miércoles, 2 de agosto de 2017

Potenci - Arte

“No has de confiar en la piedra con la que te puedas topar, apártala del camino por los que vienen detrás”
Alberto Cortés
Cantautor Argentino

“Conócete a ti mismo” reza una de las más sabias y antiguas invitaciones a la introspección y a la integración de tu persona con el mundo, se le atribuye al Oráculo de Delfos. Sentencia que también se le ha adjudicado a Sócrates, Heráclito o Platón. Es un aforismo que en su simpleza, nos ha impulsado a evolucionar durante algunos cientos de años.

El ser humano, entre todos sus defectos, es el único mamífero que se ha comprobado tiene conciencia de sí mismo, algunos primates y caninos parece que se reconocen frente a un espejo, pero aun no se puede aceptar como hecho científico. Permítame el lector llamar a este atributo un defecto, porque solamente ha traído complicaciones a nuestra historia, en lugar de ser el humano, un ente ligero, que se deja fluir que no cuestiona sus impulsos como algunos seguidores del “new age” lo propusieron en un tiempo. Somos ese pariente incómodo, preguntón, cuestionador, insatisfecho, incompleto, inquieto y finito, peor aún, consciente de sus limitaciones, especialmente la limitación temporal. El ser evolucionado es aquel que partiendo de este conocimiento de su limitación, inicia obras que no verá terminadas.

Esa es la principal razón que nos ha permitido evolucionar y te invito a hacer el siguiente ejercicio: imagina las personas que participaron para que fuera posible lo que estabas haciendo antes de leer este texto. Va un sencillo ejemplo: esos cinco o siete minutos que tardas en comer un platillo que contiene verduras, tiene detrás una cantidad de personas que sembraron, la semilla, cultivaron, transportaron al mayoreo, la mantuvieron en refrigeración o congelación, se empacó para que la consiguieras después al menudeo, para que llegara a tu cocina y fuera elaborada, usando gas que una compañía provee, en recipientes diseñados y probados para soportar el calor y no cambiar el sabor; podríamos ir más atrás, las personas que vendieron la semilla, antes quienes la colectaron y aún más atrás, quienes a base de prueba y error descubrieron la mejor forma de cultivar, así como quienes estudiaron científicamente los procesos para replicar y estandarizar todo el proceso, junto con los encargados de recopilar, organizar, y difundir ese nuevo conocimiento… y en caso de buscar aún más atrás, aquellos que inventaron la escritura e impresión para que el conocimiento no se perdiera entre generaciones.

Este es un ejemplo sencillo, en lo personal me puse a pensar lo mismo una vez que me hicieron un estudio de tomografía, que en pocas palabras es la obtención de una radiografía tridimensional dentro de un túnel de rayos X, mediante un líquido revelador que hacen pasar unos milisegundos por tu torrente sanguíneo. Me puse a pensarlo porque una vez que te recuestas en la camilla del túnel, hasta la enfermera sale de la habitación y todo lo demás es automático, incluyendo la inyección del líquido en tu vena. Quise agradecer por ese estudio, pero el número de personas era interminable, no sólo la amable enfermera, el técnico, el médico que lo ordenó, la Institución que cuenta con ese equipamiento, la compañía que provee la energía eléctrica, la que desarrolló el tomógrafo y la historia tecnológica que contiene: el descubrimiento de los rayos X, su manejo, los materiales que permiten su paso y los que no, los circuitos computarizados que transforman esa impresión en un archivo que llegará a la pantalla del médico para asegurar un diagnóstico, así sin extenderse más, aunque me lo hubiera propuesto no podría agradecer a todos los que lo hicieron posible, porque gran parte de ellos, vivieron en otro siglo. Quizás lo que sí debería agradecer es que tuvieron la visión de aportar su conocimiento, técnica o descubrimiento para el uso de alguien más, que probablemente aún no había nacido, a eso llamamos investigación básica, quienes logran implementarlo, hacen investigación aplicada.

Esas grandes o pequeñas obras que vienen de una mente genial la mayor parte de las veces, llegan hasta nuestros días, gracias a eso que nos diferencia de otros seres vivos, la conciencia de sí mismos y el entendimiento de nuestras limitaciones, que paradójicamente se vuelven el vehículo para nuestra atemporalidad o trascendencia, hoy escuchamos con los ojos a los muertos (permítaseme aquí la inevitable paráfrasis al verso de Francisco de Quevedo y Villegas:


“Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.”

Porque aquellos que han dejado una huella, que han tenido la visión de trascender, de trabajar sin la necesidad del aplauso o la gloria inmediata, se han subido a ese tren de la historia, para ser los gigantes sobre los que nos podemos parar para llegar más alto y mirar más lejos. Retomando la famosa frase de Sir Isaac Newton:

 Si he logrado ver más lejos ha sido porque he subido a hombros de gigantes”.

Y ¿qué es exactamente eso que hace que unos puedan generosamente brindar sus conocimientos, sin recibir las palmas o guirnaldas?

Yo lo visualizo como una combinación entre conocimiento, madurez y sabiduría, cruzar esa etapa egoísta donde son indispensables el reconocimiento y retribución, entender que la aportación de uno es apenas un eslabón de una gran cadena, de un universo de cadenas que nos han llevado hasta el estado del arte en que nos encontramos como humanos, reconocer esa capacidad generativa es el estado de la potencia (aquello que está en calidad de posible y no en acto).

Potenciarte es la invitación, la sugerencia y si me lo permites respetable lector: la arenga. Esta forma rebuscada y casi imposible de agradecer o reconocer las aportaciones de los demás, anónimas o no, solo puede ser posible mediante la intención de colaborar como un eslabón más. Habrá el lector al que deviene el bostezo o el estupor de la indiferencia cuando pase la vista por este párrafo y es que, ya lo he dicho antes, esta potencia es una combinación de conocimiento, madurez y sabiduría, si no se está en condiciones de llevarla a cabo, al menos debería ser guardada, como se guarda una semilla para que su vida latente emerja al ser llevada a campo fértil.

Conocimiento y madurez (sin sabiduría): Aquel que ya tiene el conocimiento, que domina una técnica, que ha desarrollado sus propios caminos para hacer algo de forma sobresaliente pero no tiene la sabiduría para compartirlo, para entregarlo a otras manos que le den continuidad y hasta mejorías, no estará alcanzando la potencia. Podría dar muchos ejemplos, pero en lo personal, me sucedió que al principio de los años 90´s cuando la multimedia se extendió gracias a que los equipos de cómputo facilitaron el manejo de video, imagen, sonido y texto, presenté mi propuesta de tesis de licenciatura sobre la elaboración de un tutor interactivo que ayudaría a los estudiantes a diagnosticar su nivel de hábitos de estudio y a la postre administrar algunas lecciones para reforzar estrategias o enseñarle nuevas. Por el tema pasé con tres de los sinodales y cuando me mandaron con el cuarto, que contaba en su historia con algunos esfuerzos para hacer tutores automatizados, pero con tecnología anterior (sin multimedia), a los que dedicó varios años, pero no estuvo en condiciones de hacerlos públicos, recibí de su parte, un rotundo rechazo a mi tesis, no le parecía que en medio año hubiera yo elaborado todo ese programa automatizado, con herramientas que él no tuvo a su alcance cuando inició por el mismo camino y que mantuvo como proyecto secreto porque generaría gran impacto cuando lo sacara a la luz pública. Así que a los cinco minutos de nuestra entrevista cerró mi borrador de tesis y me dijo que tenía que replantear desde el título, o sea, que me saliera de ese camino que él tenía planeado recorrer. Este sinodal contaba con conocimiento y madurez, no con la sabiduría para enlazar los eslabones que nos hubieran dado fortaleza en esa vertiente tecnológica.

Conocimiento y sabiduría (sin madurez): podría la persona poseer el más profundo conocimiento, la más alta especialización y tener la capacidad de aplicarlo, pero sin la visión de compartir, tendríamos incompleta la potencia. Para mí son muy respetables aquellos que se especializan tanto en un tema o una técnica que se vuelven la referencia por autoridad, a quien consultar ante la duda, doblemente admirables cuando además de sus conocimientos, demuestran ser expertos para aplicarlos, pero están incompletos cuando no hay disposición para compartirlos. No sé si esto tenga que ver con la edad, hace poco que desayuné con un querido amigo que es un reconocido consultor de empresas y que siempre hablaba de sus proezas, de cómo apoyó a ciertas negocios instituciones, organizaciones, las volvió competitivas, aplicó su vasto conocimiento, experiencia y sus desarrolladas habilidades para diagnóstico y  prescripción organizacional, noté un cambio en su discurso: me comentó que tiene que pensar en el retiro y que su preocupación al día de hoy, no es buscar clientes, sino formar a los integrantes de su equipo, volverlos tan expertos como lo es él y hacer que la firma consultora dependa cada vez menos de su persona, con todo el respeto que merece, es el mejor ejemplo de alcanzar la potencia, sumando la madurez a sus probados conocimientos y sabiduría.

Sabiduría y madurez (sin conocimiento): esta combinación, bien podría llamarse buenas intenciones, y aunque se asume que el sabio posee amplios conocimientos en ciencia o arte, lo quiero distinguir del conocimiento especializado, aquel que con amplia cultura general, aconseja, dirige, sugiere, cuenta su experiencia en situaciones similares, pero no es el experto en el tema, aunque esté en condiciones de madurez para transmitir desinteresadamente lo que sabe, estará con potencia incompleta o sesgada, es bien sabido el dicho aquel que dice que quien posee como herramienta el martillo a todos les ve cara de clavo. Sin profundizar en la autocrítica a quienes practicamos la consultoría, la capacitación y hasta la Psicoterapia, necesitamos estar actualizados en las nuevas tendencias, los estudios que refuerzan o desechan la efectividad de los tratamientos tradicionales, reconocer y adoptar las nuevas herramientas y estrategias que están funcionando en otras latitudes con su debida tropicalización. Esa auto exigencia por el conocimiento, por la búsqueda de la actualización y ampliación de visión, es el complemento para la potencia que se da al sumarle sabiduría y madurez.




Así que, amables lectoras y lectores, conocerse a sí mismo, reconocer las áreas en que tenemos fortaleza: sean conocimiento, sabiduría y madurez. Serán los pilares de con los que podremos trascender en el ejercicio de potenciarte.

miércoles, 28 de junio de 2017

Caminatas de la memoria por líneas de tiempo alternas

En alguna clase con un profesor que sabía de Programación Neurolingüística, luego de una sesión sabatina de mucha información y conceptos, nos hizo una dinámica de relajación y luego de un resumen pidió que oprimiéramos nuestro dedo pulgar izquierdo y aprovechando el estado sugestionable, decretó que en esa parte de nuestro cuerpo se quedaba fijada toda la información recibida ese día, su intención en aquellos primeros años del siglo (XXI) era que si precisábamos de la información de ese día, oprimiéramos nuevamente el pulgar y se nos haría presente con toda claridad.

Yo siempre tuve mis dudas con las técnicas de Programación Neurolingüística y se me prestaba más para la sorna que como método nemotécnico. Aun ahora, cuando oprimo el pulgar izquierdo, recuerdo esa sesión y hasta el olor del incienso que había puesto en salón, pero no recuerdo el contenido de su clase, mi memoria es muy rebelde como para disciplinarse o reducirse a un único foco dirigido por la autoridad. Espero de corazón que haya memorias más disciplinadas a las que esos métodos les hayan funcionado.

Sin embargo, la memoria que es multisensorial, multimedia y multitasking trae recuerdos como unidades limitadas de información o escenas completas a partir de claves como esa: oprimirse un dedo pulgar.

Y si nuestro cuerpo fuera un conjunto de llaves para acceder a información algunas veces oculta y otras veces a flor de piel, tengo varias huellas y algunas cicatrices que me llevan a esos depósitos de memoria, algunos constan de un número o letra y algunos de historias dignas de Murakami.

Mi antebrazo derecho tiene una cicatriz por una caída en motocicleta, pero mi antebrazo izquierdo tiene toda una historia de quien se apoyó un tiempo en él. Eran los años 80´s (me encanta empezar así las historias, porque con eso logro un túnel hacia una década de camisas holgadas, pantalones ajustados, peinados esponjados, colores fluorescentes, música, fiesta, estudios, adolescencia y entorno de incipiente tecnología, videojuegos con pixeles de un centímetro, walkman para cassettes para no más de 10 canciones si es que la cinta no se enredaba antes, prácticamente sin teléfonos celulares y con una comunicación cara a cara, con chismógrafos encuadernados físicamente y con chats mediante papelitos que cruzaban de pupitre en pupitre hasta dar con el destinatario o destinataria, en algunos ambientes escolares hasta periódico mural improvisado con mensajes casi encriptados, no era sólo la adolescencia de mi generación sino la adolescencia de la era tecnológica digital también). En esos años 80’s, las amistades, al menos en mi caso se agrupaban por marcos o espacios de referencia: los amigos de la cuadra, los amigos del barrio, los amigos de la escuela, los amigos cercanos dentro de mi grupo de la escuela, los amigos del trabajo, los amigos dentro de la familia, los amigos de las canchas y hasta los amigos de la iglesia. Los marcos de referencia eran como mundos paralelos, eran las redes sociales sin tecnología digital, uno podía tener atributos diferentes dentro de los diferentes grupos y casi identidades aparte. Dichos mundos pocas veces se acercaban, más que juntarse podrían colisionarse. Así que como en diferentes escenarios, uno podía desempeñar diferentes roles, inclusive en cuanto a liderazgos, estos eran graduales, en alguno de esos munditos uno era líder, en otro era parte del grupo líder y en muchos otros era un seguidor de perfil bajo.

Del grupo de la iglesia, un día la amiga de una recién ingresada, llegó a tomar nuestra hora de reflexión y como todos, a la expectativa más del alboroto e invitación a fiestas con que alguien siempre remataba la tarde noche del sábado que de la propia reflexión. Mención aparte tenían los integrantes del coro, ya que además de la reunión les tocaba seguir ensayando, no siempre iban a las fiestas con nosotros. En fin, esta nueva compañera cuyo nombre puede ser cambiado y llamaremos Idalia, cuya contracción de su nombre poca gracia le hacía (Ida), mientras caminábamos rumbo a la fiesta de XV años que alguien, cualquiera del grupo, nos había dicho que su familia nos esperaba, se tomó de mi antebrazo izquierdo, previa petición de permiso y como a esos 16 o 17 años quien te veía así empezaba con las cantaletas de “son novios, se gustan, qué juntitos, etcétera”, nos empezaron a ubicar juntos, decían vamos a la fiesta ¿Jesús e Idalia quieren ir?, hay lugar para tal y tal y para Jesús e Idalia, mañana vamos a ir al cine de plaza universidad  a ver Karate Kid II, ¿quieren ir Jesús e Idalia? Y así fuimos todo un verano y parte del otoño ubicados, Ida me platicaba todo el tiempo de su escuela, preguntaba sobre la mía, hablábamos de nuestros ideales, de nuestros cantantes favoritos, de nuestros sueños, de los libros que todavía no leíamos, de los amigos que ella tenía y que nunca conocería porque aquel marco de referencia no coincidía con este de los sábados y luego hablábamos de nuestras obsesiones, de nuestros temores, especialmente recuerdo su fobia a permanecer debajo de un árbol, porque en los árboles podía haber orugas y una vez dijo que le cayó una el cuello y que había sido la peor sensación, así que no volvía a arriesgarse… y seguía asida a mi antebrazo izquierdo, eso era muy útil cuando llovía porque con mi brazo derecho yo podía llevar el paraguas y cubrirnos suficientemente en aquellas largas caminatas por la colonia y colonias vecinas. Su estatura, poco más baja que la mía, era la ideal para que se tomara de mi brazo con toda comodidad. La recuerdo más en las caminatas, no tengo recuerdo de las fiestas o de estar comiendo ni tomando café o helado, sino caminando.

Muchas veces sucedía (por eso empecé diciendo “eran los años 80’s) que si el teléfono de la familia de uno u otro amigo se descomponía, su número cambiaba o sus familias cambiaban de domicilio perdías irremediablemente la única pista o liga hacia esa persona y aunque las generaciones posteriores les cueste trabajo creerlo, a veces perdías todo contacto por años.

Cierto día, como llevaba un par de semanas que no podía hablar con ella por teléfono, tomé mi bicicleta y fui a donde Ida vivía, solamente para que me dijeran que su familia recientemente se había mudado. Sin el domicilio ni teléfono, había perdido todo contacto, en el grupo de la iglesia sólo me decían que la conexión con ella era yo, prácticamente sólo conmigo platicaba en esas largas caminatas, nos miraban siempre ensimismados. Así que nos dejamos de ver, no sin anhelar un reencuentro al menos de mi parte.

Meses después una tarde de domingo que regresaba yo del cine, al mirar el reloj, recordé que a esa hora es a la que ella acostumbraba ir y como, además, empezaba a llover de camino del metro a la casa, a mitad me quedaba la iglesia, aquella donde nos habíamos conocido, me dirigí para allá y recuerdo que me senté en las bancas de atrás, casi a un paso de la puerta. La celebración apenas comenzaba y se escuchó la lluvia arreciar. En ese momento la vi llegar, tomada del antebrazo de un muchacho de nuestra edad, quien se entretuvo en sacudir y cerrar el paraguas, mientras ella con cierta prisa se dirigió a un asiento más delante del que yo estaba. Me aseguré que no me viera y me salí. Vi entonces que el muchacho que había cerrado y dejado el paraguas en un rincón, se sentaba junto a ella. En mi mente se rebobinaron los recuerdos de ella asida a mi antebrazo, las largas caminatas, las fiestas, las reuniones de reflexión y las fantasías anticipadas de la pareja que seríamos más adelante. Mi razonamiento fue que aquella línea del tiempo había sido superpuesta por otra paralela donde en efecto se dio el noviazgo con el mismo escenario y personajes secundarios, pero ya no con el protagonista original. A esa edad uno tiene sus sospechas de lo que puede ser bueno, lo que no, el deber ser, el poder ser y uno adjudica al destino los giros en la vida de las personas. Así que habiéndome cuestionado más de una vez si debí hablarle, si debí saludar a su acompañante, si dejé perder la oportunidad de volver a tener comunicación con ella, me conformé con la explicación de que si eran novios, yo en su lugar me hubiera molestado que se presentara una persona del pasado. No volvimos a vernos.

Pero igual que en mi escrito inmediato anterior, las redes sociales de la era cibernética, nos hicieron contestar alguna solicitud de contacto y ahora sí con fotos, he podido verla en los tiempos actuales con su marido, sus hijos, en su casa, en sus fiestas y reuniones, en sus vacaciones, apagando las velas de algún cumpleaños y todas esas vivencias que uno sube a nuestro nuevo portafolios digital que ya no llevamos a todos lados, sino que está en el ciberespacio y lo único que suponemos que podemos hacer es controlar a quien le damos acceso.




En fin, ya habiendo conocido la línea de tiempo alterno que ella ha vivido sin mí como protagonista, luego de un rato de charla, surgió la pregunta sobre la encrucijada del tiempo, me dijo ¿por qué no me volviste a buscar? Yo le dije que claro que la busqué, cuando ya tu teléfono no respondía, tomé mi bicicleta y …. ella interrumpió, ¿por qué no me hablaste esa vez en la iglesia?, lo bueno de los chats sin video, es que uno puede titubear pero no se nota el sonrojo, mi pregunta fue ¿¡¡me viste!!?, yo te vi llegar con un muchacho como de mi edad, del que ibas tomada del brazo…. –Ella dijo, era mi amigo, me acompañaba a la iglesia los domingos por la tarde, porque a mis hermanos no les gustaba ir y te vi salir…. fui detrás de ti hasta donde la lluvia me lo permitió, pero bajaste muy rápido las escaleras. Fue la última vez que te vi.  Mi amigo, tiempo después me pidió que fuéramos novios, con el tiempo nos casamos y ya ves mis dos hijas ya van en la universidad.


Quise preguntarle si le seguía gustando cierta música, si había visto ciertas películas que se estrenaron luego de que dejamos de vernos, cómo fue su boda, si sus hijas tienen buenas calificaciones, pero de ahí hasta que las redes sociales me avisaron de su cumpleaños y le escribí un saludo y le mandé abrazos, dejé de explorar esa línea del tiempo de la cual, solo me queda el detonador de recuerdos asido a mi antebrazo izquierdo.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Un ser de luz que estudiaba en la UNAM

Ella tenía mucha luz, era un ser luminoso, en el primer semestre en clase de lógica simbólica y semántica, respondí correctamente los silogismos hipotéticos, dándome a conocer ante el nuevo grupo como quien, una de dos: o estaba recursando una materia ya vista o había estudiado las lecturas antes de que el profesor lo indicara. En realidad, había tomado unos cursos de programación en lenguaje de computadora y se me facilitaban los razonamientos si… entonces…. (if …. Then). Esa participación en clase, hizo que ella se acercara a mí, -Oye, no entendí absolutamente nada, ¿podrías ayudarme con los ejercicios que vimos hoy?. No tenía yo nada mejor que hacer, es decir, ir al gimnasio al estadio de los Pumas, la única hora antes de tener que irme a trabajar, no era algo mejor. Fuimos a la biblioteca, que para quienes la conocieron a finales de los años ochentas, era ruidosa, muchas mesas para trabajo en equipo y algunos cubículos de silencio, para quienes no podían trabajar con ruido, así era la biblioteca de la Facultad de Psicología, le expliqué todo lo que sabía de silogismos, o sea de esa primera clase de silogismos y el resto de la hora estuvimos hablando de nosotros, de dónde habíamos estudiado el bachillerato, de su expectativa en Psicología social, de su admiración por algunas ideas neo hippies, de su atuendo con algún chaleco con bordados oaxaqueños, un arete con forma de atrapa sueños, sus quejas sobre la comida industrializada, su preferencia por el aroma patchouli y sus pulseras tejidas de hilos con grecas autóctonas.

Me contaba que la mayor parte de su vida la pasó en el norte de la Ciudad y que poco conocía Ciudad Universitaria, yo que la conocía desde niño y tenía anécdotas de futbolito en las islas y haberme mojado con las válvulas de riego y los espejos de agua de la biblioteca central, le ofrecí ser su guía.

 Imagen tomada del Álbum "Islas y Nubes" de https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151133938165762.465371.743800761&type=1&l=d9b72bb006 

Pasaron los días y caminábamos a alguna de las explanadas de otra facultad, los edificios con murales, los trámites que tenía que realizar en rectoría, lo ridículo de los costos de inscripción y reposición de credencial, su enojo ante razonamientos como –cuesta más el recibito amarillo que lo que se paga de cuotas, mejor que quiten la papelería de cobros. Yo le explicaba las andanzas que habíamos tenido que pasar en la huelga de 1986 para evitar que las cuotas volvieran inaccesible nuestra máxima casa de estudios y las discusiones nos llevaban siempre algunas horas de largas caminatas, muy en el fondo no me importaba si tenía razón o si sus argumentos tenían mayor fundamento, los míos tenían más lógica y eso bastaba para mirarla obtener un triunfo y luego una derrota de ideas. Me gustaba, me gustaba que compartiéramos el tiempo, que frecuentemente voltearan a verla y un poco a mí por ser quien acompañaba a esa bella estudiante, de abuelos de origen europeo y que lucía sus llamativos toques hippies en su atuendo, a ella le gustaba que le mostrara yo los caminos que bien conocía de toda la Ciudad Universitaria y que para la tarde regresáramos a la Facultad, yo porque tenía que irme a trabajar y ella porque esperaba a su novio que terminaba de tomar clases en la vecina Facultad de Filosofía.

Al otro día si las clases terminaban temprano, el plan era ir a conocer el espacio escultórico, en un camino más largo, pero un destino más presumible. Era una gratificante amistad, de esas en que a uno le gusta ella, pero conociendo que tiene novio, está vedado cualquier otro rumbo.


Un día, ella terminó con su novio, la vi sufrir un poco, pero al poco tiempo regresaron y se  reinstaló en su equilibrada vida de libros, tareas, novio, amigos. Dos semestres después nos habíamos distanciado un poco porque la carrera exigía que complementáramos las clases con prácticas de laboratorio y no coincidimos en ninguno. Uno o dos semestres más adelante, por alguna tarea en equipo estuve por la tarde en la facultad (yo trabajaba por las tardes así que prácticamente nunca estaba yo por ahí en esos horarios) y me la encontré, pensé que iba a comprarse su cigarro suelto en el puesto de los dulces y la alcancé, ya no tenía el brillo y la luz en su rostro, un poco demacrada y con mucha prisa, en pocas palabras, me dijo que estaba retomando la carrera, que se ausentó un año por que se embarazó y que el Papá de su hijo, aquél que estudiaba en Filosofía, la dejó sola, el año anterior dio a luz a su bebé y ahora estaba recursando las materias a las que ya no pudo asistir, dijo –“compermiso” y la ví cruzar a toda velocidad la explanada para retirarse, con toda seguridad tenía que ir a atender a su bebé. Mientras la miré retirarse, ya sin el halo luminoso y las miradas que la perseguían  un par de años atrás. Me resonaban sus breves palabras “el año pasado dio a luz a su bebé”, en realidad no dio a luz, sino como estafeta, transmitió su luz al bebé. En esa edad un embarazo no multiplica la luz, sino que la consume.
 Imagen tomada del Álbum "Islas y Nubes" de https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151133938165762.465371.743800761&type=1&l=d9b72bb006 


Gracias a las redes sociales, supe de ella 25 años después, me enteré que sí terminó la licenciatura y se desarrollaba a nivel gerencial en una transnacional, su hijo ya estaba graduándose con honores y ella mostraba de nuevo esa luz recuperada, ganada con un mayor  esfuerzo y sintiéndose doblemente realizada, su inagotable luz sólo se había opacado para resurgir con mayor intensidad.
 Imagen tomada del Álbum "Islas y Nubes" de https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151133938165762.465371.743800761&type=1&l=d9b72bb006 


viernes, 26 de mayo de 2017

De nubes, tormentas y despedidas

En un día medianamente soleado, se observa a Stratus plácidamente levitando en su calidez y convivencia con las personas que allá abajo tienen la seguridad de una translúcida sombra y agradable brisa, Stratus que a ratos se roza con Cumulonimbus y emanan juntos una brisa y llovizna refrescante, sigue su paso veloz como trotamundos, a sabiendas que se evapora en cualquier momento.

Estilizada Cirrus con su estética y filo, de forma más estacionaria, observa desde una altura mayor el ir y venir de Stratus, Cumulonimbus y su vecino Stratocumulos, anhela la calidez de esa familia y su desapego en lo que a ella le parece una fugaz y por mucho, insignificante existencia. Revalora su altura, solidez y frialdad, su filiación con Cirrostratus y Cirrocumulos, que han estado desde tiempos inmemoriales en su cercanía, le proveen sombra, le evitan vientos que alteren su figura, porque Cirrus sin esas formas filosas y álgidas, podría parecer cualquier otra nube, nubarrón, niebla y si se moviera de más, neblina.

A Cirrus le divierte ver tanto movimiento de Stratus, sus transformaciones, sus incansables traslados, su limitada vanidad de observar la propia sombra recorrer las hectáreas de árboles y pastizales y su aparente imposibilidad de transformarse al menos en Altostratus o Altocumulus. Currus rie cuando Stratus se esfuerza y consigue a lo mucho una llovizna refrescante. Cirrocumulus le llama la atención y le recuerda que ha sido llamada a ocupar ese privilegiado nivel de atmósfera y a reservarse para sus propias tormentas, dejar de observar a Stratus y poner su vista en Cirrostratos, similar a ella.

Imagen tomada de http://he.bcdn.biz/Images/2014/2/27/0e47ed91-70ac-4465-9b38-bf0b7a1a88bc.jpg


Pero con los cambios climatológicos, Cirrus invita a Stratus, le pide que se acerque, le ofrece ella misma descender un par de niveles y reunirse, lo logran ante los rayos y centellas de Cirrocumulus y se decide arriesgarse al contacto con Stratus, llenarse de su alegría, de su movimiento, motivación y errático andar, de cómo puede haber gozo en tanto caos. Se dan tormentas y agitaciones, pero como si fuera montaña rusa, Cirrus se enlaza a Stratus. Disfruta de su compañía y se propone no estar lejos, disfrutar de lo mejor de ambos polos. Stratus acepta y experiementa las más memorables tormentas.

Un día Cirrus, acorde a su naturaleza, vuelve junto a Cirrocumulus y mira a Stratus pasar de translucido a transparente, alcanza a decirle que en realidad lo eligió para generar nuevas nubes y éstas ya se formaron, las tormentas ligeras y soleadas ya no le atraen. Cuenta la leyenda que así nacieron los Altocumulus y Altostratus. Por su parte Cirrus afila sus heladas rachas y se instala en lo más congelante de la atmósfera, mientras Stratus llueve, pasea, se le ve en alguna playa, en bajas montañas, en claros de selvas y en bosques de coníferas, mira su reflejo en lagunas y compite con recorridos de ríos, rocía plantíos y alimenta cascadas, juega a formar arcoíris y reta al sol con efímeros halos. Decide no voltear más a donde se agrupan Cirrus y Cirrocumulus aunque cada tormenta eléctrica le traiga flashbacks.




 Imagen tomada de: https://ichef-1.bbci.co.uk/news/624/cpsprodpb/3EF8/production/_95302161_cloud_guide_624-ws-spanish.png


lunes, 8 de mayo de 2017

Corrupción y una rata gris

¿Hasta dónde llega la corrupción en nuestro país, hasta dónde se extienden sus tentáculos?

Hasta los más recónditos espacios.

Hoy de camino a comer a casa, un taxi intempestivamente quiso invadir el carril en el que yo iba porque un autobús estaba descompuesto a de ese lado y alcanzó a golpear y dañar dos piezas de mi vehículo, nos orillamos, descendimos los dos de los vehículos y el taxista empezó a  decir que le pagara, que yo lo había golpeado. Le dije que fue al revés y que él tenía qué pagar, pero que no hay problema que llamara a su seguro y yo llamaría al mío, él no quería hacerlo, estaba seguro de que yo tuve la culpa y pedía que le pagara en efectivo “su golpe”. De ninguna forma accedería yo, si llevo pagando seguro de cobertura amplia durante los más de 25 años que he conducido. Me dijo que su aseguradora era tal, y que yo llamara a la mía, estacionado yo 20 meros adelante, me alcanzó para proponerme que cada quien se fuera son su golpe. Incluso se regresó al taxi sin que se hubiera bajado su pasajera y quiso darse a la fuga, gracias a que traía sus cristales abajo, tomé su tarjeta de circulación, que en realidad es una copia a color de lo que puede ser una réplica. Entonces ya no huyó y se la devolví, su pasajera y probable conocida, le dijo que me acusara de ladrón, le pregunté si sería ella testigo, y se me vino a los golpes, una mujer obesa a gritar que no sabía yo con quien me estaba metiendo, soporté un par de manotazos en el hombro y afortunadamente ni una mano levanté, porque eso sí que se hubiera utilizado en mi contra. No me intimidó tampoco y entre insultos se subió a otro taxi.

Quedamos de llamar a las aseguradoras, que por confiables que parezcan no tardan la media hora o cuarenta minutos comprometidos en llegar, sino hora y media, para cuando llegó mi ajustador de seguros, ya se habían juntado varios taxis junto con el que tuvo en incidente y tomaban más una pose de consejeros (colmilludos) de ademanes de a nosotros nadie nos gana y mandar a todo mundo muy lejos.

Como antecedente, tuve una situación similar hace un par de años y mi asegurador me fundamentó legalmente que si yo había hecho el cambio de carril, aunque yo hubiera recibido el golpe, me correspondía asumir la responsabilidad, así que luego de aquella experiencia, esperé a mi ajustador tranquilamente ante la mirada intimidante del grupo de taxistas.

Mi ajustador llegó, por rutina, revisa que mis documentos estén en orden y que la póliza se encuentre al corriente de pago, porque de otra forma, se retiran y dejan al asegurado a su suerte.

Redacté los hechos, firmé todas las copias que me pidió y fue a buscar al taxista, porque aún no llegaba su agente de seguros. Recibí una llamada de la ejecutiva con quien contraté el seguro y amablemente me dijo que estaba a mis órdenes para cualquier cosa que sucediera con el “siniestro”.

Siniestro fue lo que me dijo el ajustador: dice el taxista que en realidad no cuenta con seguro. (me dije qué bueno que yo si), así que no puedo hacer nada, tengo que retirarme.

No, no es nada barata la póliza de SURA, le dije, yo necesito que me resuelvas. Su monólogo parecía ensayado y me lo recitó: el taxista no cuenta con seguro y aunque él tuvo la culpa yo no soy autoridad para hacerlo que pague, necesitamos llamar una patrulla que asegure ambos vehículos, los remita al corralón y entonces los reciba el MP (Ministerio Público) para que el juez comisione a unos peritos que valoren los daños de ambos vehículos y les pidan sus declaraciones para determinar quién tuvo la culpa y emita sentencia para que se cubran los daños del contrario.

Hice la pregunta que repito ante el asegurador cada vez que los he necesitado. ¿entonces el seguro para qué me sirve?, me repitió que no es autoridad y que necesita llamar a una patrulla…..etcétera. Asentí y le dije llamemos a una patrulla. De hecho el taxista ya está llamando por teléfono a una. Y el taxista se escuchaba que hablaba: tío, ¿si me oyes tío?, me chocaron, ¿en cuánto tiempo llegas?

¡Ah! pero no contaba que la ejecutiva se había comunicado conmigo y se puso a mis órdenes, así que le marqué y le dije,  oye no me está ayudando mucho tu ajustador, habla de patrullas, corralón y de que nada puede hacer, la ejecutiva me dijo, pásamelo, déjame hablar con él, lo comuniqué desde mi teléfono y cinco minutos después la ejecutiva me repitió el monólogo pre ensayado: Desafortunada mente si no cuenta con seguro, no podemos hacer otra cosa, el seguro te ofrece orientación legal, pero no te puede acompañar esas 12 o 15 horas que se van a tardar en el MP. Y con su amable voz, me dijo que sigue a mis órdenes para cualquier “otra” cosa que se me ofrezca.

Cuando nos dirigimos de nuevo al taxista, mostró parte de la asesoría recibida por los demás taxistas: - es que usted trae aliento alcohólico y se pasó el semáforo en alto, como venía usando su celular me chocó cuando yo iba pasando y quiso pasarse a mi carril y si no me pongo adelante, se quiso fugar, agredió a mi pasaje y le faltó al respeto a la dama, aquí están los de la taquería de testigos que usted venía a exceso de velocidad y quiso meterse a mi carril, ¿a tu carril? Pregunté, ¿a donde estaba el autobús descompuesto?

El asegurador, sin poder contener una inexplicable risa, me dijo ¿ya ve a lo que nos vamos a enfrentar? ellos ya conocen el camino, es cosa de todos los días para ellos chocar y sacar ventaja, le recomiendo que se vaya con su golpe. ¿Me llena esta encuesta de calidad del servicio y sus comentarios por favor?, en comentarios anoté que el seguro no cumple su función y que no me sirvió.

Habiendo perdido mi hora de comida me subí a mi coche, y vi cómo el asegurador arrugaba las hojas con mis comentarios en la encuesta y las tiraba a una alcantarilla. No sólo es el coraje, la molestia, el gasto para reparar mi vehículo, sino esa sensación de que la corrupción se encuentra hasta en el más mínimo detalle de esta ciudad, este País.

De qué sirvió hacer mi declaración de impuestos, pagar lo que este año no llegó a mi favor, desoyendo a quienes me decían “yo ni pienso hacer la declaración ni voy a reportar lo de mis otras percepciones, al fin que ni modo que Hacienda, me vaya a perseguir a mí, si somos tantos los que no declaramos, ya ves el año pasado tampoco hice declaración”, y de qué sirve pagar la tenencia, el refrendo, hacer la actualización de la tarjeta de circulación, de la licencia de manejo, no beber si vas a manejar, cubrir puntualmente el pago del seguro, respetar los semáforos, no invadir las líneas peatonales, no exceder los límites de velocidad, si al final de cuentas con esa inexplicable risita del ajustador del seguro, te recomiendan, tolerar todas las faltas, como si la corrupción en México fuera parte de la cultura o un patrimonio intangible de la humanidad.

Ya revisando las fotos que tomé a las placas y al tarjetón, vi que se le venció el año pasado, que el extraño nombre de la foto no coincide con el año de nacimiento puesto en el registro, ya que es un taxista de alrededor de 20 años, pero su registro empieza con 62 (es decir, nacido en 1962).


La rata gris



Con la decepción y el estómago vacío, valoré la posibilidad de comer en la taquería donde estuve esperando al ajustador, pero luego me acordé que el taxista dijo que los meseros serían testigos de todas mis infracciones al reglamento y decidí no entrar.

La vigencia vencida

Le dije al taquero encargado del trompo de los tacos al pastor que había una enorme rata gris a dos pasos de él y creí que la iba ahuyentar, cuando le empezó a tirar pedacitos de tortilla y le hacía gracia cómo la rata se las comía. De eso sí pongo la foto. Concluí que una ciudad, un País donde no se respeta mínimamente el reglamento de tránsito, menos se respetan normas de higiene y sanidad. Me alejé de ahí imaginándome al ajustador del seguro con su inexplicable risita, aceptándole al taxista unos tacos y brindando con su tío el policía o inspector de sanidad.


La rata gris alimentada por el taquero



miércoles, 19 de abril de 2017

Teoría de la Evolución: Caza, Carroña y/o Rapiña

El tema de la evolución, desde que fue planteado por Charles Darwin, vino a generar un espectacular cambio en el modo de pensar, de identificarnos como especie, su teoría avanzada y de vanguardia generó choques contra explicaciones a partir de la fe y fue criticada por carecer de suficiente evidencia. Hay que entender que no fue una teoría acabada pero que el tiempo ha ido reforzándola paulatinamente. Sin duda, ha influido en las teorías para explicar el pensamiento, inteligencia, memoria, lenguaje, conducta, todas materia de estudio de la Psicología, pero también de la alimentación, la dietética y nutrición, así lo encuentro cuidadosamente tratado en el libro El Mono Obeso de José Enrique Campillo.




Imagen tomada de: https://www.flickr.com/photos/wallyg/404063706

Especialmente el libro se dedica a explicar a partir de la evidencia de fósiles y las técnicas más recientes que permiten calcular la edad, componentes químicos y orgánicos del hábitat en que se desarrollaron en las diferentes etapas prehistóricas. Por ejemplo, existen alimentos para los que nuestra actual constitución física no está preparada. Y seguramente no le agradará a los fanáticos de la dieta cruda, la dieta estrictamente vegana o la misma dieta paleolítica, que de manera silvestre propone comer los alimentos que se encontraban en el ecosistema de dicha etapa histórica.



En particular, a diferencia de otros mamíferos, nuestro intestino grueso es significativamente menos espacioso como para que la ingesta de dieta estrictamente vegetal y de hierbas pueda pasar suficiente tiempo para fermentarse y permitir que se aprovechen cabalmente los nutrientes, tales como la glucosa que es el combustible único del cerebro. De igual forma, somos el único mamífero que sigue bebiendo leche después de la etapa neonatal, simplemente nuestro organismo ya no la requiere, así que en casos como el mío que la intolerancia a la lactosa me impide ingerirla, es plenamente explicable. No es mi área hablar de la nutrición y dietética, pero el mensaje central del libro es explicar el cómo opera el gen ahorrador que nuestra especie heredó y que le permitió sobrevivir, aunque paradójicamente ahora nos esté matando. Ese gen ahorrador permitió al humano que ya no habitaba el paraíso de la generosa selva y bosque, si pasaba días sin comer, el día que ingería alimento el organismo guardaba reservas en forma de grasa para poder seguir caminando varios días, consumiendo poco a poco las calorías, en orden de grasas, proteínas, músculo y glucosa en ese orden. Esto explica que personas que llevan rutinas de gimnasio y dieta baja en grasas, en una sola cena o comida por alguna celebración, aumenten de peso inesperadamente, pues el organismo así está diseñado para sobrevivir. Ese diseño a diferencia de los cuadrúpedos también encontró su depósito óptimo en la zona del abdomen para los hombres y en las caderas para las mujeres para esas reservas en forma de grasa, no podía ser sobre la espalda a manera de joroba como el búfalo o en las piernas, porque se contraponía con nuestra recién adquirida posición bípeda: cargar con nuestras reservas energéticas en el abdomen o en las caderas, permite que nos podamos seguir moviendo. Esto, sumado a la vida opulenta que nos damos el lujo de llevar, es decir, abundancia de alimentos procesados y sedentarismo por baja exigencia física, forman el conjunto de enfermedades del síndrome metabólico: obesidad, diabetes, hipertensión, dislipemia (colesterol alto) y ateroesclerosis.


Uno de los mitos que se han integrado a nuestro esquema del hombre de las cavernas (por poco científico que este término parezca) es la díada de hombre cazador con mujer recolectora y cuidadora de los infantes. Y resulta que no somos tan cazadores como se nos ha pintado, en primer lugar somos físicamente una especie desfavorecida en cuanto a recursos para ataque cuerpo a cuerpo, es decir, no poseemos grandes colmillos para desgarrar (lo cual por otro lado nos favoreció el uso de las muelas para masticar) ni contamos con garras o fuerza descomunal para someter a otros animales y devorarlos, contamos con un pensamiento más avanzado y manejo instrumental en su lugar. Pero nuestros antepasados recientes tampoco contaban con suficientes herramientas para cazar ni complejos mecanismos para atraparlos, de hecho se ha encontrado que cazar no se nos facilita, actualmente, soldados o civiles que por extravío o alguna otra circunstancia, sin armas ni herramientas, tienen que pasar tiempo en el bosque o la selva, no encuentran fácil la cacería. Los análisis de los huesos de otros mamíferos que han aparecido como alimentos de familias pehistóricas, resulta que muestran fracturas y heridas de colmillos de animales fecroces, previos a formar parte de la comida de los homínidos. Lo que ha reforzado la teoría de que el hombre más que cazador recogía la carne que otros cazadores dejaban, en una conducta más de tipo carroñera. Aquellas expediciones que los machos emprendían para regresar con carne no eran para atacar al gran mamífero, de hacerlo así, el precio podría ser la propia existencia, sino seguir con cuidado a un felino cazador que atacaba una cebra o vaca por ejemplo, esperar a que se alimentara y los restos, una vez que se había retirado, pasar a recogerlos, antes que las hienas o aves de rapiña se los apropiaran, seguramente el ciclo de la vida continuaba para ellos, luego de que el humano dejaba a su vez los restos del animal cazado que no aprovecharía. De esta forma el macho humano regresaba  a donde  la hembra y los menores a llevarles carne, pero en su ausencia, habían sobrevivido gracias a las actividades como recolectora que ella había realizado, alimentando con verduras, frutas y algunos insectos o animales menores a la familia.


Imagen tomada de: https://sitibiterralevis.files.wordpress.com/2010/11/homo-erectus1.jpg


Sin afán de hacer una discusión sobre rol de género, ni el hombre es tan cazador, ni la mujer tan dependiente, al día de hoy, su actividad recolectora y administradora es la que permite continuar con la alimentación cotidiana de las familias.

Y si en el ámbito alimenticio no somos cazadores naturales, en las conductas, tampoco. En diversos ámbitos y niveles nos encontramos con conductas en las que claramente, una persona se alimenta de que otras dejan, pareciera que ese es el nuevo ciclo natural de la vida, desafortunadamente saltándose algunas trancas o rompiendo algunas reglas.  Van algunos ejemplos:

Una señora que trabajaba en oficinas contiguas, vino a mi escritorio a ofrecerme copias de DVD con películas piratas, algunas semanas después la vi por los pasillos y me dijo que ya había dejado de venderlos, porque la gente es odiosa y varios copiaron su idea, me dijo que ya varias personas estaban vendiendo copias que DVD´s que ella les había vendido. Luego de su gesto de molestia, me quedé pensando si ella no estaba haciendo lo mismo, copiando ilegalmente el producto de trabajo de otros…. Nunca se lo pregunté, pero era obvio que no tenía ella ese alcance.

Un ejemplo de cacería, carroña y rapiña, se da cuando un automóvil se deja varios en días en una calle donde no se sabe quién es el dueño, que definitivamente es alguien que pagó por él, de alguna forma lo obtuvo legítimamente como si le hubiera costado cazarlo, pero luego de que es vigilado por un carroñero que con toda la experiencia y estrategia, le roba en unos minutos las llantas, espejos, batería, y demás elementos de alto valor, lo abandona ya incompleto, pero días después encontrará que el mismo ya no tiene asientos, manijas, antena, limpiadores, etcétera, artículos de menor valor que son arrebatados también de forma ilícita.

Imagen tomada de: http://www.eltribuno.info/salta/nota/2016-7-29-9-46-0-se-pasaron-de-vivos-los-pescaron-in-fraganti-desmantelando-un-auto-chocado

Una imagen que me ilustra la carroña, es cruda, pero así la retrata Alejandro Jodorovski en la surrealista película Santa Sangre, (México, 1989): en el circo se muere el elefante y le hacen una corte fúnebre los payasos, enanos, equilibristas, músicos, etcétera, que recorren calles de la Ciudad de México y llevan ese enorme ataúd de madera hasta el desfiladero de una barranca donde se aprecia gente de una ciudad perdida, todos polvosos y mal vestidos, (recordemos que es surrealista la apreciación) y luego de que se desliza el ataúd, éstos personajes saltan barranca abajo y rompiendo la madera, se observa cómo toman trozos de la carne del paquidermo y la pelean entre ellos, como si más que un viaje a las zonas marginadas de esa supuesta ciudad, hubieran realizado un viaje a un par de escalones debajo de la evolución del homo sapiens. Esa imagen (se sugiere compañía de adultos para menores de 18 años) es la que me viene a la mente cada vez que necesito ilustrar el término de carroña.


El sentido común, también conocido como sabiduría popular, tiene ciertas afirmaciones que refuerzan esta idea de tendencias carroñeras: “del árbol caído todos quieren hacer leña”, “en el arca abierta, hasta el justo peca”, aquella máxima de cierto político: “no pido que me den, sino que me pongan donde hay”, uno que alguna vez propuse a mi maestra de primaria para que se analizara: “Monje que vende cera y no tiene cerería, ¿de dónde la sacaría?”, “al nopal sólo se le arriman cuando tiene tunas”, “A río revuelto, ganancia de pescadores”, “cría cuervos y te sacarán los ojos”, “El muerto al pozo y el vivo al gozo”, “Ladrón que roba ladrón, tiene 100 años de perdón”, “Para uno que madruga, hay otro que no se duerme”, en cada uno de estos dichos y refranes, de una u otra forma, se evidencia, que existe tendencia y que es imprudente negarse a ella, para aprovecharse de lo que el otro deja, o descuida. Esa es la idea de que más vale esperar el momento de la carroña que salir a cazar.

Dos ejemplos más que ilustran las tendencias carroñeras son la explotación por las empresas gigantes y el enriquecimiento de los políticos mediante la corrupción, sin que se tomen como generalidades: Aquellas empresas que podrían representar a un cazador, es decir, ya no es una persona sino un colectivo, que desarrolla un producto de gran éxito, tiene a su alrededor, personas que aportan marginalmente alguna colaboración y que se ven beneficiadas en su modo de vida, es decir, la empresa podría ser a nivel mundial, la líder en venta de jugos de frutas embotellados y un porcentaje altísimo de quienes trabajan en ella, jamás han tocado una fruta  para alimentar el proceso, pero como es un círculo, la empresa se beneficia de quienes producen la futa, porque lo que les paga es muy inferior a lo que ese insumo vale, así es como su función no es la de cazar sino esperar a que los demás le permitan recoger. Muchas veces hemos escuchado el término (que no el refrán mexicano, porque estaría ubicado en el párrafo anterior) “salir todas las mañanas tras de la chuleta”, equivalente a decir "me voy a trabajar", al grado que no dice “salir todas las mañanas a derribar al mamut”, sino a ir por la porción de carne que alguien más ya seleccionó y puso en venta. Así se benefician los empleados de la parte que la empresa les entrega y la empresa con el trabajo y los insumos que también explota.

El político que se beneficia de lo que los otros cazan y dejan a su paso, es aquel cuya función debería ser administrar fondos colectivos y los vuelve individuales, pero como requiere complicidades, entonces va repartiendo por el camino porciones de esos recursos para que mediante carroña y rapiña, se  evite reclamos e inconformidades. Ese administrador líder no es el que se juega la existencia en la cacería, sino que espera el reparto de recursos y toma de forma ilegítima otros tantos. Haciendo que se jueguen la existencia, ahora sí, aquellos a los que dichos recursos colectivos resolverían una necesidad apremiante, como salud, seguridad, paz.


El libro que mencioné al principio dice que a base de mutaciones han desaparecido especies como el Homo Ergaster, el Cro-Magnón, el Neanderthal, muy posiblemente eliminados por la especie superior, Homo Erectus y Homo Sapiens Sapiens. Pero lo que es una realidad es que el diseño que ahora poseemos, las características que nos han hecho sobrevivir a glaciaciones, sequías, epidemias y holocaustos, tomó ciclos de entre cuatro y 10 millones de años para perfeccionarse, seguramente el gen ahorrador perderá su popularidad y el cerebro ganará talla, pero no ha sido así desde la edad media, los años sesentas ni lo será en los próximos siglos. Habrá que entender y optimizar nuestras conductas, hábitos, ciclos y cuidados para este diseño que nos ha llevado algunos millones de años perfeccionarlo.














viernes, 17 de febrero de 2017

El sabio, el vidrio, la plata y el silicio.


Sí, todo cambio es bueno, lo único que no cambia es el cambio, moverse o morir, no estancarse, no detenerse, frenéticamente pasar, no disfrutar el momento presente, porque el siguiente paso ya se tiene que dar, no reflexionar la noticia de ayer, sino ver las noticias del momento aunque sean más superficiales, eso ya fue, lo que está “in” y lo que está “out”. El caso es que el pecado es el pasmo.

Contra los hábitos “fast-food”, salió la opción del “slow-food”, contra la opción de llenar el tanque de gasolina y seguir corriendo, aparece la verdadera necesidad de saborear y hacer sobremesa. Aquellos que van por la autopista a toda velocidad y ni siquiera tienen a qué llegar, o quieren hacer menos tiempo que el recorrido anterior, pero ni siquiera les beneficia llegar antes, es decir, la paradoja de querer llegar antes, aunque no se sepa a dónde.
Lo que se consideraba disfrutar el recorrido se ve ahora como la tortura de la tardanza en llegar, necesitamos llenar cada uno de los espacios con música, con aplicaciones de entretenimiento, con juegos, con interminables y poco sustanciosas conversaciones telefónicas o vía mensajes. Evitar al otro, evitar conversaciones, buscamos un aislamiento de contactos personales, pero mendigamos “likes” y vistas a nuestras publicaciones y auto fotos. Hace pocos años por cuestiones y presiones de trabajo tuve que ir a Guadalajara, manejé desde las 5:00 de la mañana para llegar allá como las 11:00 y medio comí después de la reunión para manejar de regreso, para la noche ya estaba de nuevo en la Ciudad de México, sin embargo, de niño me llevaron a Guadalajara en tren y es uno de los viajes que más recuerdo, medio día en los asientos y recorriendo del carro comedor a las puertas, ir despidiéndome de las personas que en el camino veía y que también levantaban su mano para saludar a mis hermanas y a mi, el otro medio día en camas que se desdoblaron desde las paredes de la cabina donde íbamos y era continuar el camino durmiendo, toda una experiencia que sólo la repetiría años después en Europa, pues aquí los pocos trenes que quedan se utilizan para carga, no para pasajeros (honrosa excepción el Chepe a las Barrancas del Cobre en Chihuahua), pero si comparo aquel viaje en tren versus la ida por trabajo en coche, en el segundo fui y regresé en la mitad del tiempo que representó sólo la ida del primero.

Todo es volátil, la información, la broma, el video, la ocurrencia, el meme, así como queremos llegar primero que antes aunque no sepamos a dónde, queremos ser los primeros en repetir la noticia o el clip de video que se convierte en viral, para que cuando alguien lo comparta podamos decirle que ya lo habíamos visto, es más, que ya conocemos la parodia y las réplicas, le hemos ganado al otro: Vacua victoria.
Hay un efecto de percepción que cada vez más me comenta la gente, lejos del formalismo “¡cómo ha pasado el tiempo!”, vienen a decirme como si una epifanía sucediera, -¿te das cuenta que llevamos x número de años de conocernos? (aunque en esos 20 años nos hayamos comunicado una o dos veces.). ¿no sientes como que se fue muy rápido este año?, ¿ya viste que sólo falta x número de meses para termine otro año?, -hace como tres años que no nos vemos…… (y en realidad son nueve).

Sucedió que tuvimos un periodo en que se nos ofrecieron juguetitos, artilugios, dispositivos o gadgets, que nos invitaron a no mira a los demás, y peor aún, tampoco mirar hacia dentro, hemos pasado años consumiendo nuestra vista, concentración y memoria en pantallitas de dispositivos móviles, que nos han generado la ilusión de poder sustituir la realidad por lo virtual, para qué voltear a ver el cielo si la aplicación del clima nos dice cómo está y un pronóstico a varios días. Ya no memorizamos números telefónicos porque el dispositivo inteligente nos lo recuerda, ordena y planea las llamadas. Hace tiempo cuando alguien me decía que le llamara, yo le decía dame tu número telefónico y me preguntaban si no lo iba apuntar, yo me ufanaba de decir que no era necesario que ya me lo había aprendido, a diferencia de hoy que con trabajos me acuerdo de mi propio número.

Entre esta memoria imprecisa y sobresaturada, recuerdo mucho un cuento sobre un sabio y un espejo, no tengo presente dónde lo escuché o quien me lo contó, pero dice así:

Se cuenta que una vez un hombre muy rico fue a pedirle un consejo a un rabino...
El rabino lo tomó de la mano, lo acercó a la ventana y le dijo:
- Mira. El rico miró por la ventana a la calle.
El rabino le preguntó:- ¿Qué ves?.
El hombre le respondió: - Veo gente.
El rabino volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un espejo y le dijo:
- ¿Qué ves ahora?.
El rico le respondió:
-"Ahora me veo yo".
-"¿Entiendes?, dijo el rabino.
En la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata.
Y cuando hay un poco de plata uno deja de ver gente y comienza a verse solo a sí mismo".

La moraleja tenía que ver con vivir para el dinero, ser su esclavo y que tan fácil uno deja de compartir, así como restarle al otro su dignidad y valor.


Imagen tomada de https://sanacionholisticasalamanca.files.wordpress.com/2014/08/nuestros-espejos.jpg

Me hubiera gustado que el rabino en lugar de espejo le hubiera mostrado una Tablet o un Smartphone, al preguntarle qué ve en comparación con el vidrio, el rico hubiera dicho, veo realidad virtual, cosas que no existen pero que son más bonitas que las reales, veo aplicaciones que dan soluciones, pero no oportunidades de pensar y veo realidad aumentada alterado todo a mi alrededor pero sólo en la pantalla, ilusiones pues.

El rabino (que en teoría manejaba gadgets de última generación) le hubiera dado la siguiente lección:

Cuando viste el espejo que es un vidrio con plata ya no veías a los demás, pero cuando veías la Tablet que es un vidrio con silicio y cobre, ya tampoco te ves tú, ves situaciones y objetos que no existen y ves cómo se altera tu percepción del entorno.



La moraleja del hombre sabio (que no la mía) sería, usa el vidrio para ver a los demás, el espejo para verte a ti mismo y los artilugios tecnológicos para enriquecer y fortalecer tu realidad, pero úsalos con moderación y equilibrio; apaga los artilugios y contacta tu realidad, retira el espejo y deja de verte sólo a ti mismo y quita ese vidrio para no sólo ver a la gente, sino para contactarla y conversar. Con calma y disfruta nuevamente con calma el paso del tiempo.


Colofón Tolkieniano:

El Hobbit de Tolkien, vivía en su agradable agujero hobbit, con todas las comodidades y comidas a sus horas, añoró muchas veces la estancia en ese agujero de confort, pero no fue hasta que salió de ahí que empezó a vivir las aventuras de su vida así como descubrir y adquirir sus potencialidades.  El equilibrio está en vivir el momento, disfrutar el presente que nunca volverá y dejarlo atrás, pero sin prisa.