miércoles, 8 de febrero de 2012

El poder, su ejercicio y beneficio


Hoy que en nuestro país se vive la efervescencia de un año electoral, de intensas campañas, de competencia entre candidatos, partidos, supuestas ideologías y supuestos liderazgos. Me pregunto si en verdad todos esos esfuerzos se encaminan a una inquietud legítima por servir a los demás.
El servir a los demás, la búsqueda del bien común, debería ser uno de los anhelos más elevados y reconocibles de la calidad humana, pero me sigo preguntando, ¿tanto proselitismo para sacrificarse por los demás?
No tengo una respuesta, pero tengo algunas hipótesis, desde el mantenimiento del statu quo, hasta los compromisos comerciales, pasando por intereses de grupo y beneficios indirectos por medidas poblacionales o promulgación de leyes, y si los resultados no se verán en el corto ni mediano plazo, ¿sigue valiendo la pena?
No es mi intención terminar con una pregunta cada párrafo, sin embargo, la interrogación mayor que me aparece es si acaso toda la búsqueda de los candidatos es por el poder en sí mismo.
El poder como una táctica de influencia social, se clasifica en diferentes tipos según French y Raven (1959)*:
Poder de recompensa: Es el tipo de influencia social que se presenta cuando A es capaz de ejercer influencia sobre B, en virtud de la posibilidad que tiene de recompensar a B cuando éste obedezca. Llámese promesas de campaña, votar a favor o en contra de alguien porque se obtendrá un beneficio futuro, ya sea individual o colectivo, este tipo de poder es demasiado delicado, pues el incumplimiento de una promesa, compromiso o la simulación del beneficio, impacta en la confianza, misma que puede ir de confianza en el candidato o confianza en el partido, grupo o ideología que representa. El desencanto es casi inmediato y estigmatizante.
Poder de coerción: Ejercido cuando A es capaz de influenciar a B, en virtud de la posibilidad que tiene de infringirle castigos a B si éste no obedece. Esta influencia depende directamente de la posibilidad reconocida por B de que A puede aplicarle sanciones si no cede a la influencia ejercida por A. De las más tristes prácticas electoreras que han tenido cabida en la historia de nuestro país, desde aquellos que al no votar por un candidato, se les cumpliría la amenaza de perder su trabajo, aquellos que podrían perder beneficios previamente obtenidos como castigos inmediatos. Aunque por otro lado, se encuentran los castigos a mediano y largo plazo, como relegar a grupos étnicos, sociales, desaparición de condiciones para el desarrollo de alguna comunidad, castigos de mayor alcance que se convierten en amenazas latentes por periodos largos de tiempo.
Poder legítimo: Identificable en situaciones en las que determinadas conductas son apropiadas y otras inapropiadas.  La propiedad puede estar determinada por la tradición, las creencias, los valores y las normas.  Siempre que A emita una conducta deseada por B, en virtud del reconocimiento de la legitimidad de que disfruta B para prescribir dicha conducta. Conducirse correctamente, este poder tiene como su principal pilar la congruencia, esa correspondencia entre el decir y el hacer, que se convierten en una espada de Damocles, pues el ejercicio de ese poder siempre estará amenazado por una mínima desviación de quien lo ostenta, llegando inclusive a un linchamiento mediático y social si se quebranta la confianza depositada en ese líder legítimo.
Poder de referencia: Las personas pueden desempeñar, en relación con otras personas, el papel de puntos de referencia positiva o negativa. Existen personas con las cuales nos identificamos y otras con las que no tenemos nada en común. Y ahí es donde entran en juego la ideología, el conjunto de valores y creencias que rigen la conducta de las personas, un candidato puede representar lo positivo para un grupo social, para una familia, para una simpatía, pero completamente lo opuesto para otro grupo social o para otras familias, generalmente es un poder mediante calificativos y descalificaciones, donde ser o actuar de forma similar al candidato puede segregar o provocar divisiones entre pares, desafortunadamente se trata de afinidades no siempre profundas de ideales de vida, sino superficiales, de apariencia por ejemplo, mismas que pueden cambiar de un periodo a otro como simples modas.
Poder de conocimiento: Se dice que A tiene poder de conocimiento sobre B cuando B obedece las prescripciones dictadas por A, en virtud de la aceptación del conocimiento demostrado por A.  Efecto de autoridad, concedida a una persona que se sabe con mayores conocimiento y sapiencia que los demás, al depositar en un candidato un poder de este tipo, se entiende que está por encima de los demás gracias a que ha estudiado, se ha actualizado, tiene respaldo de instituciones educativas, es reconocido por comunidades de profesionales y cuando toma una decisión, garantizaría que es la más atinada y que considera todos los riesgos medidos. Una desventaja es que difícilmente existe un experto en todas las áreas de conocimiento, así que valdría más la pena pensar en aquel candidato que arma un equipo de expertos en las diversas áreas cuya problemática deba atender. Este poder debería complementarse con una constante actualización, ya que el conocimiento en cualquiera de sus áreas avanza arrolladoramente.
Poder de información: Cuando una persona A cambia su comportamiento o actitud en función de una reorganización cognoscitiva provocada por el contenido de una influencia ejercida por otra persona B y no en virtud de alguna característica específicamente asociada con B. Este es el poder ejercido por alguien que logra cambios en la concepción del mundo que tienen las demás personas, poder otorgado a quien ejerce una influencia tal que transforma creencias y entendimiento global. Lo peligroso de este poder es que puede llevar a la manipulación, provocar un cambio en la estructura de pensamiento o simplemente en el esquema de algo, puede ser utilizado en exceso o en distorsión de conceptos valiosos.

Habría que distinguir entre recompensa personal e impersonal y coerción personal e impersonal. El primer tipo se refiere a la recompensa o castigo y el segundo tipo se refiere a recompensas materiales y los castigos de la misma naturaleza.  En cuanto al poder legítimo, Raven lo atribuye a cuatro tipos: legitimidad producto de una posición ocupada por una persona, legitimidad en función de la necesidad de devolver por reciprocidad un favor recibido, legitimidad en función de la equidad y la legitimidad producto de la dependencia, como ocurre cuando un líder depende de la colaboración de sus subordinados para alcanzar un objetivo común.
Vienen tiempos de elecciones y al parecer no estamos otorgando el privilegio de servir a un País, sino otorgando el uso del poder para conducir las políticas públicas. Entre muchas de las características que nos toca valorar está exactamente esta, la forma en que ejercerá el poder el candidato electo. Va este texto sin mayores conclusiones de quien escribe, este poder se lo dejo a quien lee.

*Citado en French, Wendell y Bell, Cecil. (1995) Desarrollo Organizacional, México, Ed. Prentice Hall.

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