viernes, 17 de abril de 2015

Multitasking y el número mágico

Mucho se ha escrito y se ha comentado sobre las habilidades multi-tasking o multi-tareas y el medio sobre-estimulador en el que nos encontramos.

La falacia es creer que se pueda procesar información de forma central y periférica simultáneamente y por otro lado, creer que los procesos de atención pueden tener dos o más blancos exactamente con los mismos recursos y significados.

El término viene del procesamiento de la información apoyada por computadora, como se sabe, los equipos cuentan con un CPU o unidad de procesamiento central que no hace otra cosa que estar apagando y encendiendo switches, o sea trabajando en un lenguaje binario de unos y ceros. Los humanos hemos tomado como convención el sistema decimal, porque tenemos 10 dedos a la vista con los que hacemos sumas, las computadoras (ordeadores9) sólo tienen dos: el encendido y apagado, estos son ceros y unos, en las primeras generaciones de las computadoras, sus procesadores eran lentos y se dedicaban de lleno a una sola tarea, quienes hemos vivido de cerca la evolución de los últimos treinta años de la computación, podemos ser testigos de un crecimiento desbordante de la capacidad de los procesadores y la capacidad para manejar grandes cantidades de datos, así como la velocidad para su almacenaje y recuperación.

La aparición de las microcomputadoras o computadoras personales, en la segunda mitad de la década de los años 70 del siglo pasado y su popularización a mediados de los años 80, fue un logro similar al de llevarse la Biblia a casa y no tener que estar en el templo para escuchar las lecciones escogidas por alguien más. Casi para fundar una nueva religión.

El siguiente salto cuántico fue la posibilidad de conexión a redes colaborativas y con la puesta a disposición de internet al hombre de la calle, se le entregaron las llaves de todos los templos (del saber por lo menos). Para entonces las capacidades de manejo de datos ya había crecido exponencialmente, por ejemplo durante todo el quinto semestre de la carrera yo utilicé tres diskettes de 360 kilobytes, los insertaba en computadoras personales que no contaban con disco duro, en el diskette uno, yo traía el sistema operativo MS-DOS que servía de arranque, el diskette dos, contenía un programa denominado WordStar que era un procesador de textos y el tercero era el disco con todos mis escritos, tareas y ensayos, todo ese semestre no necesité más de 360 kb de espacio para los medianamente extensos textos que escribía y luego llevaba a imprimir casi siempre a otra computadora que estuviera conectada a una ruidosa impresora.

Sólo para mostrar un paso intermedio ya en los años 90 elaborar una carta de una cuartilla de extensión con los logotipos de mi trabajo, podía ocupar medio Megabyte (0.5Mb), es decir una cuartilla ya no cabría en el disco que cinco años atrás almacenó todos mis documentos de un semestre. Porque dicho sea de paso, a la par que los equipos crecen en capacidad, rapidez y espacio, igualmente el software se hace más pesado, requiere más espacio y se vuelve obsoleto en periodos más cortos, se le llama la espiral tecnológica, un equipo (hardware) con mayor poder y capacidad, requiere programas (software) cada vez más sofisticado que necesita más espacio y recursos en general de los equipos de cómputo. Así una computadora personal ya contaba con un disco duro de hasta 10Mb.

Cinco años después había yo adquirido una memoria USB con capacidad de 16 Megabytes, es decir un dispositivo del tamaño de un llavero  donde cabía perfectamente todo el contenido de computadora y media de las que aún se usaban en mi oficina.

Hace poco tiempo que utilizo un disco duro externo de 1 Terabyte, aquel término que veinte años antes parecía solamente teórico, un millón de Megabytes. Y ese dispositivo es apenas del tamaño de una tarjeta de crédito con mayor grosor.

Pero si de esa forma es como han crecido las capacidades de procesamiento de información, dieron paso a los ambientes multitareas, o procesamiento en paralelo, es tan simple la idea como que si una llave de agua está abierta y tiene la capacidad de llenar 80 recipientes de agua en un segundo, pero mi demanda es de apenas 20 recipientes, puedo en lugar de mantener la llave abierta y tirar el agua, formar cuatro líneas de recipientes y llenar uno de cada línea, así parece que en lugar de llenar una sola línea de 80 recipientes, en realidad estoy llenando 4 líneas y si cada una es de un cliente diferente y para usos diversos entonces parece que realizo cuatro tareas diferentes con los mismos recursos que tenía disponibles al principio. (nótese que para este blog evito a toda costa tecnicismos).

La mente funciona de forma similar, tiene un continuo de percepción (entrada de información), procesamiento de la misma (pensamiento) y salida de información (soluciones o respuestas mediante el habla o conductas manifiestas), pero dije de forma similar por que más que similitudes, la mente presente diferencias con el proceso de información de en las computadoras, principalmente porque hay un proceso voluntario de atención y procesos involuntarios (o casi) de cuestionamiento y almacenamiento de datos. Entonces el procesamiento de la información en los humanos, si se trata de fraccionar en diferentes tareas, exigen un esfuerzo voluntario o no, de relacionarla y darle significado, esto último es lo que aún no conseguimos con las computadoras.

Al estar dándole significado a la información se pueden obtener resultados extraños, porque más que una colaboración o complemento para la adquisición de conocimientos lo que se da es obstrucción, más que beneficios se crean obstáculos.

Se hizo un experimento de disonancia donde al sujeto se le proporcionaba información diferente por el audífono izquierdo y diferente por el izquierdo, encontrando que había un oído dominante (en lo cual no me extenderé aquí) es decir, la información que se fijaba en la memoria era la de uno de los oídos más que la otra, generalmente la que para el sujeto es más significativa, por ejemplo, si al sujeto lo que le interesa son los deportes, la información retenida era la que tocaba ese tema, a diferencia del sujeto que le gusta el arte, retenía la información del otro canal. Pero el estudio arrojó también que la información de uno de los oídos le da contexto a la información recibida en el otro, por ejemplo si la oración proporcionada por un oído es “Juan se encuentra desde hace dos horas en el banco”, era retenida e interpretada como un banco para sentarse si en el otro canal se hablaba de sillas o parque; en contraste si en el otro canal se aportaba información sobre banqueros, indicadores financieros, cambio de divisas, etc. El sujeto le daba un significado completamente diferente a la oración.

Y esto sucede con las personas que el día de hoy se presumen multi-tareas y que la tecnología les permite ver una película mientras se comunican por mensajes de texto en un Smartphone, hojean una revista y escuchan música, toman nota y creen estar pendientes de conversaciones en vivo, o peor aún conducen un vehículo, esto además de poco sustancioso, pues en ninguna de las tareas se concentra lo suficiente para lograr adquisición real de conocimientos o desarrollo de nuevas habilidades ni suficiente memorización, representan peligros, pues una de las tareas exigirá por momentos el 100% de su atención y descuidará todas las demás.

Correr y escuchar música no es multitasking, es acompañamiento de dos actividades semiautomáticas, pero manejo de maquinaria y escribir mensajes o mirar videos en una Tablet, es una mala combinación, pero aún conducir un vehículo y hablar por teléfono, en momentos cada una de las actividades requieren el 100%, por eso los reglamentos de tránsito lo prohíben.

Si bien, la capacidad de la mente humana para nuestro regocijo sigue siendo superior a la de cualquier computadora, especialmente para emitir opiniones, encontrar soluciones y manejar información significativa, tenemos que reconocer que en cuanto  manejo e datos las computadoras son una herramienta como extensión de la memoria que se ha fortalecido con los avances tecnológicos, por eso es capaz de manejar más información que nuestro limitado número mágico de 7 +- 2, aquel descubrimiento de la Psicología cognoscitiva que establece que podemos recordar hasta siete unidades de información, sean números, letras, palabras, cifras, nombres o frases, cualquiera que sea la unidad de información, somos capaces de manejar 7 +-2 o sea desde cinco y hasta 9, si me dan a memorizar 10 números, con toda seguridad recordaré los primeros 7,  si lo que me dan son nombres de personas o países, recordaré los primeros siete, si en lugar de una serie de números, me dan números telefónicos, esa será mi nueva unidad de información y podré recordar hasta 7 +-2 y así. La multitarea es un engaño o una habilidad menor de algunas personas para partir sus procesos mentales (percepción, aprendizaje y memoria) y utilizarlos al 100% durante pequeños lapsos en diferentes actividades, una a la vez, no para manejar varias tareas complejas con el mismo rendimiento.
 

 

lunes, 16 de febrero de 2015

50 Sobras de Grey

¿A quien le va mejor en 50 sombras de Grey? Indudablemente a la autora E.L. James (Erika Leonard James)

Pues ni la mujer que firma un contrato para ser sometida, ni el hombre que necesita someter para sentirse valorado.

Hace un par de años que veo señoras leyendo el libro (no los libros, no sé cómo le vaya a la trilogía), pero incluso quienes no acostumbran leer más allá de revistas rosas y cuentitos ilustrados, las ví tomando el reto de las casi 600 páginas, desde la enfermera de mi Papá que deja el libro junto a las lancetas y jeringas de insulina, hasta clandestinas oficinistas que se pasaban el texto en PDF para leer y aparentar que trabajan. Así como ciertos posts en redes sociales medio encriptados, en el que entre amigas se publicaban estar leyendo, con esmero y dedicación las 50 sombras. De alguna manera llegó el libro a mi hijo a punto de cumplir la mayoría de edad, quien me lo entregó y me dijo que si no lo había yo leído, lo leyera que quería comentar algunas cosas…. Sólo espero cuando lo comentemos que no me salga con aquello de ¿qué dudas tienes?

El libro, antes de la película, es todo un fenómeno, me recuerda grandes éxitos editoriales (y quiero ser muy claro, no obras maestras de la literatura), de esos llamados Best Sellers, es decir, los más vendidos. Y que poco me atraen, pero que como fenómenos bien valen una segunda vista más allá de los forros. Entre casos recientes, sucedió con Harry Potter, que lo tuve que leer para un análisis a partir del pensamiento mágico y de la interacción entre hemisferios izquierdo y derecho en una materia de la Maestría que estaba yo estudiando en aquel tiempo. Me sucedió luego con El Código Da Vinci, que de entrada me vendió el reto de estudiar mensajes ocultos en las obras de arte y el reto de ver la historia de la religión católica con un complemento feminista y menos patriarcal, vino el caso de Crepúsculo y su moda de vampiros , hombres lobo y a pesar de que los cuatro libros estuvieron en casa igual que las películas, porque  fascinaban a mi hijita por un actor que le gustaba, me he resistido a leerlos. Los juegos del hambre, por encargo de mi hijita los leí y porque me contaba que la ponían más triste que la misma película, así que comentábamos algunos pasajes depresivos y comparábamos con la película y la expectativa de las siguientes películas.  En general, estos ejemplos coinciden en que son libros escritos como libretos para Hollywood, por eso Harry Potter parece que tenía un maravilloso casting, los personajes eran exactamente como nos los habíamos imaginado, que en realidad, eran exactamente como nos los habían descrito, así la cicatriz de Harry Potter en la frente, el saco de lana de Robert Langdon en El Código Da Vinci, la palidez de los vampiros de la saga Crepúsculo (inspiradora de 50 sombras) y el vestido de fuego de Katniss en los juegos del hambre…. cumplieron todas las expectativas, pues cocinaron una perfecta receta de cocina.


Si me remonto a mis viejos tiempos, luego de leer, conversar, debatir  un libro como el de Milán Kundera, la insoportable levedad del ser, en mis tiempos de universitario y con emoción ir al Cine Latino de la Zona Rosa a ver la película, el casting no me convencía del todo, Tomas el protagonista era demasiado flaco y Teresa (Juliette Binoche) no mostraba exactamente la inocencia que debería al principio y por su lado Sabina la eterna amante, en la película se mostró más como la artista plástica atormentada que la bomba sensual que el libro nos presentó, el libro dedicaba como un 70% de la historia y el ambiente de la invasión a Praga en 1968 y por su parte la película pasa como un noticiero relámpago, las escenas de los tanques sólo para dar paso a la faceta como fotógrafa de Teresa. En fin, distaba tanto la película del libro, que bien podían apreciarse como dos obras de arte enlazadas pero que no ambicionaban ser un espejo y contar exactamente lo mismo. Recuerdo que leí alguna entrevista a Milán Kundera sobre el estreno de la película y decía que le hubiera gustado que el director por lo menos se hubiera tomado la molestia de conocerlo, de escuchar su opinión sobre la trama (finalmente la película no logra ni ser el resumen de lo leído) y que si algo no le gustaba de las películas de Hollywood era la “orgasmización” del sexo, es decir, que las escenas deberían terminar con gritos exacerbados y un alcance apoteósico del orgasmo.


Regresando a las 50 sombras (aunque también ví la película, lo confieso) refiriéndome al libro, la primera expresión que me produce es un “¡Ay ternurita!”,   me aventé casi 600 páginas de las fantasías ilimitadas de una clasemediera mujer de mediana edad, sentí volver a leer un cuento de cenicienta, con un actualizado príncipe azul, inexistente por definición. Y en voz alta sus más secretas indiscreciones y deseos. Anastasia Acero (Steel), una bella estudiante de literatura, muy leída (eso se valora mucho entre quienes devoran telenovelas y revistas del corazón), luchona que trabaja para pagar sus estudios que, en simbiosis con Kate, su compañera de departamento, puede sobrevivir, trabajando humildemente como ayudante en una ferretería (¿a qué hora leía todo lo que tenía que leer? Quizás por eso era vírgen). Conoce al multimillonario, dueño y líder de una exitosísima empresa (aunque nunca se aclara exactamente a qué se dedica), que tiene unos anormales ojos grises y cabello cobrizo alborotado, para hacer contraste de sus opciones le presenta a su otro prospecto: José un latino que en la película bien podría haber sido representado por Cheech Marin, (alguien que generalmente hace papeles de latino denostado o caricaturizado), donde no se valora que esté estudiando en una universidad de prestigio en Estados Unidos,  créanme que su calidad de estudiante per sé ya lo ubicaría como perseverante, cuyo actividad es una incipiente carrera de fotógrafo aficionado, con ese contraste, hasta el tímido hijo de los Clayton, dueños de la ferretería, parecería un mejor partido. En fin, igual que en Harry Potter donde el niño era el más grande de los magos sin saberlo, resulta que Anastasia posee una belleza que cautiva al príncipe más guapo, adinerado, negociante, pescador, planeador, conductor de helicópteros, prodigioso pianista, rodeado de espectaculares rubias que si les pide ponerse de alfombra, lo harían con todo gusto y profesionalismo. Con su séquito de sirvientes incondicionales de esos que sólo pueden ser personajes de cine, porque no duermen, no comen, no tienen familia, no tienen equipo de fútbol, ni religión, mucho menos vicios y que lo mismo van y compran ropa interior que salen a vender un auto, son guardaespaldas y van un paso adelante del amo, para llevarle el lujoso auto a cualquier parte del campo donde aterrice su planeador…. Pero el cuento de cenicienta se va pareciendo más a la bella y la bestia, donde él vive encerrado en su castillo, por lo menos del viernes en la noche a la mañana del lunes, haciendo bestialidades, permítase llamarle así a despersonalizar una mujer, hacerle firmar un contrato para que se rebaje a lo que él pida, a que sea su esclava sexual y mental, es decir que haga todo bien y de buenas, así la golpeen, la cuelguen la azoten, quemen o asfixien, siempre y cuando no intervengan niños ni animales (según los anexos del contrato). Y de entrada ella queda de acuerdo, previo regalo de unos libros incunables o primeras ediciones que se le ocurre donar a alguna fundación pero en realidad no lo hace, una Macbook y una Blackberry (el origen de la blackberry es esa bola metálica deforme que se ponía a los esclavos atados a un pie, para que pudieran desplazarse mínimamente, pero  sin poder huir), también recibe un automóvil Audi rojo, ascenso a primera clase en sus vuelos, etcétera, o sea la fantasía de la autora incluye no un encerrón tipo nueve semanas y media, sino más un asunto tipo Propuesta indecente, aquella película que nos enseñó que por un millón de dólares la mujer se va sin pensarlo mucho con Robert Redford, aunque se comentaba también en los años 90’s que con Robert Redford se hubieran ido aunque no estuviera el millón de por medio. Finalmente (no me importa contar el final), ella es azotada de forma que no se lo esperaba, el límite de dolor y humillación deja de ser compatible con el incipiente enamoramiento de ella, y el tal Señor Grey se lava las manos diciendo que él había advertido de lo peligroso que era. Ana sale como si al devolver los regalos y en cuanto se le borren los hematomas habrá recuperado su dignidad. Lo bueno de la película es que no reproduce el estilo narrativo verborréico de Anastasia que durante casi 600 páginas presenta su diálogo interno y repite hasta el cansancio detalles de sus amigos imaginarios, todo el tiempo se refiere a su diosa interior, la cual  supongo que la autora esperaba ver en la película como una campanita de Peter Pan, que se pone contenta, que se pone ceñuda (esa palabra si me la encontraba una vez más, hubiera quemado el ejemplar), habla de su subconsciente como otro homúnculo, qué es lo que estaría pensando, qué tan ofendido se sentiría, cómo se escondería debajo del sofá, y cientos de veces repite aquello de poner los ojos en blanco y morderse los labios en un interminable “me dice, le digo, me dice, le digo”. 



Damitas, si algo les puede dejar esta película además de no poner en venta ni bajo contrato su valía humana, es restarle paja a su discurso poder expresar sus ideas y estados emocionales en 100 palabras sustanciosas que de ellas no queden 50 sobras.



lunes, 9 de febrero de 2015

¿A qué edad conociste a tus padres?


Normalmente tengo que repetir dos veces esta pregunta o de plano, ponerme a explicarla con calma. Encierra toda una reflexión generacional, sobre los adultos de ayer y los de hoy. Esta pregunta se la he hecho a personas contemporáneas que tienen una edad ente los 42-47 años, que generalmente ya son padres también, aunque de no serlo, tienen experiencias cercanas como la der ser tíos (“Si Dios no te manda hijos, el diablo te manda sobrinos”, le dijeron a una muy querida amiga).

Vayamos al punto: conocer a tus padres no quiere decir que como naciste y ya estaban ahí, los conoces desde siempre, me refiero a aquel proceso que comúnmente llamado uso de razón, habla de capacidades mejor desarrolladas en el niño, tanto el habla, la memoria y el juicio. Es entonces que uno conoce a sus padres. Y ha coincidido que conocimos a nuestros padres cuando andaban en los treintas, desde 31 0 32 hasta 38-39.  Y los recordamos como aquellos adultos, hechos y derechos que llevaban mucho tiempo en un trabajo, que proveían todo lo necesario para un hogar, que ya no eran unos jovencitos, pues ya fuera simplemente correr o dominar un juguete, nuestras habilidades infantiles eran muy superiores, sin embargo, representaban al mismo tiempo una fortaleza, fuerza, estatura, resistencia y hasta capacidad de mantenerse despiertos hasta tarde que era la envidia de todo infante. Asunto más importante aún, era la sabiduría y la autoridad, así como la congruencia, pues duda que consultáramos, o nos la resolvían o nos ordenaban no andar preguntando precocidades.  (Ví algún post que decía “Le voy a preguntar a mi Mamá por el amor de mi vida, al fin que ella encuentra todo”). 

Cuando se le inquiere a un niño sobre las nociones del tiempo, éste dice que crece cada año, a veces cada mes nota sus cambios, se sabe otra persona al pasar de 4° a 5° de la escuela primaria, pero sobre sus padres, lo único que sabe es que ya no crecen, es decir, el tiempo ya no pasa por ellos, son sempiternos, cuando inició el mundo ya estaban y cuando nos vayamos, ahí estarán, más aún, ya estaban con la cana o arruga que demuestra su edad; y se visten exactamente como se vestían hace muchos años, ser Padre o Madre es concebido como un rol a desempeñar más duradero que las personas. Una vez un niño preguntó “¿Mami, antes de que tu nacieras quién era nuestra Mamá?

Esos padres descritos hoy son abuelos y bisabuelos, en el mejor de los casos o entrañables recuerdos, lo cual los eleva de sabios a santos.

Pero. ¿Y la generación siguiente?, ¿los que ahora somos padres o tíos a nuestros cuarenta y tantos de edad?, resulta que a diferencia, ni somos reconocidos como adultos hechos y derechos, ya no tenemos muchos años en el mismo trabajo, ahora resulta  se valora más la movilidad que la antigüedad en los mismos, ya no es suficiente el ingreso de una sola persona para proveer completo a un hogar, esta generación de padres se sigue creyendo que están jovencitos, y ésta es quizás la mayor diferencia con la generación anterior, pues creemos que seguimos corriendo como cuando jóvenes, que nuestras habilidad siguen intactas, y al contrario de la anterior, esta generación de padres, no representa fortaleza, fuerza, y escasamente congruencia. Aunque cada caso sea diferente, el número de divorcios se ha elevado, consecuentemente el número de parejas y familias reconstituidas, eso no está mal, es un derecho que hoy se ejerce y que antes no era frecuente ni aceptable. El problema es que hay una generación de padres con hijos adolescentes que parece que están en la misma etapa, conquistando, enamorando, haciendo citas, interminables citas, frecuentando hasta los mismos lugares para divertirse y aplaudiendo a las mismas bandas en conciertos. Créanme que los hijos no lo ven como un agradable acoplamiento ni como una disminución de la brecha generacional.

Y a tí ¿a qué edad te conocieron tus hijos?








viernes, 26 de diciembre de 2014

El talismán de la felicidad

Es mi blog y me tomo la libertad de escribir de lo que quiera, sin comité científico como cuando mandaba trabajos a congresos ni contralores y auditores como cuando elaboro informes y reportes de gestión. Eso me hace feliz, pero no es el talismán.

El talismán de la felicidad, existe para cada una de las personas y seguramente es diferente, en el año 1993 una marca de automóviles anunció su regreso a México, yo que estaba por dejar mi viejo spirit RT turbo, planeaba adquirir nuevo vehículo “de agencia”, ese es el plus del lujo que la clase media en este país puede darse (o se daba hace 10 años), no fue como ir  a la agencia y salir manejando, el proceso duró como dos meses, el spirit ya me lo habían pagado, pero el trato era que lo entregaría semanas después, ya tenía lo del enganche y el banco me había insistido cada bimestre que me quería como cliente en el segmento de créditos para automóvil, así que más que ir a solicitar el crédito fui a darles el sí.

El vehículo, para ser de agencia, no podía ser cualquier sedán aburrido, aunque tampoco podía ser un deportivo lujoso, busqué y busqué y la marca que ese año regresaba a México, tenía página en italiano y en portugués, pues los modelos que entrarían al mercado nacional, venían de sus fábricas en Brasil, su páginas de internet ya incluían el paseo 360°, es decir, uno buscaba el modelo y se podía girar en todos los ángulos para conocer su diseño por fuera y todos los rincones por dentro, lo recorrí varias veces, la apliqué todos los colores disponibles y elegí el que mejor le hacía resaltar los detalles contrastantes, no había versión automática, así que luego de 10 años regresaba a conducir transmisión manual. Ya dije que no podía ser aburrido, entonces revisé todos los videos que explicaban cómo transformar los asientos traseros en piso para ampliar el área de carga, cómo activar, desactivar la bolsa de aire, cómo subir y bajar el asiento del conductor, cómo retirar la llanta de refacción y volver a dejarla en su compartimiento mimetizado, cómo programar el estéreo, el reloj, el ecualizador y cómo dejarlo optimizado para hacer más agradable agradable y segura la conducción, en fin, todos esos detalles harían un comercial del vehículo y no es el fin de mi blog, es más no diré ni la marca. El día de la entrega llegó y me dijeron que no había el color que había pedido, pero que me podían entregar uno parecido, les dije que un color parecido, es exactamente un color diferente, no lo quise, si ya tanto lo había esperado, el color debería ser el elegido también. Tres semanas después (habiendo entregado ya el spirit a su nuevo dueño), me hablaron para citarme a recibir mi auto, a las 19:00 horas, al parecer la hora tenía que ver con que revisarlo no fuera tardado, lo revisé en cinco minutos, (lo había recorrido decenas de veces en la simulación virtual), puse un CD de música italiana para que combinara con la marca y firmé de recibido, me dijeron que los vehículos nuevos se entregan así sin gasolina, que había suficiente para llegar a cuatro cuadras de ahí a llenar el tanque, el encargado de la gasolinera me confirmó que todos los autos nuevos que salen de esa agencia apenas llegan para su primera carga. A esas horas la ciudad tenía tránsito muy pesado y el nuevo coche de transmisión manual se me apagó varias veces por impericia, recibió su primer golpecillo por el coche de atrás que no pudo frenar y al fin, llegué a casa, a subir a poner la sillita de bebés y subir a los hijos a pasearlos aunque ya era noche.

Me dije, “este coche tan esperado y tan bien recibido, deberá dejar fuera todo malestar y conflicto, así cada vez que cierre por dentro la puerta, me tengo que recordar que es algo que me hace feliz”, cualquiera verá este decreto como lo más materialista del mundo superficial, pero esa declaración convirtió al coche en el talismán de la felicidad, cuando me subí después de que me hicieran enojar, me calmaba, cuando tenía que regresar muy noche por una extensa y tensa jornada de trabajo, me relajaba, cuando regresaba de llevar a los hijos al médico, subirse al coche era tranquilidad, cuando regresé en él después de servicio funerario de mi Madre, aún con llanto, me tranquilizó saber que ella estaba en un lugar mejor, cuando fuimos a la playa, cuando visitamos familiares de Puebla, cuando estuvimos frecuentando más Cuernavaca, cuando el regreso de Valle de Bravo, nos inundaron las mariposas monarca, cuando teníamos que subir los vidrios para ver los tigres en libertad, cuando fueron imprescindibles las luces de niebla en las Cumbres de Maltrata, cuando el aire acondicionado era vital en Acapulco, cuando por trabajo manejé a Guadalajara y regresé en la noche, cuando mi hijo ya no siendo bebé, llenó el coche de sus compañeros de secundaria y de música que casi reventaba las bocinas, cuando la situación económica, me permitió terminar el crédito en menos de la mitad del tiempo, cuando todas esas y más cosas pasaron, la declaración inicial ahí estuvo, me hacía feliz.


El talismán no fue más que un vehículo, literalmente, pero también fue el vehículo para que ahí sucedieran las cosas que acercan a la felicidad, no era algo mágico, simplemente se depositó en él el decreto a manera de recordatorio, nunca tuvo poderes sobrenaturales ni mayores afectos como objeto, sino como recordatorio, eso es un talismán, puede ser un reloj de mano, una piedra preciosa, un cuarzo, una flor seca dentro de un libro, una moneda con una muesca que la hace diferente, o una figura perfectamente estudiada como pirámide para “atraer” energía o alejar alguna mala vibra, no creo que tenga que ser ojo de venado ni pata de conejo, pero no sobra.

El coche cumplió en perfectas condiciones sus nueve años (luego de este periodo en la Ciudad de México, los vehículos dejar de circular un día, y luego dos, en caso de contingencia ambiental hasta tres por semana), antes de ponerlo a la venta se acercaron interesados que no pidieron siquiera hacerle un prueba de manejo, me dijeron que verme llegar en él todos esos años era garantía suficiente, dejó de circular su primer miércoles y el viernes siguiente ya estaba entregado a su nuevo dueño.






lunes, 22 de diciembre de 2014

Cambiar Paradigmas

“Me gusta andar, pero no sigo el camino, lo seguro ya no tiene misterio…” (No soy de aquí ni soy de allá, versión de Alberto Cortez)


Los paradigmas son esos esquemas de pensamiento que sin que necesariamente sepamos de dónde vienen, menos nos preguntamos para dónde van, pero estructuran y modelan muchas de las conductas y elecciones diarias, no serán una camisa de fuerza, pero sí un camino cual cintas amarillas de policía que “no se deben” cruzar.

No tenemos exactamente a quién culpar ni a quién felicitar por haber traído al mundo a ese esquema de pensamiento, alimentarlo y procurar su crecimiento, difusión y perpetuidad. Se recrean de una forma viral, se instalan y echan raíz, así como los grandes árboles, entre más tiempo se les deja más profundas son sus raíces y más complicada su remoción.

Y ¿por qué su remoción?, porque los paradigmas luego de cumplir su función de alineación, uniformidad y principios de convivencia, pasan a ser lastres que impiden creativamente buscar alternativas.

Existen conductas que ya nadie se atreve a cuestionar y que se prefiere un camino, rito o “procedimiento” que asegure el resultado mínimo, sin riesgos.
Un ejemplo es la fila, esa alineación de personas que en espera de algo, consideran la cúspide de organización, ponerse uno detrás del otro, en orden de llegada, como una forma de respeto al que llegó antes que uno mismo. Cierta vez que di un curso a un gran número de personas en un auditorio, al término del mismo tenía que entregar constancias de asistencia a cada uno, organicé a las personas que me acompañaban para que en cuatro sitios recibieran a una fila de personas de acuerdo a sus apellidos de la A a la G, de la H a la L, de la M a la T y de la U a la Z, prácticamente se repartían equitativamente entre las filas. Así el asistente al curso llegaba y decía su apellido, se buscaba su constancia y se le entregaba, no podía ser más ágil. Pero resulta que en una de las filas, una de las personas que me apoyaba, caminó hacia la fila, decía el apellido y le entregaba en mano la constancia, más tardé en decirle que no pusiera el desorden, que ella en terminar de entregar las constancias, mientras las otras tres filas, continuaban en su ordenada lentitud. Romper ese paradigma, le permitió eficientar el proceso, obteniendo los mismos resultados, sin riesgo alguno.
Y esto es lo que se busca al romper paradigmas, obtener los mismos o mejores resultados, sin correr riesgos innecesarios.

Algunas veces, las personas creen que ser creativo, romper paradigmas y encontrar alternativas al trabajo rutinario tiene que ver con romper las reglas, esto no es así, la línea entre la creatividad y delincuencia sería tan fina que se podría confundir, en todo caso, lo que se busca es no atarse a reglas no escritas, ataduras autoinventadas o generalizaciones, fronteras imaginarias. Recuerdo una imagen que se volvió viral en redes sociales mostraba de forma patética esto: un caballo atado a una silla de plástico, no había manera de que lo detuviera, pero la percepción del animal era que estaba atado a algo sólido y como aprendió que eso lo inmovilizaba, no podía despegarse más de ese condicionamiento, afortunadamente hay una brecha que nos separa de los caballos porque no quiero pensar lo que hubiera sido de la historia de la humanidad, si los caballos tuvieran la capacidad y voluntad de romper paradigmas.



Romper paradigmas y moral, la salida fácil del corrupto, es llamar “moral a un árbol que da moras” y negar la existencia del juicio entre el bien y el mal, la conciencia del bien común y el respeto a los demás, su pensamiento, creencias y conductas. Romper paradigmas no es pasar sobre los demás, no es legítimo obtener un derecho o beneficio arrebatándoselo a un semejante, tiene que ver más con la intención de abrir un camino por el que otros han de transitar. Sucedió una vez que regresaba yo a media noche por carretera a la ciudad que para llegar a pagar la caseta de peaje había una fila de varias decenas de camiones de carga y se alcanzaba que de un solo carril estaba dando el servicio de los dos existentes, en lugar de hacer fila, conduje hasta el carril que estaba cerrado, con el fin de preguntar la razón de que no estaba operando, pensé que si lo pensaban abrir en una media hora, sería lo mismo que haberme formado detrás de todos aquellos vehículos, cuando llegué al carril, pregunté cuánto tiempo faltaba para que iniciara el servicio, y la encargada, guardando los recipientes de su “almuerzo”, recibió la instrucción de alguien más que le reiteró que ya tenía que abrir, en cuanto pagué y pasé la caseta de cobro, la fila se reacomodó y detrás de mí empezó a fluir la fila que estaba detenida. Así lo que pudiera haber parecido un abuso de quien se salta la fila, al fin de cuentas sirvió para agilizar el paso de lo que no se atrevieron a preguntar.
Trabajar en el gobierno y hablar de romper paradigmas puede ser visto como profesar una religión y no seguir sus dogmas. Los procesos burocráticos, la división del trabajo y los manuales específicos a seguir tienen en la mayoría de los casos mucho sentido, pongo un par de ejemplos:
Atraparon a sobrecargos de una línea aérea de México cuando llevaban dos maletas llenas de cocaína a España, al seguir su camino, se encontró que el punto donde los trabajadores se convierten en delincuentes, fue en la revisión de equipaje en su ingreso a la sala de espera, el manual de los guardias de seguridad dice que deben pasar TODOS los equipajes de mano por el túnel de rayos X y revisarlos, al ser personas conocidas y favorecidas para evitar retrasos de vuelos, se les eximió (fuera del manual) de hacerles revisión. (9 de diciembre de 2010, http://www.eluniversal.com.mx/notas/729143.html)
Accidente del Metrobús, deja un número considerable de heridos, la investigación arrojó que el conductor, de acuerdo al manual y a la instrucción recibida, tratándose de un vehículo automático, se debe poner la palanca de velocidad en P (park) antes de abrir las puertas y permitir entrada y salida de pasajeros, a este conductor le pareció fácil, frenar y no cambiar la palanca de velocidades dejándola en D (drive), considerando la potencia de arranque del metrobús para movilizar hasta 200 pasajeros, el menor descuido, hizo que se moviera con las puertas abiertas y con los pasajeros a la mitad de camino, ahí todos los heridos.  Más que un cambio de paradigma, se trata de faltas o desprecio a instrucciones vitales. (18 de abril de 2011, http://www.jornada.unam.mx/2011/04/18/capital/031n1cap )
El accidente en el tren de Santiago de Compostela en España, cuyo manual dice que en las curvas el tren debe ir a menos de 80 kms. por hora y se encuentra después que el conductor estaba inclusive tuiteando o presumiendo por radio que en la curva superaba su récord anterior y ahora la cruzaba a 190 kms. por hora, fue un criminal desdén a las reglas.  (julio del 2013, http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/25/espana/1374740051.html).
Sirvan estos tres trágicos ejemplos para ilustrar los peligros de romper paradigmas sin detenerse a pensar en el bien común.

¿Entonces desde la administración pública, cómo pueden romperse paradigmas?
En primer lugar, perdiendo amigos, que por cierto no es lo mismo que ganar enemigos, saber que en cada punto del proceso se encuentran intereses más que creados, enquistados y entendiendo que el solo anuncio de cambios genera exacerbadas resistencias, llevarlo a cabo o materializarlo materializa también improperios y amenazas. Romper paradigmas se puede llevar a un nivel menor y saber que los cambios terminarán de implantarse en el mediano y hasta lago plazo. Haber estado en un área de innovación y de informática, (después llamada Tecnologías de la Información), me permitió tener experiencias, exitosas algunas y otras no tanto de cambios paradigmáticos y va brevemente una descripción de un ejemplo de cada una.
En segundo lugar, hay que entender que los caminos para el cambio, existen y habrá que ponerse a estudiar manuales de organización, de funcionamiento y especialmente el portal por el que se debe cruzar, casi como orificio de aguja que es la “mejora regulatoria”, llámese como se llame, habrá que estudiar sus reglas y requisitos para someter a reducción de trámites los diferentes procesos. Como dice un estimado Ingeniero, asíduo lector de este blog por cierto, “la burocracia, avanza, es noble, lento pero avanza” (Mekler, 2006).
Ejemplo
Se tenía una problemática, hace muchos años en un almacén de materiales y herramientas, sobre la merma y falta de control de entrantes y salientes, el almacenista contaba con un pequeño archivero con tarjetitas en el que registraba los tornillos y desarmadores que entregaba y sumaba los que eran entregados, lo llamaba el kárdex y era como su libretita infantil de ahorros, con su puño y letra anotaba y estaba lleno de corrector blanco por todas las veces que lo tenía que corregir. Se hizo levantamiento de información, se capturó todo el inventario, es decir, ya se sabía exactamente cada uno de los artículos que dentro del almacén tendrían movimiento, el sistema era muy sencillo, un manejador de base de datos con posibilidad de emitir reportes diarios, semanales, mensuales, etcétera. Cuando le presentaba yo la versión beta, veía reducir su entusiasmo, siempre había apostado a que su kárdex era insustituible. Finalmente aceptó el sistema, se instaló su terminal, se le entregó un efectivo manual del usuario y lo tuvo a prueba las dos primeras semanas, luego de ir funcionando sin errores, me llamó para preguntarme, cómo se haría el corte de año, es decir, donde se reinicia la historia de movimientos y los saldos se convierten en lo existente. Le mostré en el menú la opción, corte anual, la probamos y no le gustó. Me dijo que no aceptaría un corte anual de un teclazo porque tradicionalmente el corte anual se hace cerrando quince días el almacén y le pagan horas extras a todos sus muchachos por quedarse a contar todas las existencias, que mi sistema no era conveniente. Pocos años después el almacén desapareció y lo único que perduró algunos años más fue el kárdex histórico con sus plastas de corrector en los renglones.
Ejemplo menos deprimente:

En el área de obra pública es complicado implantar cambios, especialmente si nacen como apoyo a la transparencia en el uso de los recursos públicos, sin embargo, luego de varios intentos, mi área logró implementar un sistema que basado en internet, (ya no en redes locales que nadie revisa), muestra al público en general una ficha de los datos principales de los trabajos de obra: dónde se realiza, qué empresa ganó la licitación, qué monto implica, a quienes beneficia, cuándo inicia, cuándo termina y cómo se comporta su avance, incluye una foto acorde a los avances reportados y una gráfica de cómo avanzan por un lado los trabajos y por el otro el pago realizado. Transparentar uno de los procesos que más normados se encuentran y que más sospechas levantan ha sido una lucha interna de casi seis años, cada ciclo por cierto, se escuchan voces como la del almacenista aquél pidiendo que deje de operar, pero como dije también antes, debe conocerse el camino normativo y de mejora regulatoria para robustecer los alfileres que lo sostienen. Ha significado, hacerle cientos de cambios a las nuevas versiones del software, llevar casi de la mano a los encargados de subir la información, dar incontables sesiones de capacitación y entregar manuales de operación casi como volantes masivos, resolver dudas y más dudas y atender a reducción de alcances cíclicamente, ser el villano dentro del área porque parece que quiero hacer que los encargados de la captura trabajen de más o exhibir las rutas críticas que toman los proyectos constructivos. A pesar de todo, el sistema tan adelgazado y modificado se ha mantenido en línea más de un lustro, (tres administraciones gubernamentales), se le ha dado cierta difusión, se ha colgado de la página principal institucional, se ha reconocido su utilidad, funciona como base para algunos tableros automatizados de información. En fin, casi siete años le han servido para sensibilizar sobre su uso y ventajas ante una sociedad que cada vez cuestiona más, solicita cuentas claras y exige información casi en tiempo real. Se termina este año con la petición de un organismo directivo de hacerlo extensivo a nivel nacional, así que superado el paso del tiempo, da un paso a su uso más extendido, el paradigma que se rompió es que era aceptado por todos que nunca un reporte de obra era certero, quienes llevan los trabajos de construcción llevan unas cifras, quienes tramitan los pagos, llevan otras y al encontrar diferencias entre una y otra área, se justificaba que la obra cambia en periodos muy cortos, así que no era posible tener una visión única. Durante seis años ya se demostró que sí, y ahora se va a nivel nacional (http://obras.issste.gob.mx/cosodi/). No son inmediatos, pero en la administración pública, si es posible cambiar paradigmas.

martes, 2 de diciembre de 2014

Decembrino / Navideño


Y en asuntos de menor relevancia y parafraseando a Silvio Rodríguez, “…soy feliz y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad…”, así como a Mafalda “deberían hacer un monumento a aquellos escritores que desperdician su talento en un “mi mamá me mima”, luego de anticiparme dos críticas, ahora sí, dedico este espacio a hacer una apología de lo decembrino, versus lo navideño.
Dejando por un momento de lado, el aspecto religioso, el término navideño se ha llevado de mano en mano y de boca en boca con fines tan comerciales que en algún momento resultan ofensivos, especialmente por su desconexión con el origen de natalicio y previo adviento. Si uno cierra los ojos y piensa en la palabra Navideño, las imágenes que vienen son plásticas, es nieve artificial saliendo de una lata de spray, de un pino de plástico, al que se cuelgan todo tipo de adornos, vistosos coloridos y luminosos. Aparece la imagen del Santo de la barba blanca y vestimenta roja con blanco y renos, muchos renos y ese transporte que en nuestro país no sería útil en ninguno de sus climas: el trineo. Además viene el abrumador bombardeo de los centros comerciales que apenas habiendo pasado el 16 de septiembre y en casos tardíos el 2 de noviembre, se saturan de “lo navideño” adornos rojos, verdes, plateados, nevados, renos y más renos, cancioncitas y muchas lucecitas.
Cerrar los ojos y pensar en la palabra “decembrino” por lo menos a mí, me habla de muchas más cosas, el principal festejo de la principal religión, pero además la sensación de término de ciclo o nuevo giro de la espiral interminable (http://jesusorduna.blogspot.mx/2014/10/cerrar-ciclos-o-recorrer-la-eterna.html) vacaciones, descanso, cambio de estación, en este hemisferio, de más que quejarse de frío, es recibir con alivio el aire que se va llevando los bochornos del verano y parte del otoño, es retomar gradualmente la ropa abrigadora y retomar actividades y convivencia bajo techo, lo decembrino es degustar en abundancia los platillos que con frutas de la temporada (ricas en vitamina C) y explosión de sabores, dado que son más elaborados y mejor condimentados a fuego lento (puesto que han empezado las vacaciones), nos lleva a recuperar gustosamente un poco de peso, así como los osos cuyo metabolismo se fortalece para soportar las bajas temperaturas. Decembrino tiene que ver con lo que llamamos “bajar la cortina”, es decir, cerrar el negocio, la oficina, la escuela y reencontrarnos, volver a ver a las personas que sólo frecuentamos en diciembre y que se ponen en modo “decembrino”, frío en el aire, calidez en el alma.
Prefiero lo decembrino a lo navideño.





viernes, 7 de noviembre de 2014

La (in)utilidad de la literatura


Un clásico timbre de despertador que si bien no era un reloj con campanas físicas, sí era una perfecta imitación digitalizada de un imperfecto sonido fuerte, molesto, penetrante, que cumplía con su función de establecer una violenta frontera entre el mundo de los sueños y la realidad, como si el éxito de la frenética era tecnologizada fuera separar lo más posible lo onírico de lo tangible. Se ha frotado los ojos y sin abrirlos del todo, localiza a tientas el calzado para establecer esa otra barrera entre tener contacto con el piso y saberse confortable hasta para dar el primer paso del día. Una luz que se activa por movimiento y calcula con base en registros diarios la intensidad adecuada y preferida por el usuario, evitándole la molestia de tomar una decisión sobre cómo encender y hasta dónde subir el “dimmer”, es más, ni preocuparse por llamarlo por su nombre en castellano “regulador de intensidad”. Se activan de igual forma los dispositivos de audio y sonido, que en su comunicación aún masiva, exaltan la moda de “vive el hoy”, “no viva en el pasado”, “no se preocupe por el futuro”, “disfrute el aquí y el ahora”, en diferentes mensajes, supra y subliminales, de vestir, de viajar, de beber, de consumir, todos los mensajes llevan implícito el mensaje de vivir el presente.


Ese presente tan anunciado como “el futuro”, ya lo ha alcanzado, desde aquella vieja cultura pop de normalización y de uniformidad, de estilo de vida similar, de estándar de vida único para todas las personas, donde cada vez se parecían más y la globalización era la meta. El futuro personalizado, customizado, único y diferenciado para cada individuo, le ha regresado a un pasado aún más remoto, donde ahora es tan diferenciado, único y personalizado, que nadie más en este planeta interconectado y a la vez departamentalizado come la misma caja de cereal, con la cantidad customizada de minerales, carbohidratos y azúcar que el registro médico envía a la empresa de alcance internacional para que sea preparado y empacado de manera única y personalizada para él. En general, su vida es así, la ropa que alguna vez le gustó para vestir hoy llega en colores y talla perfecta, según los datos que envía la báscula y métrica interconectadas, su transporte ajustado a su biometría y la ruta optimizada o preestablecida que le garantizan nunca desviarse ni llegar con retraso, pero tampoco anticipadamente, en el comedor sus alimentos pesados, medidos y cocidos de acuerdo a las preferencias que ha mostrado o que le han sido observadas, siempre el sabor justo, la temperatura adecuada, la consistencia y sobre todo la cantidad necesaria de nutrientes, azúcares, proteínas, vitaminas, grasas, de forma tal que el equilibrio exterior está en armonía con la homeostasis biológica. El entretenimiento cuidadosamente seleccionado, nunca escuchará música a la que alguna vez reaccionó con desagrado, sí aquella que le ha elevado el pulso y que en otro horario le ha relajado y liberado de tensión. No es un ambiente controlado, no es una prisión urbana, es la optimización de las preferencias, el algoritmo de evitar la molestia y promover el confort. Sin embargo, siente que algo le hace falta, que en ese mecanismo perfecto como reloj mecánico de alta precisión, nada le representa reto, entonces fuera del alcance de las cámaras y los sensores térmicos y de movimiento, desenvuelve ese extraño objeto, conseguido clandestinamente como excéntrica antigüedad eliminado por obsoleto hace tantos años y que representa (le han dicho) su emancipación, lo abre y la fórmula empieza de esta forma “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme……..”