miércoles, 31 de mayo de 2017

Un ser de luz que estudiaba en la UNAM

Ella tenía mucha luz, era un ser luminoso, en el primer semestre en clase de lógica simbólica y semántica, respondí correctamente los silogismos hipotéticos, dándome a conocer ante el nuevo grupo como quien, una de dos: o estaba recursando una materia ya vista o había estudiado las lecturas antes de que el profesor lo indicara. En realidad, había tomado unos cursos de programación en lenguaje de computadora y se me facilitaban los razonamientos si… entonces…. (if …. Then). Esa participación en clase, hizo que ella se acercara a mí, -Oye, no entendí absolutamente nada, ¿podrías ayudarme con los ejercicios que vimos hoy?. No tenía yo nada mejor que hacer, es decir, ir al gimnasio al estadio de los Pumas, la única hora antes de tener que irme a trabajar, no era algo mejor. Fuimos a la biblioteca, que para quienes la conocieron a finales de los años ochentas, era ruidosa, muchas mesas para trabajo en equipo y algunos cubículos de silencio, para quienes no podían trabajar con ruido, así era la biblioteca de la Facultad de Psicología, le expliqué todo lo que sabía de silogismos, o sea de esa primera clase de silogismos y el resto de la hora estuvimos hablando de nosotros, de dónde habíamos estudiado el bachillerato, de su expectativa en Psicología social, de su admiración por algunas ideas neo hippies, de su atuendo con algún chaleco con bordados oaxaqueños, un arete con forma de atrapa sueños, sus quejas sobre la comida industrializada, su preferencia por el aroma patchouli y sus pulseras tejidas de hilos con grecas autóctonas.

Me contaba que la mayor parte de su vida la pasó en el norte de la Ciudad y que poco conocía Ciudad Universitaria, yo que la conocía desde niño y tenía anécdotas de futbolito en las islas y haberme mojado con las válvulas de riego y los espejos de agua de la biblioteca central, le ofrecí ser su guía.

 Imagen tomada del Álbum "Islas y Nubes" de https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151133938165762.465371.743800761&type=1&l=d9b72bb006 

Pasaron los días y caminábamos a alguna de las explanadas de otra facultad, los edificios con murales, los trámites que tenía que realizar en rectoría, lo ridículo de los costos de inscripción y reposición de credencial, su enojo ante razonamientos como –cuesta más el recibito amarillo que lo que se paga de cuotas, mejor que quiten la papelería de cobros. Yo le explicaba las andanzas que habíamos tenido que pasar en la huelga de 1986 para evitar que las cuotas volvieran inaccesible nuestra máxima casa de estudios y las discusiones nos llevaban siempre algunas horas de largas caminatas, muy en el fondo no me importaba si tenía razón o si sus argumentos tenían mayor fundamento, los míos tenían más lógica y eso bastaba para mirarla obtener un triunfo y luego una derrota de ideas. Me gustaba, me gustaba que compartiéramos el tiempo, que frecuentemente voltearan a verla y un poco a mí por ser quien acompañaba a esa bella estudiante, de abuelos de origen europeo y que lucía sus llamativos toques hippies en su atuendo, a ella le gustaba que le mostrara yo los caminos que bien conocía de toda la Ciudad Universitaria y que para la tarde regresáramos a la Facultad, yo porque tenía que irme a trabajar y ella porque esperaba a su novio que terminaba de tomar clases en la vecina Facultad de Filosofía.

Al otro día si las clases terminaban temprano, el plan era ir a conocer el espacio escultórico, en un camino más largo, pero un destino más presumible. Era una gratificante amistad, de esas en que a uno le gusta ella, pero conociendo que tiene novio, está vedado cualquier otro rumbo.


Un día, ella terminó con su novio, la vi sufrir un poco, pero al poco tiempo regresaron y se  reinstaló en su equilibrada vida de libros, tareas, novio, amigos. Dos semestres después nos habíamos distanciado un poco porque la carrera exigía que complementáramos las clases con prácticas de laboratorio y no coincidimos en ninguno. Uno o dos semestres más adelante, por alguna tarea en equipo estuve por la tarde en la facultad (yo trabajaba por las tardes así que prácticamente nunca estaba yo por ahí en esos horarios) y me la encontré, pensé que iba a comprarse su cigarro suelto en el puesto de los dulces y la alcancé, ya no tenía el brillo y la luz en su rostro, un poco demacrada y con mucha prisa, en pocas palabras, me dijo que estaba retomando la carrera, que se ausentó un año por que se embarazó y que el Papá de su hijo, aquél que estudiaba en Filosofía, la dejó sola, el año anterior dio a luz a su bebé y ahora estaba recursando las materias a las que ya no pudo asistir, dijo –“compermiso” y la ví cruzar a toda velocidad la explanada para retirarse, con toda seguridad tenía que ir a atender a su bebé. Mientras la miré retirarse, ya sin el halo luminoso y las miradas que la perseguían  un par de años atrás. Me resonaban sus breves palabras “el año pasado dio a luz a su bebé”, en realidad no dio a luz, sino como estafeta, transmitió su luz al bebé. En esa edad un embarazo no multiplica la luz, sino que la consume.
 Imagen tomada del Álbum "Islas y Nubes" de https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151133938165762.465371.743800761&type=1&l=d9b72bb006 


Gracias a las redes sociales, supe de ella 25 años después, me enteré que sí terminó la licenciatura y se desarrollaba a nivel gerencial en una transnacional, su hijo ya estaba graduándose con honores y ella mostraba de nuevo esa luz recuperada, ganada con un mayor  esfuerzo y sintiéndose doblemente realizada, su inagotable luz sólo se había opacado para resurgir con mayor intensidad.
 Imagen tomada del Álbum "Islas y Nubes" de https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151133938165762.465371.743800761&type=1&l=d9b72bb006 


viernes, 26 de mayo de 2017

De nubes, tormentas y despedidas

En un día medianamente soleado, se observa a Stratus plácidamente levitando en su calidez y convivencia con las personas que allá abajo tienen la seguridad de una translúcida sombra y agradable brisa, Stratus que a ratos se roza con Cumulonimbus y emanan juntos una brisa y llovizna refrescante, sigue su paso veloz como trotamundos, a sabiendas que se evapora en cualquier momento.

Estilizada Cirrus con su estética y filo, de forma más estacionaria, observa desde una altura mayor el ir y venir de Stratus, Cumulonimbus y su vecino Stratocumulos, anhela la calidez de esa familia y su desapego en lo que a ella le parece una fugaz y por mucho, insignificante existencia. Revalora su altura, solidez y frialdad, su filiación con Cirrostratus y Cirrocumulos, que han estado desde tiempos inmemoriales en su cercanía, le proveen sombra, le evitan vientos que alteren su figura, porque Cirrus sin esas formas filosas y álgidas, podría parecer cualquier otra nube, nubarrón, niebla y si se moviera de más, neblina.

A Cirrus le divierte ver tanto movimiento de Stratus, sus transformaciones, sus incansables traslados, su limitada vanidad de observar la propia sombra recorrer las hectáreas de árboles y pastizales y su aparente imposibilidad de transformarse al menos en Altostratus o Altocumulus. Currus rie cuando Stratus se esfuerza y consigue a lo mucho una llovizna refrescante. Cirrocumulus le llama la atención y le recuerda que ha sido llamada a ocupar ese privilegiado nivel de atmósfera y a reservarse para sus propias tormentas, dejar de observar a Stratus y poner su vista en Cirrostratos, similar a ella.

Imagen tomada de http://he.bcdn.biz/Images/2014/2/27/0e47ed91-70ac-4465-9b38-bf0b7a1a88bc.jpg


Pero con los cambios climatológicos, Cirrus invita a Stratus, le pide que se acerque, le ofrece ella misma descender un par de niveles y reunirse, lo logran ante los rayos y centellas de Cirrocumulus y se decide arriesgarse al contacto con Stratus, llenarse de su alegría, de su movimiento, motivación y errático andar, de cómo puede haber gozo en tanto caos. Se dan tormentas y agitaciones, pero como si fuera montaña rusa, Cirrus se enlaza a Stratus. Disfruta de su compañía y se propone no estar lejos, disfrutar de lo mejor de ambos polos. Stratus acepta y experiementa las más memorables tormentas.

Un día Cirrus, acorde a su naturaleza, vuelve junto a Cirrocumulus y mira a Stratus pasar de translucido a transparente, alcanza a decirle que en realidad lo eligió para generar nuevas nubes y éstas ya se formaron, las tormentas ligeras y soleadas ya no le atraen. Cuenta la leyenda que así nacieron los Altocumulus y Altostratus. Por su parte Cirrus afila sus heladas rachas y se instala en lo más congelante de la atmósfera, mientras Stratus llueve, pasea, se le ve en alguna playa, en bajas montañas, en claros de selvas y en bosques de coníferas, mira su reflejo en lagunas y compite con recorridos de ríos, rocía plantíos y alimenta cascadas, juega a formar arcoíris y reta al sol con efímeros halos. Decide no voltear más a donde se agrupan Cirrus y Cirrocumulus aunque cada tormenta eléctrica le traiga flashbacks.




 Imagen tomada de: https://ichef-1.bbci.co.uk/news/624/cpsprodpb/3EF8/production/_95302161_cloud_guide_624-ws-spanish.png


lunes, 8 de mayo de 2017

Corrupción y una rata gris

¿Hasta dónde llega la corrupción en nuestro país, hasta dónde se extienden sus tentáculos?

Hasta los más recónditos espacios.

Hoy de camino a comer a casa, un taxi intempestivamente quiso invadir el carril en el que yo iba porque un autobús estaba descompuesto a de ese lado y alcanzó a golpear y dañar dos piezas de mi vehículo, nos orillamos, descendimos los dos de los vehículos y el taxista empezó a  decir que le pagara, que yo lo había golpeado. Le dije que fue al revés y que él tenía qué pagar, pero que no hay problema que llamara a su seguro y yo llamaría al mío, él no quería hacerlo, estaba seguro de que yo tuve la culpa y pedía que le pagara en efectivo “su golpe”. De ninguna forma accedería yo, si llevo pagando seguro de cobertura amplia durante los más de 25 años que he conducido. Me dijo que su aseguradora era tal, y que yo llamara a la mía, estacionado yo 20 meros adelante, me alcanzó para proponerme que cada quien se fuera son su golpe. Incluso se regresó al taxi sin que se hubiera bajado su pasajera y quiso darse a la fuga, gracias a que traía sus cristales abajo, tomé su tarjeta de circulación, que en realidad es una copia a color de lo que puede ser una réplica. Entonces ya no huyó y se la devolví, su pasajera y probable conocida, le dijo que me acusara de ladrón, le pregunté si sería ella testigo, y se me vino a los golpes, una mujer obesa a gritar que no sabía yo con quien me estaba metiendo, soporté un par de manotazos en el hombro y afortunadamente ni una mano levanté, porque eso sí que se hubiera utilizado en mi contra. No me intimidó tampoco y entre insultos se subió a otro taxi.

Quedamos de llamar a las aseguradoras, que por confiables que parezcan no tardan la media hora o cuarenta minutos comprometidos en llegar, sino hora y media, para cuando llegó mi ajustador de seguros, ya se habían juntado varios taxis junto con el que tuvo en incidente y tomaban más una pose de consejeros (colmilludos) de ademanes de a nosotros nadie nos gana y mandar a todo mundo muy lejos.

Como antecedente, tuve una situación similar hace un par de años y mi asegurador me fundamentó legalmente que si yo había hecho el cambio de carril, aunque yo hubiera recibido el golpe, me correspondía asumir la responsabilidad, así que luego de aquella experiencia, esperé a mi ajustador tranquilamente ante la mirada intimidante del grupo de taxistas.

Mi ajustador llegó, por rutina, revisa que mis documentos estén en orden y que la póliza se encuentre al corriente de pago, porque de otra forma, se retiran y dejan al asegurado a su suerte.

Redacté los hechos, firmé todas las copias que me pidió y fue a buscar al taxista, porque aún no llegaba su agente de seguros. Recibí una llamada de la ejecutiva con quien contraté el seguro y amablemente me dijo que estaba a mis órdenes para cualquier cosa que sucediera con el “siniestro”.

Siniestro fue lo que me dijo el ajustador: dice el taxista que en realidad no cuenta con seguro. (me dije qué bueno que yo si), así que no puedo hacer nada, tengo que retirarme.

No, no es nada barata la póliza de SURA, le dije, yo necesito que me resuelvas. Su monólogo parecía ensayado y me lo recitó: el taxista no cuenta con seguro y aunque él tuvo la culpa yo no soy autoridad para hacerlo que pague, necesitamos llamar una patrulla que asegure ambos vehículos, los remita al corralón y entonces los reciba el MP (Ministerio Público) para que el juez comisione a unos peritos que valoren los daños de ambos vehículos y les pidan sus declaraciones para determinar quién tuvo la culpa y emita sentencia para que se cubran los daños del contrario.

Hice la pregunta que repito ante el asegurador cada vez que los he necesitado. ¿entonces el seguro para qué me sirve?, me repitió que no es autoridad y que necesita llamar a una patrulla…..etcétera. Asentí y le dije llamemos a una patrulla. De hecho el taxista ya está llamando por teléfono a una. Y el taxista se escuchaba que hablaba: tío, ¿si me oyes tío?, me chocaron, ¿en cuánto tiempo llegas?

¡Ah! pero no contaba que la ejecutiva se había comunicado conmigo y se puso a mis órdenes, así que le marqué y le dije,  oye no me está ayudando mucho tu ajustador, habla de patrullas, corralón y de que nada puede hacer, la ejecutiva me dijo, pásamelo, déjame hablar con él, lo comuniqué desde mi teléfono y cinco minutos después la ejecutiva me repitió el monólogo pre ensayado: Desafortunada mente si no cuenta con seguro, no podemos hacer otra cosa, el seguro te ofrece orientación legal, pero no te puede acompañar esas 12 o 15 horas que se van a tardar en el MP. Y con su amable voz, me dijo que sigue a mis órdenes para cualquier “otra” cosa que se me ofrezca.

Cuando nos dirigimos de nuevo al taxista, mostró parte de la asesoría recibida por los demás taxistas: - es que usted trae aliento alcohólico y se pasó el semáforo en alto, como venía usando su celular me chocó cuando yo iba pasando y quiso pasarse a mi carril y si no me pongo adelante, se quiso fugar, agredió a mi pasaje y le faltó al respeto a la dama, aquí están los de la taquería de testigos que usted venía a exceso de velocidad y quiso meterse a mi carril, ¿a tu carril? Pregunté, ¿a donde estaba el autobús descompuesto?

El asegurador, sin poder contener una inexplicable risa, me dijo ¿ya ve a lo que nos vamos a enfrentar? ellos ya conocen el camino, es cosa de todos los días para ellos chocar y sacar ventaja, le recomiendo que se vaya con su golpe. ¿Me llena esta encuesta de calidad del servicio y sus comentarios por favor?, en comentarios anoté que el seguro no cumple su función y que no me sirvió.

Habiendo perdido mi hora de comida me subí a mi coche, y vi cómo el asegurador arrugaba las hojas con mis comentarios en la encuesta y las tiraba a una alcantarilla. No sólo es el coraje, la molestia, el gasto para reparar mi vehículo, sino esa sensación de que la corrupción se encuentra hasta en el más mínimo detalle de esta ciudad, este País.

De qué sirvió hacer mi declaración de impuestos, pagar lo que este año no llegó a mi favor, desoyendo a quienes me decían “yo ni pienso hacer la declaración ni voy a reportar lo de mis otras percepciones, al fin que ni modo que Hacienda, me vaya a perseguir a mí, si somos tantos los que no declaramos, ya ves el año pasado tampoco hice declaración”, y de qué sirve pagar la tenencia, el refrendo, hacer la actualización de la tarjeta de circulación, de la licencia de manejo, no beber si vas a manejar, cubrir puntualmente el pago del seguro, respetar los semáforos, no invadir las líneas peatonales, no exceder los límites de velocidad, si al final de cuentas con esa inexplicable risita del ajustador del seguro, te recomiendan, tolerar todas las faltas, como si la corrupción en México fuera parte de la cultura o un patrimonio intangible de la humanidad.

Ya revisando las fotos que tomé a las placas y al tarjetón, vi que se le venció el año pasado, que el extraño nombre de la foto no coincide con el año de nacimiento puesto en el registro, ya que es un taxista de alrededor de 20 años, pero su registro empieza con 62 (es decir, nacido en 1962).


La rata gris



Con la decepción y el estómago vacío, valoré la posibilidad de comer en la taquería donde estuve esperando al ajustador, pero luego me acordé que el taxista dijo que los meseros serían testigos de todas mis infracciones al reglamento y decidí no entrar.

La vigencia vencida

Le dije al taquero encargado del trompo de los tacos al pastor que había una enorme rata gris a dos pasos de él y creí que la iba ahuyentar, cuando le empezó a tirar pedacitos de tortilla y le hacía gracia cómo la rata se las comía. De eso sí pongo la foto. Concluí que una ciudad, un País donde no se respeta mínimamente el reglamento de tránsito, menos se respetan normas de higiene y sanidad. Me alejé de ahí imaginándome al ajustador del seguro con su inexplicable risita, aceptándole al taxista unos tacos y brindando con su tío el policía o inspector de sanidad.


La rata gris alimentada por el taquero



miércoles, 19 de abril de 2017

Teoría de la Evolución: Caza, Carroña y/o Rapiña

El tema de la evolución, desde que fue planteado por Charles Darwin, vino a generar un espectacular cambio en el modo de pensar, de identificarnos como especie, su teoría avanzada y de vanguardia generó choques contra explicaciones a partir de la fe y fue criticada por carecer de suficiente evidencia. Hay que entender que no fue una teoría acabada pero que el tiempo ha ido reforzándola paulatinamente. Sin duda, ha influido en las teorías para explicar el pensamiento, inteligencia, memoria, lenguaje, conducta, todas materia de estudio de la Psicología, pero también de la alimentación, la dietética y nutrición, así lo encuentro cuidadosamente tratado en el libro El Mono Obeso de José Enrique Campillo.




Imagen tomada de: https://www.flickr.com/photos/wallyg/404063706

Especialmente el libro se dedica a explicar a partir de la evidencia de fósiles y las técnicas más recientes que permiten calcular la edad, componentes químicos y orgánicos del hábitat en que se desarrollaron en las diferentes etapas prehistóricas. Por ejemplo, existen alimentos para los que nuestra actual constitución física no está preparada. Y seguramente no le agradará a los fanáticos de la dieta cruda, la dieta estrictamente vegana o la misma dieta paleolítica, que de manera silvestre propone comer los alimentos que se encontraban en el ecosistema de dicha etapa histórica.



En particular, a diferencia de otros mamíferos, nuestro intestino grueso es significativamente menos espacioso como para que la ingesta de dieta estrictamente vegetal y de hierbas pueda pasar suficiente tiempo para fermentarse y permitir que se aprovechen cabalmente los nutrientes, tales como la glucosa que es el combustible único del cerebro. De igual forma, somos el único mamífero que sigue bebiendo leche después de la etapa neonatal, simplemente nuestro organismo ya no la requiere, así que en casos como el mío que la intolerancia a la lactosa me impide ingerirla, es plenamente explicable. No es mi área hablar de la nutrición y dietética, pero el mensaje central del libro es explicar el cómo opera el gen ahorrador que nuestra especie heredó y que le permitió sobrevivir, aunque paradójicamente ahora nos esté matando. Ese gen ahorrador permitió al humano que ya no habitaba el paraíso de la generosa selva y bosque, si pasaba días sin comer, el día que ingería alimento el organismo guardaba reservas en forma de grasa para poder seguir caminando varios días, consumiendo poco a poco las calorías, en orden de grasas, proteínas, músculo y glucosa en ese orden. Esto explica que personas que llevan rutinas de gimnasio y dieta baja en grasas, en una sola cena o comida por alguna celebración, aumenten de peso inesperadamente, pues el organismo así está diseñado para sobrevivir. Ese diseño a diferencia de los cuadrúpedos también encontró su depósito óptimo en la zona del abdomen para los hombres y en las caderas para las mujeres para esas reservas en forma de grasa, no podía ser sobre la espalda a manera de joroba como el búfalo o en las piernas, porque se contraponía con nuestra recién adquirida posición bípeda: cargar con nuestras reservas energéticas en el abdomen o en las caderas, permite que nos podamos seguir moviendo. Esto, sumado a la vida opulenta que nos damos el lujo de llevar, es decir, abundancia de alimentos procesados y sedentarismo por baja exigencia física, forman el conjunto de enfermedades del síndrome metabólico: obesidad, diabetes, hipertensión, dislipemia (colesterol alto) y ateroesclerosis.


Uno de los mitos que se han integrado a nuestro esquema del hombre de las cavernas (por poco científico que este término parezca) es la díada de hombre cazador con mujer recolectora y cuidadora de los infantes. Y resulta que no somos tan cazadores como se nos ha pintado, en primer lugar somos físicamente una especie desfavorecida en cuanto a recursos para ataque cuerpo a cuerpo, es decir, no poseemos grandes colmillos para desgarrar (lo cual por otro lado nos favoreció el uso de las muelas para masticar) ni contamos con garras o fuerza descomunal para someter a otros animales y devorarlos, contamos con un pensamiento más avanzado y manejo instrumental en su lugar. Pero nuestros antepasados recientes tampoco contaban con suficientes herramientas para cazar ni complejos mecanismos para atraparlos, de hecho se ha encontrado que cazar no se nos facilita, actualmente, soldados o civiles que por extravío o alguna otra circunstancia, sin armas ni herramientas, tienen que pasar tiempo en el bosque o la selva, no encuentran fácil la cacería. Los análisis de los huesos de otros mamíferos que han aparecido como alimentos de familias pehistóricas, resulta que muestran fracturas y heridas de colmillos de animales fecroces, previos a formar parte de la comida de los homínidos. Lo que ha reforzado la teoría de que el hombre más que cazador recogía la carne que otros cazadores dejaban, en una conducta más de tipo carroñera. Aquellas expediciones que los machos emprendían para regresar con carne no eran para atacar al gran mamífero, de hacerlo así, el precio podría ser la propia existencia, sino seguir con cuidado a un felino cazador que atacaba una cebra o vaca por ejemplo, esperar a que se alimentara y los restos, una vez que se había retirado, pasar a recogerlos, antes que las hienas o aves de rapiña se los apropiaran, seguramente el ciclo de la vida continuaba para ellos, luego de que el humano dejaba a su vez los restos del animal cazado que no aprovecharía. De esta forma el macho humano regresaba  a donde  la hembra y los menores a llevarles carne, pero en su ausencia, habían sobrevivido gracias a las actividades como recolectora que ella había realizado, alimentando con verduras, frutas y algunos insectos o animales menores a la familia.


Imagen tomada de: https://sitibiterralevis.files.wordpress.com/2010/11/homo-erectus1.jpg


Sin afán de hacer una discusión sobre rol de género, ni el hombre es tan cazador, ni la mujer tan dependiente, al día de hoy, su actividad recolectora y administradora es la que permite continuar con la alimentación cotidiana de las familias.

Y si en el ámbito alimenticio no somos cazadores naturales, en las conductas, tampoco. En diversos ámbitos y niveles nos encontramos con conductas en las que claramente, una persona se alimenta de que otras dejan, pareciera que ese es el nuevo ciclo natural de la vida, desafortunadamente saltándose algunas trancas o rompiendo algunas reglas.  Van algunos ejemplos:

Una señora que trabajaba en oficinas contiguas, vino a mi escritorio a ofrecerme copias de DVD con películas piratas, algunas semanas después la vi por los pasillos y me dijo que ya había dejado de venderlos, porque la gente es odiosa y varios copiaron su idea, me dijo que ya varias personas estaban vendiendo copias que DVD´s que ella les había vendido. Luego de su gesto de molestia, me quedé pensando si ella no estaba haciendo lo mismo, copiando ilegalmente el producto de trabajo de otros…. Nunca se lo pregunté, pero era obvio que no tenía ella ese alcance.

Un ejemplo de cacería, carroña y rapiña, se da cuando un automóvil se deja varios en días en una calle donde no se sabe quién es el dueño, que definitivamente es alguien que pagó por él, de alguna forma lo obtuvo legítimamente como si le hubiera costado cazarlo, pero luego de que es vigilado por un carroñero que con toda la experiencia y estrategia, le roba en unos minutos las llantas, espejos, batería, y demás elementos de alto valor, lo abandona ya incompleto, pero días después encontrará que el mismo ya no tiene asientos, manijas, antena, limpiadores, etcétera, artículos de menor valor que son arrebatados también de forma ilícita.

Imagen tomada de: http://www.eltribuno.info/salta/nota/2016-7-29-9-46-0-se-pasaron-de-vivos-los-pescaron-in-fraganti-desmantelando-un-auto-chocado

Una imagen que me ilustra la carroña, es cruda, pero así la retrata Alejandro Jodorovski en la surrealista película Santa Sangre, (México, 1989): en el circo se muere el elefante y le hacen una corte fúnebre los payasos, enanos, equilibristas, músicos, etcétera, que recorren calles de la Ciudad de México y llevan ese enorme ataúd de madera hasta el desfiladero de una barranca donde se aprecia gente de una ciudad perdida, todos polvosos y mal vestidos, (recordemos que es surrealista la apreciación) y luego de que se desliza el ataúd, éstos personajes saltan barranca abajo y rompiendo la madera, se observa cómo toman trozos de la carne del paquidermo y la pelean entre ellos, como si más que un viaje a las zonas marginadas de esa supuesta ciudad, hubieran realizado un viaje a un par de escalones debajo de la evolución del homo sapiens. Esa imagen (se sugiere compañía de adultos para menores de 18 años) es la que me viene a la mente cada vez que necesito ilustrar el término de carroña.


El sentido común, también conocido como sabiduría popular, tiene ciertas afirmaciones que refuerzan esta idea de tendencias carroñeras: “del árbol caído todos quieren hacer leña”, “en el arca abierta, hasta el justo peca”, aquella máxima de cierto político: “no pido que me den, sino que me pongan donde hay”, uno que alguna vez propuse a mi maestra de primaria para que se analizara: “Monje que vende cera y no tiene cerería, ¿de dónde la sacaría?”, “al nopal sólo se le arriman cuando tiene tunas”, “A río revuelto, ganancia de pescadores”, “cría cuervos y te sacarán los ojos”, “El muerto al pozo y el vivo al gozo”, “Ladrón que roba ladrón, tiene 100 años de perdón”, “Para uno que madruga, hay otro que no se duerme”, en cada uno de estos dichos y refranes, de una u otra forma, se evidencia, que existe tendencia y que es imprudente negarse a ella, para aprovecharse de lo que el otro deja, o descuida. Esa es la idea de que más vale esperar el momento de la carroña que salir a cazar.

Dos ejemplos más que ilustran las tendencias carroñeras son la explotación por las empresas gigantes y el enriquecimiento de los políticos mediante la corrupción, sin que se tomen como generalidades: Aquellas empresas que podrían representar a un cazador, es decir, ya no es una persona sino un colectivo, que desarrolla un producto de gran éxito, tiene a su alrededor, personas que aportan marginalmente alguna colaboración y que se ven beneficiadas en su modo de vida, es decir, la empresa podría ser a nivel mundial, la líder en venta de jugos de frutas embotellados y un porcentaje altísimo de quienes trabajan en ella, jamás han tocado una fruta  para alimentar el proceso, pero como es un círculo, la empresa se beneficia de quienes producen la futa, porque lo que les paga es muy inferior a lo que ese insumo vale, así es como su función no es la de cazar sino esperar a que los demás le permitan recoger. Muchas veces hemos escuchado el término (que no el refrán mexicano, porque estaría ubicado en el párrafo anterior) “salir todas las mañanas tras de la chuleta”, equivalente a decir "me voy a trabajar", al grado que no dice “salir todas las mañanas a derribar al mamut”, sino a ir por la porción de carne que alguien más ya seleccionó y puso en venta. Así se benefician los empleados de la parte que la empresa les entrega y la empresa con el trabajo y los insumos que también explota.

El político que se beneficia de lo que los otros cazan y dejan a su paso, es aquel cuya función debería ser administrar fondos colectivos y los vuelve individuales, pero como requiere complicidades, entonces va repartiendo por el camino porciones de esos recursos para que mediante carroña y rapiña, se  evite reclamos e inconformidades. Ese administrador líder no es el que se juega la existencia en la cacería, sino que espera el reparto de recursos y toma de forma ilegítima otros tantos. Haciendo que se jueguen la existencia, ahora sí, aquellos a los que dichos recursos colectivos resolverían una necesidad apremiante, como salud, seguridad, paz.


El libro que mencioné al principio dice que a base de mutaciones han desaparecido especies como el Homo Ergaster, el Cro-Magnón, el Neanderthal, muy posiblemente eliminados por la especie superior, Homo Erectus y Homo Sapiens Sapiens. Pero lo que es una realidad es que el diseño que ahora poseemos, las características que nos han hecho sobrevivir a glaciaciones, sequías, epidemias y holocaustos, tomó ciclos de entre cuatro y 10 millones de años para perfeccionarse, seguramente el gen ahorrador perderá su popularidad y el cerebro ganará talla, pero no ha sido así desde la edad media, los años sesentas ni lo será en los próximos siglos. Habrá que entender y optimizar nuestras conductas, hábitos, ciclos y cuidados para este diseño que nos ha llevado algunos millones de años perfeccionarlo.














viernes, 17 de febrero de 2017

El sabio, el vidrio, la plata y el silicio.


Sí, todo cambio es bueno, lo único que no cambia es el cambio, moverse o morir, no estancarse, no detenerse, frenéticamente pasar, no disfrutar el momento presente, porque el siguiente paso ya se tiene que dar, no reflexionar la noticia de ayer, sino ver las noticias del momento aunque sean más superficiales, eso ya fue, lo que está “in” y lo que está “out”. El caso es que el pecado es el pasmo.

Contra los hábitos “fast-food”, salió la opción del “slow-food”, contra la opción de llenar el tanque de gasolina y seguir corriendo, aparece la verdadera necesidad de saborear y hacer sobremesa. Aquellos que van por la autopista a toda velocidad y ni siquiera tienen a qué llegar, o quieren hacer menos tiempo que el recorrido anterior, pero ni siquiera les beneficia llegar antes, es decir, la paradoja de querer llegar antes, aunque no se sepa a dónde.
Lo que se consideraba disfrutar el recorrido se ve ahora como la tortura de la tardanza en llegar, necesitamos llenar cada uno de los espacios con música, con aplicaciones de entretenimiento, con juegos, con interminables y poco sustanciosas conversaciones telefónicas o vía mensajes. Evitar al otro, evitar conversaciones, buscamos un aislamiento de contactos personales, pero mendigamos “likes” y vistas a nuestras publicaciones y auto fotos. Hace pocos años por cuestiones y presiones de trabajo tuve que ir a Guadalajara, manejé desde las 5:00 de la mañana para llegar allá como las 11:00 y medio comí después de la reunión para manejar de regreso, para la noche ya estaba de nuevo en la Ciudad de México, sin embargo, de niño me llevaron a Guadalajara en tren y es uno de los viajes que más recuerdo, medio día en los asientos y recorriendo del carro comedor a las puertas, ir despidiéndome de las personas que en el camino veía y que también levantaban su mano para saludar a mis hermanas y a mi, el otro medio día en camas que se desdoblaron desde las paredes de la cabina donde íbamos y era continuar el camino durmiendo, toda una experiencia que sólo la repetiría años después en Europa, pues aquí los pocos trenes que quedan se utilizan para carga, no para pasajeros (honrosa excepción el Chepe a las Barrancas del Cobre en Chihuahua), pero si comparo aquel viaje en tren versus la ida por trabajo en coche, en el segundo fui y regresé en la mitad del tiempo que representó sólo la ida del primero.

Todo es volátil, la información, la broma, el video, la ocurrencia, el meme, así como queremos llegar primero que antes aunque no sepamos a dónde, queremos ser los primeros en repetir la noticia o el clip de video que se convierte en viral, para que cuando alguien lo comparta podamos decirle que ya lo habíamos visto, es más, que ya conocemos la parodia y las réplicas, le hemos ganado al otro: Vacua victoria.
Hay un efecto de percepción que cada vez más me comenta la gente, lejos del formalismo “¡cómo ha pasado el tiempo!”, vienen a decirme como si una epifanía sucediera, -¿te das cuenta que llevamos x número de años de conocernos? (aunque en esos 20 años nos hayamos comunicado una o dos veces.). ¿no sientes como que se fue muy rápido este año?, ¿ya viste que sólo falta x número de meses para termine otro año?, -hace como tres años que no nos vemos…… (y en realidad son nueve).

Sucedió que tuvimos un periodo en que se nos ofrecieron juguetitos, artilugios, dispositivos o gadgets, que nos invitaron a no mira a los demás, y peor aún, tampoco mirar hacia dentro, hemos pasado años consumiendo nuestra vista, concentración y memoria en pantallitas de dispositivos móviles, que nos han generado la ilusión de poder sustituir la realidad por lo virtual, para qué voltear a ver el cielo si la aplicación del clima nos dice cómo está y un pronóstico a varios días. Ya no memorizamos números telefónicos porque el dispositivo inteligente nos lo recuerda, ordena y planea las llamadas. Hace tiempo cuando alguien me decía que le llamara, yo le decía dame tu número telefónico y me preguntaban si no lo iba apuntar, yo me ufanaba de decir que no era necesario que ya me lo había aprendido, a diferencia de hoy que con trabajos me acuerdo de mi propio número.

Entre esta memoria imprecisa y sobresaturada, recuerdo mucho un cuento sobre un sabio y un espejo, no tengo presente dónde lo escuché o quien me lo contó, pero dice así:

Se cuenta que una vez un hombre muy rico fue a pedirle un consejo a un rabino...
El rabino lo tomó de la mano, lo acercó a la ventana y le dijo:
- Mira. El rico miró por la ventana a la calle.
El rabino le preguntó:- ¿Qué ves?.
El hombre le respondió: - Veo gente.
El rabino volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un espejo y le dijo:
- ¿Qué ves ahora?.
El rico le respondió:
-"Ahora me veo yo".
-"¿Entiendes?, dijo el rabino.
En la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata.
Y cuando hay un poco de plata uno deja de ver gente y comienza a verse solo a sí mismo".

La moraleja tenía que ver con vivir para el dinero, ser su esclavo y que tan fácil uno deja de compartir, así como restarle al otro su dignidad y valor.


Imagen tomada de https://sanacionholisticasalamanca.files.wordpress.com/2014/08/nuestros-espejos.jpg

Me hubiera gustado que el rabino en lugar de espejo le hubiera mostrado una Tablet o un Smartphone, al preguntarle qué ve en comparación con el vidrio, el rico hubiera dicho, veo realidad virtual, cosas que no existen pero que son más bonitas que las reales, veo aplicaciones que dan soluciones, pero no oportunidades de pensar y veo realidad aumentada alterado todo a mi alrededor pero sólo en la pantalla, ilusiones pues.

El rabino (que en teoría manejaba gadgets de última generación) le hubiera dado la siguiente lección:

Cuando viste el espejo que es un vidrio con plata ya no veías a los demás, pero cuando veías la Tablet que es un vidrio con silicio y cobre, ya tampoco te ves tú, ves situaciones y objetos que no existen y ves cómo se altera tu percepción del entorno.



La moraleja del hombre sabio (que no la mía) sería, usa el vidrio para ver a los demás, el espejo para verte a ti mismo y los artilugios tecnológicos para enriquecer y fortalecer tu realidad, pero úsalos con moderación y equilibrio; apaga los artilugios y contacta tu realidad, retira el espejo y deja de verte sólo a ti mismo y quita ese vidrio para no sólo ver a la gente, sino para contactarla y conversar. Con calma y disfruta nuevamente con calma el paso del tiempo.


Colofón Tolkieniano:

El Hobbit de Tolkien, vivía en su agradable agujero hobbit, con todas las comodidades y comidas a sus horas, añoró muchas veces la estancia en ese agujero de confort, pero no fue hasta que salió de ahí que empezó a vivir las aventuras de su vida así como descubrir y adquirir sus potencialidades.  El equilibrio está en vivir el momento, disfrutar el presente que nunca volverá y dejarlo atrás, pero sin prisa.


viernes, 13 de enero de 2017

Vagal nada banal

Me recorría un calorcito sumamente agradable por todo el cuerpo, un refrescante sudor en la frente y un relajamiento que ni el yoga ni la meditación aportan, segundos antes la enfermera me había dado un jugo de frutas porque me dijo que el ayuno ya había sido prolongado. Momentos antes, se había retirado el médico indicando que no me levantara hasta que la solución intravenosa se terminara. Momentos antes entendí que esas voces inentendibles eran de un par de enfermeras que alarmadas me decían que no bajara los pies, que mirara hacia arriba, que si sabía yo donde estaba….

La visión fue de salir de una profunda caverna, una luz en la superficie y voces a las que yo no le podía entender ni saber el idioma en que hablaban, es más no sabía si existían idiomas y no tenía claro qué significa hablar.

No tengo otro símil que el “reset” de la computadora, el reinicio o restablecimiento de la memoria y almacén de datos. Eso me sucedió, con una rapidez que me hubiera gustado registrar mejor, regresé de una pérdida momentánea del conocimiento o de la conciencia… o del alma, algo debe ser, porque lo llaman regresar en sí, recuperar la conciencia o que alma te regresó al cuerpo. Lo interesante es que pasas en milisegundos del vacío y oscuridad total al restablecimiento de la percepción, conocimiento, memoria y ubicación espacio temporal.

Síncope vaso-vagal, lo llaman, reflejo vagal o síndrome del nervio vago. Es tan repentino el despertar y darse cuenta de lo que pasa que ya ni te sorprende saber que uno de tus nervios anda de vago.

Entre todos los reflejos del cuerpo que algún correlato de supervivencia tienen, me vengo a enterar de que existe uno que reduce la frecuencia cardíaca, por estímulos menores como  ver la sangre, que si se tratara de una fobia, o sea un miedo exagerado se llama hematofobia y si esta se acompaña por ver agujas o jeringas se llama balenofobia. Pero el reflejo vagal, tiene una explicación relacionada más a la teoría del origen de las especies de Darwin y cae dentro de los llamados resabios de la evolución: situaciones que fueron útiles en algún estadio de la historia biológica de la humanidad o de la especie y que permanecen aunque hoy no sirvan ni para la anécdota.

Ejemplos de los resabios de la evolución, aunque no exactamente reflejos es el hueso denominado coxis, que es la terminación de lo que alguna vez para nuestros antepasados era un rabo con movilidad a voluntad y que permitía colgarse de las ramas, (conozco gente que es lo único que le ha de faltar para seguir en las ramas). Otro resabio es esa respuesta de tensión y enchinamiento de la piel al escuchar el agudo sonido cuando rechina el gis con el pizarrón, cuando yo daba clases me encantaba provocarlo y escuchar alumnos y alumnas quejarse y retorcerse, se dice que es lo más parecido al grito de alarma de un primate y nuestro cerebro primitivo responde aún a ese llamado.

El otro resabio es el reflejo vagal o vaso-vagal que me sucedió esta última vez que quise donar sangre. Llevaba yo más de una década de no intentar donar sangre ni sus componentes porque siempre terminaba con un desmayo, aquella vez, recuerdo que le advertí mucho a la enfermera que yo no puedo ver sangre y fuimos lo suficientemente cuidadosos para que me tomara la muestra, me canalizara y me extrajera el vital líquido sin que yo lo viera, pero se ausentó un momento y como yo no sabía cuánto duraba la donación, le pregunté a otra enfermera si faltaba mucho, ella me contestó no mucho mire, esta es la bolsita que va a llenar ya le falta menos de un cuarto, pasándola frente a mis ojos. Ya sólo sé que aquella vez me levanté con la misma vivencia del primer párrafo de este texto. En fin, esta última vez, me atreví de nuevo a donar porque no se trataba de sangre sino de plaquetas, me convencí porque me dijeron que no hay como tal una pérdida de sangre sino que le extraen esas células y me devuelven el resto. Lo que yo no sabía es que lo hacen durante unos 50 minutos y el donante tiene que estar pendiente porque casi cada dos, la máquina a la que está conectado, le indica que bombee abriendo y cerrando el puño de la mano y otro lapso similar que la extienda porque es el retorno, así que al donante le extraen unos cuantos mililitros, separan las plaquetas y le devuelven lo demás. Mi problema es que en la máquina hay un conjunto de mangueritas donde se observa la sangre recién extraída y la que retorna, ¡¡durante 50 minutos!!. 

Imagen tomada de https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg8gDnT_BjXQKNUU_D8Uii1jXM0SCgzO90-QLNVys66JbPXRmFZb2t0g6Cpy4N9ZMrAxNw1gROVGOK8mnRkXHkAXufRLHfjX9x9ZoMrzpn3xymLZQu5pZzNKyiJtMuAmoffR9V3GTxS1guu/s1600/FOTO+DONACION+AFERESIS.JPG

El resabio de la evolución tiene que ver con que el hombre de las cavernas si sufría una herida y comenzaba a desangrar, más le valía que sus latidos redujeran la frecuencia para que la hemorragia fuera menor y que pareciera muerto para que ante el animal o sus enemigos dejara de ser una amenaza, ahí es donde el mentado nervio vago, hace parecer que el corazón se detiene y la mente divaga, en esta extravagancia, la conciencia se dedica a la vagancia pues.















Imagen tomada de http://www.enfermeriaaustralia.com/wp-content/uploads/2012/11/bigstock-Portrait-of-a-young-beautiful-38654563-300x234.jpg

Y ahí estaba yo, viendo subir la sangre por una manguerita, verla llenar un pequeño depósito y observar cómo es retornada, o sea cómo se me regresa una sangrita light, ya sin plaquetas, más clara que un clamato o un coctel bloody Mary.  Le dije, Señorita tengo frío, me dijo es normal y me dio un cobertor, luego reporté adormecimiento en los labios y me dijo que es normal, que el ayuno había sido prolongado, me ofreció un cubito con un jugo de durazno, me bebí el medio litro completo y el adormecimiento de labios aumentó, empecé a verla como al final de un túnel, es decir, mi ángulo visual se fue reduciendo y alcancé a decirle: señorita me voy a desmayar, ahí supe que llamó a su compañera, me levantaron los pies y se terminó de reducir el ángulo de visión. No es cierto que uno ve una luz al final de un túnel ni nada, simplemente el cuerpo como un motor que recupera sus revoluciones paulatinamente, se empieza por tener de nuevo sensación, percepción, conocimiento y memoria, aunque de ésta última no tengo la seguridad de los recuerdos.

Al final, con un temblor en todo el cuerpo y una hipotermia inusual a las 2:00 de la tarde, me dieron un sándwich y me dijeron que podía retirarme, que de las dos bolsitas que esperaban llenar de plaquetas se había juntado una y media y que sí contaba como donación para mi familiar.

Y por favor, ya no intente volver a donar. Quise desoir su recomendación y salir a almorzar, pero el médico me dijo, recuerde que el reflejo vagal lo puede llevar al infarto.









viernes, 2 de diciembre de 2016

Despidatarios

Entre tantos movimientos New Age e ingeniosas nuevas corrientes filosóficas, resulta que atendí más por ignorancia que por verdadera curiosidad a la plática de la cofradía de los despidatarios, es lógico, que si te llega una invitación especial a un evento fundacional y se te habla en un escrito elegantemente redactado (lo cual hay que agradecer per se) y coincide con una tarde libre y de paso en tu camino, el pensamiento toma ese atajo de ¿Qué puede ser lo peor que pueda suceder?, -no pierdo nada con asistir. Y por el otro lado una inquietante curiosidad sobre de qué trata dicho asunto y ¿cómo es que tiene un nombre así?.... mientras camino del estacionamiento a la dirección que por coordenadas me enviaron al dispositivo de posicionamiento global, la mente va haciendo ese superficial juego de asociar la nueva palabra a las ya conocidas: despilfarro, trepidatorio, lapidario, sedentario……, finalmente me entrego a fluir sin mayores expectativas, estrategia que me ha funcionado antes para no sentirse decepcionado por esperar algo de más valor, ni tener que disimular la cara de sorpresa si aquello es mucho más espectacular de lo que parecía.
En fin, fui recibido por mi nombre como si ya me conocieran o supieran de mí algo que yo no estoy seguro de haber hecho público, mientras repaso mentalmente si he dejado pistas suficientes en redes sociales como para que conozcan no sólo mi rostro, sino algún interés que mostré sin tenerlo ahora presente sobre pirámides de inversión, nuevas tecnologías, oferta de estudios de posgrado, donaciones o filantropía y esto último me hacer sonreir, entro con esa sonrisa al recinto.

Esperaba una etiqueta adherible con mi nombre escrito a mano con un plumón y al mismo tiempo me sale otra sonrisa, eso ya no se hace desde los años 80’s, hoy es más fácil imprimir un gafete en plástico, me lo cuelgo al cuello con ese listón oscuro con tacto de seda y comienzo a buscar un lugar donde sentarme, las butacas son cómodas y parecen salas VIP de cine, el escenario aún oscuro no tiene más que un pódium y una gran pantalla, a mí me siguen gustando las presentaciones multimedia y antes de sentarme, una amable edecán me lleva a un lugar un poco más a la izquierda de lo que yo hubiera elegido. La escasa luz del escenario contrasta con la oscuridad de los asientos y sólo percibo que ya está casi lleno, aunque no puedo identificar edades ni género de las personas en el público, ni a los demás les distrae que yo esté por sentarme, sólo sé que hay más asistentes, entre quienes predominan ropajes oscuros y sobrios. La costumbre me hace preguntar si hay un programa o folleto informativo, pero la edecán levanta y junta las cejas como por interrogación y con una bien ensayada sonrisa evade la respuesta diciendo que ese es el asiento que tengo designado y se retira hacia la puerta como para seguir con su encomienda.

Las luces elevan su brillo y una voz en off anuncia el arribo del orador, Edwin Järvinen, al tiempo que su nombre aparece en la parte superior de la pantalla, por eso noto que se escribe raro, como que no fuera latino.



Imagen tomada de http://www.pedrosolorzano.es/servicio/area-conferencias/

Y aparece un hombre de mediana edad, en buena condición física, con un pulcro traje color gris y una corbata oscura sin mayor ostentación, me llama la atención el brillo artificial de su tez, no como si estuviera maquillado, sino como que utiliza constantemente productos humectantes y rejuvenecedores para cuidar su apariencia, el peinado que se observa cuidado y elaborado solamente me remite a actores de la transición de los años 70 a 80 en el cine mexicano, es decir, pelo semi largo, un poco esponjado, pero sin patillas exageradas o raya en medio bien definida, al fin me reprimo a juicios superficiales y afino el oído para escuchar su voz y mensaje una vez que terminan los escasos aplausos.

-“Bienvenidos ciudadanos del mundo, un gusto saludarles de nuevo a quienes nos reunimos consuetudinariamente y un especial y afectuoso recibimiento a quienes fueron invitados por primera vez”

“Grandeza Previa, Invaluable Herencia”

Y cuando menciona la frase, en la pantalla se muestra debajo de su nombre, ahora no sé si es una frase célebre o lema de esta agrupación. Sin embargo trato de no distraerme porque empieza a soltar una retahíla de ideas acompañadas por rápidas imágenes en la pantalla que hablan de la grandeza de la humanidad, (me considero humanista), el largo andar evolutivo y la construcción de grandes obras de arte, de expansión, de avance científico, de riqueza filosófica, de sobreponerse a los desastres y calamidades, salvarse de amenazas de extinción, de la capacidad de dominar a la naturaleza y modificar el medio ambiente, de ansias de explorar el espacio exterior, razas, formas de pensamiento, costumbres, religiones, manifestaciones artísticas, de hermandad, de pacificación y de renacer como especie superior, el ritmo del orador es frenético y la música que acompaña las imágenes colabora para que se eleve la frecuencia cardíaca de los asistentes, los energiza y emociona, hasta comenzar a aplaudir y levantarse de sus asientos, un expectante silencio y pantalla oscura casi detiene la respiración de todo el público y viene el complemento pesimista del discurso: somos cada vez más, no hemos racionalizado la explotación de los recursos naturales, nos hemos destruido con continuas guerras, contaminamos cada vez, más, la era desechable ha generado en los últimos años más basura por año que la que se produjo en siglos durante la edad media, vamos camino a la indiferencia, individualismo, consumismo y disminución de nuestro poder creativo, cada vez más conformistas, autómatas y faltos de cuestionamiento, aislados y apáticos con el planeta y con los demás, rehaciendo divisiones entre países, dando pasos hacia atrás en nuestra integración y solidaridad, motorizando y digitalizando toda experiencia de convivencia, comunicación y entretenimiento, se empieza a hablar de generaciones perdidas y de los primeros pasos a la involución, entendida como des aceleración de nuestro proceso evolutivo y decaimiento a estadios anteriores de nuestra historia, pues el cerebro debería haber seguido creciendo y siendo más poderoso, pero muestra evidencias científicas de niños que en la última década han nacido con una menor masa encefálica y que cada vez necesitan de más apoyos para los primeros aprendizajes, de una educación cada vez más protectora y consentidora que formativa hacia la autonomía y gusto por aprender. La idea principal, es que los que hemos sido seleccionados para asistir a Despidatarios (así lo mencionan ya sin artículo, como si fuera nombre propio que se escribe con mayúsculas), formamos parte del punto de evolución que no volverá a ser, de la máxima capacidad que la humanidad pudo alcanzar antes de iniciar su involución y su irremediable extinción.

La invitación es develada: si lo aceptas, tienes que colaborar con este exclusivo grupo de trabajo, que al igual que los Despidatarios de otras naciones, se han propuesto recuperar, la riqueza cultural, científica, filosófica, artística y de inteligencia, que nos permitirá encapsular el punto superior al que pudimos llegar y ofrecerlo sólo a quienes tengan la capacidad de valorar y la creatividad para hacerla resurgir, mantener este estado del arte del que se está claro ya no habrá más avance y promover la recuperación de la grandeza de nuestra especie para que dentro de unas décadas o centurias, se pueda retomar y volver a crecer. No dejar todo esto en manos de la generación que vive para los video juegos y que no ha documentado más allá que sus fotografías de rostros y memes reduccionistas de conocimiento superficial.  Despidatarios que estamos comprometidos con la rica herencia de nuestros antecesores y que estamos obligados a mantener esos tesoros intangibles algunos, para las generaciones que un día lo sabrán valorar.

Luego de mencionar a las asociaciones internacionales como los Adeusers y Atelogos de Brasil y Portugal, los Aurevoire´s de Francia, los Arrivederchistas, Revederes y Aufwiederseheners, los Totsiens y los Svidaniyas, los Dovidenjas, Goodbyers y los Sayonaras que se dice fueron los que iniciaron este movimiento.

Se inicia con la mención de los diferentes comités: de Arte, de Educación, de Alimentación, de Razonamiento Matemático y de su adhesión a la central Supremacista…. Y ahí, ante la sospecha de que están a punto de encender las luces del auditorio y ofrecer lugares en los diferentes subgrupos, es que me levanto sigilosamente y pregunto a la edecán por el sanitario, me pregunta si no puedo esperar y con cierto desagrado me señala el camino, que por cierto, está cercano a la salida. Me quito del cuello el gafete de plástico y lo echo en la bolsa del derecha del saco, cruzo hacia la calle y me dirijo al estacionamiento, sin poder quitarme la sensación de escalofriante ansiedad y tratando de ver en los jóvenes de la calle esperanza en su pensar, no logro más que encontrarlos metidos en sus teléfonos móviles, prácticamente sin usarlos para hablar sino tecleando y desplazando las pantallas, caminando sin poner atención a su ruta y cuando más de dos están juntos, los veo mostrarse entre ellos algo que encontraron en sus pantallas, reír eufóricamente durante unos segundos y sumergirse de nuevo en las pantallas luminosas. Pero aun así no consigo comulgar con la idea Despidataria. Me sorprendo al utilizar así el término y apuro mi paso, quiero sacudirme cualquier semilla que deposite en mí una idea similar. Sin embargo, no lo logro y llevo todas estas semanas dándole vueltas, lamentando no haber preguntado con toda claridad porqué llamarse así: Despidatarios, creo que a mí nunca se me hubiera ocurrido nombrar un grupo así.