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lunes, 8 de abril de 2019

Nostalgia al revés: Botellita de Jerez




“Guarda mi corazón, ahí te lo encargo, sabes que luego luego iré por él. 
No permitas que el amor se nos escape, ponlo a trabajar. 
Dale chance no le ahorres el trabajo, ejercítalo.”
Botellita de Jerez

La semana pasada se cerró un ciclo cultural, musical, rebelde, irreverente: Desaparece la banda de Rock Mexicano Botellita de Jerez, una disculpa por encasillarlos en “rock mexicano”, su género musical era más amplio, casi, un género aparte.

El ciclo que se cierra, se abrió hace algunas décadas, en la segunda mitad de los años 80’s cuando alguno de mis hermanos llevó a casa un casete de Botellita de Jerez, siendo nosotros, cinco adolescentes compitiendo por ser la oveja negra, nos atrajo el modo particular que tenían de hacer música, burlarse de lo establecido, parodiar lo existente, hacer crítica social, mirar hacia la cultura del mexicano de a pié, del peladito de la calle, del  albur y lo pícaro, descubrir que la letra encriptaba albures y dobles sentidos, que hacían una fusión irreverente de estilos musicales, admirando su ingenio y lo desenfadado de su forma de comunicar, de poner a pensar con humor. Con pocas referencias a esa cultura que primero nace como alternativa, es decir, no era para la hora familiar de Siempre En Domingo y ni para escucharse en la radio comercial, aquella radio como 97.7 fm,  que en su momento censuró una canción de los Hombres G, que en España se atrevían a cantar “sufre mamón, devuélveme a mi chica”, no podían programar “Pinche Malinche, lo Cortés no quita lo Cuauhtémoc”. Así que Botellita de Jerez tenía que ser escuchada así como el disco del TRI "Hecho en México", reunido con amigos malhablados , así como Rockdrigo González, con apertura para escuchar al profeta del nopal, con la irreverencia para atreverse a decir lo que los papás nos dijeron siempre que calláramos.





Botellita de Jerez, cuyo nombre de la banda, es el principio de la frase “botellita de jerez, todo lo que digas será al revés” frase aplicada a aquél que te decía una grosería, insulto o te sometía con un albur, esa frase setentera, te daba entre inmunidad e invulnerabilidad, similar a “carcacha, carcacha, lo que digas se te retacha” o a la defensa más pueril de levantar el dedo índice y decir “rebota aquí y se va pa´ti”. Desconozco cuál es la explicación oficial para el nombre de la banda, pero no hay mucho más que rebuscar por ahí.

No es esta la biografía de Botellita de Jerez, por si se me escapan datos trascendentales, para eso debe haber sitios dedicados a la música alternativa, al rock mexicano y al Guacarrock. Ese es el anecdotario de lo que escuchaba el adolescente que fue quien esto escribe. La banda que siempre estuvo fuera de lugar. Es triste decirlo, pero salvo pocos momentos cumbre, los Botellos siempre estuvieron fuera de lugar, sacaron en 1984 una propuesta cargada de humor descomponiendo y componiendo palabras y frases tal como se hacía en los años 70’s, allá donde el joven pasaba de decir “no hay bronca” a “no hay bronquitis” y dejarlo en “no hay tos”. Esa mitad de los años 80’s donde se estrechó y casi disolvió la brecha entre la “chaviza” y la “momiza”, previo a la aparición de los “Chavorrucos” y el fin de la música separada por generaciones.

Botellita de Jerez, había entrado por la puerta grande del rock alternativo, pero exploró la puerta chica del pop oficial y tomó la salida prematura de la cumbia y el rap. De irse consolidando para una banda de culto en la contracultura, apareció en telenovelas comerciales y quedó en un “yo soy de aquí, no soy de allá, tu ni de acá ni de allá, ni pichas, ni cachas, ni dejas batear, te caerá la maldición del buen dios Tezcatlipunk…..”





Yo conocí en vivo por lo menos en dos ocasiones a la banda, una vez en el centro de Coyoacán, donde cantaban la cumbia de “Abuelita de Batman” y aquella de “cuando apenas era un jovencito”, quise quedarme a escucharlos más, pero la novia fresa de ese momento, con cara de “¿Cómo crees que vamos a quedarnos a escuchar eso?”, siguió caminando por su helado a la Siberia. Sin darme oportunidad ni de preguntar “¿Ton´s qué mi reina?”. Esa cumbia de “Abuelita de Batman” la había llevado yo en un casete en un viaje a la playa con amigos, un viaje de una semana que nos quedábamos en la casa de la familia de uno de ellos, hacíamos fiesta o juego de cartas casi todos los días, y yo puse tantas veces  el casete de “Abuelita de Batman”, que empezó a gustar, semanas después, mi amigo me dijo que le pedían copiar el casete y que ya la ponían en las fiestas del pueblo.  Esa promoción que le hice a los Botellos compensa todas las copias piratas que se hayan obtenido de mi casete comprado en la Discolandia del Metro Insurgentes.

En sus fueras de lugar, Botellita de Jerez pasó por la denostación de sus seguidores cuando los vieron cantando cumbia y metiendo rap, eso se le permitía a Caifanes con la Negra Tomasa pero no a los Guacarrockers, hoy todos cantan con los Ángeles Azules, pero no en el momento que lo inició Botellita de Jerez.

La banda nos hizo cuestionar con humor el Malinchismo, los anglicismos con el pegajoso “Oh Dennys no la hagas de toks en wings”, la soledad con “Todos tienen tortita menos yo”, la nota roja con “Alármala de tos”, el reconocimiento al Santo el enmascarado de Plata, con la irreverente paráfrasis a Bertolt Brecht: 

“Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores. 
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. 
Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
 todos los domingos, esos son los chidos.”

Y en mi caso cada vez que discuto con mi enciclopédico hijo sobre los hipotéticos enfrentamientos de los superhéroes de Marvel o DC Comics, le canto la estrofa de esa misma canción del Santo: “Batman y Superman, superhéroes de historieta, nunca subieron al ring, le sacatearon al parche, el Santo sí era la neta”.

Tuvo la Banda, luego su etapa Pop, menos irreverente más artística, más cuidada, de esa etapa yo tomé la canción “niña de mis ojos” y la puse en un video en youtube, donde sólo se ven mis pupilas (https://youtu.be/tM3WyJjxW80)

“Niña, niña de mis ojos

que voy a hacer para cambiar todo a mi alrededor / todo a mi alrededor

Niña,  quítame los ojos

para no ver lo que no tiene solución / lo que no tiene solución.




La banda y su guacarrock, así como el guacamole, se oscurecían, parecía que había que desecharla y luego se rehacía para reverdecer más que nunca, sus bajadas y subidas, su sequía y sus etapas más exitosas, eran una constante. Los fans dejamos atrás esas etapas de rebeldía irreverencia, albur y crítica social, pero los Botellos nunca decepcionaron, escribían libros, hacían películas, videoclips, aparecían en la televisión ahora como ícono de la nostalgia por aquella contracultura.




La segunda vez que los vi fue en el Multiforo Tlalpan, en un concierto en el que retomaban sus raíces, presentándose en un escenario llano, sin escenografía y con sus casi cuatro instrumentos, guitarra, bajo, batería, teclado y el inservible caracol para cantar Tlalocman. (Aquí la parte del show es que tratan de hacer sonido prehispánico con un caracol y por más que le soplen, el sonido no se reproduce, así que destapan una cerveza, se la toman frente al público y al soplar la botella el sonido es magnífico). Invité a todos mis hermanos, pero ninguno me acompañó, Botellita de Jerez ya era como un fósil viviente y además entre compromisos familiares y cuidado de bebés, ninguno pudo ir, a eso se refiere exactamente lo que dice Tlalocman: “De día muy temprano tengo que checar, de noche, me transformo en el Tlalocman, me sobran superpoderes también me sobra virilidad… pero mi suegra me quiso regañar, por haragán…”. Así que por ahí del año 2010, estuve coreando todas las canciones que me hacían reír  un cuarto de siglo antes. Creí que no vería a Sergio Arau, porque se había vuelto toda una celebridad después de dirigir la película “Un día sin mexicanos”, pero ahí estuvo, rindiendo homenaje a la banda, con sus pantalones punk combinados con platería de Charro, Ahí estuvo Armando Vega Gil el Cucurrucucú con sus canas como de abuelo y sus premios de literatura a cuestas. Estuvo El Mastuerzo con ese look doble: de frente decías ahí viene el calvo y de atrás decías ahí va ese greñudo. No cantaron cumbia ni rap, eso ya lo habían prometido antes, pero sí sus versiones a obras de Rockdrigo González y de Jaime López.

La separación de la banda se anunció a principios de abril de 2019, luego de que se suicidara Armando Vega Gil, el Cucurrucucú. Sin comentarios, apologías ni condenas a esa forma de quitarse la vida, queda su aportación contracultural, su divertida forma de cuestionar lo establecido, la mirada despectiva a lo comercial y la nostalgia a nuestra adolescencia que no fue ni rockera, punk, pop, rapera ni de cumbias, sino de una fusión de rechazo a todo lo anterior, un género aparte.

¿Ya dije quién de mis cuatro hermanos varones ganó la competencia por ser la oveja negra?


miércoles, 28 de junio de 2017

Caminatas de la memoria por líneas de tiempo alternas

En alguna clase con un profesor que sabía de Programación Neurolingüística, luego de una sesión sabatina de mucha información y conceptos, nos hizo una dinámica de relajación y luego de un resumen pidió que oprimiéramos nuestro dedo pulgar izquierdo y aprovechando el estado sugestionable, decretó que en esa parte de nuestro cuerpo se quedaba fijada toda la información recibida ese día, su intención en aquellos primeros años del siglo (XXI) era que si precisábamos de la información de ese día, oprimiéramos nuevamente el pulgar y se nos haría presente con toda claridad.

Yo siempre tuve mis dudas con las técnicas de Programación Neurolingüística y se me prestaba más para la sorna que como método nemotécnico. Aun ahora, cuando oprimo el pulgar izquierdo, recuerdo esa sesión y hasta el olor del incienso que había puesto en salón, pero no recuerdo el contenido de su clase, mi memoria es muy rebelde como para disciplinarse o reducirse a un único foco dirigido por la autoridad. Espero de corazón que haya memorias más disciplinadas a las que esos métodos les hayan funcionado.

Sin embargo, la memoria que es multisensorial, multimedia y multitasking trae recuerdos como unidades limitadas de información o escenas completas a partir de claves como esa: oprimirse un dedo pulgar.

Y si nuestro cuerpo fuera un conjunto de llaves para acceder a información algunas veces oculta y otras veces a flor de piel, tengo varias huellas y algunas cicatrices que me llevan a esos depósitos de memoria, algunos constan de un número o letra y algunos de historias dignas de Murakami.

Mi antebrazo derecho tiene una cicatriz por una caída en motocicleta, pero mi antebrazo izquierdo tiene toda una historia de quien se apoyó un tiempo en él. Eran los años 80´s (me encanta empezar así las historias, porque con eso logro un túnel hacia una década de camisas holgadas, pantalones ajustados, peinados esponjados, colores fluorescentes, música, fiesta, estudios, adolescencia y entorno de incipiente tecnología, videojuegos con pixeles de un centímetro, walkman para cassettes para no más de 10 canciones si es que la cinta no se enredaba antes, prácticamente sin teléfonos celulares y con una comunicación cara a cara, con chismógrafos encuadernados físicamente y con chats mediante papelitos que cruzaban de pupitre en pupitre hasta dar con el destinatario o destinataria, en algunos ambientes escolares hasta periódico mural improvisado con mensajes casi encriptados, no era sólo la adolescencia de mi generación sino la adolescencia de la era tecnológica digital también). En esos años 80’s, las amistades, al menos en mi caso se agrupaban por marcos o espacios de referencia: los amigos de la cuadra, los amigos del barrio, los amigos de la escuela, los amigos cercanos dentro de mi grupo de la escuela, los amigos del trabajo, los amigos dentro de la familia, los amigos de las canchas y hasta los amigos de la iglesia. Los marcos de referencia eran como mundos paralelos, eran las redes sociales sin tecnología digital, uno podía tener atributos diferentes dentro de los diferentes grupos y casi identidades aparte. Dichos mundos pocas veces se acercaban, más que juntarse podrían colisionarse. Así que como en diferentes escenarios, uno podía desempeñar diferentes roles, inclusive en cuanto a liderazgos, estos eran graduales, en alguno de esos munditos uno era líder, en otro era parte del grupo líder y en muchos otros era un seguidor de perfil bajo.

Del grupo de la iglesia, un día la amiga de una recién ingresada, llegó a tomar nuestra hora de reflexión y como todos, a la expectativa más del alboroto e invitación a fiestas con que alguien siempre remataba la tarde noche del sábado que de la propia reflexión. Mención aparte tenían los integrantes del coro, ya que además de la reunión les tocaba seguir ensayando, no siempre iban a las fiestas con nosotros. En fin, esta nueva compañera cuyo nombre puede ser cambiado y llamaremos Idalia, cuya contracción de su nombre poca gracia le hacía (Ida), mientras caminábamos rumbo a la fiesta de XV años que alguien, cualquiera del grupo, nos había dicho que su familia nos esperaba, se tomó de mi antebrazo izquierdo, previa petición de permiso y como a esos 16 o 17 años quien te veía así empezaba con las cantaletas de “son novios, se gustan, qué juntitos, etcétera”, nos empezaron a ubicar juntos, decían vamos a la fiesta ¿Jesús e Idalia quieren ir?, hay lugar para tal y tal y para Jesús e Idalia, mañana vamos a ir al cine de plaza universidad  a ver Karate Kid II, ¿quieren ir Jesús e Idalia? Y así fuimos todo un verano y parte del otoño ubicados, Ida me platicaba todo el tiempo de su escuela, preguntaba sobre la mía, hablábamos de nuestros ideales, de nuestros cantantes favoritos, de nuestros sueños, de los libros que todavía no leíamos, de los amigos que ella tenía y que nunca conocería porque aquel marco de referencia no coincidía con este de los sábados y luego hablábamos de nuestras obsesiones, de nuestros temores, especialmente recuerdo su fobia a permanecer debajo de un árbol, porque en los árboles podía haber orugas y una vez dijo que le cayó una el cuello y que había sido la peor sensación, así que no volvía a arriesgarse… y seguía asida a mi antebrazo izquierdo, eso era muy útil cuando llovía porque con mi brazo derecho yo podía llevar el paraguas y cubrirnos suficientemente en aquellas largas caminatas por la colonia y colonias vecinas. Su estatura, poco más baja que la mía, era la ideal para que se tomara de mi brazo con toda comodidad. La recuerdo más en las caminatas, no tengo recuerdo de las fiestas o de estar comiendo ni tomando café o helado, sino caminando.

Muchas veces sucedía (por eso empecé diciendo “eran los años 80’s) que si el teléfono de la familia de uno u otro amigo se descomponía, su número cambiaba o sus familias cambiaban de domicilio perdías irremediablemente la única pista o liga hacia esa persona y aunque las generaciones posteriores les cueste trabajo creerlo, a veces perdías todo contacto por años.

Cierto día, como llevaba un par de semanas que no podía hablar con ella por teléfono, tomé mi bicicleta y fui a donde Ida vivía, solamente para que me dijeran que su familia recientemente se había mudado. Sin el domicilio ni teléfono, había perdido todo contacto, en el grupo de la iglesia sólo me decían que la conexión con ella era yo, prácticamente sólo conmigo platicaba en esas largas caminatas, nos miraban siempre ensimismados. Así que nos dejamos de ver, no sin anhelar un reencuentro al menos de mi parte.

Meses después una tarde de domingo que regresaba yo del cine, al mirar el reloj, recordé que a esa hora es a la que ella acostumbraba ir y como, además, empezaba a llover de camino del metro a la casa, a mitad me quedaba la iglesia, aquella donde nos habíamos conocido, me dirigí para allá y recuerdo que me senté en las bancas de atrás, casi a un paso de la puerta. La celebración apenas comenzaba y se escuchó la lluvia arreciar. En ese momento la vi llegar, tomada del antebrazo de un muchacho de nuestra edad, quien se entretuvo en sacudir y cerrar el paraguas, mientras ella con cierta prisa se dirigió a un asiento más delante del que yo estaba. Me aseguré que no me viera y me salí. Vi entonces que el muchacho que había cerrado y dejado el paraguas en un rincón, se sentaba junto a ella. En mi mente se rebobinaron los recuerdos de ella asida a mi antebrazo, las largas caminatas, las fiestas, las reuniones de reflexión y las fantasías anticipadas de la pareja que seríamos más adelante. Mi razonamiento fue que aquella línea del tiempo había sido superpuesta por otra paralela donde en efecto se dio el noviazgo con el mismo escenario y personajes secundarios, pero ya no con el protagonista original. A esa edad uno tiene sus sospechas de lo que puede ser bueno, lo que no, el deber ser, el poder ser y uno adjudica al destino los giros en la vida de las personas. Así que habiéndome cuestionado más de una vez si debí hablarle, si debí saludar a su acompañante, si dejé perder la oportunidad de volver a tener comunicación con ella, me conformé con la explicación de que si eran novios, yo en su lugar me hubiera molestado que se presentara una persona del pasado. No volvimos a vernos.

Pero igual que en mi escrito inmediato anterior, las redes sociales de la era cibernética, nos hicieron contestar alguna solicitud de contacto y ahora sí con fotos, he podido verla en los tiempos actuales con su marido, sus hijos, en su casa, en sus fiestas y reuniones, en sus vacaciones, apagando las velas de algún cumpleaños y todas esas vivencias que uno sube a nuestro nuevo portafolios digital que ya no llevamos a todos lados, sino que está en el ciberespacio y lo único que suponemos que podemos hacer es controlar a quien le damos acceso.




En fin, ya habiendo conocido la línea de tiempo alterno que ella ha vivido sin mí como protagonista, luego de un rato de charla, surgió la pregunta sobre la encrucijada del tiempo, me dijo ¿por qué no me volviste a buscar? Yo le dije que claro que la busqué, cuando ya tu teléfono no respondía, tomé mi bicicleta y …. ella interrumpió, ¿por qué no me hablaste esa vez en la iglesia?, lo bueno de los chats sin video, es que uno puede titubear pero no se nota el sonrojo, mi pregunta fue ¿¡¡me viste!!?, yo te vi llegar con un muchacho como de mi edad, del que ibas tomada del brazo…. –Ella dijo, era mi amigo, me acompañaba a la iglesia los domingos por la tarde, porque a mis hermanos no les gustaba ir y te vi salir…. fui detrás de ti hasta donde la lluvia me lo permitió, pero bajaste muy rápido las escaleras. Fue la última vez que te vi.  Mi amigo, tiempo después me pidió que fuéramos novios, con el tiempo nos casamos y ya ves mis dos hijas ya van en la universidad.


Quise preguntarle si le seguía gustando cierta música, si había visto ciertas películas que se estrenaron luego de que dejamos de vernos, cómo fue su boda, si sus hijas tienen buenas calificaciones, pero de ahí hasta que las redes sociales me avisaron de su cumpleaños y le escribí un saludo y le mandé abrazos, dejé de explorar esa línea del tiempo de la cual, solo me queda el detonador de recuerdos asido a mi antebrazo izquierdo.

jueves, 2 de junio de 2016

La mirada de Shania Twain


Nunca he ido a sus conciertos, pero escucho sus canciones, descargo sus videos, tengo en DVD alguna de sus exitosas presentaciones y tengo que decirlo, me gusta esa combinación refinada y actualizada de los instrumentos de cuerdas de la música country, llevados al pop y pop rock. Tampoco niego que sus videos, en particular “From This moment on”, pueden hacer que deje yo de hacer cualquier otra cosa por seguir cada paso, cada nota, cada gesto: el cabello recogido y una perla en la frente con vestido blanco aterciopelado, ceñido tanto como su piel a ese juvenil, simétrico y bello rostro, con una elegante orquesta al fondo dentro de un escenario totalmente blanco y luminoso es como la máxima expresión de estética para una canción de entrega, de cambio, toma de decisión, de declaración total de amor, ejecutada con una complejidad vocal que lo ponen entre mis videos favoritos, no sólo por la fantasía de ser a quien ella dirige tales promesas.

Disculpen los lectores si el tema no parece ir con la temática de este blog, siempre tendrán la opción de oprimir <ctrl-w> para no seguir leyendo.



fotogramas tomados de https://www.izlesene.com/video/shania-twain-from-this-moment-on/7833639

Shania Twain luego de ser una exitosa y juvenil cantante y alegre bailarina, que una vez en Acapulco me tocó ver una imitadora que ejecutaba una estudiada coreografía de “dont’ be stupid”, mientras que una de sus más reconocidas canciones era “Man!, I feel like a woman!”, tomada como emancipación light de la mujer de mediados de los años 90´s, porque se atrevía a esbozar y decir lo que ellas desean y como quieren ser entendidas, sin llegar a ser un himno, es mi segundo video oficial favorito, ella luce espectacular.

  
Ni modo, no puedo ocultar cuánto me gusta y disfruto su música complementada por lo que en los años 80’s llamábamos los videoclips y que gracias a los acervos digitales multimedia, son susceptibles de transportarnos a esos momentos representativos de nuestra cultura de masas y entretenimiento superficial. Como viaje en el tiempo, allí estará nuestra cantante favorita en su momento juvenil con su figura impecable y su hermoso y simétrico rostro. Sin embargo, las mismas redes sociales y acervos digitales nos permiten conocer el rostro actual de nuestros ídolos de juventud y me encuentro con una Shania Twain, madura y sonriente que fue portada de revista donde la felicitan por sus 50 años (en octubre de 2015) y si su historial mediático encanta, su rostro sin cirugías evidentes que luchan contra el tiempo, enamora. 

https://es.pinterest.com/pin/363806476129648020/

Me he decepcionado tantas veces al ver que los rasgos de una actriz o cantante de mi juventud hoy no son ni la máscara, ni la sombra de lo que fueron, o peor aún, se ven con el mismo rostro adolescente de hace 40 años (porque supieron escoger al cirujano plástico) créanme que una mujer madura que no representa su edad, representa una contagiosa falta de aceptación, de una lucha contra el tiempo que hasta ahora nadie ha ganado. Luchar para tratar de no aparentar la edad, es como querer conservar una vela o cirio de parafina, sólo si no es encendida se mantendrá en forma, aunque eso implique que no iluminó a nadie, que no cumplió ni con su objetivo primario. Ahora que si una vela de cera, que ilumina a los demás, tratas de que se mantenga en su forma, evitando que se deforme, inevitablemente te quemará las manos, irremediablemente dejará de iluminar como lo hacía.



Imagen tomada de http://www.stuff.co.nz/entertainment/music/68919925/shania-twain-thought-shed-never-sing-again



Por eso admiro la mirada de Shania Twain, a sus poco más de 50 años es una mujer que no trata de ocultar esas arrugas bajo los ojos, esas como cicatrices de guerra, esos ojos que ya no pueden tener la inocencia de una adolescente ni la vivacidad de una veinteañera, son ojos que representan edad acorde con el tiempo, madurez, obstáculos superados, penas granjeadas, kilometraje, horas de vuelo, triunfos y caídas, subidas y bajadas; orgullo y desdén a los complejos. Decepciones, un divorcio, cuidado de hijos, etcétera, este blog no llega a ser revista rosa para más detalles de su vida.


Shania Twain es mi ejemplo favorito, pero ojos así los he visto en muchas más mujeres, hermanas, compañeras de trabajo, amigas, escritoras, columnistas, prestadoras de servicios, y muchas más. Ojos con ojeras, cuya arruga se forma por dos fuerzas, la gravedad que lleva hacia abajo las miradas pero la otra fuerza es la sonrisa que empuja siempre hacia arriba.
Imagen tomada de http://pmchollywoodlife.files.wordpress.com/2013/05/shania-twain-billboards-20131.jpg?w=600



viernes, 18 de septiembre de 2015

Terremoto de 1985, ya nada es igual.


Eran los años ochentas, nos encantaba hacer chistes sobre la contaminación ambiental, pero nada hacíamos al respecto, nos entretenía hablar de desastres naturales, pero vivíamos al límite, apenas se empezaba a hablar de una enfermedad llamada SIDA, pero antes que prevenir, se hizo una canción, y así le cantábamos al SIDA igual que años después al chupacabras, era nuestra zona de confort, nuestra cómoda situación,  a poco tiempo de que México sería sede del mundial de fútbol y las devaluaciones del peso parecían anécdotas de conceptos macroeconómicos que poco nos impactaban en el bolsillo, en la vida diaria, (estábamos a ocho años de que se le quitaran tres ceros al peso, así que hablar de comprarse un libro de doscientos cincuenta mil pesos, no sonaba oneroso), la conciencia colectiva pues, andaba por pasar de la inocencia de la infancia al choque con la realidad del adolescente. Precisamente fui de esa generación que la adolescencia nos tocó vivirla en los años ochentas, así una mañana de un día, de un mes casi cualquiera, nos despertamos con una agitación de la tierra, el temblor de las 7:19 de la mañana del 19 de septiembre de 1985. De mi experiencia personal, no hay mucho qué decir, iba yo en el segundo año del bachillerato en el CCH Sur de la UNAM y faltaba una o dos semanas para que iniciaran las clases, así que ese día sin necesidad de levantarme temprano, sentí el temblor en mi cama individual y luego de escuchar alboroto y susto de mi madre y hermanas, abrí grandes los ojos, esperé a que pasara y como se fue la luz, me acomodé de nuevo y seguí durmiendo. La fortuna de vivir en el sur de la Ciudad de México a unos metros de la Ciudad Universitaria de la UNAM, nos dio esa firmeza de un suelo formado por sólida roca volcánica. Como adolescente de vacaciones que eran mis circunstancias, me desperté cerca del mediodía y quizás esa fue la última siesta tranquila de mi vida. Mi despertar se había unido a un despertar de toda la gente, la sociedad, la conciencia colectiva.

Al regresar la energía eléctrica y poder encender la radio o la televisión, empezaron a salir datos, que confirmaban los rumores de la gente en la calle:

Tembló muy fuerte: (terremoto de 8.1 grados Richter)
Se cayeron muchos edificios ( 757)
Hay muchos edificios dañados ( 1,381)
Se afectaron escuelas (1,294)
Se rescataron personas vivas entre los escombros (4,000)
Hubo miles de muertos (Indefinido, aunque oficialmente se manejaron de seis mil a siete mil)
Se esperaba una organizada y protectora acción de gobierno (nula)

Más de un día después apareció en medios el presidente Miguel de la Madrid Hurtado  a dirigir unas palabras (“la desgracia nos ha rebasado”), años atrás cuando hacía campaña para la presidencia y todas la paredes de la ciudad se tapizaron con las siglas MMH, sus opositores decían que eso significaba Muerte, Miseria y Hambre.

Ante el vacío de autoridad, la gente no tuvo más opción, ni más herramienta que sus manos, y quienes ya estaban cerca del centro de la ciudad, no esperaron a llegar a sus trabajos, escuelas, casas, al ver los edificios caídos y sabiendo que no había rescatistas que buscaran a las personas debajo de los escombros, se unieron para levantar los fragmentos que era posible levantar, para ayudar a salir a quien estuviera en condiciones y recuperar los cadáveres de quienes ya no.

Aparecieron toda clase de historias, leyendas, fantasías y realidades, una realidad: costureras que trabajaban en condiciones inhumanas, quedaron atrapadas, entre otras  razones porque el capataz de la fábrica cerraba por fuera para que no se salieran de sus trabajos, leyendas como que en un CONALEP del centro de la ciudad, hubo al menos dos grupos de alumnos que un maestro condujo fuera de sus aulas, apenas iniciado el sismo, los puso a salvo antes de que cayera el edificio, pero nadie recordaba de qué maestro se trataba, ni conocido les había parecido, concluyeron que fue un Ángel que los ayudó. Se afirmó con tendencias conspiracionistas que hubo avistamientos de objetos no identificados sobrevolando el cielo.

El sismo derribó al menos dos hospitales el Juárez, el Hospital General y parte del Centro Médico Nacional Siglo XXI, de ahí quizás lo más emotivo y esperanzador para los rescatistas fue recuperar con vida de los niños milagro, aquellos bebés que días después de estar bajo los escombros, lograron sobrevivir, y año con año, en cada aniversario aparecían en televisión con sus respectivas familias adoptivas, hoy tienen 30 años de edad y National Geographic acaba de hacer un documental sobre el sismo y el seguimiento a esos niños milagro.

Cada vez que rescataban personas con vida, se celebraba al menos con aplauso en medio de aquella tragedia, estaban también aquellos que declaraban haberse rehidratado con sus propios orines. Y ya en el terreno de las leyendas urbanas, se nos dijo a muchos adolescentes que no anduviéramos en la calle, que el ejército estaba llevándolos a hacer trabajos forzados removiendo escombros. Que el ejército resguardó algunas áreas de departamentos para que no siguieran buscando sobrevivientes y declarar muertos a todos los demás, que las ayudas internacionales, por corrupción no llegaban a los damnificados, que no se hicieran donaciones en centros de acopio oficiales, había mucha desconfianza hacia el gobierno. Surgieron los “Topos”, rescatistas que entre la improvisación, semi-organización y corriendo todo tipo de riesgos, se aventaron a escarbar y rescatar víctimas y sobrevivientes, hoy son reconocidos internacionalmente y han participado en rescates por sismos y derrumbes por todo el país y en catástrofes de otros países.

Ese sismo y su réplica de 7.3 grados a las 19:37 del día siguiente, sacudió conciencias, le hizo darse cuenta a la población que es posible organizarse y no esperar todo de “papá gobierno” término ampliamente utilizado anteriormente, a partir de un sentimiento casi desconocido que permanecía adormecido llamado solidaridad, el  ejemplo más sonado por tratarse de una celebridad fue el tenor Plácido Domingo, quien con un casco de obrero y camisa empolvada, pedía que no le quitaran tiempo entrevistándolo, que lo dejaran trabajar removiendo escombros, pues parte de su familia debía estar debajo y no sólo por su familia, aquello que hacía por los suyos, lo hacía por los demás, el reportero alcanzó a preguntarle si no corría peligro su voz, qué tal que ya no pudiera volver a cantar y Plácido Domingo, respondió que no le importaría.

Solidaridad se define como “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”, así que ahí donde se veía la tragedia, la catástrofe, la desgracia ajena, dejaba de ser eso, ajena, se volvía propia.

Imagen tomada de http //static.adnpolitico.com/media/2012/03/20/terremoto-1985-6.jpg


Los días pasaron, los casos de rescates con vida fueron aminorando, las noticias alcanzaron a mostrar una retroexcavadora que allá por el cerro del Chiquihuite al norte de la Ciudad hacía una fosa monumental para depositar los cadáveres de miles que ya no era posible identificar.

Hubo qué reconstruir el centro de la Ciudad, demoler los edificios que representaban peligro, se construyó la Plaza de la Solidaridad ahí donde estuviera el Hotel Regis junto a la Alameda central. Y surgieron organizaciones sociales, gobiernos de los estados recibieron a los “sin hogar”, principalmente Aguascalientes, Guadalajara, Querétaro (que sigue recibiendo migrantes de la Ciudad de México, Hidalgo, Estado de México, Morelos, Tlaxcala, Puebla, área que pasó de ser la Ciudad de México y área conurbada para llamarse (excepto Aguascalientes y Guadalajara) la Megalópolis.

El término solidaridad, oportunistamente el gobierno federal lo manipuló y le llamó así a cuanto programa, obra y municipio pudo, pero el aprendizaje ya se había dado, el sismo, opacado un poco después por la fiesta del Campeonato Mundial de Fútbol, nos había dejado lecciones que ya no se olvidarían, tenemos la capacidad de organizarnos, no tenemos porqué depender completamente de la autoridad, que es posible participar y cuestionar las decisiones, que vivir en la zona de confort y en la superficialidad llega a costar la vida. Que debemos estar preparados porque los accidentes suceden y suelen ser impredecibles. Quizás en lo que más tuvimos que avanzar fue en sabernos vulnerables, pero no desamparados, la cultura de la protección civil nos ha permitido sobrevivir a otros eventos catastróficos, donde puede haber grandes pérdidas materiales, pero se reducen los riesgos en las personas.

19 de septiembre de 2015, han pasado 30 años, la naturaleza puede ser implacable, pero en nuestra naturaleza también está la supervivencia, la protección y la previsión. Ya nada es igual.