilidad de que se convierta en frustración y neurosis. Luego de eso aplicamos estos conceptos al sentido del trabajo en las organizaciones, cómo puede ser frustrante hacer un trabajo y no saber de dónde viene ni a dónde va, cómo el trabajo algunas veces más que una forma de ganarse la vida, se convierte en una forma de “perderse la vida”, por tanto, algo que nos ocupa un tercio de la misma (ocho horas diarias), debería ser algo que nos llene de satisfacción, que nos haya dado la oportunidad de elegir y de sabernos útiles, Frankl decía que hay tres valores en el trabajo: 1) De creación: saber que somos capaces de ofrecer algo al mundo, 2) De experiencia: encontrarnos con otros seres humanos y descubrir en ellos, su unicidad, irrepetibilidad y su potencial, y 3) De actitud, cuando nos vemos imposibilitados para encontrar y descubrir sentido por los valores de la creación y la experiencia en las situaciones inevitables. Si se pierde la visión de ver al trabajo como un fin y no como un medio, el producto negativo es el estrés, el alcoholismo y abuso de drogas, llegando a la adicción, agresión y depresión, algo que Frankl llamaba la tríada neurótica.

En fin, la anécdota es porque previo a la clase que nos tocaba dar el sábado subimos a una página web el escrito en formato PDF y como era público, alguien más lo tomó y de repente ya se encontraba en diferentes sitios como el texto del libro de Viktor Frankl para descargar, al grado que algunos sitios ya cobraban para obtenerlo, y por más que se haga la aclaración, de que no es el texto original sino un ensayo basado en él, por ahí sigue y seguirá circulando nuestro texto, una vez que algo se vuelve viral en la red, ya no existe forma de detenerlo, así que ojalá sea de utilidad a quienes lo descargan inclusive pagando por él, haga el lector el ejercicio de buscar “El hombre en busca de sentido” PDF y entre otros, por ahí aparecerá este texto.*

Pero, luego de haberme desviado a lo anecdótico, resulta que el ritmo frenético de nuestros días parece que nos llevan a cuestionar el día a día, ya no tanto a buscar un profundo sentido de la vida, sino un superfluo sentido de nuestro día a día. Me gusta ponerme a pensar en lo escalable de las dimensiones tiempo y espacio, es decir, así como  hablamos de nuestro hogar, nuestra ciudad, nuestro País, continente y planeta ( o sea, no quieras cambiar tu ciudad si no empiezas por tu hogar ni quieras que tu País cambie algo que no ha dado resultados en tu ciudad, y no quieras cambiar el mundo si no has logrado un cambio en el vecindario). Así otra escala es la desarrollada por los científicos de la Universidad de Chicago para calcular el reloj de la humanidad o del apocalipsis, ese que dice que estamos a tres minutos del colapso, ya que mide el grado de amenaza nuclear, ambiental y tecnológica para la Humanidad. (ver http://thebulletin.org/timeline), yo nací en un planeta que estaba a diez minutos de su desaparición, hoy estamos a tres minutos.

Este tipo de escalamiento siempre me ha parecido un ejercicio interesante comparar el día y sus horas con la vida del ser humano: por la mañana nos cuesta abrir los ojos como a los bebés recién nacidos, pasamos a poner los pies en la tierra después de un despertar y ponemos nuestras expectativas en lo que haremos desde ese momento hasta que el sueño nos venza por la noche, así que uno tiene que alimentarse, trabajar, cultivarse, (por lo menos leer los periódicos), ejercitarse, convivir con los demás, disfrutar del sol de mediodía, esperar el atardecer y las recompensas que con él llegan, así sea sólo una taza de té a las 5:00, de preferencia con una buena charla y compañía, equivalente a tener alrededor de 50 o 55 años,  hora/fecha que ya no es la apropiada para ponerse a hacer ejercicio, o tomar el almuerzo. La caída de la noche ya nos empuja a la diversión, pero quizás también a la planeación de lo que hicimos, dejamos de hacer, nos hubiera gustado terminar, o visualizamos que se hará mañana o al menos dejamos las condiciones para que alguien más lo pueda hacer, es equivalente a pensar en la trascendencia, es decir, que lo poco o mucho que hice en este día (vida) se aproveche por alguien en el futuro y si era una obra inconclusa, pueda llevarse a buen término con o sin mi presencia. La noche nos lleva a una condición física similar a la de la mañana, somnolencia, ganas de descansar, movimientos lentos y recogimiento, igual que lo hace la edad avanzada (aquel que quiere nadar o trotar a las 11:40 de la noche porque no lo hizo en la mañana, es similar al octagenario que quiere revivir sus mejores años, igual y le llega a funcionar, pero no es el mejor momento), no se puede sacar juventud del pasado ni recuperar a media noche minutos perdidos en la tarde.

Es por esa escalabilidad que más que una ambiciosa búsqueda de sentido de la vida, tenemos que encontrar el humilde sentido que le damos a nuestro día.



*Si google no lo ubica, aquí anda una de tantas copias: https://www.dropbox.com/s/l64slw126ml1szr/enbusca_doc.pdf?dl=0

martes, 3 de enero de 2012

Búsqueda de Sentido del Trabajo en las Organizaciones

Desde hace algunas décadas, el trabajo se ve como una forma de ganarse la vida, aunque pareciera más bien una forma mecánica y determinista de "perderse la vida". El trabajo también se ha visto reducido al simple hecho de "pagar facturas", las personas que así lo ven viven el sentimiento de ser simples proveedores materiales.


Causa de ello, es la tristeza que los invade la tarde del domingo, llamada "neurosis dominical" que anticipa la "tristeza del lunes". Quizás también es la causa de que el mayor número de suicidios ocurre la noche del domingo al lunes.

El 70% de las personas no se siente satisfecho con su trabajo y entre otras causas se encuentra:
·         La poca y a veces nula comprensión del sentido de lo que hacen, se dice la falta de perspectiva (No sé de dónde viene lo que hago ni a dónde va lo que hago, ¿qué sentido tiene lo que hago?)

·         La relación con el jefe, especialmente aquellos que creen que están ahí sólo para que los individuos cumplan con la tarea, sin importar sus problemas.

·         La relación con los compañeros de trabajo, sobre todo aquellos cuyas principales características son: agresivos, competitivos y poco solidarios.

Entonces, la tarea, los jefes y los compañeros, hacen que miles de personas no encuentren sentido a lo que hacen, las dos variables: la tarea y la relación, se encuentran bastante deterioradas y esto repercute invariablemente en la calidad de vida de las personas en su trabajo.

Partiendo de la base de que todas las personas queremos hacer algo o ser alguien en la vida, nos orientamos a prepararnos y capacitarnos estudiando una carrera profesional o técnica, cuando elegimos aquello a lo que queremos dedicarnos ponemos en práctica algunos fundamentos de la logoterapia:

·         "La libertad de voluntad" somos libres de elegir lo que queremos para nuestra vida a pesar de condicionamientos de origen biológico, psicológico y social, tomando una actitud libre ante ellos.

·         "La voluntad en busca de un sentido" todos aquellos esfuerzos por estudiar, capacitarnos y prepararnos, son parte de nuestros actos intencionales y constituyen nuestra fuerza, nuestra motivación. La libertad para ejercer nuestra voluntad, nos permite establecer la jerarquía de nuestros valores. En el caso contrario, donde las personas no eligen libremente a lo que quieren dedicarse, corren el riesgo de entrar en un conflicto de valores. El aceptar valores introyectados, sin conciencia crítica, puede resultar en experiencias desagradables que no tengan sentido y que provoquen frustración, por ejemplo, estudiar algo por imposición o para dar gusto a otros.
·         "El sentido de la vida" En la búsqueda de lo que nos es significativo y valioso encontramos sentido.

Una vez que decidimos prepararnos o capacitarnos, el siguiente reto es iniciar nuestra vida productiva para generar recursos que nos permitan sobrevivir. El trabajo es el medio, pero tiene tanta importancia que le dedicamos casi un tercio de nuestra vida, considerando que cada día hábil trabajamos alrededor de ocho horas.

El medio generalizado para ofrecer trabajo a través del empleo, es la empresa. La razón principal de existir de una empresa es que puedan llevarse a cabo actividades que las personas de forma individual no podríamos, sin embargo, el elemento básico de toda empresa es la persona. Las empresas, de manera general, puede considerarse que tienen tres tipos de trabajadores que realizan trabajos a diferente nivel:

            Los que realizan trabajos de detalle como personal obrero, técnico o de oficina.

            Los que desempeñan trabajos de coordinación, como supervisores, jefes o gerentes.

            Los que tienen a su cargo la Dirección de la empresa, cuya principal responsabilidad es conducir el destino de la misma hacia el cumplimiento de su misión y objetivos.

Aspirar a tener empleo en cualquiera de los tres niveles arriba mencionados, depende de nuestra preparación, capacidad, aptitudes y orientación; en los tres se puede hallar sentido, mientras más alto el nivel, los retos y oportunidades de encontrar sentido son mayores.


El sentido se puede encontrar a través de tres de los valores identificados por Viktor Frankl:

·         De creación: al experimentar que somos capaces de ofrecer algo al mundo a través de nuestro trabajo.

·         De experiencia: al encontrarnos con otros seres humanos y descubrir en ellos su unicidad, su irrepetibilidad y su potencial.

·         De actitud, al vernos imposibilitados de encontrar y descubrir sentido por los caminos de los valores de creación y experiencia en las situaciones inevitables.

Visto el trabajo como un medio y no como un fin, dos de los objetivos que buscamos en él es tener un medio de subsistencia y de autorrealización, utilizamos nuestra voluntad para dirigirlo a un fin, que es el sentido y lo que le da sentido al trabajo, es el modo como lo realizamos. Hacer valer nuestro trabajo es algo personal y específico que aporta un carácter único e insustituible a nuestra existencia y con ello un sentido a la vida.

Buscar y encontrar sentido en el trabajo, tiene dos niveles de responsabilidad: el de la persona y el de la empresa.

Por un lado, la responsabilidad de la persona es comprender en qué consiste el trabajo, en realizarlo y en la forma en que lo hace. Por su parte, el nivel de responsabilidad de la empresa, corresponde al nivel Directivo, quienes, con orientación logoterapéutica, en su descubrimiento de personas únicas e irrepetibles, pueden tener claro cómo encontrar sentido a su trabajo y lograr mejores resultados, que es precisamente de lo que vive la empresa.

En el trabajo en la empresa es normal que las personas vivan un mínimo de tensión, la búsqueda de sentido la implica. La tensión vitaliza la búsqueda y hace que todo su ser se ponga en marcha para realizar su trabajo. La tensión es necesaria como el arco del violinista, si tiene poca tensión no suena y si tiene mucha se rompe. El exceso de tensión, genera estrés, la orientación positiva o negativa del estrés, depende del nivel de tolerancia de la persona. Una manera de reaccionar ante el estrés, es tomar como escape la apatía,  el desgano, el alcoholismo y abuso de drogas, lo que lleva a que las personas experimenten un vacío existencial. Haciendo que se presente lo que Viktor Frankl llamó la tríada neurótica: la adicción, la agresión y la depresión.

La persona, el trabajo y la empresa, forman parte de la vida y a manera que cada persona pueda elegir libremente a qué dedicarse y que en ello pueda realizarse, entonces es que el trabajo tiene sentido.

Al encontrar sentido en lo que hace, la persona experimenta un sentimiento más intenso de trabajar y de sentirse vivo, con esa visión, se siente más eficiente, con gran soltura, espontaneidad, sentido del humor y optimismo en todo lo que realiza.

“Por aquí y por allá, existen personas que en las organizaciones con tendencia a la globalización, economía de mercado, resultados a como dé lugar, presiones, estrés, úlceras, divorcios e infartos, aún mantienen la esperanza de ser cocreadores junto con Dios de un mundo mejor.”

 (Díaz Ibáñez Jesús "La empresa como camino espiritual")