jueves, 12 de abril de 2018

Recordar lo olvidado


“Me haces recordar cosas que se me habían olvidado”
Anónimo

La mente humana tiende a completar, unir y dar continuidad a elementos a veces inconexos y hasta opuestos, hace poco leí que está mal dicho “cierra la ventana porque entra el frío”, en realidad lo que pasa es que se escapa el calor, pero la mente establece un continuo frío-calor y le da el mismo peso y valor a sus extremos.

A pesar de que tampoco existe un continuo luz-oscuridad, ya que esta última es la falta de la primera. Perceptualmente también existe la tendencia a unir puntos y percibir elementos separados como si estuvieran unidos, ese es el principio de proximidad, pero también hay un principio de similitud  para que veamos agrupados los objetos similares y el principio de simplicidad, la mente siempre se irá a percibir la imagen más sencilla, menos elaborada, por eso en el ejercicio de mirar las nubes y encontrar formas, nadie dice, veo como un icosaedro o la molécula del ácido desoxirribonucléico, generalmente decimos: veo como un ala, se ve la forma de un conejo, un pez o un ojo, porque tendemos naturalmente a ver lo más simple. De forma similar, el principio de relación entre figura y fondo, nos lleva a confundir el orden de los objetos, el típico ejemplo de si se ve el perfil de dos rostros oscuros frente a frente o un jarrón claro.


Todos esos principios tienen que ver con la percepción sensorial y como metáforas son utilizados por la corriente Gestalt para explicaciones clínicas. Yo creo que tienen mucho que ver con la memoria. Si bien ésta se divide en memoria sensorial, memoria de corto plazo y memoria de largo plazo de acuerdo al modelo de Almacenes de Atkinson y Schiffrin, que desde los años 70 explica el almacenaje y recuperación de unidades de información. Sucede que de acuerdo a ese modelo prácticamente el olvido no existe (aunque el modelo de la película “Intensamente” o (Inside Out) de Pixar y Disney digan que sí, que el olvido es similar a ver cómo se degradan una especie de chícharos hasta hacerse polvo). La verdad es que sigue vigente la afirmación de las abuelas que decían que “lo que bien se aprende nunca se olvida”. El Modelo de los almacenes de memoria, del cual ya he hablado antes en este blog (https://jesusorduna.blogspot.mx/2015/06/zumo-de-melocoton-refresco-de-memoria.html), nos dice que si llegamos a olvidar algo, prácticamente no sabríamos que lo olvidamos, ya que la permanencia de un estímulo en la memoria sensorial es mínima y sólo si le prestamos atención es que pasa al segundo almacén, el de corto plazo y esa información si le damos algún significado, o si la repasamos entonces pasaría al almacén de largo plazo, donde la pérdida de información es mínima, almacén que hasta donde sé, nadie ha aventurado alguna cifra correspondiente a su capacidad, al menos no en dimensiones conocidas como megas, gigas o teras (bytes). 




El modelo de almacenes dice que aquello que consideramos olvido no es más que la falta de claves para llegar al recuerdo, claves es equivalente a llaves, así que en lugar de andar cargando con un sinnúmero de esferitas de información, en realidad lo que traemos es un gigante llavero con llavecitas atadas de manera casi inentendible que nos llevan a la casilla con la información buscada. Veamos un ejemplo: si me preguntaran qué estaba yo haciendo a las 13:30 horas del 17 de agosto del año 2002, probablemente no lo tengo como una película en USB que tomo y empiezo a reproducir con alta fidelidad. En su lugar lo que tengo es un  atado de llaveros que selecciono por año y cuando llego a 2002 algunas de sus llaves me llevan al cumpleaños de mi hija o a los sábados metido en el Instituto estudiando la Maestría, esas pistas son las claves a las que se refiere el modelo de almacenes. Y empiezan el recorrido de lo general a lo particular, así que abriendo esa puerta de sábados estudiando la Maestría, el frame o marco de referencia, me va delimitando las posibilidades, pero recordemos que la pregunta no era más o menos qué hacía yo los sábados a las 13:30, sino con toda precisión, qué hacía yo en esa fecha y hora, el marco de referencia me aproxima a otras puertas como qué módulo estaba cursando en ese segundo año de la Maestría y podría recuperar información de qué maestros tuve, qué compañeros ya habían abandonado las clases…. Y podría deducir aún más para saber con precisión lo que hacía en el día y la hora, podría hacerme de más pistas, como qué coche manejaba en ese tiempo, qué suéter era mi favorito para llevarlo a mis clases, y así especulando llegar al dato preciso, pero de repente se me cruza otra clave que dice cumpleaños de la hija y en efecto, ese fin de semana era su cumpleaños y se ilumina como una escena vívida el pastel de Winnie Pooh y la familia cantando y felicitando a mi hija casi bebé por su cumpleaños. Entonces puedo decir sin temor a equivocarme que ese 17 de agosto a las 13:30, me había salido temprano de clases para recoger el pastel que había mandado hacer con la figura de Winnie Pooh y que tenía que estar antes de las 4:00 que estaban citados los invitados. Y la imagen se vuelve tan clara, que ahora tengo presente su vestido color rosa y el suéter que yo traía puesto, así como los juguetes que recibió de regalo y si me lo preguntaran podría reproducir la lista de invitados que sí llegaron. No por deducción, sino por haber encontrado una clave indudable que me abrió la casilla exacta dentro de ese gran almacén que es la memoria de largo plazo. Y como lo dije, ese gigante llavero que no está precisamente organizado en arillos separados sino en una compleja red de cuerdas atadas tridimensionalmente e intercambiables de lugar, ahora mismo podría seguir “atando cabos” y describir lo que sucedió por la tarde, o un día antes o en cada cumpleaños…. Todas las claves están interconectadas y llevan las unas a las otras, no olvidamos sólo que no tenemos a la mano la clave indicada para cada recuerdo.


Por eso me gustó la frase con que inicia este texto: “Me haces recordar cosas que se me habían  olvidado”, porque implica o que di información suficiente para interconectar claves que no se habían enlazado apropiadamente o porque di información suficientemente emotiva que llevó a recordar: re-cordare, del latín re-cordis, “volver a pasar por el corazón”.





martes, 10 de abril de 2018

Realidad, Fantasía e Inocencia


Eran los días de primaria, a mí me tocaba ir en el turno vespertino, en aquella década de finales de los años 70, a punto de entrar a la divertida adolescencia de los años 80 del siglo pasado. La niñez transcurría con la mañana libre como regalo, sin programas infantiles por los pocos canales de televisión que transmitían antes del mediodía. La fantasía se alimentaba de vivencias, no de productos comerciales, recuerdo a mis hermanos y primos todos en la escuela por la mañana y pegados a la televisión por la tarde. Yo caminaba y caminaba, salía a hacer las diligencias o sea mandados a la tienda y el mercado, generalmente acompañado el capi o el palomo, esos perros que vivían fuera de casa a menos que el clima fuera lluvioso y que de alguna manera eran alimentados por más de un vecino y le debían lealtades a todos, no eran perros de casa, ni de caza, ni de la calle, eran los perros parte del paisaje, el capi, una cruza dominada por características de pastor alemán y que por su porte de perro policía alguien bautizó como el capitán, pero para un perro basta dos sílabas para que entienda su identidad, se le llamó siempre el capi y el otro perro era el palomo, más pequeño de una raza también indefinida, pero de pelaje blanco, blanco renovado con el baño de cada sábado, cual paloma de la paz, pero por su género, quedó su nombre en palomo, esos perros y muchos más que fueron la compañía de los niños, permitían una interacción más sana que la televisión, por cierto, no era del todo una elección, cuando por curiosidad la encendíamos antes del mediodía, sólo aparecían las barras de colores que se dice servían para calibrar los de las televisiones nuevas en su cinescopio, ese tubo al vacío que disparaba electrones y formaba la imagen en la pantalla, por eso eran más anchas que un librero, por el cañón de electrones que se decía tenían dentro.

Aquellas largas mañanas, casi solo en casa, quizás con los pasitos de un sobrino o primo que aún no tenía edad para ir al kínder, me daban ese exquisito tiempo de fantasear, crear una propia ruta de la realidad, a partir de las lecturas fragmentadas de los libros de texto gratuitos que nos entregaban en las escuelas públicas, las pocas secciones de adivinanzas o de trabalenguas que me parecían gemas en aquel mar de letras, me daban oportunidad de dibujar, de irme a los sitios favoritos de los libros, de husmear en los libros que no eran aptos para mi edad, pero ante la falta de supervisión del adulto, los hojeaba también, no todos los entendía, algunos, en efecto,  no eran aptos para mi edad. Las casas de los años 70, no eran cerradas, así como entraba el capi y el palomo, de repente llegaba también un vecino, o el primo que había fingido catarro para no ir a la escuela y jugábamos, a veces era el fútbol, pero más frecuentemente construíamos pequeños mundos: las sillas tiradas de costado y una manta encima nos ofrecían un complicado laberinto que sólo el que había acomodado la disposición, lograba cruzar al primer intento. Las mismas sillas encimadas entre sí, se convertían en una pirámide cuyo reto no era evitar caerse, sino caerse de la manera más ingeniosa o escandalosa posible, fue una etapa de hematomas por golpes, raspones y mucho merthiolate, esa sustancia líquida que nos aplicaban con una mini-brocha de plástico semi-duro que dolía mucho más que el raspón mismo, pero que teníamos que dejarnos aplicar por la Mamá porque sólo así se “evitaban infecciones”, por lo tanto, el reto de caerse, se complementaba con el reto de esconder las heridas.  Ese mundo de fantasía y de creación de mundos virtuales en el juego, es decir, toda la mañana utilizando el hemisferio izquierdo, nos hacía llegar a la escuela en el turno de la tarde con la mente despejada, y completamente oxigenada, nadie se quedaba dormido, porque salir al recreo con el sol de las 4:30 de la tarde, era más que ideal.

En alguno de esos años, nos pusieron a leer El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, la maestra nunca pronunció bien el nombre del autor, pero eso era lo de menos, en una época que poco o nada se hablaba de globalización, se nos permitía pronunciar los nombres y las palabras tal como se leían en español. Con una mente abierta a la fantasía y acostumbrada a crear mundos, personajes, roles y representarlos en los diferentes juegos, que a un piloto accidentado se le apareciera un niñito a medio desierto pidiéndole que le hiciera un dibujo, no nos sorprendía en lo más mínimo, que existieran planetas tan reducidos que podrías recorrerlos con unos pocos pasos y que además cuidaras tus propios volcanes porque son útiles para prepararse el desayuno, tampoco nos sorprendía, que hablara con una flor y nos diera una lección sobre conexión especial, ¿eso qué?. Y que un zorro domesticado empezara a ser feliz desde las tres, si quedábamos de vernos a las cuatro, eso lo vivía diario con el capi y el palomo.

Pero aquella maestra nos confrontó innecesariamente con la realidad y luego de repasar la lectura, nos preguntó: ¿quienes de ustedes creen que el principito es una historia real?, levanten la mano. Todos la levantamos sin duda, por supuesto, - siguiente pregunta, maestra-.

La sorprendida fue ella, con cara de ¿qué les pasa?, nos cuestionó porqué creíamos que era real…
  •          Porque lo dice un libro que nos dieron a leer en la escuela (así como el que nos habla del descubrimiento de América, o del pastorcito de San Pablo Guelatao, Oaxaca que llegó a presidente)
  •           Porque en el libro viene dibujado cómo era el principito
  •           Porque el tal "Antuan" transcribió los diálogos que tuvo con el niño, es más lo cargó y sintió que su corazoncito estaba latiendo
  •           Porque le platicó que sobre el amor a la flor y al zorro, el amor es de personas reales ¿no?
  •           Porque uno espera que alguien que se dedica a pilotar aviones nos hable con la verdad
  •          Porque hablaba con su zorro para domesticarlo y tenía una flor.

 Imagen tomada de  https://lifestyle.americaeconomia.com/sites/lifestyle.americaeconomia.com/files/styles/gallery_image/public/48919_3_0.jpg?itok=k1k0N8-m



Y teníamos muchos más argumentos, pero la maestra tenía dos contundentes: era adulta y era autoridad y con la misma sensación de cuando nos dijeron que no existían los Reyes Magos ni Santa Claus, ella dijo que no existió el Principito, que era un libro de ficción, a lo que en un principio nos resistíamos, ficción eran naves espaciales y robots con manos de tubo de aspiradora que hablaban con humanoides de orejas picudas…..
Ocurre frecuentemente que la primera reacción es negar lo que no podemos aceptar:
  • -          Maestra: ¿queda la posibilidad de que sí se le apareció, pero como regresó a su estrella nadie más lo vió?
  • -          Maestra: ¿lo habrá confundido con un duende, pero como traía abrigo lo vio como príncipe?
  • -          ¿Podemos preguntarle al maestro Rogelio de 2° “B” si él tiene información de que sí?

Pero no, la maestra con su autoridad no cedió, nos recetó una dosis de realidad, de esas que van dándole vuelta de página al maravilloso mundo del pensamiento mágico, que dice Jean Piaget que desaparece alrededor de los siete años para dar paso a la etapa de las operaciones concretas. Ese día regresamos a casa, salíamos cerca de las 6:30 de la tarde con un sol que se escondía ya, con esa sensación de algo que se rompió o se perdió para siempre: la inocencia.

Años después le dije a mi hijo de tres o cuatro años, te voy a leer esta parte de un libro que te va a sorprender:

“…. de pronto saltó cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados.
No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: «¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!» (Cuando pensó en ello después, decidió que, desde luego, hubiera debido sorprenderla mucho, pero en aquel momento le pareció lo más natural del mundo). Pero cuando el conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo miró y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que ella nunca había visto un conejo con chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y, ardiendo de curiosidad, se puso a correr tras el conejo por la pradera, y llegó justo a tiempo para ver cómo se precipitaba en una madriguera que se abría al pie del seto.
Un momento más tarde, Alicia se metía también en la madriguera, sin pararse a considerar cómo se las arreglaría después para salir.
Al principio, la madriguera del conejo se extendía en línea recta como un túnel, y después torció bruscamente hacia abajo, tan bruscamente que Alicia no tuvo siquiera tiempo de pensar en detenerse y se encontró cayendo por lo que parecía un pozo muy profundo.
O el pozo era en verdad profundo, o ella caía muy despacio, porque Alicia, mientras descendía, tuvo tiempo sobrado para mirar a su alrededor y para preguntarse qué iba a suceder después. Primero, intentó mirar hacia abajo y ver a dónde iría a parar, pero estaba todo demasiado oscuro para distinguir nada. Después miró hacia las paredes del pozo y observó que estaban cubiertas de armarios y estantes para libros:………”

Imagen tomada de  https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgi0ukBHVEZlpXpzVkdQzIweCooYi_8x7aa2PT05iS0wqomsC8EW8DCzSTeZZLxZI-I5hYnM9KxqlSZByJgdlGa8-0JsxhhviIZNIbemndp03VfpHjjlm2dXgZj6QF65-EpdsIq1y4Bb1Q/s1600/libro3.jpg


Esperaba yo su cara de extrañeza y sus preguntas de ¿por qué un conejo llevaba un reloj? , ¿porqué un túnel de conejo sería tan profundo? , ¿porqué una niña tarda tantísimo en caer?, ¿porqué una madriguera estaría llena de estantes para libros?.


Me miró con aburrimiento, con cara de ¿eso por qué me tendría que sorprender? Y lo que me dijo fue ¿ya puedo seguir jugando con mi Buzz Lightyear?, al parecer se había quedado en un impasse de su interesante juego para escucharme sobre una nada sorprendente Alicia. Me guardé mi adultez y autoridad para otro momento.

martes, 20 de marzo de 2018

TOC TOC


(Un día en la vida de un hipocondríaco)
Leía anoche que las personas con alguna enfermedad neuronal degenerativa empiezan por dejar de tener sensibilidad en alguna de las extremidades y durante la noche sentí que no tenía manos, me desperté alarmado y en efecto mis manos no respondían, tuve que mover repetitivamente los dedos, abriendo y cerrando para que se me quitara en hormigueo y pudiera moverlas normalmente, fui a ver la hora al teléfono y me di cuenta que debí despertarme hora y media antes, las enfermedades degenerativas dañan el sentido del oído y algo que casi nunca me sucede es que no escuche la alarma del teléfono, no importa que lo hubiera dejado con el volumen al mínimo como anoche, siempre me despierta. Estos casos suceden por problemas hereditarios o por consumo de sustancias dañinas para el organismo, entonces traté de recordar qué había cenado anoche y creo que excedí los gramos de carbohidratos, que si es verdad que se convierten en grasas ante la inactividad, puede bloquear las arterias y matarme de un infarto al miocardio o de un derrame cerebral, pero como pueden ser otras sustancias quise ir a revisar la estufa que no vaya a fugarse el gas, eso sí me intoxicaría y sería peor un paro respiratorio que uno cardíaco, casí que fui rápido a la cocina y antes de llegar a revisar el gas, me agité mucho, y creí perder el equilibrio porque las piernas estaban menos adormecidas que las manos, pero adormecidas al fin, la agitación seguro es por la obstrucción de las arterias. Revisé el gas y en efecto no había fugas, así que este mareo seguro se debe a otra cosa, igual y ya no percibo el olor del gas porque ya se salió todo y lo respiré completito. Fui a un espejo y en efecto me noté más pálido, creo que mi irrigación sanguínea no es la ideal, tenía los poros de la piel de la cara muy abiertos, por eso instalé el espejo de aumento, porque antes no los notaba, así que como leí que el agua fría ayuda a que se cierren, me lavé la cara con agua muy fría, pero dejé de tener algo de sensibilidad en el rostro y noté que uno de mis ojos se ve ligeramente más cerrado que el otro, me quedé viéndolo y resulta que no es ligera la diferencia, se ve drásticamente más pequeño que el otro como si fuera un problema de asimetría por embolia cerebral, antes de que me diera migraña por la confirmación de tales problemas, quise prepararme una taza de café, pero no había gas, para calentar agua, en efecto me lo respiré todo en la noche. Las manos empezaron a sudarme y se me cayó la taza, cuando se rompió en miles de pedazos me di cuenta que escucho bien, es más estoy escuchando tanto que me temo que tengo alguna hipersensiblidad para el oído, y como se acompaña de hipersensibilidad a la luz, la quise apagar de inmediato, pero como hay fragmentos de vidrio en el suelo si yo pisara alguno me puedo desangrar. Pisé con cuidado y apagué la luz, pero me puse a pensar si el foco se fundiera y ya no pudiera encenderlo de nuevo, no vería los vidrios del piso, la encendí y ya ubiqué los fragmentos en el piso, calculé cuál sería mi camino seguro para ir por la escoba sin desangrarme, pero a medio camino pensé que si el foco se sobrecalienta puede apagarse y ya no podría yo regresar sin cortarme la planta de los pies, así que apagué la luz nuevamente, pero no puedo saber si el foco volverá a encender porque hasta donde sé tienen una vida útil (vi en youtube un video sobre obsolescencia programada) y aunque todavía sirve, puede ser que sea la última vez que encendió, así que probé y para mi alivio todavía encendió, pero si se calienta no vería yo nada, así que lo apagué de nuevo y por si las dudas, lo volví a encender para asegurarme que no es obsoleto. Decidí que mejor me regreso a la cama, y con la luz del amanecer recogeré los guijarros de la taza. Pero no podía yo estar tranquilo, por estas fechas hay posibilidades de que amanezca nublado y de todos modos no vería nada, tendría que esperarme un poco más, y cuando salgo tarde me toca lleno el transporte público, casi se puede sentir el aliento de la demás gente y uno nunca sabe qué enfermedad puedan venir incubando aunque no tengan síntomas, las infecciones más contagiosas son asintomáticas hasta ocho días antes de hacerse visibles. Y aunque me he acostumbrado a traer doble cubre bocas, hay virus menores a cinco micras que son muy difíciles de filtrar, ya pedí por internet unos de microfibras que protegen hasta de partículas menores a dos micras. Lo peor es que aunque llevo puestos mis guantes para el pasamanos, algunas veces se siente humedad y creo que puede traspasar la tela, por eso me espero a que salgan todos y pueda yo salir sin tener que irme deteniendo de donde otros han puesto su mano sin lavarse con anti-bacterial, casi puedo ver moverse los microorganismos en ese caldo primitivo que hay en el ambiente. El verdadero problema es que si no soy el primero en llegar a mi oficina, tengo que saludar a quienes ya entraron y nada me garantiza que hayan tenido higiene correcta. Así que debo ser el primero para que quienes me quieran saludar, vean que ya estoy tomando unos documentos o una engrapadora y no los tenga que saludar de mano (y nadie me vio desinfectar la engrapadora). 

Imagen editada tomada originalmente de: https://pbs.twimg.com/media/DXJQMJJXUAIXo6b.jpg


Nuevamente faltaré al trabajo, amaneció nublado y si llueve, las enfermedades se contagian con mayor facilidad y como me noté pálido en la mañana, necesito saber si tengo suficientes anticuerpos para afrontar el aire de la ciudad, quiero preguntarle al médico si la 37.3° que me marcó el termómetro infrarrojo son normales o puede ser signo de algún agente patógeno. Ya sé que el médico me va a decir que me tranquilice y me siente, pero no pienso hacer contacto otra vez con esas sillas donde se sientan tantos enfermos, lo escucharé de pie como siempre. Ya sé que me dirá como otras veces que no tengo una enfermedad degenerativa, pero ¿qué tan actualizado puede estar si su cédula profesional tiene ya casi ocho años?, eso lo investigué también en un portal de internet donde uno puede consultar las fechas en que estudió el médico. Pediré una segunda opinión, pero por la tarde porque no traigo el protector solar y aunque está nublado el día, el cáncer de piel es igual de frecuente por la radiación ultravioleta aunque no haya salido el sol. Lo único que me tranquilizará será quedarme en la noche viendo videos sobre enfermedades raras y que no han sido plenamente identificadas y que no se pueden diagnosticar con claridad. Como el que vi anoche sobre la degeneración neuronal.

viernes, 16 de marzo de 2018

Redes sociales, dendritas y cosmos


Llega esa edad en que una buena charla termina con la frase, qué profunda plática, qué apertura para todos los temas, qué divertido poder tocar así esos asuntos, poder saltar de un tema a otro porque en las redes sociales ya hemos ido dejando pistas de nuestro punto de vista o al menos de nuestros likes, de lo que no entusiasma o enoja y hasta de lo que es preferible no debatir, existiendo tantos temas, no caer en conversaciones estériles a sabiendas que no estaremos de acuerdo.

Y es que mi alma no tiene prisa, pero tampoco capelo, no es que me urja ventilar mis desatinos o supuestos éxitos, pero ya no tengo porqué guardarlos, ya no tienen el tamiz del qué dirán, ni los filtros del sonrojo, ni la ruborización por el juicio a posteriori. Hoy puedo contar mis anécdotas en tercera persona: “ese que compitió por ser el representante de la facultad ante el congreso para la transformación de la Universidad, no soy el yo de ahora, fue aquel joven idealista, aventado e imprudente de 19 años”, si lo quieren juzgar, ya no está aquí para recibir las críticas, ahora es un adulto juicioso, prudente y que entendió que para cambiar el mundo, tienes que empezar por cambiar los cuatro metros cuadrados que te rodean y quizás después los 16, 32, 64, pero el mundo dejó de ser la manzana que uno se quiere comer completa y en el preciso instante.

Hoy puedo platicar no sólo del joven que fui, sino del adulto que quise ser y que decidió caminar por una línea alterna del tiempo. Y dejar en la anécdota el abanico de posibilidades que tuvo en sus manos. Aceptando la sentencia de que lo que sucedió fue lo mejor que pudo haber sucedido y que tal como ocurrió fue de la manera perfecta y con las personas correctas.

Estar más allá del bien y del mal le llaman, ya no estar obligado a tomar una posición de técnico o rudo, villano o bondadoso en todas las historias, eso llega sólo con el tiempo y con el tiempo también uno entiende que el “hubiera” no existe.

Con un café como testigo, que se consume trago a trago como nuestras historias, nada hay más atractivo que conversar con alguien que tiene tantos paralelismos y tan pocas coincidencias, que a lo largo de los relatos, te das cuenta que estuvo ahí, pero seguramente tomó el elevador cuatro personas antes que tú, que seguramente se estacionó a dos cajones de distancia en el centro comercial, que iba siempre a la tienda o al local de renta de cintas de video, pero a otra hora, que muy probablemente la cinta que rebobinaste y entregaste, esa persona fue la siguiente en rentarla. Siempre tuve la sensación de que en un restaurante o café, seguro ha estado alguien conocido o alguien que conoceré, el tiempo es lo de menos, y seguramente se sienta en la mesa de al lado o en la misma que yo, pero no es aún nuestro momento. Es similar a las dendritas extendidas en espera de un impulso eléctrico de un axón que pasó milisegundos antes, o un nanosegundo después y ya no hicieron contacto, se quedan en posibilidad, en un contacto en potencia.



Por eso me gustan las redes sociales, me gusta la función que desarrollan en apoyo, complemento o anticipo a la socialización cara a cara porque posibilitan ese encuentro que podría seguir a un nanosegundo de distancia por toda la historia del cosmos.




Tolerancia

Tolerancia: Soportar o aguantar, que no es igual a resignarse. 


Escuchemos:   Audio



 

lunes, 12 de febrero de 2018

AMOR / LOVE


Antes miraba otros rumbos los oía, veía, escuchaba

A mi oposición resaltada los otros van entendiendo

Amor ¿movimiento  o reposo?  ¿levitación o vuelo extenuante?

Al mismo origen regreso lentamente o ventajosamente enlentecido

Aquí mi orgullo rompe lo ordinario, vislumbra entelequias

Así mintiéndose o renegando lo ostensiblemente visible, existe

Amor más otros resentimientos ligeramente obstructivos vagan entrelazados

Aunque miro oscuras rutas,  las otrora vecindades excepcionales

Arraigado me observo, resiento lividez, ostracismo, vidrio esmerilado

Ahogo mortecino, oclusión reticular, liviandad obstaculizadora, visión estática

Ahora me oculto refinadamente lucho otra vez extensamente

Abrir mis opacidades, represiones, luchas o visiones extremas

Aparece moviéndose ondulante, rasante, ligero, ostentoso, veloz, extenuante

Amarme oportunamente resiliente, lúcido, orgulloso, visionario, extraordinario

Amar más, ocupa rápidamente las oquedades vaciando excesos

Amarme ocurre radiantemente liberando obstáculos verosímiles enquistados

Amar mucho: olas reventando laderas, ocasos, vicios, encierros

Amor milagro optimista redimiendo lunas, otoños, veranos, eternidades.


Imagen tomada de https://pixabay.com/es/coraz%C3%B3n-anidados-geometr%C3%ADa-el-amor-155552/