miércoles, 31 de julio de 2019

50´s: factura o saldo a favor


Hace poco dejé de usar corbata diario en la oficina, la presión por la impecabilidad en la presentación se ha relajado, la atención a las mancuernillas de la camisa o a la combinación de color y brillo de los zapatos, se ha orientado a ser escuchado, a valorar las propuestas y reconocer resultados.

La presión por el automóvil lavado, encerado y con las llantas brillantes, se ha redirigido a atención por la seguridad, a su buen uso, a contar paseos y conversaciones durante el trayecto, en lugar de solo medir kilometrajes.

Estar al día en los estrenos de películas, los conciertos, las contiendas deportivas, el espectáculo de moda, los personajes de quienes todos hablan, el chiste más gracioso, el perfume más reciente o el gadget más actualizado, se ha cambiado a re-visitar las películas clásicas, a mirar con calma las propuestas nuevas, retomar viejos libros, saldar deudas con autores universales (es decir, leer aquellos libros que debí leer y no me di tiempo o que me conformé con reseñas y solapas).

Dejar de lado el hambre curricular, aquel criterio de que si no hay constancia o diploma no vale la pena ir. Dejar de ceñirse a un área de estudio, tomar lo que sirve desde otras disciplinas o mirar con asombro los conocimientos que se supone vimos en bachillerato y hasta ahora caemos en cuenta que sí son útiles.

No solamente deja uno de usar corbata, sino dejar la prisa, dejar de llenar cuantitativamente la agenda, en su lugar priorizar, mejor un solo compromiso donde está uno al 100% y no varios de pisa y corre: calidad no cantidad.

Escuchar música no con altavoces para que los demás se enteren de los gustos personales, sino a un volumen prudente para disfrutarla mediante una buena selección y calidad de audio. Complementando la experiencia con caminata o con degustación de un buen vino, con lectura quizás.

Dejar las ventanas abiertas y permitir que la vida fluya, que el amor se aparezca sin tener que hacer decenas de publicaciones en redes sociales, valorar la conversación, la compañía, compartir esa necesaria combinación de paz, diversión, agitación y calma, nunca más vivir para apariencias o poses, sino mostrar y comprender la esencia.

Tengo un par de corbatas en el cajón de mi escritorio, porque cumplir 50 años tampoco es adoctrinarse en anomia social. Cuando las exigencias del tiempo y estar a la altura de las circunstancias lo requieran, lo exterior puede volver a ser como antes, nunca lo interior.
Los frenéticos 20´s, los saturados 30´s, las crisis de los 40´s, cada etapa hay que vivirla intensamente de modo que a la edad nada le debas, no te cobre factura, sino tengas saldo a favor.



miércoles, 15 de mayo de 2019

Contingencia ambiental y doble moral, cuando las partículas PM 2.5 afectan la vista gorda.


Podríamos llenar de videos las redes sociales de ciudadanos cometiendo infracciones, que más allá de ser faltas a la normatividad, se vuelven ejemplos de incongruencia. Quejarse e indignarse ante las acciones que cometen los demás, parece que limpia y exime las acciones propias.

Las acciones de la ciudadanía parecen un doble collage, donde por un lado, se habla, se propone y se expresa admiración por acciones con orientación positiva, pero en el día a día se lleva un collage de acciones opuestas a lo que se dice. Lo que aquí falta se llama congruencia, es un alto valor, pero no ha sido transmitido a las nuevas generaciones.

Existen temas de moda y temas eternos que ejemplifican la incongruencia: hoy existen quienes se desgarran las vestiduras por promover el desuso de los popotes, pero tiran en la calle la envoltura de su cajetilla de cigarros y las colillas, que por cierto tardan más en degradarse que los popotes.

En la Ciudad de México parece imposible frenar la gentrificación y construir sobre cualquier terreno una torre de departamentos nuevos, cubrir con concreto cualquier espacio verde y podar los estorbosos árboles para que cuelguen libremente los cables de luz, y de fibra óptica.

Hoy todo inmueble desocupado, se convierte de inmediato en mall o centro comercial, se levantan las voces de los vecinos para protestar por el aumento de circulación vehicular y escasez de agua, pero una vez inaugurado se aposentan de él y continúan o adquieren nuevos  hábitos consumistas.

Imagen tomada de https://ep01.epimg.net/internacional/imagenes/2018/06/07/mexico/1528323727_423802_1528324251_noticia_normal.jpg

La ciudadanía se indigna por las especies que se encuentran en peligro de extinción como la vaquita marina o e l rinoceronte blanco en África, pero ni se inmutan cuando se quedan sin hábitat ardillas, cacomixtles, lagartijas, tuzas, teporingos y tlacuaches, últimas especies en endémicas del valle de México. De no encontrarle parecido a un pokemón, el ajolote o Axólotl endémico de Xochimilco hubiera desaparecido sin más agitación.

La Ciudad de México era un territorio que cruzaban diversos ríos y arroyos, heridas de agua los llama Claudia Marcucetti, pero se tuvo la genial idea de entubarlos o convertirlos en barrancas, de una u otra forma, se les trató como drenaje. El crecimiento de la mancha urbana, es decir, concreto y pavimento, bloqueó la posibilidad de re-alimentar los mantos acuíferos subterráneos y ahora la ciudad se hunde paulatinamente como una torre de hecha de naipes, con una fragilidad alarmante.

Se hablaba de pulmones de la ciudad, un parque, un campo de golf, un bosque, mismos que enseguida se convirtieron en desarrollos inmobiliarios con vista al bosque, con vista al parque, con vista al campo de golf. Y eso los desarrolladores visibles, porque por otro lado se han dado las invasiones de pedregales y cerros como plaga, asentamientos irregulares que con el tiempo ven atendidas sus demandas, de agua, de energía eléctrica, de pavimentación…. durante mucho tiempo a eso le estuvimos llamando progreso.

Hoy esas voces que por circular en bicicleta, que por verbalizar “sin popote están bien”, que promueven azoteas verdes y que dicen comer vegetales orgánicos y cerveza artesanal. Deberían preguntarse si son congruentes sus acciones, si las buenas intenciones son suficientes para resarcir la deuda que sus padres, abuelos y demás ascendentes dejaron. Ya no basta con reforestar los pocos espacios que quedan, la situación es radical y habrá que devolver espacios grises que nuevamente se vuelvan verdes. 

Ya no estamos en la situación de colaborar con la ecología, sino de compensar el daño, es similar a haber tenido una abuela matriarcal, fuerte, poderosa y generosa, a la que los hijos, los sobrinos, los nietos y los bisnietos que crecieron exponencialmente ya no son invitados a desayunar con ella los domingos, sino que ahora en asilo, pide que se acuerden de llevarle una botella de agua y una frazada o por lo menos que no le contaminen la solución fisiológica intravenosa.


 Imagen tomada de https://i0.wp.com/laredodaily.news/files/2018/08/Colillas-de-cigarros.jpg?fit=700%2C460&ssl=1





lunes, 8 de abril de 2019

Nostalgia al revés: Botellita de Jerez




“Guarda mi corazón, ahí te lo encargo, sabes que luego luego iré por él. 
No permitas que el amor se nos escape, ponlo a trabajar. 
Dale chance no le ahorres el trabajo, ejercítalo.”
Botellita de Jerez

La semana pasada se cerró un ciclo cultural, musical, rebelde, irreverente: Desaparece la banda de Rock Mexicano Botellita de Jerez, una disculpa por encasillarlos en “rock mexicano”, su género musical era más amplio, casi, un género aparte.

El ciclo que se cierra, se abrió hace algunas décadas, en la segunda mitad de los años 80’s cuando alguno de mis hermanos llevó a casa un casete de Botellita de Jerez, siendo nosotros, cinco adolescentes compitiendo por ser la oveja negra, nos atrajo el modo particular que tenían de hacer música, burlarse de lo establecido, parodiar lo existente, hacer crítica social, mirar hacia la cultura del mexicano de a pié, del peladito de la calle, del  albur y lo pícaro, descubrir que la letra encriptaba albures y dobles sentidos, que hacían una fusión irreverente de estilos musicales, admirando su ingenio y lo desenfadado de su forma de comunicar, de poner a pensar con humor. Con pocas referencias a esa cultura que primero nace como alternativa, es decir, no era para la hora familiar de Siempre En Domingo y ni para escucharse en la radio comercial, aquella radio como 97.7 fm,  que en su momento censuró una canción de los Hombres G, que en España se atrevían a cantar “sufre mamón, devuélveme a mi chica”, no podían programar “Pinche Malinche, lo Cortés no quita lo Cuauhtémoc”. Así que Botellita de Jerez tenía que ser escuchada así como el disco del TRI "Hecho en México", reunido con amigos malhablados , así como Rockdrigo González, con apertura para escuchar al profeta del nopal, con la irreverencia para atreverse a decir lo que los papás nos dijeron siempre que calláramos.





Botellita de Jerez, cuyo nombre de la banda, es el principio de la frase “botellita de jerez, todo lo que digas será al revés” frase aplicada a aquél que te decía una grosería, insulto o te sometía con un albur, esa frase setentera, te daba entre inmunidad e invulnerabilidad, similar a “carcacha, carcacha, lo que digas se te retacha” o a la defensa más pueril de levantar el dedo índice y decir “rebota aquí y se va pa´ti”. Desconozco cuál es la explicación oficial para el nombre de la banda, pero no hay mucho más que rebuscar por ahí.

No es esta la biografía de Botellita de Jerez, por si se me escapan datos trascendentales, para eso debe haber sitios dedicados a la música alternativa, al rock mexicano y al Guacarrock. Ese es el anecdotario de lo que escuchaba el adolescente que fue quien esto escribe. La banda que siempre estuvo fuera de lugar. Es triste decirlo, pero salvo pocos momentos cumbre, los Botellos siempre estuvieron fuera de lugar, sacaron en 1984 una propuesta cargada de humor descomponiendo y componiendo palabras y frases tal como se hacía en los años 70’s, allá donde el joven pasaba de decir “no hay bronca” a “no hay bronquitis” y dejarlo en “no hay tos”. Esa mitad de los años 80’s donde se estrechó y casi disolvió la brecha entre la “chaviza” y la “momiza”, previo a la aparición de los “Chavorrucos” y el fin de la música separada por generaciones.

Botellita de Jerez, había entrado por la puerta grande del rock alternativo, pero exploró la puerta chica del pop oficial y tomó la salida prematura de la cumbia y el rap. De irse consolidando para una banda de culto en la contracultura, apareció en telenovelas comerciales y quedó en un “yo soy de aquí, no soy de allá, tu ni de acá ni de allá, ni pichas, ni cachas, ni dejas batear, te caerá la maldición del buen dios Tezcatlipunk…..”





Yo conocí en vivo por lo menos en dos ocasiones a la banda, una vez en el centro de Coyoacán, donde cantaban la cumbia de “Abuelita de Batman” y aquella de “cuando apenas era un jovencito”, quise quedarme a escucharlos más, pero la novia fresa de ese momento, con cara de “¿Cómo crees que vamos a quedarnos a escuchar eso?”, siguió caminando por su helado a la Siberia. Sin darme oportunidad ni de preguntar “¿Ton´s qué mi reina?”. Esa cumbia de “Abuelita de Batman” la había llevado yo en un casete en un viaje a la playa con amigos, un viaje de una semana que nos quedábamos en la casa de la familia de uno de ellos, hacíamos fiesta o juego de cartas casi todos los días, y yo puse tantas veces  el casete de “Abuelita de Batman”, que empezó a gustar, semanas después, mi amigo me dijo que le pedían copiar el casete y que ya la ponían en las fiestas del pueblo.  Esa promoción que le hice a los Botellos compensa todas las copias piratas que se hayan obtenido de mi casete comprado en la Discolandia del Metro Insurgentes.

En sus fueras de lugar, Botellita de Jerez pasó por la denostación de sus seguidores cuando los vieron cantando cumbia y metiendo rap, eso se le permitía a Caifanes con la Negra Tomasa pero no a los Guacarrockers, hoy todos cantan con los Ángeles Azules, pero no en el momento que lo inició Botellita de Jerez.

La banda nos hizo cuestionar con humor el Malinchismo, los anglicismos con el pegajoso “Oh Dennys no la hagas de toks en wings”, la soledad con “Todos tienen tortita menos yo”, la nota roja con “Alármala de tos”, el reconocimiento al Santo el enmascarado de Plata, con la irreverente paráfrasis a Bertolt Brecht: 

“Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores. 
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. 
Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
 todos los domingos, esos son los chidos.”

Y en mi caso cada vez que discuto con mi enciclopédico hijo sobre los hipotéticos enfrentamientos de los superhéroes de Marvel o DC Comics, le canto la estrofa de esa misma canción del Santo: “Batman y Superman, superhéroes de historieta, nunca subieron al ring, le sacatearon al parche, el Santo sí era la neta”.

Tuvo la Banda, luego su etapa Pop, menos irreverente más artística, más cuidada, de esa etapa yo tomé la canción “niña de mis ojos” y la puse en un video en youtube, donde sólo se ven mis pupilas (https://youtu.be/tM3WyJjxW80)

“Niña, niña de mis ojos

que voy a hacer para cambiar todo a mi alrededor / todo a mi alrededor

Niña,  quítame los ojos

para no ver lo que no tiene solución / lo que no tiene solución.




La banda y su guacarrock, así como el guacamole, se oscurecían, parecía que había que desecharla y luego se rehacía para reverdecer más que nunca, sus bajadas y subidas, su sequía y sus etapas más exitosas, eran una constante. Los fans dejamos atrás esas etapas de rebeldía irreverencia, albur y crítica social, pero los Botellos nunca decepcionaron, escribían libros, hacían películas, videoclips, aparecían en la televisión ahora como ícono de la nostalgia por aquella contracultura.




La segunda vez que los vi fue en el Multiforo Tlalpan, en un concierto en el que retomaban sus raíces, presentándose en un escenario llano, sin escenografía y con sus casi cuatro instrumentos, guitarra, bajo, batería, teclado y el inservible caracol para cantar Tlalocman. (Aquí la parte del show es que tratan de hacer sonido prehispánico con un caracol y por más que le soplen, el sonido no se reproduce, así que destapan una cerveza, se la toman frente al público y al soplar la botella el sonido es magnífico). Invité a todos mis hermanos, pero ninguno me acompañó, Botellita de Jerez ya era como un fósil viviente y además entre compromisos familiares y cuidado de bebés, ninguno pudo ir, a eso se refiere exactamente lo que dice Tlalocman: “De día muy temprano tengo que checar, de noche, me transformo en el Tlalocman, me sobran superpoderes también me sobra virilidad… pero mi suegra me quiso regañar, por haragán…”. Así que por ahí del año 2010, estuve coreando todas las canciones que me hacían reír  un cuarto de siglo antes. Creí que no vería a Sergio Arau, porque se había vuelto toda una celebridad después de dirigir la película “Un día sin mexicanos”, pero ahí estuvo, rindiendo homenaje a la banda, con sus pantalones punk combinados con platería de Charro, Ahí estuvo Armando Vega Gil el Cucurrucucú con sus canas como de abuelo y sus premios de literatura a cuestas. Estuvo El Mastuerzo con ese look doble: de frente decías ahí viene el calvo y de atrás decías ahí va ese greñudo. No cantaron cumbia ni rap, eso ya lo habían prometido antes, pero sí sus versiones a obras de Rockdrigo González y de Jaime López.

La separación de la banda se anunció a principios de abril de 2019, luego de que se suicidara Armando Vega Gil, el Cucurrucucú. Sin comentarios, apologías ni condenas a esa forma de quitarse la vida, queda su aportación contracultural, su divertida forma de cuestionar lo establecido, la mirada despectiva a lo comercial y la nostalgia a nuestra adolescencia que no fue ni rockera, punk, pop, rapera ni de cumbias, sino de una fusión de rechazo a todo lo anterior, un género aparte.

¿Ya dije quién de mis cuatro hermanos varones ganó la competencia por ser la oveja negra?


martes, 18 de diciembre de 2018

ROMA El espejo


No quise revisar una sola crítica, un solo comentario, reseñas ni cortos, ROMA la película de Alfonso Cuarón, había que verla así, sin prejuicios ni orientaciones, muy acorde a estos tiempos, más vale verla  por streaming, escoger con quien verla, o verla solo y como una buena botella de vino, beberla a tragos lentos, o de un solo golpe, hasta tocar fondo.

ROMA es un espejo, un espejo en blanco y negro, es más es un espejo en el tiempo, donde elijes si la ves reflejándote en el niño soñador y hasta impertinente que sigue en la etapa de preguntarse los “por qué´s” de todo, o hermano de en medio que llora cuando le confirman lo que ya sospechaba (el no regreso de su papá), también te puedes reflejar en la niña a la que le niegan el postre, porque tiende a subir de peso.

El espejo puede ser encantador como para la madrastra de Blanca Nieves, que te dice exactamente lo que quieres escuchar, y como la época está recreada minuciosamente, el espejo nos puede mostrar la música, las calles, los autos que en ese año circulaban, la holgada permisividad para fumar, la inutilidad y falta de obligatoriedad del cinturón de seguridad en los vehículos, la cacería como diversión y la taxidermia como trofeo, la televisión mostrando producciones de bajo presupuesto pero de alto ingenio, la televisión misma como factor de reunión, los espacios de las casas de esas clases medias acomodadas y muchas más características de una Ciudad de México volviéndose cosmopolita y barriendo para echar bajo la alfombra su reciente transición desde lo rural; a punto de tener que manejar la explosión demográfica y ceder los espacios de convivencia familiar a los dispositivos electrónicos y de comunicación impersonal.

Imagen tomada de https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/11/16/todas-las-nominaciones-llevan-a-roma-la-de-cuaron_a_23591854/

Un espejo que permite reflejarte desde varias direcciones: el Papá que se queja de un garaje sucio, sin tener idea de cuántas veces se ha lavado en el día, cómo es cuando tienes tu propio código con tu gente cercana, en el caso de la película es el mixteco y refleja esa posibilidad de un mundito dentro de otro mundo, una compleja subcultura dentro de una gran cultura. Espejo donde, aunque sutil, se refleja la abuela como esa figura de borrosa autoridad, con mucho de complicidad y casi fuera de lugar (puede encargarse de llevar los nietos al cine, pero no la invitan a pasear al mar). Refleja esas decisiones en la vida, en las que habiendo estudiado Química, aceptas el trabajo en una editorial. Refleja, para quien quiera mirarse o esquivar la mirada, esas paternidades no deseadas, degradadas a negación y amenazadas hasta su criminal desaparición. Un espejo donde las clases sociales son tan distintas en lo superficial y tan parecidas en lo profundo: ese espejo donde se juzga de una forma a un padre que abandona tres hijos por irse a un supuesto congreso Canadá, y se juzga diferente a quien niega una paternidad y se refugia en una ciudad perdida, actos similares, escenarios diferentes.


ROMA se centra en Cleo (por su apariencia alguien decía, “ha ser por Cleotilde no creo que por Cleopatra”), diminutivo de Cleodegaria. Y tanto refleja la señora “Liboria” a quien dedica Alfonso Cuarón la película o a doña Eustolia, la señora que le ayudaba a mi Mamá, quien, como se ve en la historia no tiene un horario definido, se levanta antes que todos en casa, cuida de la mascota con la que si mucho los demás juegan, pero no bañan jamás, no tiene hora de comida, porque da un bocado y se levanta a atender a “la familia” y se va a dormir después que ya todos se fueron a la cama. Teniendo como premio semanal, su salida de domingo, su “libertad provisional“, así la describe en su aguda observación, el poeta Chiapaneco Jaime Sabines en su Diario Semanario (1961).

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“Con la flor del domingo ensartada en el pelo, pasean en la alameda antigua. La ropa limpia, el baño reciente, peinadas y planchadas, caminan, por entre los niños y los globos, y charlan y hacen amistades, y hasta escuchan la música que en el quiosco de la Alameda de Santa María reúne a los sobrevivientes de la semana.

Las gatitas, las criadas, las muchachas de la servidumbre contemporánea, se conforman con esto. En tanto llegan a la prostitución, o regresan al seno de la familia miserable, ellas tienen el descanso del domingo, la posibilidad de un noviazgo, la ocasión del sueño. Bastan dos o tres horas de este paseo en blanco para olvidar las fatigas, y para enfrentarse risueñamente a la amenaza de los platos sucios, de la ropa pendiente y de los mandados que no acaban.

Al lado de los viejos, que andan en busca de su memoria, y de las señoras pensando en el próximo embarazo, ellas disfrutan su libertad provisional y poseen el mundo, orgullosas de sus zapatos, de su vestido bonito, y de su cabellera que brilla más que otras veces.
(¡Danos, Señor, la fe en el domingo, la confianza en las grasas para el pelo, y la limpieza de alma necesaria para mirar con alegría los días que vienen!)”

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Dramáticamente Cleo salva la vida de los niños imprudentes, cuya imprudente Mamá los deja en el mar a cargo de ella que no sabe nadar. Pero Cleo ya había salvado otras vidas, otras veces a los mismos niños, cuando tiene que cuidarlos de cómo juegan en la azotea de esa casa de tres pisos en la colonia Roma, cuando los salva despertándolos con ternura y cancioncitas, en lugar de un estridente despertador que a todos mata (a todos los sueños) por las mañanas, ella irónicamente ha salvado vidas, pero no la de su bebé. Quien sabiamente, nace sin vida, luego de ver a su padre biológico dedicado a quitarlas. Y esa es la conclusión sarcástica de la historia, no confíes en el psicópata que a tus espaldas, se toma la mitad de la coca cola que dejaste (consejo gratis para las chicas que anden en citas de enamoramiento).

Hay quienes hablan o reseñan la vida de Cleo como ejemplo de integridad, aunque tenga a cuestas la culpabilidad de no haber deseado el nacimiento no conseguido de su bebé. La integridad no solamente es haber hecho lo correcto sin doblegarse, hay otro valor que es estar a la altura de las circunstancias y puede ser más cercano a la resiliencia que a la integridad.

La nostalgia no es por esa Ciudad de México que ya no es, sino por quienes fuimos y seguimos siendo en uno u otro escenario. La oportunidad de pasar de un espejo facial a un salón de espejos, en donde te puedes ver como los demás te ven, donde lo que la película deja en ti, es lo que en realidad dejas en los demás.


lunes, 26 de noviembre de 2018

El Canto de la Autocuración


¡Que las fuerzas sanadoras del sol, la luna y las estrellas y los planetas en su movimiento fluyan a través de mí!, ¡Fluyan a través de mí!

Y como el río cargado con las lluvias retorna el agua a los mares, pueda yo devolver, a quienes no lo tienen, el conocimiento del camino, la profunda comprensión de la unidad de la energía, que baila en todas las formas, desde el más pequeño de los átomos hasta la más grande de las galaxias. ¡Y que por un segundo, pueda ver desplegarse lo infinito dentro de mí! ¡Y así, ser libre!

¡Que el poder de curación del aire que todos respiramos, nos muestre la ley del compartir¡ 

¡La ley del compartir! Con cada respiración armonizamos vida y muerte.

¡Que el poder de curación de la tierra me haga renacer! ¡Me haga renacer! ¡Que pueda utilizar el idéntico valor de cada una de las innumerables formas de la existencia! Así dentro de mí, poner fin a la discordia.

¡Que el poder de curación de la luz, vuelva luminosa mi visión! De manera que pueda unificar la aparente oposición e ir más allá de lo bueno y lo malo y lo bueno para dejar de ver la vida en blanco y negro.

¡Que el poder de curación del agua me permita crecer! ¡Me permita crecer!

¡Que aprenda a dejar de ser y pueda vivir cada momento en ese flujo!

¡Que el poder de curación del fuego abrace el verdadero anhelo de mi corazón! Y me haga profundizar, me lleve más profundo.

¡Que el poder de curación del sonido fluya a través de mi voz y se expanda alrededor de mí!

¡Que afine mi oído en todo lo que escucho! De modo que la mente se vuelva clara y me libere del miedo y del deseo.

En el silencio sin centro, que pueda percibir la gracia curativa de ese brillante y luminoso espacio vacío. Ser la esencia de mi propio espíritu para ir más allá de los conceptos limitados del nacimiento y la muerte y trascender las falsas visiones del tiempo.

¡Que por el poder de curación invocado en este canto podamos, yo y todos los que sufren, ser conscientes de nuestra fortaleza!

¡Y que nuestros corazones puedan conocer la paz que anhelan!.


Reflexión atribuida a John Shane (1978), citada por Gory Peralta Gil en su libro “Sincronía en el camino de Compostela: un viaje hacia el crecimiento interior”. Ediciones Castilibros 2015.



martes, 25 de septiembre de 2018

Orfandad total



No existía servicio de #uber, era difícil conseguir taxi a media noche, ya no había transporte público en esa Ciudad de México de la mitad de los años 1970, no recuerdo para qué me llevaron al médico, ni recuerdo a qué hora llegamos a casa, lo que recuerdo es que mi Papá me trajo cargado desde el hospital, unos cuatro kilómetros quizás y venía yo ya sin molestias como si estuviéramos jugando al jinete. Tengo ese recuerdo para aferrarme cuando la memoria se pierde buscando algo asociado a un gesto entre mi Papá y yo.

Hace un mes falleció, desde aquella escena de casi medio siglo atrás, pasaron muchas cosas, las relaciones familiares tienen altibajos: separaciones con alivio y dolorosos reencuentros. Luego de la época de mi niñez en los años 70’s, vino la adolescencia y su correspondiente respuesta reactiva a la autoridad, ya mi Papá había dejado de ser mi superhéroe para pasar a ser el blanco de todas mis supuestas ideas contra lo establecido. 

Tuvimos  conflictos, tuvimos distanciamiento, pero invariablemente sabía que el pilar del hogar, junto a mi Madre, junto a mis hermanos menores, mis hermanas casadas y la generación de sobrinos que empezaban a desfilar por la casa, seguía siendo mi Padre. Yo ya me había integrado al mundo laboral formal, tenía el fantasioso pensamiento de ser independiente, de ya no pedir manutención a mis padres. Lo fantasioso era esa independencia, pues seguir viviendo bajo el mismo techo y teniendo resueltas otras necesidades, mi independencia se delimitaba a mis gastos para mantenerme estudiando en  la universidad, vestirme y calzarme, mis idas al cine, fiestas y algún viaje cada fin de año.

Fue en esa época cuando tuve los mayores desencuentros del tipo generacional con mi Papá y quizás las mayores descalificaciones a su modo retro de pensar. Cierta vez, en el bautizo de uno de mis sobrinos, me dijo que quería hablar conmigo, que era preciso que conociera yo a mis otros hermanos y hermanas, textualmente me dijo que no quería que las fuera conocer en otras circunstancias y sin saber, cometiera yo alguna “tontería”, sin tener claro a qué se refería con eso, me llené de coraje y le dije que entonces las sospechas de mi madre eran ciertas y que él le había mentido todo este tiempo, se me vino a la mente también algunas de las limitaciones y aquella esperada bicicleta de carreras que tuve hasta que yo mismo, ya trabajando me la pude que comprar, mantener dos familias nos había dejado con expectativas a la mitad a unos y a otros. Yo no quise conocer a mis medios hermanos, pensé que ellos no tendrían la culpa de mi enojo. Le dejé de hablar, esa fue la reacción del todavía adolescente que fui. Discernir y armar un modelo de pareja estable, me tomaría algunos años y tropiezos más de lo normal.

Ya había dejado de ser mi superhéroe en la niñez, ya no le otorgaba autoridad en la adolescencia. Pero ahí estuvo, lo vi respetuoso durante mi examen profesional, acompañando a mi Madre y hermanas que asistieron, ahí estuvo en momentos como el nacimiento de mi hijo y de mi hija, ahí estuvo en mi primera casa y nueva familia, estuvo para ofrecerme su casa si algún día esa familia se desintegraba y cuando sucedió, pernocté en su casa tantas veces como lo necesité.

Mi Padre alcanzó la edad para retirarse pensionado de su trabajo, al cual se había consagrado, quizás más que a sus familias, a partir de su retiro ya no se levantaba tan temprano, ya no se activaba y arreglaba para salir, sus horarios de comida se volvieron laxos y su salud mermada. Ya Jubilado, formó junto con amigos de su generación el trío los jubilosos quienes llegaron a amenizar bautizos y cumpleaños, empezó a dedicarle tiempo a su pasatiempo de cantautor y hasta su traje de mariachi se mandó hacer, de un color verde olivo que siempre fue su favorito y que yo, por mera oposición nunca he querido usar una prenda de vestir de ese color.

Abundio Orduña Santana (1937-2018)



Ya en su edad más avanzada y más a invitación de mi Madre y pretextos festivos de mis hermanos, hermanas y sobrinos, los frecuentaba yo cada vez más. Con ese afecto distante que prácticamente no daba para abrazos, quizás presencia, quizás cercanía, apoyo, pero no abrazos. La autosuficiencia e independencia que mi Papá quería seguir demostrando, hizo que ignorara y que nos mantuviera al margen de sus recientes padecimientos, hoy conocidos como síndrome metabólico, pero en ese momento diagnosticados por separado y tratados sin una visión integral: diabetes, hipertensión, colesterol elevado, derivando en derrame cerebral, que lo puso en cama con hemipariasis y sin habla. De esas vueltas de 180 grados que da la vida, se volvió totalmente dependiente, incomunicado, sin movimiento en la mitad del cuerpo, sin posibilidad de caminar de nuevo por sí mismo. Los hermanos nos comprometimos en su cuidado y agotados nos apoyamos de cuidadora o enfermera, sin embargo mi Madre, con sus propios padecimientos y sin ver mejora alguna en mi Papá, a los dos años entró ella al hospital para una operación del sistema digestivo y ya no salió con vida.

Mi papá siguió no dos ni tres, ni cinco ni 10, sino 13 años en esa situación de parálisis, sin habla, dependiente cada vez más y en un deterioro lento y cruel, pasó por todo tipo de tratamientos, fisioterapia, todo tipo de terapias alternativas,  una compleja y minuciosa organización de los hijos y las hijas para cuidarlo. Se cumplieron los pronósticos del Geriatra sobre el deterioro paulatino de todos sus sistemas, digestivo, respiratorio, circulatorio. Casi a los nueve de esos 13 años, tuvo complicaciones renales y luego de medio año hospitalizado en condición grave, fue necesario hacerle diálisis peritoneal cuatro veces al día, es decir, sanitizar toda su habitación y conectarlo a sondas de entrada y salida de líquido que suplían la función de los riñones.

Aquel que había dejado de ser mi superhéroe, que había perdido autoridad, ahora perdía su salud, se había quedado viudo, aquellos hijos suyos que no quise conocer, 30 años después se integraron también a su apoyo y cuidado. En ese deterioro lento, todos nos fuimos contagiando de una normalización de la enfermedad, los nietos y bisnietos no lo conocieron de pie, sabían que en ese cuarto, en esa cama, había una persona recostada a la que le decían Abuelito y al saludarlo o darle un beso,  no estaban seguros de que los hubiera escuchado o identificado. Pasaron decenas de cuidadoras y enfermeras, su cuidado no era fácil y terminaban pidiendo su cambio o despedidas por la transformación de ellas mismas en su trato con “el paciente”. Llevarlo de paseo era todo un operativo de silla de ruedas, medicamentos e instrumentos. Al final de esos 13 años ya no todos sus hijos colaboraban, algunos vencidos por el cansancio, otros por sus propios asuntos de salud y otros más por razones no del todo explicables, se alejaron, uno de ellos llegaba con arreglos de fruta, ya ni pasaba a saludarlo, sólo dejaba arreglos de fruta, de los cuales la mayoría no podían incluirse en su dieta, pero los llevaba como quien lleva flores al recuerdo de alguien que ya no está.

Un martes hace un mes, aunque no me tocaba hacer guardia para cuidarlo, me quedé a dormir en su casa, la hermana que estaba a su lado me llamó más de una vez en la noche, me dijo que no lo veía bien, que tenía una mirada como de pánico, que a ratos le daba la impresión de que estaba rezando, que extendía la mano como si se tomara de la mano de alguien que nosotros no veíamos. A las ocho de la mañana del día siguiente, antes de su rutina de tomar signos, glucosa y administrarle medicamentos, otra de mis hermanas me llamó alarmada, entré a su cuarto y ya mi Padre no tenía pulso, cerró sus ojos y se apagó como una bombilla que lentamente con un “dimmer”  va bajando la intensidad, hasta no estar seguro de si sigue encendida o no.

Se había perdido el superhéroe de la infancia, había perdido la figura de autoridad de la adolescencia, el afecto distante, él había perdido su salud, ahora lo habíamos perdido completo. Dice la Tanatóloga que esto se llama pérdidas anticipadas y que se libera un alma presa en un cuerpo que ya no funciona, dice que  se trata de cierres de ciclos, yo le llamo la orfandad total.


La salida de casa a su última morada fue con su traje de mariachi verde olivo, que no es casualidad que sea más parecida a la palabra alivio que a la palabra olvido.



viernes, 3 de agosto de 2018

Medición de tiempo extraterrestre


En alguna revista sobre divulgación científica, recuerdo que hace muchos años me encontré un escrito de una cuartilla de Isaac Asimov en el que planteaba cómo medir el tiempo cuando los humanos ya estemos habitando otro planeta o una estación espacial artificial. No necesariamente podríamos seguir usando la medición del planeta Tierra, ya que está basado en la duración de su rotación, lo lógico sería dividir la rotación de nuevo planeta en 24 partes, pero esto sería útil a menos que tuviera exactamente el mismo tamaño y la misma velocidad de rotación que el planeta Tierra, lo cual es poco probable. Cuando leí aquel artículo de Asimov, a quien le tengo todo el respeto casi como a Carl Sagan y el gusto a sus lecturas como a Ray Bradbury. Principalmente lo que me parece admirable es escribir sin sujetarse a límites de tiempo y generaciones.

Ese tipo de escritura me parece desapegada del ego y narcisismo del escritor mismo, lo encuentro similar a los constructores de catedrales, aquellos que inician una actividad a sabiendas que no van a verla terminada. Los escritores de novelas se concretan en las vivencias de una generación, quizás con referencias a dos o tres generaciones, de abuelos a nietos. Pero lo admirable de los escritores de ciencia ficción, es que dan saltos de 200 años o de 10,000 mil años entre sus narraciones.

Cuando Asimov se planteaba cómo medir el tiempo, yo me plateaba cómo serían las conversaciones entre humanos que ya no habitan la tierra, que quizás ya no nacieron en la tierra, que se llamen humanos pero no terrícolas. Antes de pensar en su conversación, mi pregunta también era, si la medición del tiempo se volviera obsoleta tratando de ajustarla a la de la Tierra, ¿se mantendrían las horas y los minutos solo por nostalgia?, así como la medición del tiempo, ¿tendríamos que reproducir las condiciones de la tierra en esos nuevos planetas o estaciones espaciales?, las dos respuestas serían NO.

Un planeta que fuera incluso muy similar al planeta Tierra, no debería tener ciclos de luz y oscuridad, o sea, de amanecer y atardecer iguales que la Tierra. El ser humano y su capacidad de adaptación, seguramente sobrevivirían a ajustes en sus propios ciclos circadianos, un jet lag afectaría a la primera generación, no a las posteriores.

Reproducir las mismas condiciones de la tierra, nos llevaría a forzar un hábitat, que precisamente se abandonó por obsoleto, por mucho que hubiera cuestiones sentimentales, el ser humano se estaría adaptando a los cambios sin mayores problemas.

Como siempre hay dos variantes en las expectativas hacia el futuro: la optimistas y las catastrofistas, las utópicas y las distópicas, se dice que en un mundo futuro donde todo está minuciosamente planificado, no sería posible que algo saliera de control, por otro lado las teorías del caos, predicen factores de entropía en donde el orden no se mantiene inamovible, donde existen fallas en el sistema que dan paso a fallas estructurales y posibles caídas del sistema.

Como encargado de áreas de sistemas he podido comprobar los dos caminos, el primero es muy aburrido, un sistema computacional que hace exactamente lo que le pides, se vuelve confiable, predecible y su código es modificable cada vez que sea necesario replantearlo. Por otro lado están los sistemas con errores, desbordamientos de memoria y respuestas inesperadas, esos son increíblemente apasionantes, retantes, darse cuenta que las computadoras básicamente siguen haciendo lo que por instrucciones se les pidió, pero que entre las instrucciones puede haber una que se contradice con otra, o una que se duplica innumerables veces, en lo que se llama un loop, esos que sobre calientan los procesadores y terminan haciendo que se queme.

Un ejemplo: para un congreso llevé en disco una presentación que contenía imágenes con derechos reservados y para proyectarse necesitaba ser copiado al disco duro de la computadora conectada al proyector, entonces elaboré un archivo .bat (un programa de procesamiento por lotes) que al insertar el disco, se copiaba a una carpeta, iniciaba la presentación y al terminar ésta, borraba la presentación y para que no fuera recuperable copiaba una presentación vacía con el mismo archivo y luego la borraba junto con la carpeta que la contenía. La verdad es que funcionó muy bien, el equipo de investigación agradeció que la presentación no quedara en otras manos. Sin embargo, medio año después me pidieron la presentación y no me era posible copiarla, es decir, se presentaba y se auto-borraba, a mí mismo no me dejaba copiarla, tuve varias lecciones con esa experiencia, una de ellas, es que no puedes dejar programas sin documentar, es decir, sin que se sepa qué hacen al interior.

En otra ocasión, en un equipo servidor de red compartido, para cuestiones administrativas, no debería almacenar datos que no fueran propios de su función principal, yo conocía a los administradores del servidor y continuamente ocupan espacio que no debía con videos, música, o video juegos. Compartíamos la capacidad del servidor,  pero no las carpetas, para eliminar la práctica de almacenar información que no debían, les empecé a mandar reportes de espacio insuficiente en disco duro, entonces irremediablemente tenían que borrar sus programas de entretenimiento, como esto ocurría consuetudinariamente, elaboré otro programa .bat, que en esencia hacía lo que una plaga de lirio en un lago, se reproducía a sí mismo y duplicaba el espacio que ocupaba en disco duro, así que obligaba a que borraran sus programas indebidos y enseguida ocupaba el espacio que quedaba libre, el programa se replicó tantas veces como podía y cuando ya se había liberado el espacio, el propio programa se eliminaba, como un globo que se desinfla.

Estos programas funcionan siempre y cuando las condiciones sean normales, el hardware esté funcionando óptimamente, porque si se apagara a media ejecución, se puede quedar mucha información basura ocupando espacio sin utilidad alguna y tener que deshacer manualmente los cambios, en caso de que se tenga claro cuáles fueron.

En conclusión, hasta en el ambiente más planeado, puede haber fallos, factores de entropía y hasta mutaciones.

Asimov no se complicaba, tenía la capacidad de ver con normalidad las circunstancias de un futuro posible, decía que cuando los humanos habitáramos otros planetas o plataformas espaciales, la medición del tiempo no serían tan importante, a menos que fuera para el lanzamiento de la alguna nave, o algún evento en que se necesite presencia de dos o más personas, y para eso podría dividirse el ciclo (día) en 100 o en 1,000 partes, y así quedarse de ver a las 422 o a las 973 y si fuera menester mayor precisión, pues dividir el ciclo en 10,000 partes, así la llegada de una nave podría programarse a las 7,531, por ejemplo.

imagen tomada de: https://previews.123rf.com/images/mikhailleonov/mikhailleonov1710/mikhailleonov171000009/89027656-futuristic-modern-white-clock-watch-abstract-fractal-surreal-double-spiral-watch-clock-unusual-abstr.jpg



Finalmente la medición del tiempo es una convención, una salida que hemos encontramos para ponernos de acuerdo.